¡Hola! Si, me tarde un poquito pero he estado algo ocupado con el trabajo. Bueno, antes que nada debo decir que este es un fanfic de 3 capítulos, cuando comencé a escribir el segundo, me di cuenta que esta idea debía ser explotada, es decir, tener mas capítulos, darle mas historia, pero como a fin de cuentas fue ideada para un reto, entonces me veo obligado a terminarla en el próximo capitulo (lo haré lo mejor que pueda, lo prometo) Y también seguiré escribiendo, ¿quien sabe? Tal vez algún día me anime a escribir algo mas largo.

Sin nada mas que agregar espero disfruten este capitulo melodramático con toque novelezco aajajajaja.

Este fic participa en el Reto del mes de Noviembre "Amores Prohibidos" del foro "Hazme el amor".

Disclaimer: Inuyasha no me pertenece, sino a su autora Rumiko Takahashi. Yo solo hago uso de sus personajes para mi disfrute personal y el de algún que otro lector.

Resumen: "Esta es la mejor oferta que puedo darte, mujer. Ni puestos bajos ni lugares altos. No necesito testigos ni contratos estipulados. Ni firmas ni promesas de esfuerzo. Te quiero aquí, a mi lado; solo di sí."


La mejor oferta

By

Aspros

Las mentiras a nuestro alrededor en nada se comparan a las verdades que oculta nuestro corazón.


Oferta segunda: Mentiras al descubierto

—Verá —comenzó Ahome. —Desde que comencé a trabajar en esta empresa, pude notar que los productos que se vendían eran de excelente calidad.

—Ve al grano, mujer —interrumpió el Daiyoukai.

No la iba a dejar hablar tan campante como ella planeaba. La niña no era nada tonta, eso lo podía notar en su estrategia, la cual era muy usada en el ámbito de los negocios y sobre todo, por los abogados. La treta consistía en soltar la oferta sin que el contraparte pudiera esperarlo; cimbrar sus ideas y objetivos y plantar la duda para así abrir un fisura en la defensa.

Claro que eso no sucedería con Sesshomaru.

Había trabajado más de 50 años construyendo su nombre en la compañía y nadie jamás le había arrebatado las palabras, y no vendría ahora una niña a intentar amedrentarlo con solo dios sabe que oferta.

Ahome frunció el ceño ante tal muestra de malos modales. En un principio se había sentido completamente minimizada por ese hombre de ojos color oro, es más, había sentido las piernas como dos fideos y su cerebro había amenazado con fundirse ante tal magnifico espécimen del género masculino. Pero ahora que podía notar la poca amabilidad de Sesshomaru, no podía sino sentirse avergonzada por el despliegue hormonal que se había llevado a cabo dentro de su cuerpo; ¡si hasta parecía quinceañera!

La puerta del elevador se abrió invitándolos a cruzar hacia el pasillo del último piso de la construcción. Sin esperar a nadie, Sesshomaru salió dejando a Ahome con la palabra en la boca. Como lo había pensado, la chica no era nada tonta, así que planeaba encararla como local, en la magistral oficina de marfil donde salió victorioso de numerosos negocios y donde fue juez y verdugo de muchos otros.

—¡Espera! — había gritado la azabache más él no le puso la mínima atención.

Ahome bufó molesta ante la retirada del youkai. Sin notarlo, Miroku a su lado veía todo con relativa calma y ojo calculador. Durante todo momento había mantenido un ojo echado sobre la pareja; a sabiendas de la temida fama de conquistador de Sesshomaru y sobre la nada previsible y explosiva personalidad de Higurashi. Esperó cualquier cosa desde que Ahome se había atragantado con sus palabras; que Sesshomaru intentara intimidarla con su personalidad hasta una un grito y probablemente una cachetada por parte de la fémina. Pero, como siempre, Ahome lo sorprendió de la mejor manera, ¡y que manera!

Dios debía querer mucho a Ahome, Sesshomaru no se burló ni minimizó a la chica, no la insultó y ni la hizo llorar; no solo había hecho que aceptase escuchar la misteriosa oferta sino que, por alguna y milagrosa razón, había logrado capturar el interés de Sesshomaru.

¡Si hasta hace dos semanas hizo llorar a una secretaria en este mismo elevador!

Ahome salió del elevador con pesados que resonaban a través de los adoquines. Desde el momento que salió al pasillo abrió los ojos sorprendida por el impoluto blanco que invadía su campo visual; desde los adoquines blancos con adornos de mármol y marfil, hasta los mosaicos que formaban estructuras geométricas imposibles de medir. Nunca había subido tanto en ese edificio y por un momento, un ínfimo minuto, se sintió perdida. No había nada más, ni una mota de polvo o una minúscula telaraña en el techo; el orden y la cuasi perfección de aquel lugar la mareaba.

No era que ella fuera una completa desordenada o algo por el estilo, simplemente amaba su propio orden de las cosas y ver tanta perfección la aturdía un poco.

—¿Vas a pasar o te quedaras mirando a la nada como pescado muerto? —dijo Sesshomaru al otro lado de la puerta.

Ella gruño y él ni siquiera esperó una respuesta; se adentró en su oficina y dejó la puerta abierta para que Miroku y la chica entraran. Lo había visto y comprobado una vez más, era extremadamente difícil ganarle una al gran Sesshomaru, pero era prácticamente imposible hacerlo dentro de sus dominios, y solo había bastado una mirada al rostro de la azabache para corroborarlo.

Viendo a través del gran cristal de su oficina logró escuchar el sonido de la puerta al abrirse. No necesitó más que el sonido de sus pisadas para saber que se encontraba enfadada. Típico, no le sorprendía en absoluto. Volteó la mirada y la observó allí, de pie en medio de la habitación con el ceño fruncido.

"¿Hace cuánto tiempo una mujer había pisado su oficina?"

—¿Y bien? —preguntó tomando asiento frente a ella. —Te escucho.

Ahome inhaló y exhaló un par de veces antes de acomodar sus ideas. Le había alterado los nervios el escuchar como Sesshomaru se refirió hacia ella. Estaba enojada no, enfadada. Prácticamente la insultó diciéndole pescado muerto y se había burlado ¡claro que sí! Perfectamente pudo ver la sonrisa ladina en ese perfecto rostro. En los últimos cinco minutos pasó de mirar embobada a un atractivo hombre a odiarlo como no tenía idea.

—Sera mejor que tomemos asiento, Ahome —dijo Miroku a su lado.

La tomó de la mano y con la altanería típica de él, la condujo hacia los asientos de piel que se encontraban frente al escritorio del presidente Taisho. Se sentó frente al escritorio y se dio cuenta de la posición en la que se encontraba, en una silla ligeramente más baja que la del youkai, en una posición que de manera inconsciente la hacía sentirse más pequeña. Y no solo era el lugar, no, también la mirada del hombre frente a ella, había algo más, un brillo que no sabía cómo identificar o definir.

—Inuyasha no ha sido quien sacara esta compañía a flote, al menos no solo. —dijo ella de manera abrupta ganándose no solo la atención de Sesshomaru, sino la mirada de sorpresa por parte de Miroku. —Hemos sido nosotros quienes los han logrado.

Por un instante Ahome se preguntó si iniciar así la conversación había sido una soberana estupidez. Pero, dados a este momento, ya no había punto retorno.

—Soy consciente que mi medio hermano sería incapaz de trabajar con eficiencia el solo. —rebatió el platinado. —Por esa razón Miroku estuvo con él desde el principio; ambos son perfectamente capaces de mantener una aceptable productividad. Tu ayuda, en cambio, aunque innecesaria, estuvo bien encaminada.

Un tic nervioso invadió el parpado derecho de Ahome. Había subestimado con creces la capacidad de Sesshomaru para sacarla de sus casillas. ¡¿Cómo se atrevía a menospreciar el trabajo de los últimos ocho meses?! ¡Y Miroku no decía absolutamente nada!

"Concéntrate Ahome, no dejes que te desconcentre"

—Inuyasha no desea seguir trabajando aquí y tú, como jefe de esta compañía debes saberlo bien.

Miroku miraba de un lado a otro. Esperó cualquier cosa de la joven a su lado, pero nunca que revelara la verdad que tan fervientemente había ocultado durante los últimos 8 meses.

—Soy tanto o más consciente de ello que tú.

—¿Qué? —Ahome ahora dudaba de la gran capacidad para los negocios por parte de Sesshomaru. —¿Por qué lo obligan a trabajar entonces?

Sesshomaru suspiró resignado. Había perdido todo interés en la mujer que frente a él se encontraba. Ella, sus ideas e inteligencia, su oferta había perdido peso ahora que se estaba metiendo en terreno escabroso.

—Eso no es de tu incumbencia. Ahora, si no hay más tiempo que perder, te puedes retirar.

Vio su ademan indicándole la salida y no supo que hacer o que pensar. ¿Qué había sucedido con el Seshomaru que la miraba con reto desde que entrara? ¿Quién era ese youkai que la miraba con aburrimiento y casi indiferencia? La verdad, ahora ni siquiera podía ver el enorme orgullo que segundos antes se alzaba en su mirada.

Y eso la confundía, él la confundía.

—Espera, aun no te eh dicho mi oferta.

Él la miró fijamente, con unos ojos tan diferentes a los que había visto por primera vez, con esa carencia de brillo y emoción. Como si fuera una pared, un escudo que no quería dejar a nadie pasar.

—Eh perdido todo interés en tus palabras; retírate.

—¡¿Qué?! ¡No puedes hacer eso!

—Puedo y lo haré, ahora lárgate.

Sin que pudiera contestar más, Miroku la tomó del brazo y la jaló hacia la salida. ¿Qué demonios estaba pasando ahí? Ya no queriendo oponerse a la fuerza que la dirigía a la salida, se dejó guiar. Ahora entendía menos, ¿por qué la idea que debía terminar con la libertad de Inuyasha y las sonrisas de todos, terminaba con un Sesshomaru diferente y un Miroku enfadado?

—¿Puedes dejar de jalarme? — exigió soltándose cuando la puerta de la oficina se cerró. —¿Qué rayos le pasa a ese sujeto? ¡Un momento está interesado y al minuto esta fúrico!

—No te puedo decir la razón Ahome, porque ni yo mismo se toda la historia. —dijo Miroku entre susurros. —La relación entre Inuyasha y Sesshomaru no solo es mala por ser diferentes.

—No entiendo.

Así era, no entendía mucho de lo que pasaba, pero una cosa era segura. Para poder ayudar a Inuyasha debía volver a enfrentar a Sesshomaru, la oferta todavía seguía en pie ya que ni siquiera la había mencionado. Aun, aunque pequeña, había esperanzas de que su idea acabara con un Inuyasha libre y todos sonrientes.

xXxXxXx

Ya tres días habían pasado desde ese encuentro y la chica no había dejado pasar ningún momento sin intentar hablar con él. Había sido días difíciles desde entonces, sopesando las opciones para ocupar el puesto principal de la empresa y quien lo sucedería en la sede actual, cargar con los fallos de Inuyasha y compañía, y aguantar a los buitres de la empresa.

"Y ahora esta mujer quiere que deje libre a Inuyasha, como si fuera mi tarea convencerlo"

El sabor del wiski a veces le hacía pensar en otras cosas, olvidar por segundos los mal sabores del día para sumergirse en la calidez que bajaba por su garganta y se instauraba en el estómago y si, con suerte, contaba con la bendición de embriagarse hasta caer, le permitía escapar una vez más del presente y sumergirse en el pasado que se le había sido arrebatado.

Maldita fuera esa humana. Maldita fuera la terquedad y la efímera vida. Malditas fueran todas las características que lo habían enamorado.

—Rin.

La extrañaba, en verdad que lo hacía. Ya hace tiempo que dejó el abandonó el orgullo por estar a su lado y lo había logrado; había sido feliz. Había tenido todo, solo para aprender que en un instante, en un parpadeo se puede perder lo más importante, y no importaba todo lo que se tuviese, no importaban las riquezas o las personas, no importaba absolutamente nada cuando el vacío prevalecía sobre todo.

Porque llegaba el momento en que era imposible olvidar, con mujeres, alcohol o drogas.

Porque era la maldita condición de youkai de la que tanto se vanagloriaba la que lo tenía atado a este mundo. Porque sabía que viviría años, lustros, siglos con el maldito recuerdo.

Todo por la maldita humanidad que le demostró el porqué era bella.

—Rin.

Le tomó años entender; y le había tomado más años aun salir del agujero en el que se metió. Decidiendo olvidarse de todo, negar lo ocurrido, dejarlo en el pasado como solo una pesadilla.

Y lo había logrado, muy a pesar de ver al culpable a la cara todos los días, recordándoselo a cada momento y a cada hora.

El repiqueteo de alguien golpeando la puerta lo sacó de sus pensamientos. La idea de no atender le hizo guardar silencio, esperando a que él o la indeseada se fuese por donde llegara y lo dejara tranquilo.

Por un momento el golpeteo paró, más pocos segundos después el sonido volvió a reinar sobre el silencio. Cansado y algo enfadado, se dirigió hacia la puerta de su departamento, sin importarle la penumbra de que lo rodeaba o la furia en su mirada.

—Más vale que sea… —trató de decir antes de ver quien se encontraba tras la puerta.

Una cálida sonrisa respondió un tosco tono de voz. Era sorprendente verla ahí, en el pórtico de su puerta. Después de tantos años y ahora se decidía a mostrarse.

—Izayoi.

La mujer de ojos caobas no pudo evitar lamentarse al ver la imagen de su hijo mayor. El corredor oscuro a su espalda, solo iluminado por la poca luz de luna; los zapatos y el pantalón de la oficina a pesar de ya haber salido del trabajo hace horas, la camisa desfajada y varios botones desabrochados.

El minúsculo enrojecimiento de sus ojos; los únicos que podían mostrar la verdad de la perturbada alma de Sesshomaru.

—¿Puedo pasar?

Izayoi temió una negativa más pudo dejar salir un suspiro cuando vio a Sesshomaru moverse a un lado cediéndole el paso. Sin decir más se adentró en el departamento y no pudo evitar notar que estaba igual, sin ningún cambio después de tanto tiempo. Las paredes pintadas de un blanco impoluto, sin recuadros o pinturas, todo vacío.

—¿Qué viniste a hacer aquí, Izayoi?

Y las palabras fueron tan duras y crueles que le estrujaron el corazón. Giró su cuerpo hacia él y lo vio a los ojos. Sesshomaru ya no era tan joven, si poder, su fuerza y su apariencia seguían intactos sí, pero no sus ojos. Ha veces ella misma pensaba que vivir tantos años no era tan bueno, la cuasi inmortalidad de los demonios los hacia cargar con los dolores del corazón por tanto tiempo que este envenenaba todo el ser y en los ojos de Sesshomaru solo veía tristeza y dolor.

—No fuiste a la oficina hoy… me preocupe —dijo susurrando lo último.

—Lo que haga o deje de hacer no es de tu incumbencia. —contestó cerrando la puerta tras de sí y adentrándose a la estancia, dejándola atrás con las palabras en la boca.

Ella lo vio caminar hacia el bar de la estancia y ahí, sin dignarse a mirarla volvió a llenar una copa de licor, bebiéndolo de un solo trago.

Diez años habían pasado desde la última vez que vio a Sesshomaru beber. Diez años desde que, según Inutaisho, Sesshomaru se aisló de todo, centrándose en distracciones banales que le arrebataron el orgullo de antaño, volviéndolo presa y protector de su agujero de desolación.

Diez años desde la muerte de Rin.

—Tú nunca faltas a trabajar, Sesshomaru.

Se acercó a él, intentando establecer el contacto que sabía jamás existió entre ellos. A pocos centímetros de su hombro su mano fue sostenida con fuerza haciéndola dejar escapar un gemido de sorpresa. Con algo de miedo notó el brillo rojizo inundar los orbes dorados más se armó de valor. Sesshomaru era peligroso estando furioso y más aún, con el alcohol circulando por sus venas.

—Estoy preocupada por ti, Sesshomaru.

—No soy yo por quien debes preocuparte mujer.

—Inuyasha no es el hijo que está perdido, eres tu Sesshomaru.

—Ya basta —dijo el parándose de su asiento y mostrándose ante ella en toda su altura. —La preocupación que dices tener por mi persona es innecesaria e irrelevante, así que lárgate de mi casa. Ahora.

—Sesshomaru, por favor —suplico ella sintiendo los ojos anegarse en lágrimas. —Ya una vez te perdí, déjame ayudarte aunque sea solo una vez.

Él la tomó de la mano y con brusquedad la condujo a la salida, aun con Izayoi oponiendo resistencia. Tenía paciencia, pero estaba no duraba mucho con personas indeseadas y en momentos como estos. Quería estar solo, pensar en otras cosas, distraerse en cualquier otra cosa y esta mujer no hacía nada más que recordarle aquello que tanto odiaba y deseaba olvidar.

—¡Sesshomaru!

Soltó su mano y vio las marcas de los dedos en su muñeca. Le dolía mas el hecho de que fuera Sesshomaru quien la lastimara. Lo observó ahí, en el rellano de la puerta esperando a que saliera y seguramente esta vez para siempre.

—Por favor, sé que Ahome te recuerda a Rin pero…

Una mano en su cuello la separó del piso pocos centímetros cortándole las ideas y la respiración. Sin saberlo se había encontrado ante el antiguo señor de las tierras del oeste; frente a ella se encontraba el daiyoukai Sesshomaru.

—No me importa que viniste a hacer o decir —siseó. —Si solo viniste a recordarme la muerte de mi esposa puedes irte, la puedo recordar perfectamente solo.

Eso lo había descolocado. Que dijera la verdad que tanto se negaba; que le abriera los ojos al hecho de que aun la pensaba, que aun la lloraba.

—Rin no querría que te ahogaras en el alcohol y te encerraras en tu casa tantos años.

—Tú no sabes lo que ella quería y ni siquiera te atrevas a contradecirme.

Sin más dilación la empujo a la salida y la encaró una última vez.

—No quiero volverte a ver por aquí; me limitare a saludar y despedirme, es más de lo que quiero darte.

Izayoi retrocedió un paso, asustada por las palabras de su hijastro. Jamás, ni siquiera cuando Rin falleció había sido tan cruel; se aisló de todo, pero nunca lastimó a nadie ni dijo palabras tan hirientes.

—Me iré, pero solo déjame decirte una cosa, solo por el hecho de que una vez me llamaste madre

Sesshomaru frunció el ceño, por mucho que lo negara le debía cierto respeto a esa mujer. Se mantuvo estoico, sin cerrarle la puerta en la cara como único signo para continuar.

Izayoi, al ver la oportunidad no lo dudó más y abrazó a su hijo tomándolo por sorpresa.

—Te quiero Sesshomaru, aunque no lo creas jamás, eres mi hijo y estaré ahí para cuando lo necesites.

Y ante la mirada atónita del peliplateado, dejó un cálido beso en su mejilla; le sonrió una vez más, con la calidez tan acostumbrada y tan efectiva para los heridos corazones y se marchó, dejándolo con la mirada siguiendo su silueta y la puerta del departamento semiabierta.

Sin más que poder hacer cerró la puerta y se adentró de nuevo a la habitación, esta vez encendiendo las luces a su paso.

Tal vez aún era muy pronto para olvidar algo tan grande y doloroso.

—Como si algo así fuera a detenerme. —se dijo a sí mismo.

Pero si existía alguien lo suficientemente fuerte para resistir un dolor tan grande, ese alguien era él. Y no importaba cuantas veces más en su mente resonara la imagen o cuentas personas se la recordasen. Lo prometió hace ya 10 años. Los humanos necesitaban caer y levantarse para aprender, muchas veces durante su efímera vida. Para él, en cambio, con una sola vez había bastado.

xXxXxXx

Ahome llegó a la compañía esa mañana más temprano de lo normal, la señal de haberse levantado quince minutos antes de que el despertador comenzara a cantar la molesta musiquita le hizo creer que hoy sería un buen día, que tal vez hoy podría conseguir eso que tanto anhelaba desde hace ya varios días.

El día de hoy, Sesshomaru no se salvaría; hablaría con ella y por fin escucharía esa oferta que en un comienzo planeaba decirle y que con el paso de los días había sido mejor planeada y que ahora era irresistible y, lo mejor, irrefutable.

Entró en la oficina del menor de los Taisho y no le sorprendió demasiado verla vacía. Inuyasha siempre había sido un dormilón de lo peor, salvándose de los castigos por llegar tarde a clases gracias a su atractivo y gran carisma, y aun ahora, siendo el líder de un gran consorcio era igual. Miró su reloj, las 8am en punto, seguramente Inuyasha llegaría dentro de los próximos cuarenta minutos.

Y ahí estaba ella, demasiado temprano para su gusto en la oficina de Inuyasha.

"De verdad que me estoy tomando muchas molestias por ese tonto cabeza de chorlito"

Se dijo sonriendo, igual lo apreciaba y lo haría por cada uno de sus pocos y verdaderos amigos. Después de todo, ni siquiera tenía que hacer mucho, solo tenía que convencer a Sesshomaru Taisho de dejar ir a Inuyasha, de exponerle las razones y ofrecerse a trabajar con él. Miroku habia mostrado su apoyo cuando se lo contase hace ya tres días. Si no dejaba libre a Inuyasha ella renunciaría y Miroku ya no lo ayudaría, entonces Inuyasha no podría cargar con tanta responsabilidad y la sede caería en picada. La época navideña estaba a la vuelta de la esquina, perder a una licenciada en mercadotecnia con tendencias actuales era algo que la compañía no podía permitirse.

Pero existía algo detrás de todo eso que no le agradaba del todo. Entre Inuyasha y Sesshomaru existía una tensa línea que los mantenía separados. Algo que ella desconocia y que era la principal causa del por que la reacción del mayor.

¡¿Por qué no lo quieres aceptar?! —casi gritó ella. —Déjalo ir, este no es su sueño y nadie debe gastar su vida en algo que no desea.

Ella lo observó suspirar, lo notaba cansado y asqueado de todo. Incluso si lo veía bien se podía notar el inicio de unas pequeñas ojeras debajo de sus ojos.

Inuyasha se quedará, no es mi decisión —rugió despacio. —No es un tema sujeto a discusión.

¿Cómo que no es tu decisión?—preguntó ella.

Eso no te incumbe.

¡Como la desesperaba! Encima que no quería dejarlo ir por vaya dios a saber qué cosa, lo le decía la razón. Y además, eso de que no era su decisión no podía ser verdad; ¿si no era de él, entonces de quién?

Claro que me incumbe, estas siendo injusto Sesshomaru.

El se mantuvo en silencio, dejándola pensar lo que deseara. Llegado a este punto, Ahome sabía que Sesshomaru ya no le pondría atención y que quedarse ahí, solo sería una pérdida de tiempo.

¿Por qué te empeñas tanto? —preguntó, tan cansada como él. —No lo necesitas, eres perfectamente capaz de controlar la compañía y ahora Miroku te estará ayudando… Déjalo irse.

¡¿Por qué demonios te importa tanto?!

Ella retrocedió un paso cuando la voz de Sesshomaru retumbó a través de la habitación. Se alejó otro paso al ver un brillo rojo en sus ojos, asustada por lo que podría suceder. Vio a Sesshomaru cerrar los ojos, tratando de calmar su respiración y su enojo.

Se quedara—dijo al fin.

Ahome suspiro resignada. También para ella habían sido días difíciles. Por alguna razón que se negaba a aceptar, este problema con Sesshomaru e Inuyasha se había metido hasta en su sopa: no pasó ni una buena noche sin estar horas en vela por este lio.

Dame una razón, Sesshomaru.

El no dijo nada y el silencio volvió a reinar en la oficina. Ahome suspiró resignada, otro día en el que no logró absolutamente nada; otra noche en vela.

Sin decir u objetar nada más, le dio la espalda y, volteando una única vez hacia Sesshomaru, lo observo pensativo, con una mirada diferente a la demás. Como si añorara algo del pasado, anhelante y ahí comprendió la razón que tanto ocultaba y que no permitía dejar que Inuyasha se fuera; también le costaba a él, también le dolía y ahí, frente a ella, sin siquiera saberlo, se permitía unos segundos donde se mostraba tal cual era, tan imponente y a la vez, tan humano.

Desde entonces las noches en vela no se debían solo a querer ayudar a Inuyasha. No supo cuándo ni cómo, pero se interesó más en Sesshomaru, y los intentos de hablar con él ya no se cernían sobre la oferta. En algunas ocasiones se encontró con el entablando una conversación sobre la comida de la cafetería o en cómo estaba el clima. Temas cotidianos que no tenían importancia alguna pero que, le permitían conocer un poco más al verdadero Sesshomaru.

Ese Sesshomaru que todos creían conocer pero que nadie más lo conocía como ella. Que prefería el clima templado por que el calor lo ponía de mal humor, que le gustaba más Rajmaninov que Beehoven o que se podía pasar horas observando como el sol se ocultaba y la noche reclamaba su dominio durante el día, embelesándose con la imagen de la luna en el cielo nocturno plagado de estrellas.

Así había sido su semana, descubrimientos varios que no planeaba indagar pero que al mismo tiempo, le cautivaban y le atrapaban, dejándola al borde la duda. Ya no buscaba a Sesshomaru para convencerlo y ayudar a Inuyasha, sino para conocerlo más, para pasar tiempo a su lado y tal vez así, conocer la razón de su mirada.

Y al mismo tiempo, consciente de lo que sentía, se lamentaba. Se estaba enamorando sin proponérselo y eso le dolía también a ella; después de todo, ¿qué posibilidades tenía?

"Ahome, eres una tonta"

Se levantó de su asiento, con la decisión de olvidar eso por ahora. No era importante de momento, debía concentrarse y ayudar a Inuyasha. Si Sesshomaru aceptaba la oferta (que deseaba con todo su corazón así fuera) tendría tiempo de sobra para conocerlo y lamentarse de sus tontos sentimientos.

En su camino hacia la oficina de Sesshomaru le empezó a invadir el nerviosismo. ¿Qué tan diferente era hablar con el ahora que sus emociones tenían definición? La respuesta debería ser ninguna, pero su cuerpo decía todo lo contrario. La sensación de calidez en su mejillas y la molesta presión en su abdomen; estaba nerviosa y ese no era el momento indicado.

Llegó hasta la puerta de la oficina y estiró su brazo para tocar pero una voz en el interior la detuvo.

—¿Para eso me llamaste?

Esa era la voz de Inuyasha, no había duda. ¿Qué hacía ahí tan temprano? ¿Y por qué escuchaba su voz con un tono de furia?

—Es mi responsabilidad, así lo dije y así lo hare Sesshomaru. Soy tan dueño de esta compañía como tú, no puedes correrme así nada más.

¿Qué rayos estaba pasando ahí adentro?

—No es responsabilidad tuya, ni mía ni de nadie más. No tienes por qué hacer esto.

—Ya te dije, fue mi culpa y como tal, debo pagar el precio. No hay más que decir.

—Inuyasha deja de actuar como un crio.

Ahome sabía que Sesshomaru estaba a punto de llegar a su límite de paciencia. Había aprendido a medir su enojo por los tonos de su voz y ahora, no faltaba mucho para que terminara de enfadarse.

—Es por honor.

—Esto no tiene nada que ver con el honor, no seas estúpido. Estas desperdiciando tu vida en un lugar en el que no quieres estar.

"No es mi decisión" recordó Ahome. Entonces no era Sesshomaru quien retenía a Inuyasha trabajando ahí, era el mismo, entonces si quería trabajar ahí ¿por qué sufría tanto?

—¿Cuánto tiempo seguirás indiferente? —preguntó Inuyasha. —Nunca hiciste nada, pareciera que simplemente no te importó.

—No sabes de lo que estás hablando.

—¡Si lo se maldita sea!... Estoy aquí por ella, por mi propia deuda.

Ahome, tras la puerta, no entendía absolutamente nada.

—Una deuda que no te corresponde, no fue tu culpa.

—¡Maldición! —gritó Inuyasha haciendo retroceder a Ahome. —¡Ella está muerta por mi culpa y a ti no te importa un carajo!

Oferta segunda.

Continuara

¿Y bien? ¿Que les pareció? El ultimo capitulo planeo subirlo lo mas pronto posible ya que el reto acaba en un día, así que espero poder terminar esta historia en un lapso no mayor a 24hrs jajaja, todo un reto para mi.

Gracias a todas las que comentaron mi historia y la pusieron en aviso y favoritos, no tienen idea de los feliz que me hacen. A Minako, Patriwis, mimato, maca, azucenas45, , delilah, Luna-chan (no me digas onesama, soy hombre jajajaja), Otaku seikatsu, Eliana, mayachan, Aiko Hime, Tsubaky y a lady violett. Muchisimas gracias chicas, esta historia es tan de ustedes como mia. ¡Las quiero mucho!

Cuidence mucho, ¿vale? Nos leeremos espero, en 24hrs.