Y te olvidé

Capítulo II

"Dices que te olvidaré"

Por: Jenny Anderson.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de Lucro solo de entretenimiento.

Notas: Ésta es una reedición del fic original. Si ya lo habías leído antes, te encontrarás con que lo estoy corrigiendo en cuestión de ortografía y de argumento. Gracias por empezar a leerme o por haberme leído alguna vez.

Beta: La maravillosa Nande_chan que no sé la razón por la que aún no me manda a freír chongos a la China.

Palabras: 6,078

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Y mientras tanto yo voy
Desbaratándome - Desbaratándome OV7

La lluvia seguía cayendo con la misma intensidad, mientras el cielo se iluminaba de vez en vez por los relámpagos que Serena no escuchaba, inmersa como estaba en continuar golpeando el suelo, con menor fuerza ya; las manos le dolían, las lágrimas seguían mojando su rostro y mezclándose con las gotas de lluvia, y ella lo único que podía sentir era tristeza y desesperación.

La tristeza seguía clavada en cada uno de los fragmentos rotos de su corazón, su mente se dedicaba a hacerla recordar una y otra vez Tokio de Cristal. Una vocecita cruel y desagradable le susurraba cosas hirientes: que era una tonta por haber puesto todas sus esperanzas en una utopía que era demasiado maravillosa para ser real, por creer que alguien como Darién podría quererla a ella.

Había gritando durante un largo rato en un intento de callar aquella voz, pero se encontró, más pronto de lo que deseaba, incapaz de seguir gritando. Los sonidos que salían de su garganta no lograban silenciar esa voz que tanto daño le estaba haciendo, recordándole una y otra vez todos aquellos defectos de carácter que ella sabía que tenía y en los que nunca se había detenido a pensar. Como medida desesperada seguía gritando mentalmente, llamando al amigo que ahora necesitaba más que nunca, pero que o se encontraba demasiado ocupado o realmente ya no le interesaba nada de lo que a ella le pasara, ya que no importaba con cuanta desesperación lo llamaba, él simplemente no contestaba.

Y ella seguía ahí, en la azotea de aquel edificio, empapada, herida, traicionada y sin querer creer aún que aquello era verdad, esa era su nueva realidad. No podía creer que para Darién había sido tan fácil dejar lo de ellos atrás, como si todo lo que habían vivido no fuera importante, no podía creer que el amor de su vida pensaba poner todo lo que ella había significado en cajas en el fondo de su mente, no podía creer que de la noche a la mañana la abandonara.

Tal vez no sería tan difícil si no fuera porque la persona por quien la había abandonado era una de las chicas a las que llamaba amigas, alguien que sabía todo lo que Darién significaba para ella y que simplemente no les importara ella o el futuro era una marca más que agregar a su dolor. Por una parte, pensó que todo estaba bien así, al menos no había descubierto la verdad años después cuando estuviera atada a Darién por el resto de su vida o posiblemente se había salvado de un divorcio con una niña en brazos, pero no por eso dejaba de doler. Dolía haber puesto su vida entera en manos de alguien a quien no le había importado.

Alguien que nunca la había amado realmente, ya que si lo hubiera hecho, era imposible que la hubiera dejado de amar.

Era más doloroso si pensaba en la traición doble que había sufrido. Nunca se lo hubiera imaginado de ninguna de sus amigas, y si lo hubiera hecho Amy era la última de quién lo hubiera pensado; antes habría pensado en Rei, le avergonzaba reconocerlo, pero durante un tiempo el escenario se apareció en sus pesadillas y siempre era Rei quién le arrebataba a Darién. Después de todo, Serena era consiente que había una historia que había sido interrumpida cuando quedó al descubierto que Endymion le pertenecía a Serenity.

Y dolía aún más porque había sido ella misma quien había provocado esa situación, ella y la excesiva confianza en su novio y amiga, ella y su constante inmadurez, ella y su comportamiento infantil, ella y su falta de inteligencia, ella y su poca belleza, ella y todos esos miles de defectos que siempre pensó que a Darién no le importaban. Había tenido fe ciega en que pasara lo que pasara, ella y Darién estaban destinados a permanecer juntos.

Pensándolo fríamente, no podía culpar a Darién por no quererla. ¿Cómo podía ella competir contra la prodigio de Mizuno?, ¿qué podía aportar ella a la vida de Darién que la hiciera mejor que cualquier otra mujer? Lo amaba con cada gramo de su ser, pero eso no quería decir que otra mujer no pudiera hacerlo. ¿Qué importaba que fuera la reencarnación de Serenity si no era ni la cuarta parte de lo que había sido la princesa de la Luna?

Darién tenía todo el derecho a buscar a alguien más, que pudiera hacerlo feliz, que sí estuviera a la altura. Alguien que no era Serena Tsukino.

Entró de nuevo al departamento completamente empapada, con la mirada perdida y un solo pensamiento.

No importaba ya nada si él no estaba con ella.

X – X - X

Había días en que no podía dejar de pensar en ella, en que despertaba y absolutamente todo le recordaba a su Bombón, y ese era uno de esos días, sin importar qué estuviera haciendo, ella se las arreglaba para hacerse recordar. La parecía detectar su aroma mientras caminaba entre la gente, oír su risa en el jardín que ella nunca había visitado o escucharla susurrar su nombre en las noches con el tono alegre y cantarín que ella poseía.

Desde el jardín no se podía ver la Luna, pero la guerrera se imaginaba que sí, era el lugar más tranquilo del palacio y donde más cerca se sentía de Serena, por muy ilógico que aquello le pareciera. En aquel jardín solo tenía que cerrar los ojos para sentirle, pensar en ella para que su mente evocara aquella sonrisa sincera, el brillo de los ojos azules que lo habían enamorado, sus largos cabellos dorados.

Sintió unas ganas terribles de estar con ella, abrazarla decirle lo mucho que la amaba, lo mucho que había pensado en ella, pero era una tontería, ella ya sabía que la amaba pero no le correspondía. Ella ya tenía su príncipe y su felices para siempre.

Había gente que simplemente nacía con la estrella equivocada.

No quería seguir lamentándose, había hecho mucho de eso en los últimos años, pero parecía que tampoco podía evitarlo. La presencia de Serena se había convertido en un fantasma que estaba renuente a dejarlo, a pesar de que ella estuviera físicamente con alguien más. No sabía la razón por la que aquel amor se negaba a morir, y seguía ardiendo incluso con más intensidad que cuando se descubrió enamorado.

Amar era una experiencia aterradora, amar y no ser correspondido mandaba todo a un nuevo nivel de miseria, del que aparentemente no era fácil salir, como en ese momento donde la añoranza estaba alcanzando niveles que nunca antes había sentido. Era como una necesidad física, un picor sobre la piel que no puede ser ignorado y sin pensarlo, solo porque el corazón se lo decía, rompiendo el juramente hecho a su propia princesa años atrás, partió rumbo a la tierra, simplemente para verificar que su bombón estuviera bien, a pesar de que no era suya.

X – X - X

Se había quedado sentada en la orilla de la cama durante largos minutos observando las fotos de su habitación. Ahí sentía más que en ningún lugar de aquel departamento la presencia de Darién; habían pasado tardes enteras abrazados en aquella cama por el simple placer de estar juntos.

En su mesita de noche estaba la foto que más le gustaba de ellos, la de Darién abrazándola, y que había tenido desde un poco antes de entrar a la prepa, cuando ella ingenuamente creía en el felices para siempre. Sabía exactamente lo que tenía que hacer, estaba segura que aquel dolor no se iría de ninguna otra manera.

Llenó la bañera de agua, mientras las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Sintiendo la desesperación en todo su cuerpo, había llegado a la única conclusión lógica: no quería estar ahí si no era con él. Ella no sabía vivir si no era con él.

Entendía que mucha gente podía tomar aquella decisión como una exageración, pero para ella no era así, no toda la gente perdía a su novio, al amor de su vida y todo su futuro de la manera en que ella lo había perdido todo. ¿Cómo iba a poder ir por la calle y mirar a los niños sabiendo que su propia hija jamás existiría? ¿Cómo iba a amar a otra persona que no fuera Darién cuando todo su cuerpo le pertenecía a él? La gente tenía que amar como ella amaba y aun así dudaba que alguien comprendiera su decisión.

Salió del cuarto de baño, dejando el agua correr, la bañera estaba a punto de llenarse pero a ella no le importó. Cuando Darién había salido por la puerta se había llevado con él todo lo que importaba, todo lo que daba sentido a su vida.

Ella no tenía sentido si Darién no estaba a su lado.

X – X - X

¿Había pasado mucho o poco tiempo en su viaje? No lo sabía, de lo único que era consiente era que su Bombón lo llamaba, podía sentirlo, podía escucharla, sus gritos eran cada vez más débiles, pero infinitamente más desesperados, y aquello hizo que una sensación desagradable pasara por su espalda. La urgencia de verla se incrementó como nunca.

No se detuvo a mirar a su alrededor, no supo exactamente porqué, pero en vez de dirigirse a casa de Bombón, corrió hacia el templo Hikawa.

Las largas escaleras que siempre le habían parecido excesivas no fueron mayor obstáculo y apenas y se dio cuenta de que las subía, lo único que llenaba su mete era Bombón. Sabía que la guardiana de Marte le diría dónde estaba, no sabía la razón pero necesitaba con urgencia estar ante su Bombón.

—¡Rei! —gritó una vez en el patio del templo al no ver señales de la chica.

Dentro en la sala, el grito sonó desesperado, algo en el interior de las sailors se agitó, aquella voz aún no reconocida no presagiaba nada bueno. Rei se apresuró a salir de la sala y mirar al desconocido y a pesar de que en cuanto lo observó supo de quién se trataba, dudó sobre su identidad.

¿Qué hacía Seiya Kou en medio de su patio empapado por la lluvia?

—¿Seiya?

—¿Dónde está Serena? —pregunto Seiya llegando junto a ella.

—¿Qué te pasa? —dijo la guardiana del fuego al notarlo tan alterado.

—¿Dónde está Serena? —Volvió a preguntar sin pisca de la amabilidad que había en él y con la que las había tratado en el pasado. Estaba siendo incluso agresivo sin que pareciera importarle.

Y en ese momento Rei lo sintió, un cosquilleo desagradable que se extendió por todo su cuerpo poniendo su piel de gallina y que reconoció inmediatamente. Había sido la misma sensación que había asaltado su cuerpo la tarde que Amy se presentó en el templo para hacer aquella horrible confesión sobre lo que pasaba entre ella y Darién, un presentimiento que no presagiaba finales felices para nadie.

—Vamos, te llevaré con ella— dijo ella tomándolo del brazo, pero él no se movió, había distinguido la figura de Darién tras la guardiana de Marte.

—¿Seiya? —Mina se acercó, pero él la ignoró y fijó la vista en las manos entrelazadas de Darién y Amy. La ira se apoderó de él.

—¿Dónde ha quedado tu amor por Serena? —preguntó encarando a Darién, quien simplemente lo miró con confusión, sin entender quién se creía esa persona para pedirle cuenta de sus actos.

—Eso es algo que no te incumbe —contestó el príncipe irguiéndose, mirando fijamente al hombre frente a él.

Las chicas miraron de uno a otro sin saber exactamente qué debían hacer. Rei se sentía impaciente por ir con Serena, pero sabía que aquel enfrentamiento era algo que tarde o temprano tendría que suceder.

—Todo lo que tenga que ver con Bombón me incumbe.

—Esto no tiene nada que ver contigo.

—Ella es mi amiga, mi mejor amiga, y tiene todo que ver conmigo si veo a su "príncipe" de la mano de una de sus amigas —envió una mirada cargada de reproche a Amy.

Darién se interpuso entre Seiya y la que ahora era su novia.

—Una amiga de la que no has sabido nada en tres años, es posible que su amistad no fuera tan especial como creíste.

Seiya intentó con todas sus fuerzas, pero por la mirada de suficiencia en el rostro del príncipe de la Tierra, había fallado en su intento de no demostrar lo mucho que esas palabras dolían.

—El que no estuviéramos uno frente al otro no quiere decir que dejara de ser mi mejor amiga, Chiba, siempre me voy a preocupar por ella —lo miró de manera retadora—. Y a juzgar por lo que veo, eres tú quien ya no tiene nada que ver en la vida de Bombón, así que haznos un favor a todos y aléjate de Bombón o juro por Kami que voy a tumbarte todos los dientes.

La ira que se extendió por el cuerpo del príncipe lo tomó completamente por sorpresa. ¿Quién se creía aquel hombre para hablarle así?

—¿Cómo te atreves…

—No, ¿cómo te atreves tú a dejar a Bombón por una de sus amigas? —soltó Seiya, interrumpiendo al príncipe sin temor alguno a equivocarse.

X – X- X

Se sentó en la tapa del retrete, observando el brillo de la navaja ante la luz que iluminaba el cuarto de baño, deseaba hacerlo, sabía que quería hacerlo, pero no lograba sujetarlo con suficiente fuerza como para lastimar realmente su muñeca. Acercaba el filo y lo retiraba.

¡Ni siquiera era capaz de acabar con su propia vida!

Era patética, seguía mirando la navaja como si de esa manera lograra convencer al metal a cumplir sus deseos, necesitaba que ese dolor terminara, y solo se le ocurría una manera de que eso pasara, pero no era capaz de reunir la fuerza necesaria.

El agua de la bañera estaba llegando al borde, no tardaría nada en comenzar a correr por el cuarto de baño hacia otras áreas del departamento, pero a ella no le importaba.

Cerró los ojos con fuerza, Seiya pensó, mientras la hoja cortaba su muñeca izquierda, un corte largo y profundo, que comenzó a sangrar manchado el suelo, mezclándose con el agua y corriendo hacia la puerta.

X – X – X

—Seiya, yo… —empezó a decir Amy.

—Amy —interrumpió Darién con reproche en la voz—, no le debemos explicaciones a nadie y mucho menos a él.

—Y a mí no me importa lo que ustedes puedan decir. Así que hazle caso a tu novio, Amy, ahorra tus explicaciones.

—No le hables así —dijo Darién molesto.

—Le hablo como quiera, ¿o es que tú vas a impedírmelo? —preguntó Seiya cruzándose de brazos, la ira hirviendo en sus venas—. No lo creo.

Darién no contestó con palabras, en su lugar lanzó un golpe directo a la mandíbula de Seiya, quien haciendo gala de sus reflejos logró esquivarlo contratacando a su vez con un puñetazo en el estómago de Darién, que dando un paso al costado y demostrando toda su agilidad, evitó el ataque.

Se separaron un momento para mirarse fijamente, midiéndose. La ira e indignación corriendo en cada uno de ellos, dejando que sus pies los llevaran a trazar una especie de circunferencia sin quitarse los ojos uno del otro, ni dejar de moverse, esperando el momento adecuado para atacar.

Se arrojaron uno sobre el otro, un golpe certero de Seiya en el ojo derecho de Darién, uno de Darién en el pómulo izquierdo del cantante. Seiya aprovechó el momento de victoria del príncipe para utilizar todo su peso y hacerlo caer, emulando una especie de tacleada que el príncipe no vio venir, aprovechando su momentánea ventaja para posicionarse sobre el hombre y golpearlo.

Darién detuvo el golpe con más facilidad de la que Seiya quería incluso admitir, el príncipe logró ponerse en pie dejando a su oponente momentáneamente en el suelo y preparándose para lanzar una patada, Seiya aprovechó el movimiento del hombre para sujetar el pie y golpear con todas sus fuerzas la rodilla del príncipe, disfrutando el sonido herido que salió de los labios de Darién.

Una vez en el suelo las patadas no se hicieron esperar, las chicas gritaban intentando detenerlos. Rei los miraba sin querer detenerlos, en el fondo sabía que Darién lo merecía. Y de alguna manera Seiya también por haber tardado tanto en regresar, a pesar de que aquello no tenía ningún sentido.

Ambos giraron en el suelo para acabar más rápido con el enemigo, Seiya ahogó un gemido de dolor en cuanto Darién lo golpeó en las costillas. El príncipe por su parte sintió el escozor de una herida en el labio, donde al parecer un golpe del joven bajo él había logrado conectar.

Seiya se preparaba para dar un codazo certero en el pecho del soberano, cuando la escuchó, fuerte, clara y llenándolo de desesperación, la voz de Serena, diciendo una sola palabra.

Seiya.

X – X – X

Honestamente, jamás imaginó que todo terminaría de aquella manera. Siempre que contemplaba la idea de su muerte, se imaginaba así misma como una anciana, cual protagonista de película, viviendo una vida larga y feliz, recibiendo a la muerte como antiguas amigas, lista para continuar el viaje. Sin dolor, en medio de un sueño, dejando tras de sí una hermosa hija, y unos aun más hermosos nietos. La realidad era diferente, no se encontraba serenamente dormida, ni había llegado siquiera a los veinticinco. No había ninguna hija y por supuesto ningunos nietos.

Lo que había era una bañera, el corazón roto y su propia sangre manchando su piel. El único sonido era el del agua que seguía corriendo, pero por primera vez en su vida no había indecisión, estaba completamente convencida que no existía otra solución. No sería capaz de vivir con el interior doliendo como lo hacía.

Se introdujo en la bañera sin sentir siquiera la temperatura del agua, cerró los ojos dejando sus manos en su regazo, de esa manera estaba segura que la sangre fluiría más rápido, deseaba que lo hiciera, que tiñera el agua y que ella dejara de sentir, de recordar, de pensar, de sufrir.

Lo siento mamá, papá.

El agua ya iba más allá del cuarto de baño.

Pero duele tanto…

X – X – X

En el pasado había deseado con todas sus fuerzas estar frente a frente al príncipe de la Tierra y encararlo, tal vez romperle la cara por ser tan malditamente idiota y dejar a una mujer como era Serena Tsukino atrás. En sus fantasías siempre era el ganador y Serena se daba cuenta de lo inútil que era seguir con su novio.

Ahora daría absolutamente todo lo que poseía para que ella estuviera feliz con su novio y no sentir esa horrible sensación de temor y urgencia que lo dominaba, por no estar en aquel taxi que parecía que tardaba una eternidad en llevarlo con su Bombón,preguntándose i no era mejor correr y utilizar los tejados para llegar más rápido.

—¿Aún falta mucho?

Rei ahogó el suspiro de exasperación que había querido salir de su garganta, lo que pasaba era que Seiya estaba preocupado como lo estaba ella y no iba a lograr nada gritándole, no era como si pudieran hacer algo, ya que parecía que les habían tocados todas las luces rojas en su camino al departamento de Serena.

—Solo un poco más —dijo al fin, mientras volvían a detenerse en un alto.

—No soy el único que lo siente, ¿verdad?

Rei estuvo tentada a mentirle, a negar aquel sentimiento que seguía molestándola, pero sabía que no ganaba nada con no decirlo, fuera lo que fuera que estaba pasando, no desaparecería por negarlo. Y ella no era precisamente de las personas que se encierran en la negación y ese no era el momento para comenzar a hacerlo

—No, yo también puedo sentirlo —dijo ella sin mirarlo, dándose cuenta por primera vez que la Luna no estaba brillando.

Tal vez el taxi no había sido buena idea después de todo.

X – X - X

Mina y Lita no estaban muy seguras de lo que estaba pasando. No acababan de digerir que Seiya estaba en la Tierra y que había peleado con Darién para después simplemente salir corriendo sin dar ninguna explicación, blanco como un papel, seguido por Rei.

Y fue en ese momento en que sintieron que algo estaba pasando.

—La Luna no brilla hoy —dijo Lita mirando el cielo.

Mina levantó la vista al cielo nublado, la Luna estaba ahí, por supuesto lo sabía, pero las nubes hacían que fuera imposible verla. Abrió los ojos al máximo ante la repentina urgencia de ver a Serena.

—Lita, tenemos que ir con Serena.

Lita miró a su amiga, no del todo convencida de las palabras de Mina, por supuesto que Serena las necesitaba, pero no estaba segura que verla en este momento fuera la mejor decisión.

—Creo que ella necesita…

—Tengo un mal presentimiento. —La interrumpió la guardiana del amor.

—Yo también —dijo Amy saliendo de la sala donde había estado con Darién.

Lita y Mina se miraron brevemente

—Vayan, deben de ir con ella —les dijo Darién, sintiendo el tirón que siempre sentía cuando la princesa estaba en peligro, apretó los puños a sus costados, lo que sea que estuviera sucediendo definitivamente era su responsabilidad

Tanto Mina como Lita salieron corriendo dejando a la pareja atrás, Amy se llevó una mano al pecho, no quería que nada le sucediera a Serena, su intención nunca había sido esa, pero en su caso, su corazón había jugado en su contra.

Darién la abrazó con fuerza dejándola esconder el rostro en su pecho.

—Si nos necesita estaremos ahí.

Quisiera Serena o no.

X – X - X

En cuanto llegaron al edificio no esperaron el elevador, la urgencia se había disparado y sabían que eran capaces de llegar a donde Serena con más rapidez que si esperaban. Ambos se abalanzaron sobre la puerta llamándola sin importar lo que pudieran pensar los vecinos.

—Bombón, abre —gritó Seiya golpeando la puerta, pero solo había silencio.

—Tírala —ordenó Rei y Seiya no dudó ni un momento para abrirse paso al departamento con un par de patadas.

Rei fue la primera en escuchar el agua correr y también en darse cuenta del color carmín que llevaba, así como del caos reinante en la sala, había cosas y pedazos de fotos flotando.

—¡SERENA! —llamó la sacerdotisa con voz temblorosa ante la posibilidad de haber llegado demasiado tarde.

—¡Aquí! —gritó Seiya corriendo al lugar de donde se escuchaba el agua con mayor claridad, la puerta también estaba cerrada.

No dudó para derribar la puerta con una sola patada, quedándose paralizado en la entrada por un momento al observar la cabellera rubia flotando.

—¡Serena! —gritó Rei empujándolo a un lado.

Seiya entonces se apresuró a entrar a la habitación, levantando a Serena con fuerza y sacándola del agua sin dejar que Rei se acercara a ella.

Por favor, por favor que aún respire.

—Rei, llama a una ambulancia —ordenó con la voz llena de pánico.

Rei tardó en reaccionar, mirando fijamente la silueta inmóvil de su princesa mientras el joven la sacaba y la ponía en el suelo, no fue hasta que escuchó la liguera tos de Serena que Rei tomó el teléfono y comenzó a marcar a emergencias.

No van a llegar a tiempo.

Seiya levantó la cabeza de la chica girándola un poco hacia la izquierda, dejando que la tos despejara momentáneamente las vías respiratorias de la chica.

—Seiya —murmuró ella sintiéndose completamente agotada entre toses, con los labios temblando y casi azules, y la palidez que aterrorizaba a Seiya. Si no hubieran llegado cuando lo habían hecho… No quería ni imaginarlo.

—No hables —pidió él tomando una de las toallas y envolviendo sus muñecas.

—No —dijo ella al darse cuenta de las intenciones del chico, sin fuerzas para poder impedírselo —. Seiya, déjame morir.

—No me pidas eso Bombón, eso no —dijo abrazándola con fuerza.

—Ya no tengo razón para vivir —dijo ella en voz baja, con los párpados pesándole cada vez más.

—Hazlo por mí, Serena —dijo él con la cara enterrada en el cuello de la chica, suplicante. Incapaz de seguir viendo cómo la vida de Serena se escapaba de sus manos y no era capaz de hacer nada.

—¿Por ti? —preguntó ella con la respiración superficial, haciendo un esfuerzo titánico para mantener los ojos abiertos.

—Sí, Serena, por mí. Te amo, no me hagas esto —dijo sollozando y levantó el rostro para mirarla a los ojos—. Te amo a pesar de todo el tiempo y te amaré siempre, así que por favor, por favor, no me pidas que te deje morir. ¡No puedo hacerlo!

Serena lo miró un momento, el parpadeo cada vez más lento, perdió el conocimiento antes de contestar.

—¡SERENA! —gritó Seiyalleno de pánico.

Rei apretó el teléfono contra su pecho, rogando estar equivocada y que la ambulancia llegara a tiempo.

X – X- X

Bip... Bip... Bip...

Bip... Bip…

Ese maldito sonido empezaba a desesperarlo, se oía tan falso, y cada vez tardaba más en escucharse. Las lágrimas caían lentamente de sus ojos, pero no le importaba, las palabras del galeno aún hacían eco en su mente.

—Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos, ahora todo depende de ella.

Pero ella no parecía querer abrir los ojos, ni dejar que la transfusión trabajara como tenía que hacerlo, ni quería recuperar su calor corporal, ¿por qué?, apretó con más fuerza la mano de la chica, donde sus lágrimas morían, no le importaba, no le importaba que las blancas sabanas se mojaran, nada le importaba sin ella.

Y era ese pensamiento el que más le hacía sufrir, ya que la entendía, entendía su desesperación, su decisión. Él mismo se encontraba renuente a vivir un mundo sin ella. A pesar de que siempre había estado destinado a estar sin ella en su vida.

—Serena, por favor abre los ojos —suplicó, pero el sonido del aparato fue su única respuesta—. Por favor, Bombón, por favor.

X – X – X

No era la primera vez que abría los ojos para descubrir que estaba flotando en un espacio en blanco, pero era la primera vez que el espacio en blanco no la confundía o la llenaba de temor.

Tampoco era la primera vez que se encontraba con que en su espacio en blanco había alguien más con ella, y reconoció la presencia inmediatamente.

—Madre —dijo y en cuanto aquella palabra salió de sus labios se dio cuenta de su error, manifestándolo solo en una mueca de desagrado.

—Serenity…

—Serena —se apresuró a corregir, observando cómo el espacio en blanco comenzaba a desvanecerse para dar paso a formas y colores que eran conocidos. Ante ella se encontraban las ruinas del Milenio de Plata.

Y ella se encontró vestida como la princesa de la que era reencarnación.

La reina la observó largamente.

—Eres Serenity —contestó la soberana al fin.

Serena la miró fijamente, antes de posar la mirada en la Tierra. Había creído durante tanto tiempo aquella sentencia como verdadera y solo ahora, a unos pasos de la muerte,se daba cuenta de lo erróneo de su creencia. Suponía que no estaba muerta, estaba segura que la muerte no se parecería para nada al Milenio de Plata.

Ahora entendía lo que había hecho mal, se había olvidado de vivir su propia vida, preocupada como estaba en ser Serenity. Preocupada de cumplir el destino de Serenity. De una mujer que era por mucho diferente a ella. Había estado demasiado ocupada intentando llenar los zapatos incorrectos.

¡Ya no más!

—Es lo que nunca me permití comprender y deje que todo este tiempo me confundiera. Sí, soy la reencarnación de Serenity, tengo su fuerza, su poder —lanzó un suspiro—, pero no soy ella, no soy tu hija. Soy hija de Ikuko Tsukino, fui criada muy diferente a como lo fue ella, nos parecemos en el exterior, pero no somos iguales en el interior.

—Eres mi hija —replicó la mujer.

Ella negó con la cabeza.

—Me diste su chispa y no sabes cómo te lo agradezco, pero no soy tu hija. Ella murió al igual que este lugar. Al igual que Tokio de Cristal. Y mientras más pronto nos hagamos a esa idea, será mucho más fácil seguir para las dos.

Se acercó a la mujer, no era como si lo que había pasado hubiera dejado de doler, o que ya no tuviera el corazón roto. Seguía latiendo dolorosamente y ella seguía sintiendo la asfixiante desesperación, pero ya no la dejaría guiar sus pasos.

¿Se iba a rendir luego de tanto tiempo de estar luchando?

No podía hacerlo, se lo debía a sus padres, pero sobre todo se lo debía a sí misma. No sabía cuánto le tomaría, pero tenía que encontrarse, permitirse ser solamente Serena Tsukino. Dejar de vivir como si ser Serenity fuera lo único que importaba.

—Necesito que hagas algo por mí —pidió al fin.

X – X - X

Siempre supo que terminar con Serena no iba a ser fácil, que las consecuencias serían sin duda dolorosas. Que haber cerrado la puerta del cubículo cuando Amy le pidió hablar sellaría un destino diferente al que él había observado en su viaje al futuro. Siempre supo que algo faltaba en su relación, quería a Serena, pero desde el inicio fue evidente que ella lo amaba mucho más de lo que la amaba él.

Al inicio pensó que solo le faltaba conocerla más, que pronto las piezas encajarían y lo hicieron o al menos parecieron encajar, nunca se había enamorado antes, ¿cómo iba a dudar de lo que sentía por Serena cuando no tenía con qué compararlo? Se convenció de que la amaba con cada gramo de su ser, pero descubrió que lo que sentía por Serena palidecía contra lo que sentía por Amy, simplemente la decisión se hizo más fácil, pero no menos dolorosa.

Había visto los signos de dependencia y los había dejado pasar, no eran tan marcados, ni algo de qué preocuparse. Todo esto era su culpa. Su relación desde un principio no se había basado en la igualdad y ahora estaba ahí con el estómago encogido de preocupación y el corazón lleno de culpa.

Amy estaba completamente pálida, la culpa atenazando su cuerpo de tal manera que no era capaz de llorar, solo estar ahí. Una parte de ella estaba enfurecida con Serena, otra aterrorizada por estar tan enojada y una más culpable al sentirse tan enojada con su princesa.

Haruka no sabía ni qué pensar ni qué sentir, había fracasado miserablemente en la única misión de su vida: proteger a su princesa. No solo había fallado, sino que no se había enterado siquiera que Cabeza de Bombón la necesitaba.

No hasta que aquella urgencia por verla se había instalado en su cuerpo y para ese momento, ya era demasiado tarde. Michiru sostenía la mano de Haruka, preocupada por su princesa, aquella niña siempre había sido su prioridad, pero en eso momento quien realmente le preocupaba era Haruka. Si Serena no despertaba, Michiru sabía que aquello destrozaría a la guardiana del viento.

—Juro que si esa niña no abre los ojos de nuevo, me encargaré de que tú seas infeliz por lo que te reste de vida.

Amy agachó la cabeza ante las palabras de la guardiana del viento, sin querer saber si a quien iban dirigidas era a ella o a Darién, claro que sabía que aquello no hacía ninguna diferencia. Estaba segura de que Haruka no tendría que hacer nada, que la culpa pintaría cada uno de sus días. Temía incluso que irremediablemente lo suyo con Darién no podría continuar. ¿Cómo iba él poder seguir con ella sin sentir la pérdida de Serena?

—Yo me encargaré de que no exista un "resto de tu vida".

Solo entonces Amy levantó la cabeza. No fueron las palabras de la sailor de la destrucción lo que la hizo hacerlo, sino el tono. Hotaru había dicho aquellas palabras como una promesa. Amy sintió que el estómago se le encogía aún más al notar la manera en que las pupilas amatistas se fijaban en la figura del príncipe de la Tierra.

—Hotaru —comenzó él.

—Este no es el momento —interrumpió Rei—y de todas maneras, Serena odiaría que algo malo le pasara a su amado Darién. —No había sido su intención pero no había podido evitar la manera en que había modulado amado, lleno de desprecio.

—En eso tiene razón Rei, la princesa jamás nos perdonaría dañar al príncipe.

Todas giraron la cabeza en dirección a la nueva voz, con el rostro lleno de esperanza ante la idea de que la guardiana del tiempo traía buenas noticias de la puerta del tiempo.

—¿Viste algo? —preguntó Mina mirando con ansiedad a Setsuna.

Setsuna por toda respuesta movió la cabeza en señal negativa.

—Las puertas están selladas.

El silencio reinó entre ellas, demasiado temerosas de preguntar lo que aquello significaba realmente.

Así fue como las encontró Seiya horas más tarde. No tuvo que decir nada, su lenguaje corporal lo decía todo. El llanto de todas ellas no se hizo esperar.

X – X -X

La primera pista llegó unas horas después, cuando Darién tuvo que llamar a casa de los Tsukino para dar la terrible noticia. Ya que ninguno de los que estaban ahí podía hacerlo y mucho menos reclamar el cuerpo.

El problema era que en la casa de los Tsukino nunca había vivido ninguna Serena, e Ikuko y Kenji solo tenían un hijo.

La siguiente pista fue el mismo hospital, cuando después de la llamada infructuosa en el hogar Tsukino, Darién se puso en marcha para hacer el papeleo, encontrando que no había ningún registro de ninguna Tsukino Serena, y que no se había reportado ninguna llamada de emergencia de ninguna Hino Rei.

Para Seiya aquellas cosas no importaban realmente. ¿Qué si no había registro de Serena? No cambiaba nada, él había estado presente cuando las máquinas habían dejado de sonar, cuando los médicos habían intentado infructuosamente reanimarla.

No necesitaba como el resto un cuerpo para saber que su Bombón se había ido, si cerraba los ojos y se concentraba no era capaz de sentir el brillo de la Luna. Podía sentir a las sailors, pero el brillo de la Luna, la esencia de Serena, faltaba.

Salió del hospital sin que ninguna de ellas reparara en él, estaba anocheciendo y a él le parecía una ironía que el cielo estuviera despejado, no había Luna, y la ausencia del cuerpo celeste fue lo que al final logró quebrarlo.

Dejó que su espalda buscara apoyo en una pared al tiempo que los sollozos sacudían su cuerpo, no le importaba. No lograba dar sentido a lo que había pasado, sentía el irracional impulso de ir y matar a golpes a Chiba, pero aquello no iba a traerla de vuelta, como tampoco lo haría el que él estuviera en una calle cualquiera.

Resbaló lentamente por la pared hasta que sus rodillas quedaron a la altura de su pecho y siguió sollozando, sentía que no pararía nunca, el aire le faltaba.

Y entonces lo sintió. El mismo brillo que observó aquella primera vez en el aeropuerto.

—Bombón —dijo mientras las lágrimas manchaban su rostro y los sollozos sacudían su cuerpo.

Ni él mismo supo cómo lo hizo, cuando se dio cuenta estaba sollozando en el vientre de ella, apretándola con fuerza, manchando su vestido rosa con mocos y lágrimas. A él no le importaba si se había vuelto loco y Serena era obra de su imaginación.

—¿Cómo pudiste hacerme eso? —preguntó cuando fue capaz de articular más de dos palabras seguidas sin que los sollozos se interpusieran.

Serena durante todo el tiempo había acariciado la cabellera negra, sintiendo el peso de sus actos cada que escuchaba los sollozos del chico. Se había permitido olvidar que había más gente además de Darién, había gente que la quería por ser ella.

—Lo siento, no pensé…

—Lo sé —dijo él interrumpiéndola sin querer levantar la vista por miedo a que su visión se desvaneciera.

—Vine a pedirte un favor, Seiya —dijo ella separándose de él, y arrodillándose para que pudieran hablar cara a cara.

Seiya supo entonces que aquello no era ningún truco de su mente, que era realmente su Bombón, en carne y hueso, viva y respirando. Por muy loco que aquello sonara.

—Lo que quieras —dijo antes de abrazarla con fuerza, las lágrimas de nuevo en sus ojos y el alivio en su cuerpo.

—Necesito que viajes conmigo, necesito saber quién soy, sin Darién y sin Serenity, ¿me acompañarías?

—Hasta el fin del mundo, Bombón.

Fin

Notas de la autora

No sé si ahora ha quedado más entendible, o mejor, lo que sé es que me gustó este resultado. Así que espero que ustedes lo disfruten como yo lo he hecho. Y de nueva cuenta muchas gracias por todo su apoyo.