Capítulo 2
Recuerdos
—III—
Los pasos presurosos sonaban por toda la casa, un chico pelirrojo corría por ella, parecía llevar prisa puesto que se había levantado más tarde ese día.
—Madre me voy, vuelvo para comer si tengo tiempo. —avisó saliendo de la modesta casa, azotando la puerta debido a la prisa que llevaba.
—Como siempre. —pensó la joven mujer negando con la cabeza la acción de su hijo, a quien observaba por la ventana.
Con rapidez había abordado el primer autobús que pasó, para su fortuna la parada de éste se encontraba a una cuadra de su casa, por lo que eso era un retraso menos para él.
Se sentó al final, recargó su cabeza en la mano mirando atento las calles que pasaban, no era que fuese muy interesante hacerlo, pero tampoco tenía otra cosa que hacer. Unos veinte minutos después, el transporte hacía parada donde él debía bajar. Corrió de nuevo, dos cuadras le quedaban para llegar hasta su destino.
La escuela...
—¿Puedo pasar? —preguntó agitado, sus manos sobre sus rodillas, inhalando aire con dificultad, su cara estaba casi del rojo que sus cabellos por tanto esfuerzo.
—Ésta es la última ocasión. —respondió un profesor que se hallaba escribiendo sobre el pizarrón, la mayoría de los alumnos giraron la vista al verle llegar.
Odiaba atraer de ese modo las miradas ajenas, detestaba las estúpidas banalidades en que los demás llegaban a interesarse, era por ello que no tenía ningún amigo. Le molestaba demasiado que con su dinero le hubieran querido comprar varios de sus compañeros en numerosas e incontables ocasiones, y no sólo sus compañeros de salón, sino de la escuela.
Sólo había tenido un amigo, quien se acercó bajo la máscara de la hipocresía, pero al poco tiempo había sacado las garras como los demás, queriéndole seducir con su abundante dinero, detestaba a la gente rica, sólo estaba en ese colegio por el renombre que tenían las personas egresadas de él, y a pesar de no tener los recursos monetarios, su inteligencia le había llevado a conseguir una beca completa, de lo cual se sentían orgullosos sus padres, y porque no, él mismo también.
La clase pasó lenta, enfocó su atención a lo que explicaba el profesor, aunque realmente era muy sencillo.
—Yuriy. —le llamó una voz de mujer.
—¿Si? —preguntó indiferente, girando levemente su rostro mirando serio a la chica morena que le hablaba.
La mirada de la chica se desvió, parecía nerviosa, como si quisiera decir algo y le estuviera costando trabajo, cosa que de inmediato notó Yuriy, decidiendo cortar cualquier confesión que fuera a darle, ya conocía esa actitud, siempre era lo mismo.
—Llevo prisa, nos vemos. —dijo colocando la mochila por sobre el hombro y caminando con el porte de un modelo a media pasarela, algunas miradas fueron desviadas hacia su persona, la chica parecía triste, pensativa, pero decidió dejarlo ir, quizá realmente no era para ella.
—IV—
—¿Quieres algo de comer? —indagó la madre del pelirrojo, quien había entrado a su hogar, encerrándose de inmediato en su habitación.
—No gracias, tengo bastante trabajo que hacer, no tengo tiempo. —declaró volviendo la vista a su labor.
—Yuriy, necesitas cuidar tu salud…
—Madre, necesito terminar esto, ¿Me harías el favor? —preguntó algo molesto, sabía que realmente su progenitora no tenía la culpa de su estresada y apretada agenda, pero en ocasiones sentía que ella no lograba entender las responsabilidades que tenía.
Pasó la tarde completa encerrado, salió poco antes de las ocho de la noche, tomó una galleta que su madre recién había terminado de hornear.
—Gracias madre, disculpa lo de hace rato, pero tengo mucho trabajo y muy poco tiempo... Ya me voy. —dijo tomando el pomo de la puerta.
—Yuriy espera. —se escuchó la gruesa voz de un hombre que recién iba saliendo de la habitación de sus padres.
—¿Qué quieres? —cuestionó sin girar para verle.
—No es forma de hablarle a tu padre. —declaró
—Llevo prisa. ¿Eso ibas a decirme? —cuestionó nuevamente.
—Ve con cuidado. —dijo ya como último recurso el hombre.
—Gracias, lo haré. —luego de aquellas secas palabras intercambiadas entre padre e hijo, salió.
Al salir de la casa sintió el imponente frío que ya comenzaba a presentarse sobre las ya acostumbradas calles de Moscú, exhalaba un humito blanco por su boca, por lo que subiendo completamente el cierre de su chamarra escondió bajo ésta la boca y la nariz evitando así el enfermarse, las manos aún dentro de sus bolsillos. A paso seguro sus pies le guiaban al lugar donde trabajaba de noche, ya hacía tiempo que tenía que trabajar para ayudar en casa y poder estudiar.
Las primeras semanas realmente le afectaba mucho pero conforme se acostumbró fue cada vez más fácil. El lugar se encontraba a unas cinco o seis cuadras de su casa, algo retirado si llevas prisa, pero no para él, salía siempre con anticipación para evitarse cualquier problema. Sería más rápido tomar algún medio de transporte pero eso sólo le llevaría a hacer un gasto innecesario.
"Es mejor el ejercicio" pensaba cada que se sentía cansado de ese ritmo de vida.
—Buenas noches. —saludó amable al guardia del local, quien ya le conocía, este devolvió el saludo igualmente, apartando la cadena para dejar pasar al pelirrojo, quien sólo escuchaba el ruido de la gente que impaciente hacía fila fuera del local. Dentro sólo había más ruido, música a todo volumen, además de gritos y algunas voces que se lograban escuchar.
Pasó directo hasta su lugar tras la barra, dejando sus cosas en un cajón. Se dispuso a atender a los clientes.
Las horas avanzaban con rapidez, su turno duraba hasta las dos de la mañana.
—Hey chico, sírveme un vodka en las rocas... doble. —exigió un joven apenas un par de años mayor que él.
Mientras atendía su petición el otro que ya venía subido de alcohol, se había recargado sobre la barra, hablando una sarta de incoherencias.
—Me gustas, ¿Tú no te puedes servir? —preguntó sonriendo de lado, una pervertida y cínica sonrisa dibujada en los labios del chico.
—Ahí tienes. —dijo tendiéndole lo que le había pedido, pero el chico no conforme con eso, le tomó del brazo, jalándolo hasta robarle un beso en los labios, apenas y había sido un roce, justo iba a plantarle un golpe cuando el otro fue jalado con fuerza y arrojado sobre una mesa.
Un pleito iba a comenzar y todo por su culpa.
—No, no. —gritaba queriendo detener al par de chicos que se comenzaban a decir cosas, entre empujones y un que otro derechazo.
Pero la demás gente le exigía sus bebidas por lo que no podía dejar desatendido su puesto, de lo contrario, sería severamente castigado.
Para su tranquilidad, llegaron los de seguridad casi de inmediato, sacando a ambos del lugar...
—Menos mal. —murmuró preparando a prisa lo que se le había solicitado.
A pesar de que él cubría sólo una cuarta parte de la barra, el lugar era grandísimo, sin contar que era de los sitios más caros en donde los ricos abundaban, todo por que era el lugar de moda en esos momentos. Estaba tan de moda que lo abrían todos los días, ¿Quién salía a beber en lunes? Sólo un niño rico sin nada qué hacer al día siguiente…
Banalidades... pensaba para sí el pelirrojo.
Terminando su turno tomó su chamarra la cual le estorbaba para atender, así que volviendo a ponérsela, salió de su lugar tras la barra, cruzando por entre la gente, solía salir y entrar como cualquier otro cliente puesto que la puertecilla por donde entraban los empleados daba a un callejón que le hacía rodear bastante.
Colándose entre el gentío, siendo empujado y hasta manoseado debido al poco espacio que dejaban para caminar, giró hacia atrás su vista, mirando como un par de hombres sonreían ante el hecho. "Seguro fueron ellos" meditó entrecerrando los ojos, cada día detestaba más a los ricos y su falta de modales.
¿De qué rayos les servía tanto estudio en las mejores escuelas si no aprendían ni los modales básicos de comportamiento?
¡Bah! Gastos y más gastos, puro derroche de dinero, eso les fascinaba a todos, pero bien podían pudrirse en su dinero mientras no intentaran comprarle de ningún modo.
Sintió el potente frío de la madrugada golpearle de nueva cuenta la cara. Se abrazó a sí mismo frotándose los brazos por sobre la chamarra, ya necesitaba una nueva y de más grosor porque parecía avecinarse un tremendo invierno en Moscú.
Una gruesa neblina se hacía presente, impidiéndole con cada paso la visión, apenas y lograba visualizar medio metro a su alrededor, quizá un poco más, pero ni siquiera vio venir a un chico cuando chocó con él, hombro con hombro, se disculpó como era debido, el otro ni siquiera contestó.
"Bastardo" gruñó molesto, siguiendo con su paso.
Nuevamente se desplegaba la luz que le indicaba el comienzo de otro estresante y abrumador día. ¿Acaso sería así lo que le restaba en la vida? Bueno tampoco había que exagerar, ya que terminando sus estudios, sólo se ocuparía de trabajar para ayudar a sus padres.
Llevaba tiempo que no se sentaba con ellos a platicar, mucho menos les platicaba sus asuntos o problemas, vivía únicamente en aquella casa, mejor dicho, dormía en ella, ya que en realidad duraba en ocasiones días y días sin comer ahí, algunos otros se comía algo en la calle cuando le daba tiempo.
Quería mucho a sus padres, eso ni dudarlo, eran lo más importante en su vida y era por ellos, sólo por verles esa sonrisa y ese brillo que sus ojos pintaban con orgullo cuando él tenía algún logro, sólo por esas únicas razones seguía con su estilo de vida.
Llegó a su escuela, esta vez iba temprano por lo que llevaba calma, un lujoso auto se detuvo junto a él que caminaba aún por la acera.
La ventana se bajó, y el dueño del auto iba a paso lento como si le siguiera pero sin bajarse.
Con molestia giró su vista y encaró al chico.
—¿Sucede algo? —cuestionó deteniendo su paso.
Su actitud era retadora, elevó la barbilla al ver la sonrisa cínica que se presentaba en el ojiverde que se hallaba sobre el carísimo auto, al parecer uno del año. "Otro riquillo caprichoso" pensó entrecerrando sus ojos con molestia al sentir el escrutinio al que estaba siendo sometido por la ajena mirada.
Al no recibir respuesta, dio media vuelta y siguió con su andar, ni dos pasos había dado cuando escuchó como el otro por fin hablaba, bajándose primero de su automóvil.
—¿Eres Yuriy Ivanov? —preguntó el chico dudando un poco, recargando su cuerpo en el negro cofre de su auto.
Elevó una ceja, quizá trató de dar a entender con ese sencillo gesto que si, pero olvidaba el pequeño detalle que los demás no eran psíquicos y tampoco le conocían para intuir el significado de sus expresiones.
Suspiró cansado de la situación, debía terminar con esto o de verdad que llegaría tarde.
—Soy Brooklyn Masefield. —agregó el otro extendiendo su mano de manera agradable y solidaria.
—Ya sabes mi nombre. —acotó respondiendo al gesto.— ¿Por qué lo sabes? —indagó arrugando el entrecejo, soltando la mano del chico.
—Eres tan parecido a mi tío Dean, que sólo por un momento dudé, pero por lo arrogante que eres... —sonrió de medio lado ante sus palabras.
—¿Tu tío? —elevó una ceja.
—Sí, soy tu primo. —declaró con una sonrisa en sus labios.
—No lo entiendo. —negó varias veces con su cabeza, dio un paso atrás y luego miró su reloj.— Es tarde, me voy. —dijo dando la vuelta y comenzando a caminar.
—¿Puedo invitarte a comer? —preguntó la tranquila y amable voz del pelinaranja.
—No sé si tenga tiempo. —aclaró.
—Vamos, no viajé hasta acá en vano. Además aunque no me quieras ver, me inscribiré por este semestre como alumno de intercambio. —aseguró.
—Te veo a las cuatro de la tarde, apenas a esa hora voy saliendo, si puedes... —dejó la frase incompleta.
—Te espero fuera de tu salón. —cabeceó en acuerdo. El gesto de Yuriy le causó gracia. — Sí, también sé el aula en la que vas. —sonrió un tanto burlesco.
—Ya aclararemos ese punto... Te veo más tarde. —y ante las últimas palabras avanzó a prisa, media cuadra más y llegaba, aún tenía buen tiempo por fortuna.
Al llegar a su salón se acomodó en el que ahora sería su pupitre, pasaron varias clases, entre cada una procuraba adelantar el trabajo que en la misma se le pedía, ahora que no tendría tiempo en la tarde, ocuparía sus recesos para adelantar trabajo.
Saliendo de clases escuchó la voz ahora de un chico. Este le alcanzó justo cuando salía del salón, los demás desviando su paso por los lados ya que estorbaban fuera de la puerta.
—¿Qué sucede Kozlov? —llamó directamente por su apellido al chico que se hallaba al frente.
—Yo, quiero, quisiera... —observó como el chico rubio tragaba saliva difícilmente. ¿Otra confesión? No por favor. Pensó en ese momento Yuriy.
—Yuriy. —escuchó la voz a unos cuantos pasos, giró su vista observando como el pelinaranja le sonreía coquetamente.— Reservé en un restaurante, no querrás que lleguemos tarde ¿Verdad? —indagó con voz sensual, colocándose tras el pelirrojo, tomándole del hombro.— Oh perdón, ¿Están muy ocupados? —preguntó con fingida preocupación, sonriendo triunfal y con descaro al ver la seriedad en el otro chico.
—No, para nada, nos vemos Ivanov. —finalizó el chico despidiéndose con un saludo, alejándose a prisa del lugar.
—Eres cruel. —sonrió ante el adjetivo que le impuso a su supuesto primo. —Eso me agrada. Vamos. —comenzó a caminar sin dirección alguna realmente.
—Mi coche está por acá. Ven. —le tomó de un brazo redirigiéndole hacia el estacionamiento privado de la institución.
Llegaron a un lugar bastante lujoso, Yuriy apretó los labios y entrecerró los ojos.
—No me gusta este lugar. —declaró rotundamente sin bajar si quiera del automóvil.
—Pues como tú accediste a que yo te invitara... —dejó la frase inconclusa, mientras bajaba y daba la vuelta al vehículo para abrirle la puerta a Yuriy, quien ni siquiera hacía el intento por moverse de su lugar. Por lo que Brooklyn se agachó metiendo medio cuerpo hasta quedar de frente al pelirrojo, tan cerca que sólo una ligera línea los separaba.—... y yo quiero este lugar, baja o me obligarás a tomarte por la fuerza. —sonrió ante la frase.
El pelirrojo clavó sus azules ojos en los verdes que se encontraban tan cerca, podía sentir el cálido aliento chocar contra su rostro y sintió en ese momento un poco de incomodidad, estaban invadiendo su espacio personal.
Con sutileza colocó su mano en el pecho ajeno, alejando el cuerpo.
—Está bien.
—Así me gusta, que me hagan caso. —declaró sonriendo enorme ante el gesto de niño berrinchudo que sin querer había demostrado el pelirrojo.— Estoy bromeando tonto. Vamos.
Pasaron un rato en lo que se acomodaron en una mesa, pidieron algo y les habían servido...
—¿Ahora si me puedes explicar todo? —exigió, cruzando sus brazos sobre la mesa, ignorando realmente el plato con comida que tenía frente suyo.
—Al menos déjame digerir a gusto sin recordar los problemas de la familia ¿No?
—Mmmh. —bufó exasperado por tanta vuelta que le estaba dando el chico al asunto. ¿Y si sólo había inventado esa mentira con tal de acercarse a él?
Quizá podría llegar a sonar demasiado ególatra de su parte, pero en base a lo vivido hasta ahora, no era precisamente una locura.
—¿Cómo demonios quieres que crea eso?. Es una completa locura. —se quejó molesto.— Es una calumnia contra mi padre. —volvió a rugir. Su padre era una excelente persona y no creía una cosa así de su parte. —Me voy.
Ante la molestia no encontró otra salida más que huir, además se le hacía tarde para ir a trabajar, luego de haber comido, se habían ido a caminar por un parque, hablando todo lo ocurrido en esos años, y el 'porque' de que ellos no se conocieran siendo primos hermanos.
—V—
—De vuelta al presente—
—¿Qué haces aquí? — preguntó Bryan.
—Qué manera de recibirme...
—Pensé que era alguien más. —puntualizó sereno volviendo la vista a los papeles regados que tenía por todo el escritorio.
—¿Y se puede saber a quien esperabas?
—No.
—¿Por qué siento que estás de peor humor estas últimos veces que te he visto? —indagó sentándose frente al chico trabajador.
—No es nada.
—Mhn —y tras un sonido de incomodidad por parte de Kai, ambos quedaron callados por largo rato.
Subió sus pies en el escritorio, cruzando uno arriba del otro y dejando caer el peso de su cuerpo hacia atrás, sus brazos cruzados sobre su pecho y su roja vista esperando por lo que seguía.
"No por nada te conozco de toda la vida Bryan... ¿Qué te pasa?" —se preguntó interiormente, mirando con curiosidad el silencio del otro.
Miraba muchos papeles y no lograba concentrarse, estaba revisando las cuentas ya que luego de que el contador hiciera su trabajo, solía revisarlo, no por nada había estudiado varios años de Contabilidad. Pero en este momento nada le parecía correcto, todo se le estaba dificultando.
Sus manos tensas pasaron por entre sus cabellos llevándolos hacia atrás, parecía desesperado, tenía enfrente a uno de los causantes de su problema. ¿Pero qué podía hacer?
"Basta, basta ya, este estúpido sentimiento te tiene idiotizado. Además Kai está comprometido con el primo, no puede pasar nada malo. ¿Desde cuando te volviste tan inseguro de ti mismo?. Es eso... ese maldito sentimiento por el pelirrojo."
—¿Listo? —preguntó al ver como Bryan se ponía de pie.
—Sí, ya me cansé, además estoy seguro que mi pelirrojo debe estarme esperando. —Kai sonrió internamente ante lo dicho por su primo, pero no hizo comentario alguno.—Dime como te va a ti con tu vida de compromiso...
—Creo que normal, Brooklyn es apasionado en todo lo que hace, eso me gusta mucho de él. —declaró.
—¿Y no te duele dejar la vida de soltería? —indagó
—Mmm... ¿Alguien dijo que la dejaría? —sonrió cínico, siendo correspondido el gesto por su primo.
—Descarado como siempre. Vamos que ya es tarde.
La noche había caído por completo, llegó por demás cansado a su casa, tiró las llaves del auto en la primera mesa que vio, subió casi arrastrando los pies sobre cada escalón. Antes de llegar había pasado a tomar unas cuantas copas con su primo, no venía borracho pero se podría decir que un tanto más sensitivo.
El largo y oscuro pasillo se presentaba a su vista, dio unos cuantos pasos, hasta llegar a la puerta que deseaba, miró por largos segundos la perilla, debatiendo en su interior si debía o no de entrar.
"Bah, si es mi casa, puedo entrar a donde quiera." Argumentó en su pensamiento, girando del pomo para entrar, la ligera y tenue luz de la luna le dejaba ver parte de la habitación, al menos lo suficiente para no caer.
Hasta que encontró lo que deseaba...
Y ahí, ante sus ojos, se desplegaba la atlética y bien formada figura del pelirrojo que le enloquecía, una extraña sensación le recorrió por el cuerpo, profundizándose en su estómago.
El contraste de la pálida piel con la poca luz era bastante, parecía deslumbrar en la penumbra, apenas y llevaba puesto un diminuto bóxer que dejaba poco a la imaginación, su cuerpo extendido por sobre la cama, ignorando el frío que fuera hacía, claro, la calefacción de la casa era bastante agradable, pero no había calefacción alguna que le hiciera sentir ese calor que le embargaba en esos momentos.
"Al diablo con mi promesa" pensó estirando una mano, rozando apenas con la yema de sus dedos la parte baja del estómago, deslizó su roce hasta el muslo, descendiendo por todo el largo de la pierna. De igual modo subió por la otra pierna, deteniéndose breves segundos en la parte pélvica.
"Así que la ridícula pijama sólo la usas cuando duermes conmigo" pensó acariciando ahora con toda la palma, palpando la cálida y suave piel bajo su tacto, cerró los ojos pensando en un millón de cosas que podría hacerle si tan sólo...
"Maldición" se dijo llegando hasta uno de los pezones, se disponía a tocarlo cuando el pelirrojo se removió, retiró su mano esperando por lo que fuera a pasar. Mirando atento los lentos movimientos del otro, quien se giró dándole la espalda. Aún dormía.
"Pero qué sueño más pesado tienes..." murmuró pasando la mano por la silueta, como si quisiera dibujarla imaginariamente.
Mmh... —un gemido por parte del pelirrojo le hizo darse cuenta que de seguir así, las cosas podrían salírsele de control. Y él era un hombre de palabra.
†Coиτϊиúα†
—¤ Žhёиα HîK ¤—
"Los recuerdos sólo pueden cambiar el pasado menos interesante"
Julio Cortázar
—
De antemano gracias por leer y también por hacerme saber su opinión.
