Me tensé. Volví a forcejear un poco, pero eso empeoraba todo y la única afectada aquí era yo. Una vez más gruñí, debía ser la cuarta o quinta, él debe ya creer que soy un tipo de perra rabiosa. Estoy a solo cinco centímetros de que se me vea la ropa interior y de que me dé un calambre, el muy desgraciado eleva mi pierna cada vez más. El problema no es parecer una perra, ni la ropa interior, ni el calambre… El problema es él, mi departamento y mis cosas…
Puedo seguir mucho tiempo analizando todo, estoy prácticamente pegada a la pared, con un tipo –vaya tipo, por cierto- frente a mí, que me sostiene como si no estuviese enterado de que va a doler lo mismo para los dos.
Puedo aplicar un poco de cualquier cosa y librarme de esta. Puedo idear un no sé qué para poder noquearlo y no salir herida. No me asusta, no.
-¿Cuál es tu problema?- alcé una ceja, lo vi con esa misma inexpresiva mueca que tenía desde hace rato. Me relajé, lo hice evidente y él aflojó su agarre en mi tobillo, que estaba ya a la altura de su pecho. Cabe destacar que él es altísimo, y yo estoy tirando mi espalda hacia atrás un poco.
Sonrió. Simplemente sonrió.
Me helé un poco. Deslice mi bota por él y su costado derecho hasta que tocó el suelo. Me recargué en la pared, crucé mis brazos sobre mi pecho y bufé, indignadísima. Negué. Hice el amague de enderezarme y de un momento a otro lo tenía contra mí, empujándome contra la pared. La última vez que había estado así con alguien no tenía miedo.
-¿Mi problema?- susurró a mi oído. Me sorprendí. Su voz era oscura y encantadora. Respiró en la posición y un frío corrió desde las uñas de mis pies hasta las puntas de mi cerquillo.
-No creo que encuentres mucho…
-Ya lo hice…
No desesperes, nena, no desesperes. Me calmó esa vocecita en mi cabeza.
Bueno, era imposible que haya encontrado mi dinero. Más que imposible… Eve -la preciosa Eve, la interesada en mimos y juegos, la traidora- , debe seguir en el sofá con su bola de estambre y sus patas cruzadas mientras su mami está en manos de un… ¿Loco? ¿Asesino? ¿Violador, quizás?
-¿Qué es lo que quieres?- pregunté suavemente, eché mi cabeza hacia un lado. Juro que esto debe parecerse a la escena de alguna película donde la víctima se entrega al vampiro.- ¿Dinero…?- chasquee la lengua y, mágicamente, se despegó un poco de mí. Bingo.
-Dudo que me sirva de algo en lo que quiero…
-El dinero sirve para infinidad de cosas, por si no lo sabías…- sonreí.- Como para conseguir que alguien haga en mi lugar lo que tú quieras.- Y fue ahí… nuevamente me empujó contra la pared y sentí sus manos en mi cintura…
Hora de alarmarse…
-¿Qué haría una persona en tu lugar?
-No lo sé, tú dime…- alcé los hombros y él apretó el agarre en mi cintura. No voy a negar que dolió un poquito.-Estás lastimándome.
¡Por qué le importa tanto…!
¿Soy la única persona que a veces desea arrancar de sí misma a la voz en su cabeza? Sé que no soy la única mujer que se contradice, hasta apuesto que los hombres –Aiden, por ejemplo- piensan de esa manera alguna vez en su vida.
-Oh…
-¿Puedes soltarme?
-No está en mis planes…
-No soy lo que buscas.
-¿Cómo sabes que estoy buscando algo?- noté una pizca de ironía en su voz y fruncí el ceño. Me sacudí un poco y él se alejó. Entonces aproveché y le piqué el pecho.
-Quiero que te vayas, no vas a conseguir nada… ¿Quieres dinero? Bien, pues consigue un trabajo y gánalo. ¿Quieres una mujer? ¡Fantástico! Ve a la calle. ¿Quieres hombres? ¡Genial! Ve a Soho. ¡Pero lárgate! ¿Eres un demente acaso?
-Yo no diría demente… Mentalmente estoy bien, perfecto. Mejor que cualquier ser humano común y corriente… ¿Le molesta mi presencia?
-¡Y ahora me tratas de usted!- grité. Posicioné mis manos a ambos lados de mi cadera y cerré los ojos. Suspiré lentamente. Oí el ruido de la puerta siendo azotada. Abrí los ojos y parpadee un par de veces.
Eso es todo, pequeña. No más sufrir…No, no, no. Esto no es todo. ¿Qué demonios acaba de ocurrir? Deben ser alucinaciones. Pero es imposible.
-Eve…- me senté en el suelo y maldije. La cerámica estaba helada. Acaricié a Eve, la puse sobre mi falda y nos miramos.- Eres malvada, debiste decirme.- fruncí el ceño. Juro que ella quiere hablar y decirme que estoy loca, que estoy mal de la cabeza y que necesito ayuda urgentemente.
Pero seamos sinceros… Una persona que llega a su departamento y encuentra a un extraño, claro va a pensar que es un robo. Pero cualquier cosa de valor en la sala seguía allí, Eve tiene su collar, que es bastante llamativo y no, los diamantes que tiene no son falsos. Además, nadie ignora mi cafetera, ni las esferas de nieve de colección sobre la chimenea, ni el plasma, ni el estéreo.
Me levanté y Eve corrió hacia quien sabe dónde. Abrí la puerta de mi cuarto casi con miedo de encontrarme a otra persona y corrí a mi cama. Me eché después de golpearme las rodillas con el borde y ahogué un grito entre el edredón, que estaba tan tirante que yo podría haber rebotado y golpearme contra el techo. Si, lo mejor que había hecho fue tender mi cama antes de salir…
Levanté el rostro, miré lo ordenado que mi cuarto estaba y me maravillé. Hace trece meses que aquí vivo y jamás de los jamases mi cuarto estuvo así.
Momento…
Yo no tendí mi cama… La ropa había quedado desparramada por todos lados.
Me levante y corrí al armario, abrí las puertas, que rechinantes me dejaron ver todo; mi ropa completamente ordenada. Jeans apilados en un estante, jerseys en otro, sweaters en otro, camisas colgadas en perchas, al igual que mis abrigos. Con temor me arrodillé y abrí lentamente los cajones de la parte de abajo. Bien. Por lo menos la ropa interior seguía en el orden que yo recordaba.
Tomé mi teléfono, apagué la calefacción y cacé a Eve de las patas. La tomé y a pesar de que ella siguió mordiendo mi brazo y sujetaba su juguetito con sus patas, salí de mi departamento. Me encontré a una vecina… a una vecina vieja. Me estaba mirando atenta.
-Buenas tardes.- solté no muy amablemente, sin sonreírle.
-Los jóvenes de hoy en día…- murmuró dándose la vuelta y volviendo a caminar. Ella vive con su hija en el piso siete, lo sé… Ahora, que es lo que hacía en este piso, vaya una a saber.
Crucé el ancho pasillo y me preparé para derribar una puerta… Pero los modales ante todo, ¿no? Toqué cuatro veces, con el ritmo de una cancioncita. La puerta se abrió dejando ver a Aiden a medio vestir, y antes de dejarlo cantar, entré y solté a Eve sobre el sofá, para que jugara con Simenon, el gato de Aiden. Si, lo sé, mi amigo no es el mejor para escoger nombres.
-¿Pasa algo malo?- preguntó mientras terminaba de abotonar su camisa.
-¿A quién le diste la llave?
-¿Cuál llave?
-¿Cómo que cual llave? ¡La copia de la de mi departamento!- grité enojada. Me miró sorprendido.
-A nadie, ¿por qué?
-Había un loco en mi departamento, ordenó todo mi cuarto, ¿sabes? Eve estaba calmada cuando llegué. Es imposible que haya entrado sin llave y, si lo hizo, es imposible que no hayas escuchado nada.
-Llegué hace quince minutos, Alice.- me explicó, frunciendo levemente el ceño.
-¿Quince minutos?
-Sí.
-¡Yo también!- le grité y me tiré al sofá.
-Bonita, lamento tener que decirte esto, pero por mucho que me guste verte… tus pantis tienen un agujero.- reí y me tapé con la falda. Me di vuelta y al sentarme observé mis piernas, que se notaban blanquísimas aún bajo las pantimedias que lamentablemente debería tirar.
-Sospeché que se habían roto en cuanto se quedó mi brazalete. Me habías dicho que lo usara luego de vestirme…
-¿Podrías explicarme algo sobre el loco?
-¿Qué puedo explicarte? No sé nada… Solo entré, lo encontré y… creí que iba a violarme.- confesé. Aiden solo me miraba atentamente desde su posición.- Se fue… dejó todo mi cuarto ordenado… Y lo que es peor, a Eve calmada. ¿Sabes lo que eso es?- pregunté mirándolo, oyendo de fondo los ruidos que Eve y Simenon hacían al jugar; pronto estarían peleando y debería abandonarla en mi departamento o Simenon debía ser encerrado en algún cuarto.
-¿Alguien más tiene la copia de la llave?
-¿Bromeas? ¡Es imposible!
-¿Hablaste con Winter?- alzó una ceja.
-Winter ni siquiera estaba cuando llegué, debe estar viendo su novela hace como dos horas.
-¿Quieres que me quede contigo hoy?
-No hace falta.-desinfle mis mejillas y suspiré- ¿Hacer esperar a Vika por mí? Por favor, Aiden… ¿Has perdido la cabeza?
-No saldré con Vika… No es lo que busco en una mujer.- ¡Va de nuevo…! Las chicas jamás son lo que Aiden busca, casi siempre sucede cuando ya ha dicho que son especiales.- Quiere una relación abierta, ¿puedes llamar a eso relación?
-Oh, por supuesto que no…- Bien. Vika tampoco sería lo que yo busco en un hombre.- ¿Qué harás entonces?
-¿Recuerdas a Clear?- asentí. Era imposible olvidar a Clear.- Quiere que conozca a su novio, tiene miedo de presentárselo a mis padres aún.
-¿Clear tiene miedo? Eso sí que es loco.
-En fin, debo irme en un rato... Hoy es un día asqueroso y yo debo salir.- negué, acompañándolo en el sentimiento. Hablamos un rato, mientras él seguía alistándose. Eve y Simenon comenzaron a pelear, así que ese fue el punto final de la conversación y nos despedimos. Volví regañando a Eve, la dejé en el sofá y la miré feo. A ella no le importa, no sé porque sigo haciéndolo. ¿Había algo que pudiera hacer, además de seguir pensando en ese loco?
Tomé mi teléfono y rebusqué un poco entre mis contactos, encontré a Samantha; que si bien no era quien yo buscaba, me servía en un momento así. Esperé y esperé, hasta que descolgaron el teléfono y luego escuché un 'Te dije que contestaras, seguro colgaron'.
-Sam, no cuelgues. Soy yo.- dije rápido.
-¿Yo? ¿Quién es yo?- bromeó- ¿En qué puedo servirte, Alice?
-Bueno… necesito que nos veamos. Si es posible.
-¿A esta hora?
-Oh, vamos. No es tan tarde.
-Bien, de acuerdo…- la oí suspirar- ¿Puedes ir a Blind?
-Blind…- hice memoria- ¿La cafetería cerca del trabajo de Simon?- recordé a Simón, que me hizo pensar en Simenon. Simenon me hizo pensar en Aiden, que ya estaría saliendo. Y de no ser por Samantha, recordaría hasta a la abuela de Aiden.
-¡Sí! Vaya, ¿te has enamorado de Simon?
-Claro que no.- reí algo nerviosa. Nadie sabía sobre mis asuntos con Simon.- Bueno, te agradezco mucho. Te veo allí en… ¿Una hora? ¿Bien?
-Bien, adiós.- colgué y volví a buscar mis cosas. Quizás, con suerte me cruzaba a Aiden y me llevaba. Me molesta demasiado sacar mi auto del estacionamiento, la gente suele ocupar mi lugar favorito. Eso no es bueno. Nada bueno…
Luego de un rato acostada, haciendo nada más que respirar, parpadear, y tocar mi paladar con mi lengua unas cien veces, me digné a cambiarme de ropa y deshacerme de las pantimedias rotas. Era una lástima, aun teniendo otras nueve iguales. Tomé el jean más ceñido que tenía, que porque mentir, me hacía parecer una cualquiera si no lo combinaba bien. Lo arrojé a mi cama, rebusqué un poco entre los cajones y tomé otras pantimedias, también oscuras. Mientras me vestía, Eve decidió que mis pies eran el mejor juguete y estuvo intentando cazarme durante cinco minutos en los que mis almohadas eran mejor escudo que cualquier muro de la resistencia.
Serví un poco de comida a Eve, aunque quise amarrarla a las patas de la cama para que no hiciera ningún destrozo posible –aunque los imposibles son posibles con ella cerca-. Terminé de abrigarme, arreglé un poco mi cabello y mi maquillaje y salí. Justo a tiempo. Aiden estaba aproximándose a esa caja asesina.
-¿Saldrás a dónde?-preguntó una vez dentro.
-Me encontraré con Samantha.- informé, soné casi orgullosa de decirlo.- ¿La recuerdas?
-Samantha… ¿Esa rubia alta?
-Sí, esa.- fruncí el ceño. Y es que para Aiden, todas son altas a mi lado.
-Bueno, estarás deseando que te lleve, ¿cierto?
-¿Cómo lo sabías?- pregunté con ironía.
-Te conozco hace años, bebé.
-No me llames así.- le golpee el brazo- Y son meses, idiota.
-Lo sé, pero me gusta decir que conozco hace años a las personas.
Luego de unos segundos, llegamos a recepción y mientras él terminaba de ponerse sus cientos de abrigos, acomodar su bufanda y su mariconera –como la llamábamos desde hace tiempo luego de que vimos una extraña película- yo había estado observando a Larry, con su cigarrillo diario. Larry… Típico nombre para un tipo que trabaja en un edificio de departamentos, ¿verdad? Da igual, Larry morirá si sigue con sus adicciones.
-Ai…- iba a llamarlo en cuanto noté que estaba batallando por subir la cremallera de su abrigo. Pensé en ayudarlo, pero recordé cuando estuvo quince minutos riéndose de mí por quemar nuestra cena unas semanas atrás. Sonreí mientras lo seguía viendo y él lo notó, me miro con el ceño fruncido y cuando por fin terminó con su obstáculo, indignadamente pasó por mi lado y se dirigió hasta fuera. Sin siquiera sostener las puertas para mí, como hacia siempre.
-Debo hacer algunas compras antes, ¿te importa?- puso en marcha el auto y sentí como todo mi cuerpo se relajó. Hace mucho no viajábamos juntos, y es agradable hacerlo.
-Claro que no… Necesito hacer tiempo.- tomé mi teléfono de mi bolso y miré la hora. Casi eran las ocho.
-¿Sabes a quien vi hoy?
-No lo sé, dímelo.
-A Simon.
-Todos mencionan a Simon.- fruncí el ceño.- ¿Acaso te enamoraste de él?
-Apuesto a que Sam te preguntó eso a ti…
-¡Correcto!- golpeé mi cabeza contra mis rodillas y voltee a ver a Aiden.
-Demasiada flexibilidad para una perezosa.
-Solo llévame, bebé.
Luego de una charla medianamente animada en el viaje, acompañé a Aiden hasta el centro comercial. Pasamos por la sección de mascotas, compramos cualquier tipo de idioteces para nuestros preciosos mininos. También compró infinidad de chocolates, aseguró que eran para él, pero yo no podía tragarme ese cuentito cuando sé que él solo come chocolates blancos dulces, y compró de café, amargos, y rellenos de licor. Aiden es un pésimo bebedor y cualquier cosa le afecta. Me abandonó en la cafetería que ya había visitado millones de veces. Habíamos discutido acerca de los chocolates en el auto, se supone que ahora estoy convencida de que son para él.
Dieciocho minutos pasaron de la hora acordada y no había rastro de Sam. Dieciocho minutos a reloj. Maldije por milésima vez, y al segundo la campanita en la puerta se oyó y Sam llegó corriendo al visualizarme. Ni siquiera un beso a modo de saludo, ella siempre corre cuando te ve, se sienta si es posible, y comienza a hablar.
-Bien, preciosa, dime que es lo que necesitas.- me sonrió, dejándome ver sus perfectos dientes. Y pude percibir un piercing debajo de su labio. Bien, eso no iba para nada con ella, pero no se notaba.
-Un inmenso favor. Créeme que eres la más indicada para eso ahora.
-Dime de que se trata.
-Un hombre.- solté de golpe, ella me miró sorprendida y elevó sus manos, casi negándose.
-Oh, no. No fingiré ser tu novia de nuevo para alejar a nadie, olvídalo.
-Ah…- suspiré- no ese tipo de favor, torpe.
-¿Ah, no? ¿Qué entonces? ¿Quieres que te consiga un novio?
-Veras, déjame contarte un pequeño percance de hace… -miré el reloj en mi muñeca, que creí que había olvidado- una hora y media como mínimo…- tomé aire mientras ella me vigilaba con sus ojos celestes bien abiertos.
N/A: Bien, hasta aquí lo dejo :3 Siento que este cap. estuvo algo flojo u.u
Espero y les haya gustado igualmente, y prometo hacer mejor el próximo :D
Saludos~
