CAPÍTULO 01: La hija del granjero

-Vaya, Korra, es como tú- Dice Bolin –Una mujer que sabe defenderse sola-

-Cállate, Bolin- Responde Korra mientras la miraba de reojo, pero sin alcanzar a ver su rostro aún –No está sola. La acompaña un rifle cuyo cañón apunta a nuestras cabezas-

-Es correcto- Dice la persona que les apunta, una chica más o menos de la edad de ellos -¿Quién diablos son ustedes? No nos gustan los extraños-

-Yo soy Bolin, ella es Korra. Listo, ya no somos ningunos extraños-

-Ja ja, muy gracioso- Ironizó la mujer –No fue eso lo que pregunté, y seguro que no lo saben, pero deben pagar por el agua de ese pozo- Agregó

-Oh no…- Contestaron los recién llegados con desgano porque no tenían dinero.

La chica los miró, desde que los encontró había permanecido detrás de ellos y no les vio sus rostros porque les estaban apuntando con un arma así, que aparte de hablar no se habían movido. Se desplazó lentamente, sin bajar la guardia hasta quedar frente a ellos, los observó fijamente… un chico robusto y pálido de cabello negro y ojos verdes; una chica atlética de piel canela, cabello castaño oscuro y ojos azules, sobre quien puso más especial énfasis.

Korra notó la vista sobre ella, así que le devolvió la mirada con cierta curiosidad a esta persona, una muchacha muy bella de ojos verdes, cabello ondulado negro y largo, piel pálida, labios rojos y un cuerpo en excelente forma. Las dos alcanzaron a observarse mutuamente con cierto detalle, mientras el chico las ignoraba.

-¡Qué ojos tan bonitos!- dijo para sí misma la mujer sin permitir que notara en su expresión lo que pensó –tienen el color del cielo-

-No pensé que se tratara de una mujer tan hermosa- Pensó Korra –Ninguna flor de cactus, por linda que sea, le haría justicia a su belleza-

Ambas se reservaron sus opiniones lo mejor que pudieron y Bolin no notó nada raro, de hecho sólo suspiró mirando hacia otro lado pensando en qué puede pedirles la desconocida a cambio del agua que utilizaron. Finalmente la desconocida accedió a darles su nombre.

-Ustedes no parecen malas personas- dijo mientras bajaba su arma –Mi nombre es Asami Sato, soy la hija del dueño de esta granja y un vasto territorio. Nos dedicamos a la agricultura y la ganadería- Agregó

-La hija del granjero es la tentación más grande de cualquier vaquero- pensó Korra además de tener la sensación de haber oído el apellido Sato antes –Sólo que en este caso se trata de la más bella que haya conocido-

-Yo ya había mencionado nuestros nombres: Bolin y Korra- Dijo el muchacho un poco más tranquilo –Verá, nosotros éramos vaqueros en un pueblo lejano-

-Pero ocurrió un incendio terrible en el que se perdió toda la cosecha y mató algunas vacas- Interviene Korra –fue una tragedia pues nuestro patrón falleció víctima de las llamas-

-¿y por qué tuvieron que cruzar el desierto?- Preguntó Asami –Tengo entendido que el pueblo que queda en esa dirección queda bastante lejos, a varios días de camino a pie-

-Esto… es complicado- Trató Bolin de responder

-Somos proscritos- Se apresuró a decir Korra –Fuimos acusados injustamente de provocar el incendio-

Con lo primero Bolin casi se muere del susto, pensó que Korra diría la auténtica razón por la que estaban allí, no obstante lo que hizo fue mezclar una verdad con otra y logró hacerlo sonar como algo más o menos razonable. Desde un punto de vista realista, no parecía que pudiera haber otro motivo que los llevara allí, es decir, no conocían a nadie de ese pueblo, tampoco llevaban equipaje como para hacerse pasar por comerciantes o mensajeros y recorrieron un camino muy largo, tanto que nadie les creería si dijeran que era un paseo.

-Pe…pero nosotros no lo hicimos- aseguró Bolin con sinceridad y nerviosismo –Tiene que creernos, ese lugar era nuestra casa-

-Es cierto- Respalda la ojiazul al chico –Nunca habríamos hecho nada que dañara las cosechas, los animales ni a nadie-

Asami era una mujer que no confiaba en las personas fácilmente, los miró fijamente a los ojos, primero al uno, luego al otro. Ella conocía la mirada de un asesino, tiene una oscuridad de la que carecen ellos y, aunque sean unos desconocidos de quienes no sabe si puede creer en sus palabras, le fue fácil convencerse de que no tomarían acciones que le pudieran costar a alguien la vida. Al menos pudo fiarse de que no tenían intención de atacarla, puesto que no lo intentaron cuando bajó su arma.

-De acuerdo, sin embargo siguen en deuda conmigo- Dijo –y como es seguro que no tienen dinero, trabajarán para mí por un tiempo-

-Muy bien- habló Bolin primero –eso no será un problema, estamos acostumbrados al trabajo duro de granja-

-Qué remedio- aceptó Korra resignada –No me molesta trabajar, especialmente si eso me deja a mano con usted. Aunque no puedo evitar pensar que nos resultó algo caro un poco de agua-

La mujer notó que los recién llegados llevaban armas consigo, pero fue un hecho al que no le dio importancia, pues es algo habitual en mucha gente de la zona. Les hizo un ademán de que la siguieran a la casa principal, en el trayecto les indicó que le diría a su padre que un tipo llamado Tenzin los había enviado allí para ayudarles con las vacas que estarían en trabajo de parto la semana siguiente.

Hiroshi Sato, el padre de Asami, físicamente se trataba de un hombre de mediana edad de cabello cano, con bigote y lentes, pálido como su hija. Era una de las personas de más influencia y poder económico en el pueblo, así que era conocido por toda la gente de la región. Su principal fuente de ingresos procedía de la ganadería y cría de caballos, pero también incursionó en la agricultura motivado por su difunta esposa. Existía un tercer negocio, el desarrollo de armas para el ejército del país, pero este hecho no era precisamente de conocimiento público.

Había un ambicioso proyecto en el que Hiroshi Sato estaba participando, junto a otras importantes personalidades de la misma región. Se trataba de un importantísimo elemento que beneficiaría tanto a las personas como a los comerciantes: la construcción de un ferrocarril.

Asami, seguida de Korra y Bolin entran a la casa principal de la granja, donde la servidumbre eran unas cuantas chicas quienes se ocupaban de diversas labores, pero se acercaron a ellos cuando entraron, vestían ropas modestas como las de cualquier mujer del pueblo. Los viajeros recién llegados no habían visto algo así antes, así que sintieron algo de extrañeza y curiosidad.

Una de las chicas le informó a Asami que Hiroshi se encontraba en un cuarto determinado de la casa acompañado de Suyin Beifong, una mujer madura de cabello gris oscuro y ojos verdes; conocida en el negocio de los metales, muy poderosa en la ciudad y, junto con su esposo, un renombrado arquitecto, hacían parte de los involucrados en el proyecto del ferrocarril. La joven sabe que su padre seguramente está tratando asuntos importantes con su visitante, pero por alguna razón decide continuar adelante.

-¿Qué tipo de persona es su padre?- Preguntó Korra –Quiero decir, a pesar de que venimos de muy lejos, estoy segura de haber oído de él, pero nunca creí que lo conocería-

-Es cierto- Dijo Bolin –Espero que no sea de esos ricachones arrogantes que…-

-Cállate, Bolin- Interrumpió la ojiazul

-Jajajajajajaja- rió con ganas Asami –No tienen de qué preocuparse, es cierto que papá es una persona de mucha influencia, pero también es muy amable y no se anda con formalidades cuando no es necesario-

-¿Y con usted? ¿Hacen falta las formalidades?- Preguntó el joven

-Claro que no- Respondió ella ante la mirada de Korra, quien también parecía interesada en saberlo –Y ya pueden dejar de tratarme de "usted"-

Los amigos sonrieron ante lo dicho por Asami y la vieron tocar la puerta del salón donde estaba Hiroshi. A pesar de lo que oyeron del hombre, Korra seguía sin saber cómo actuar exactamente y Bolin continuaba estando un poco nervioso.

-Sí, adelante- Oyeron una voz masculina decirlo desde el otro lado

Asami abrió la puerta y entró seguida por Bolin y Korra, quienes conservaban cierta distancia de ella. Hiroshi y Suyin los miraron, pero no como criaturas inferiores que era lo que esperaban, sino del modo que observas alguien que no conoces. El salón era amplio aunque cumplía la función de ser una especie de despacho, había un gran mueble con libros, unas sillas muy cómodas, algunos pocos elementos decorativos, una pintura de la familia Sato en una de las paredes y en el escritorio estaban extendidas unas hojas grandes de papel que parecían ser unos planos.

-Buenos días, hija, muchachos- Saludó Hiroshi

-Buen día, chicos- Se manifestó Suyin

Korra y Bolin se quitaron el sombrero, devolviendo respetuosamente el saludo, también estando un poco más relajados gracias al trato que recibieron.

-Disculpen que los haya interrumpido- Dice Asami -sé que estaban tratando un tema importante-

-No te preocupes, Asami- Respondió Suyin –De cualquier modo yo ya me estaba despidiendo, mi esposo me espera en la construcción. Sin embargo, no puedo evitar la curiosidad ¿Quiénes son estos caballeros?-

Korra hace un ruido como si se aclarara la garganta –perdone, soy mujer y mi nombre es Korra-

-Vaya, me confundiste, es que te ves tan fuerte- Se explica la mujer madura

-Bueno, es que ella y Bolin son dos de los vaqueros que dijo Tenzin que enviaría a ayudarnos con el ganado- Miente Asami

-Eh… si, exactamente, es un placer conocerlos- Interviene Bolin respaldando a la chica.

Suyin lo cree inmediatamente porque casi no conoce a la gente de Tenzin, el criador de caballos del pueblo vecino, pero Hiroshi si los observa con un poco de escepticismo. Bolin no tenía nada de sospechoso porque si parecía lugareño, pero Korra tenía algunas características que la hacían ver como una extranjera de algún lugar muy lejano, ya que, si bien había morenas en la región, ninguna tenía los ojos azules. Sin embargo, aunque no estuviera convencido, el hombre mayor decide creer en la palabra de su hija.

-Bienvenidos a mi granja- dice finalmente Hiroshi –Pero vaya chicos, parecen unos forajidos, deberían tomar una ducha- se ríe el hombre

-Haré que les preparen un baño y les den ropa limpia, papá- Agrega Asami sonriendo nerviosamente al ver que su padre hablaba en broma –después de eso les daré un recorrido por nuestros terrenos-

-Eso estuvo cerca- Piensan Bolin y Korra suspirando aliviados