Capitulo 1: "El río Kohaku"

De nuevo, un misterioso dragón blanco con melena verde pastel, se presenció en mi sueño. Esta vez con más claridad que las veces anteriores. En todos ellos mencionaba algo sobre una promesa, y cuando el sueño acababa, al despertarme, no recordaba lo que me decía con exactitud. En esta ocasión no hubo ninguna excepción. No recordé la promesa, pero estaba segura de que era algo importante.

Era algo tonto e infantil creer que los sueños podían ser realidad. Pero por otro lado estaba que tenían un significado, y eso era más aceptable para mi edad de 15 años.

Me había planteado varias veces la idea de conseguir un libro de "El Significado De Los Sueños"… pero siempre lo olvidaba.

Me quite las cobijas de encima y apagué el fastidioso despertador; había sido el responsable de interrumpir mi sueño justo cuando estuve por tocar a esa majestuosa criatura.

Después de un largo bostezo, me estiré para hacer tronar mis huesos y me dispuse a levantarme para darme un baño antes de ir al colegio. Cuando terminé de alistarme, tome mi morral y baje hasta la cocina. Mamá ya no me preparaba el desayuno, yo se lo había pedido. Quería hacerme responsable de mis cosas. Por supuesto que ella aceptó, aunque me dijo que podía arrepentirme cuando quisiera.

Un tazón de cereal y pan tostado fue mi desayuno. De nuevo se me había echo tarde para la escuela. No era algo raro pues siempre me la pasaba comiendo moscas. Soñando despierta mientras el tiempo transcurría. Y es que me tenían un poco intrigada esos sueños. Me hacían sentir tristeza… melancolía. Había días en los que amanecía con lágrimas… Algo patético.

Salí corriendo de casa para tomar el camión antes de que me dejara. Por suerte seguía en la parada, y estudiantes apenas estaban subiendo en él. Corrí con todas mis fuerzas puesto que aun me faltaba recorrer una calle. Al llegar, me subí enseguida y me senté en el primer asiento vacío que miré; a lado de una chica rubia que demostró no serle de su agrado, pues me miro con mala cara cuando me senté a su lado. Yo la ignore y continúe con la mirada arriba, mirando hacia el frente.

El camión no tardó más de treinta minutos en llegar al colegio.

Me faltaba menos de un año para pasar a nivel de preparatoria. No es que me agradara la idea. Seria como empezar de nuevo. Hacer amigos y sobrevivir a las clases…. tampoco me desagradaba, simplemente seria otra etapa…que pronto acabaría. Deseaba que fuera rápido.

Fui a mi respectivo salón de clases y tome el asiento en el que acostumbraba sentarme todos los días; uno pegado a la ventana y a la mitad del salón. Ahí transcurrió otro agotador día de escuela… para mi pareció ser eterno. Fue tan glorioso escuchar el timbre que anunciaba la salida.

Tome mis libros y los metí al morral. Cuando me levanté de mi asiento y caminé hasta la salida, me sorprendió una compañera con la que solía juntarme, Yumi.

—¡Chihiro! —me llamó cuando estuve apunto de cruzar la puerta del salón.

Me volteé enseguida, un poco sorprendida. Se aproximo a estar a mi lado, y continúo caminando para que la siguiera.

—Me preguntaba si, querrías venir con nosotras este fin de semana… saldremos de la ciudad. Planeamos ir de excursión al lago Kohaku. ¿Que dices? —ofreció animada.

El nombre del río me sonó familiar, pero no pude acordarme de él. Se lo preguntaría a mamá al volver.

—Umm...

¡Acepta!, ¡es una oportunidad para despejar tu mente y olvidarte de esos sueños estupidos! me dije a mi misma. La verdad es que nada me iba a caer mejor que ir, disfrutar de la convivencia y desaparecer por un momento de mis sueños raros y algo molestos.

—Suena genial, Yumi —acepté, alegre —Gracias por invitarme.

—¡Y lo será! Ya veras que nos divertiremos un montón…—dijo, muy emocionada. —también ira con nosotros Atsuko Imamura, lo invitamos para asegurarnos de que tu asistieras —agregó en un tono de picardía, al mismo tiempo que me guiñeaba el ojo.

Me puse tan roja como un tomate. Atsuko es el hermano de Mina, otra compañera con la que suelo pasar el receso. Él, es un chico bastante educado y amable, de muy buen parecido. Me gustaba desde primer año. Ya no estudia en el mismo colegio que nosotras. Es un año mayor y esta graduado de esta escuela.

La excursión sonaba mucho más excitante ahora. Incluso sentía como mi estomago se retorcía al imaginarme un día de campo en la compañía de Imamura. Ya no tenia como pretexto ir para alejarme de esos sueños raros, más bien iría para mirarle a él.

Yumi y yo caminamos juntas hasta la entrada del colegio, platicamos sobre lo que haríamos el fin de semana. En la reja de la escuela -la entrada principal- nos despedimos. Ella tenía que tomar el camión, mientras que yo esperaría a que mi papá me recogiera, después de salir de su trabajo. Siempre se retrasaba cinco o diez minutos.

Cuando llegó, subí en seguida. Lo salude y después le comente sobre la excursión.

No pareció molestarle. De hecho le agradó la idea de salir con mis amigas; casi no lo hacía.

Llegamos a casa y se lo comenté también a mamá, a pesar de tener ya el permiso de mi padre.

—¿Dices que Irán al río Kohaku? —preguntó ella, no sonaba tan convencida. Su instinto maternal la hacia preocuparse mucho mas de la cuenta.

—Si, mamá. Dicen que es un lugar bonito para hacer excursiones. Además dicen que es seguro. —invente esta ultima frase para tranquilizarla.

Ella me miró con el seño fruncido, algo extrañada.

—Claro que es un bonito lugar ¿ya no lo recuerdas? Esta en nuestra antigua ciudad, antes de mudarnos aquí.

—¡Oh! ¿Enserió? —mi voz sonó tan sorprendida. Y lo estaba. —Vaya, ya decía yo que el nombre me sonaba familiar.

—No puedo creer que lo olvidaras, Chihiro. Es el río en el que te caíste de pequeña.

Sentí nauseas. ¡Ahora lo recordaba! Y con él, al mismo dragón blanco de mis sueños. Estaba segura de haberlo visto en aquel río. Tal vez ya lo había soñado antes, de pequeña… O tal vez si existía ese Dragón.

¡Por dios, me estaba volviendo loca! No era posible que los dragones existirán, solo eran mitos y leyendas.

Salí de mi casa, corriendo. Le informé a mi madre que regresaría mas tarde. Ella me miró con sorpresa, pero asintió. Las salidas para mi no estaban prohibidas, siempre y cuando las informara antes.

Tomé la bicicleta roja que estaba en la cochera. Mi papá me la había comprado el año pasado, pero iba a ser la primera vez que la "estrenaba" Nunca la había usado porque jamás me enseñaron a usar una y temía a que me cayera de ella. Pero ahora tenía que montarla porque me oponía a caminar quince calles hasta la biblioteca. No había camiones hacia esa ruta.

No me resultó difícil. De hecho fue mucho más fácil de lo que me había imaginado. Logré el equilibrio y pedaleé rumbo a la biblioteca. No bajé de la acera puesto que los carros abundaban en la carretera y no iba a arriesgarme a llegar a un hospital, y peor, preocupar a mis padres por mi imprudencia.

Al llegar, me baje en seguida y coloque la bicicleta en un aparador donde se colocaban las demás. Solo había otra bicicleta ahí. Una gris.

Sentí mis piernas tan cansadas. Me punzaban. Camine adolorida hasta la entrada, y salude a la recepcionista del lugar. Era una muchacha muy guapa, de cabellos negros y piel blanca. Tenía puesto unos lentes cuadrados. La hacían ver tan intelectual.

Me dio la bienvenida, pero de mala gana. Me miro de arriba abajo y puso los ojos en blanco. Bueno, no podía culparla de nada, ningún ser era perfecto, y ella no era la excepción… quizá solo los dioses.

Fingí no haber notado su gesto y la salude sonriendo. Después le agradecí y me adentre al lugar.

La lógica me llevo, primero que nada, a la sección de los cuentos infantiles. Ahí es donde existen los dragones y cosas mágicas. Agarré un par de libros y los puse sobre una larga mesa, en donde tomaría lugar para leerlos después. En aquella mesa ya estaban sentadas dos personas, una hasta el final y la otra en medio. Era un viejecito y un joven mayor que yo.

Me fui a la sección de novelas y después a mitos y leyendas. Tomé algunos, solo los que me parecieron interesantes. Los coloqué a lado de los que había escogido anteriormente, y tomé asiento. Abrí el primer libro, eran varios cuentos infantiles. Me puse a buscar alguno que llevara de titulo la palabra dragón o algo relacionado… pero no hallé nada.

Lo cerré de golpe, algo frustrada. De reojo, pude mirar como el muchacho daba un brinco ante el ruido. Tomé el otro libro infantil y empecé a hojearlo, buscando lo mismo. En este me fue mejor. Aun seguía habiendo varios nombres que no se asemejaban; la leyenda del samurai, la flor de cerezo, el madrigal, la tiniebla… cuando iba a cerrarlo me encontré con un titulo ideal a lo que yo buscaba: "Las Lagrimas del Dragón"

Leí un poco del contenido de este último titulo. Era el que me importaba. Decía:

Lejos, muy lejos, en la profunda caverna de un país extraño, vivía un dragón cuyos ojos centelleaban como tizones ardientes.

Las gentes del entorno estaban asustadas y todos esperaban que alguien fuera capaz de matarlo. Las madres temblaban cuando oían hablar de él, y los niños lloraban en silencio por miedo a que el dragón les oyese.

Ese dragón no se asemejaba al de mi sueño. El mío tenia ojos verdes, y hermosos. Y no causaba miedo, o al menos no a mi; Era hermoso y lo admiraba.

Continúe leyendo un poco más…

Pero había un niño que no tenía miedo:

-Taró, ¿a quién debo invitar a la fiesta de tu Cumpleaños?

-Mamá, quiero que invites al dragón.

-¿Bromeas?, - dijo la madre.

-No, quiero que invites al dragón, - repitió el niño.

La madre movió la cabeza desolada. ¡Qué ideas tan extrañas tenía su niño! ¡No era posible!

Pero el día de su Cumpleaños, Taró desapareció de casa. Caminó por los montes, atravesando torrentes y bosques, hasta que llegó a la montaña donde vivía el dragón.

-¡Señor dragón! ¡Señor dragón!, -gritó con voz vibrante.

-¿Qué pasa? ¿Quién me llama?, - pensó el dragón, sacando la cabeza fuera de su enorme caverna.

-Hoy es mi Cumpleaños y mi madre preparará un montón de dulces, -gritaba el niño-. He venido para invitarte.

Fue increíble que un cuento infantil me atrapara. El caso fue que lo leí hasta el final. No era para nada largo y era interesante… al final concluía en que el dragón lloraba ante al amabilidad del niño. Lo subió a su lomo y lo llevó hasta su casa. Sin embargo, la criatura se convirtió en una barca con adornos muy bonitos y en forma de dragón.

Pasé las paginas, con la esperanza de encontrarme con otro cuento que hablara sobre dragones… pero nada. Al parecer no eran tan populares en los cuentos infantiles.

Puse ambos libros a un lado, y comencé a leer uno de la sección de mitos y leyendas: "Dragones Japoneses" lo abrí, me salte la introducción y fui directo a la primera leyenda…

La leyenda de Urashima

Hubo una vez un hombre llamado Urashima que atrapó a una tortuga en su red de pescar. Como las tortugas viven cientos de años, Urashima pensó que sería mejor liberarla y la dejó ir. Sin embargo, él no sabía que esta tortuga en realidad era Otohime, la hija del rey dragón, que estaba disfrazada.

La princesa-tortuga invitó al joven a la corte de su padre, donde se le apareció en la forma de una mujer hermosa y se casó con él. Después de tres días, Urashima sintió un fuerte deseo de visitar a sus padres, pero cuando volvió a su tierra descubrió que habían pasado 300 años (un día en el reino del dragón representa cien años en la Tierra). Como todos sus seres queridos habían fallecido, Urashima se entristeció mucho y comenzó a desear volver al lado de su esposa.

Sin saber cómo regresar, Urashima abrió la caja mágica que su esposa le había dado como muestra de su amor. Sin embargo, le había advertido que jamás la abriera. Cuando lo hizo, con la esperanza de encontrar la manera de regresar con ella, inmediatamente perdió su juventud, se volvió viejo y arrugado, y cayó muerto sobre el suelo.

Inconscientemente las lágrimas fluyeron de mis ojos. Me di cuenta al ver una gota de estas en la página del libro. Esa leyenda me recordaba a algo… o más bien a alguien.

La cerré en seguida, la cabeza comenzaba a dolerme y muchos sentimientos me herían en el interior… entonces un niño se reflejo en mi cabeza, como un flash-back. Él, me sonreía mientras sujetaba mis manos y su cabello se iba hacia arriba por la gravedad, como si estuviera cayendo. Era un niño de cabello algo largo y obscuro. De ojos verdes… tan exquisitos… al igual que los de mi dragón blanco.

Pasé aun lado el libro de mitos y leyendas, los puse junto a los cuentos infantiles que había leído. Y Tome otro: "Diccionario de Mitología"…

El dragón es un animal mitológico de origen chino, miembro de los Naga (familia de criaturas serpentinas que protegen al Budismo). Las creencias japonesas en los dragones vienen en su mayoría de China (…).

El enemigo mortal del dragón es el Fénix, así como la criatura conocida como Karura. A diferencia de la mitología occidental, los dragones asiáticos rara vez son seres malévolos. Además de ser poderosos y respetados, los dragones también son justos, benévolos, y traen riqueza y buena fortuna. Pueden asumir la forma que quieran, incluso la humana, y mezclarse con la gente.

Esto me fue suficiente… SI podían tomar forma humana… El niño de hace un momento podía tener relación con el dragón blanco… tal vez era el mismo... O tal vez me estaba volviendo loca al mirar cosas en mi cabeza…

Cerré el libro y afilé todos los que había tomado. Los acomodé en un aparato en donde se debían poner todos los libros que se utilizaban.

Salí de la biblioteca y antes agradecí a la muchacha de hace un momento. Para mi desgracia el cielo estaba oscuro y la lluvia caía con fuerza.

—¡Hay no! —me queje, enojada. No llevaba un impermeable para protegerme.

Tal vez fue mi imaginación, pero escuche una risita detrás de mí, cuando yo aun seguía parada en la entrada. Suspiré y camine hasta mi bicicleta. Me subí e ignoré el agua que comenzó a golpearme con fuerza.

Pedaleé lo más rápido que pude. Mis pies se entumieron, claro, y mis dientes castañearon acusa del frío. También sentí el aire helado chocando contra mi cara y el agua humedeciéndola.

Para cuando llegue a casa, la lluvia ya me había bañado toda. Mi mamá me abrió en seguida, y me tendió una toalla. Supuse que ya se había imaginado que llegaría en ese estado. Pero aun así se preocupo demasiado.

—¡Por dios, Chihiro! ¡Estas empapadísima!

—Perdona…— dije cabizbaja, mientras ella me secaba la cabeza y me envolvía en una bata de baño. Como si yo aun fuese una niña pequeña... Mamá nunca iba a cambiar.

Me llevó hasta la sala y me sentó en el sofá, enfrente de la chimenea en donde estaba una fogata. Aun envuelta en la toalla. Me siguió secando el cabello y me quitó los zapatos.

—Anda, será mejor que te duches. Después ponte la pijama y métete a al cama. No olvides secarte el cabello. Si no podrías enfermarte, cariño. Te llevaré un té de hierbas y galletas. —indico ella en tono preocupado. Yo me mordí el labio, esa noche no iba a reclamarme por ser sobre protectora.

Me levanté del sofá y me quité la bata. Se la devolví a mamá y subí hasta mi habitación. Tenía mi propio baño allá arriba. Me despojé de mi ropa mojada y me metí a al tina de baño. Abrí el grifo para que saliera agua calientita. Una vez que se llenó, vacíe el liquido para que se hiciera espuma… y me sumergí.

Enseguida mi mente divago al tema de mis visiones. Recordé aquel rostro de la biblioteca, y luego al Dragón blanco que se presenciaba en mis sueños… sus ojos sin duda eran iguales.

¿Era posible que aquel Dragón blanco que miré cuando caí de niña al río Kohaku, fuera real? ¿Por qué seguía viéndolo en sueños?

No recordaba con precisión esa escena del río, quizá se debía a los años que habían pasado desde entonces. Lo que mis fugaces recuerdos me permiten visualizar, era a mi subida en aquel Dragón, nadando debajo del río.

Si en verdad existía ese Dragón, entonces aquel niño que recordé en la biblioteca también tenía que existir. Tenia que ser como lo había leído en el libro,"Un dragón podía tomar forma de un humano" ambos debían ser el mismo.

¿Pero de donde recordaba a ese niño…? No me venia nada a la mente… era un completo extraño, ¿Porque yo sabia de su existencia? O me estaba volviendo loca, o mi mente comenzaba a fallarme a tan temprana edad.

¡Aquel tema era tan frustrante!… y por otro lado deprimente. Ya no quería tratarlo más. Quería dejarlo pasar y seguir con mi vida… pero no podía. Podía ser porque yo era una simple humana llena de curiosidad… o porque algo en mi interior se sentía triste ante la idea de olvidar ese tema.

Termine de bañarme y me envolví en mi bata de baño favorita, era de color amarilla. Una vez que estuve seca, me puse la pijama. Conecte a la luz la secadora de cabello, y con un peine empecé a secarlo. Me demore un poco puesto que mi cabello era algo largo, quizá lo traía hasta la mitad de la espalda. Una vez que quedo sin rastro de humedad, comencé a trenzarlo. Me acomode en mi cama acurrucándome debajo de las colchas. Estaban frías pero no tardarían en calentarse.

Al poco rato llegó mi madre con una charola en las manos. Había galletas y una taza que desprendía humo… probablemente con el té que había prometido.

—¿Como te sientes cariño? ¿Te duele la cabeza, sientes escalofríos? —preguntó poniendo las cosas en mi mesita de noche. Aun estaba preocupada.

—Tranquila, mamá. Estoy bastante bien, enserio.

Ella pareció tranquilizarse

Se despidió de mí y me deseó dulces sueños. Cuando se fue, me incorporé para tomar el té y comer las galletas. Al término de mi cena, me levante de mi cama a regañadientes-estaba tan calientita entre las cobijas- para ir a mi baño y cepillarme los dientes. Una vez que termine, active el despertador para el día siguiente a las seis y media. Me metí nuevamente en la cama y, al poco rato, quede profundamente dormida…

El viento se encargaba de alborotar sus cabellos marrones. Era un viento bastante agradable. La chica, llenó sus pulmones de aquel aire lleno de naturaleza. Un aire puro y fresco. Cerró sus ojos y se dejó llevar por un momento, escuchando el sonido de las hojas chocar entre si y el agua haciendo oleajes… ¿agua? Se preguntó la pelicastaña. Abrió de inmediato los ojos puesto que no había notado anteriormente un lugar donde hubiera agua.

Divisó a lo lejos un río extenso y con agua clara. No dudó en correr para llegar hasta él, pero se dio cuenta de que, conforme avanzaba, el río parecía alejarse. Corrió aun más rápido, pero el efecto seguía siendo el mismo.

Se sintió desesperada y dejó de avanzar. Se inclinó de cuclillas y abrazó sus pies, pegando sus piernas a su pecho.

Y entonces se preguntó: ¿Para que avanzar? ¿Que tenia de especial ese río?

Se tranquilizó, y se puso de pie. Le dio la espalda al lejano río y avanzó… entonces una dulce voz le habló:

Recuerda… No mires hacia atrás —le pareció tan familiar aquel timbre. Resonó en un eco. Esa frase pareció quedar flotando en el aire, estremeciendo bastante a la chica.

Y como si le hubiera indicado lo contrario, la chica se giró para mirar atrás.

El río ya se encontraba a solo pocos pasos de distancia, y sobre él, un hermoso Dragón blanco con melena verde pastel. Tenía la forma de una serpiente, pero con cuatro extremidades como pies. También poseía dos cuernos en la cabeza, y dos largos bigotes.

Solo le dio tiempo de apreciarlo por unos cuantos segundos, porque el Dragón se sumergió en las profundidades del río, y desapareció, dejando a la vista un plano campo lleno de pasto verde. No quedo evidencia de que antes había un río. La chica, desesperada, gritó el nombre del Dragón:

¡KOHAKU! —Esa palabra igual quedó resonando en eco.

Segundos después, un fuerte sonido penetrante se apodero de todo el lugar… parecía el sonido de un despertador…


NOTA FINALES DEL CAPITULO:

bueno haber que les parece este primer capitulo, espero que les haya gustado, les agradeceria mucho si me dejaran sus Comentarios ^^

Muchas gracias por leer, y espero que se hayan quedado con ganas de leer mas *,*

Un Saludo!