Derechos reservados, yo merengues, Bárbara Edith M. G. ¡Soy la autora! Contiene algunos desperfectos de tipo ornitográficos (ortográficos). Es clasificación A. Traiga hasta el perico.
El día pasó; Jonathan volvió con sus padres. A la mañana siguiente regresó al colegio. En la tarde, saliendo del colegio. Seth y Eric como madrinas de boda, obligaron al brujo-vampiro a qué los acompañara a la nueva plaza, para escoger sus disfraces para la fiesta Halloweeña.
–¡Ustedes no entienden! Si llegará a faltar una sola vez, mi primo me correría del trabajo en un dos por tres; o sea, en plis-plas –Lo dijo atropelladamente porque sus amigos lo están secuestrando.
–No te quejes, cuándo salgas del colegio tendrás mucho tiempo para trabajar –. Filósofo Eric, sujetando sus piernas, Seth sujeta sus brazos.
Toda la tarde transcurrió probandose trajes. Seth decantó por un disfraz de Thor, en cambio a Eric no le convence ningún disfraz. Jonathan se partió de risa con los disfraces de Harry Potter y de Twilight. A pesar de ser un vampiro su imagen se refleja en el espejo, debido a su mitad de brujo. Se detiene ante los espejos y cámaras de vigilancia sin ningún problema.
–¡Chale carnal, decídete por un disfraz! –expresó Seth, viendo la etiqueta de su traje.
–No por ser un Dios me vas a dar ordenes –Le lanza una mirada tibia–; es más, a mí los superhéroes no me molan. A propósito Jonathan ¿de qué vas a ir disfrazado? –Le pregunta Eric.
–Después de meditarlo mucho, mucho. He decidido ir, disfrazado de vampiro –sonríe taimado.
–De vampiro, eso es cliché –expresa Seth–, además ésos seres no son reales.
Jonathan lo ve con sorpresa.
–¡Totalmente cierto, pan con lo mismo de siempre! –Lo apoya Eric.
–Es una lástima que no crean en los vampiros, ¿qué tal si ellos tienen su corazóncito? –dijo Jonathan en tono algo triste.
–No me digas eso, ¿crees en ellos? –pregunta Eric, de nuevo.
–¡Sí, por qué no debería! –suspira y mira su reloj de pulsera– ¡Vaya, es tardísimo! Y apenas recordé, tengo un encargo de mis padres por cumplir. ¡Hasta luego, muchachos!
Jonathan huye de allí.
–Estoy alucinando, tengo la impresión de que Jonathan nos está ocultando algo muy grande –comunicó Seth, observando como el vampiro se aleja.
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En la noche, el brujampiro volvió a su hogar. La luna fue testiga de su entrada. La sala de estar se encuentra solitaria, la atraviesa, se dirige hacia la cocina. En la cocina tampoco no hay nadie solamente está su gato de pelaje negro, llamado Night, comiendo sus croquetas gatunas del plato a un lado del refrigerador. Jonathan no se asusta conoce de memoria la rutina de sus padres; se inclina para acariciar a su querido minino. Minutos después, luego de sacarle varias pulgas. Se va a su habitación; en el camino se libera de su ropa de otoño. Abre la puerta de su cuarto, se mete y… Se asombra con lo que ve. Toda su familia reunida en su habitación; obviedad no toda la familia entera, sólo sus dos papás y su primo Jacob.
–¡Mi niño precioso, por fin regresaste! Recibí tu mensaje, fuiste con tus amigos mortales para comprar un disfraz de "Noche de Brujas" –La mamá queda pensando por un buen rato.
–Primo, tienes dieciséis años y todavía te flipa el "truco y trato". ¡Dime, que lo haces por los dulces! –indago Jacob.
–Por su pollo, lo hago por los dulces más por los chocolates. Aunque ésos mortales me arrastran a esto –justificó Jonathan–. No quiero ser mala onda, pero se puede saber ¿Qué hacen en mi cuarto?
–Hijo, estamos en tu habitación, porque en este lugar se encuentra la puerta hacia la dimensión Equis. No por ser indefinida, así se llama, éste es su nombre: "Equis". Esta dimensión para cualquier humano vendría siendo una puerta hacia el infierno.
Explicó su papá. Jonathan se impresiona, se desploma en su cama. La señora se acerca para calmarle.
–Tranquilo hijo, nos invitaron a su tonta y super tediosa reunión: que se lleva acabo cuatro días antes del Halloween; de acuerdo al calendario de los humanos; esta reunión es anual. No te habíamos llevado a ella antes, porque no admiten niños hasta los dieciséis años para adelante: Como en tu caso. Lo que me sorprende es que nunca te hayas dado cuenta de la puerta –explicó Robyne, agarrando a su retoño.
–Si me había dado cuenta de la puerta, pero creía que era un armario para zapatos –dijo Jonathan, más relajado.
–Cariño, no quiero ser entrometida. ¿Cuál es la razón o urgencia para trabajar con tu primo? –pregunta la señora.
Abrazando a su hijo por el cuello mientras observaba a su sobrino.
–Ustedes todo el día están afuera, no me gusta estar solo en casa. Además Jacob, necesitaba un ayudante.
El brujo rehúsa la mirada penetrante de su tía.
–¡Hijo, si fueras un humano de verdad… Te la compro!
La señora lo suelta y se levanta, de súbito encara a su sobrino, se puso delante de él. El brujo comienza a transpirar.
–Mi adorado Jacob, recuerdas lo que te iba a pasar si tenías la brillante idea de entrenar a mi hijo.
–Mamá, tarde o temprano tendré que aprender a manejar mis propios poderes. Por favor, déjame cometer mis propios errores –intercede Jonathan, de modo áspero.
La señora sisea y con la mano hace la señal de Stop. Jonathan tuerce la boca.
–¡Tía, por favor no te alebrestés! No es lo que tú crees. Y por supuesto, recuerdo perfectamente tu amenaza –Jacob retrocede y a la vez frota un amuleto, oculto en el bolsillo de su pantalón–. Hubiera contratado a un mortal pero detesto fingir lo que no soy, por eso le di el puesto a tu hijo.
–¡Mi vida calmate, los muchachos no están haciendo nada malo!
Serge la aparta de allí. Jacob le debe una a su tío. El señor continúa hablando:
–No discutamos. Una reunión de seres tediosos y de pesadilla nos aguardan. Y ya sabes cómo se ponen si no vamos.
Recuerda, observando a su mujer, la aludida asiente con el rostro.
Jonathan se levanta de la cama, da varios pasos. Jacob le arroja un encanto a su primo, le cambió la ropa.
–De esmoquin, todo de negro, ¿acaso voy a ir a un funeral? –inquirió el chico con lentes.
Mirándose al espejo que adorna la puerta de su ropero, cercano a la cama.
–Preferible esto qué asistir desnudo. Para tu información, el material del esmoquin es lo único que aceptan en esta dimensión –aclaró Jacob.
También cambiando su atuendo con magia.
Los padres de Jonathan se cambiaron de atuendo horas atrás. La señora viste un vestido rojo del mismo material del esmoquin.
El lerdo muchacho no comprende nada de esto, sin embargo sigue a su familia. El señor abrió la puerta tras pronunciar un conjuro (su esposa le enseñó varios hechizos); todos atraviesan el umbral resplandeciente.
–¡Mira Jonathan esto sí es plasma! –expresó Jacob con eufemismo.
Jonathan gruñe igual que una chica adolescente.
La dimensión Equis, no sería nada agradable para cualquier ser humano. El cielo es de color púrpura con nubes color guinda, el oxígeno es inestable en este lugar, el suelo es idéntico a la lava sin la peculiaridad de quemar, no obstante es tóxica para cualquier mortal. Y todo alrededor luce desértico. En la distancia de este paraje se vislumbra un castillo con forma de piña. Finalmente la familia llegó a la entrada del castillo. Jonathan acaricia la pared lateral al segundo suelta un ¡Ay!
–¡Mi vida! ¿qué te paso? –Le pregunta su mamá, algo preocupada.
–¡Me rebane los dedos! –responde Jonathan con aflicción.
–Fue nuestra culpa hijo, olvidamos mencionarte qué el castillo está forrado de cristales con púas que poseen mucho filo –aclara el señor.
Observando como su hijo se deleita con su propia sangre.
De pronto aparece un duende y les indica que pasen. Jacob agarra a su primo para darle confianza. En el interior, se puede observar una fiesta de mucho caché. Seres de distinta índole (monstruos abominables salidos de las peores películas de terror) conversan en tono solemne. El castillo se halla saturado con estos seres. Un ser parecido a un macho cabrío se acerca a la familia y pronto comienza a hablar.
–Es grato que cumplan con su asistencia, igual que cada año. De lo contrario, la estabilidad de este lugar se perdería –dice, sosteniendo una copa en su pezuña.
–¡Muchas gracias, Ascar! tus palabras nos halagan. Y es todo un honor para mí presentarte a mi primogénito, su nombre es Jonathan –Serge jala a su hijo; casi lo pone encima del ovino–. ¡Hijo saluda a tu tío lejano!
–¡Encantado de conocerle, tío… Qué! –expresa agitado.
El macho cabrío choca su pata en la mano del brujo-vampiro novato. Después del saludo, el chico sacude su mano por el dolor. Ascar saluda del mismo modo a Jacob. Por último a los padres de Jonathan.
El macho cabrío de pelaje negro, empieza a relatar el motivo por el cuál se conglomeran en éste sitio.
La historia es así: Su líder se llama Samhain (así lo llamaron los humanos), su aspecto es una copia de Jack-o-lantern aunque aun más siniestro que el mencionado. Samhain fue encerrado por fuerzas benevolentes. Sin embargo hicieron un pacto en dónde cada año es puesto en libertad. Todos los seres sobrenaturales que habitan la dimensión de los humanos mortales tienen que suministrar algo de su poder para que su líder pueda realizar su misión. He ahí la importancia de la reunión. La misión consiste en lo siguiente: Su líder, cabeza de calabaza, abre el portal que divide el mundo de los seres no humanos con el mundo de los seres humanos. Permitiendo que algunas criaturas de aspecto lúgubre y demasiado tenebroso, crucen para alimentarse a sus anchas. Estas criaturas no pueden vagar tan fácilmente en la tierra, cómo la familia de Jonathan y otros seres que radican en la tierra. A fuerzas necesitan que su líder abra el portal. Y esto se da en Halloween.
Ascar terminó de relatar. Jonathan se siente aburrido, Jacob se da cuenta de su estado, lo invita a dar un paseo.
–¡Tíos, ahorita volvemos –anuncia–, vamos a ir a la mesa de postres!
–De acuerdo chicos. Pero no se demoren porque nuestro líder no tarda en llegar –dijo Serge.
Los dos primos se acercaron a un rectángulo de cuarzo semejante a una mesa.
–¿Apoco en ésta dimensión hay pasteles? –preguntó Jonathan, sujetando uno de los postres.
–Tienen forma de pastel pero no sabe como tal –respondió Jacob y continúa–; nada de aquí es lo que parece.
Jonathan mira el postre por un momento, después lo devuelve en la supuesta mesa.
No muy lejos de este punto se encuentra el proscenio con un trono en el centro. De imprevisto aparece Samhain, pronto se sienta en el trono. Todos los invitados se alborotan de emoción. Ascar y los esposos se acercan al proscenio.
–¡Da te prisa primo nuestro líder acaba de llegar!
El chico con gafas no lo escuchó, Jacob se encamina hacia el proscenio. El líder inicia con su plan de conquista. Su voz es gutural y aguda. Todos los asistentes vitorean. A Jonathan le importa poco lo que planea el líder. Está ocupado, practicando un conjuro que se le grabó de aquel enigmático libro. Recitando los primeros versos, se sorprende con su buena pronunciación.
–Muy bien, ahora debo imaginar que sostengo una bola de nieve –dice adentro de su cabeza.
Una bola de energía se aparece en su mano derecha.
–¡Wow de pelos! Ahora termino de recitar y la lanzo –dice en tono bajo.
Menciona los últimos versos, sin adivinarlo la bola aumenta de tamaño; el brujampiro siente un dolor espantoso, la bola lo está quemando. Pierde el control. Desesperado lanza la bola directo a la mesa, choca contra ella y rebota. Segundos luego, la bola sigue rebotando por distintos puntos. Algunos voltean a ver qué pasa. En eso, la colosal bola de energía se impacta en su querido líder, éste aúlla horriblemente porque se está desintegrando. Los que no apartaron la vista de su líder, chillan de ira por lo que están presenciando.
El ente se desintegró, sólo quedó una pila de cenizas. La muchedumbre de seres monstruosos conocen al culpable. Se arrojan hacia donde él se encuentra. Quieren lincharlo por haber desintegrado a su líder. Jacob se teletransportó retira a su primo de allí.
–¡¿Jonathan qué carajos hiciste?! –le interroga.
Ambos corren hacia la salida; detrás de ambos, Robyne y Serge los siguen. El macho cabrío les ordena detenerse.
–¿Ascar, también quieres matar a mi hijo? –preguntó Serge en tono angustioso.
–¡Claro que sí! Debería hacerlo barbacoa, pero es mi familiar. Por eso los voy ayudar con este enorme lío.
El ovino negro con un chasquido de pezuñas, traslada a la familia a un lugar secreto del castillo. Es una especie de sótano. Robyne, aprovecha el minúsculo remanso de paz para dañar a su sobrino, aunque no lo logró porque su hijo se interpuso.
–Estaba a un pelín de arrojarle el ataque. ¡Jonathan quítate!
–No, mi primo es inocente. Yo le rogué que me entrenara –clama su hijo. Protegiendo a su primo.
–¡Tía después me matas! Recuerda, una turba de seres iguales a nosotros y otros diferentes: ¡Quieren destruirnos! –clamó Jacob.
Detrás de su hijo sujetandolo por los hombros.
–Mi sobrino, siempre tiene la razón; este no es el momento. –Le apoya Serge.
–¡Muchas gracias tío! –Jacob se siente halagado–. ¡Jonathan, yo nunca te enseñé ese conjuro!
Le pregunta sin dejar de soltarlo.
–Lo aprendí del libro forrado con piel de humano, que me entregaste por equivocación por estar de babosito cariñosito.
El brujo hace memoria, no logra recordar la forma del libro.
Bárbara E. G . M.
