Capitulo dos – El primer encuentro
Habían pasado un poco más de quince años, Susanowo logró no solo esconder bien a Kushinada y a su familia, sino que había podido infiltrar las milicias de Orochi, además, ya contaba con un ejército casi igual al de él, conformado principalmente por las personas que se encontraban en descontento con su señor. Y estaba a la espera de la mejor oportunidad para atacar.
Tras años de investigación Susanowo logró descubrir el verdadero origen de Orochi, además de que sus seguidores más férreos poseían mechas. El aunque también poseía origen divino no tenía los medios para convocar mechas por sí solo. Por lo que pensó que podría recurrir a la ayuda de algún dios. Pero debido a que él fue expulsado por Amaterasu era consciente de lo difícil que sería conseguir dicha ayuda.
Por fin una de las diosas respondió a su llamado, la diosa de la espada Ame no Murakumo no Tsurugi. Esta le prometió brindarle la ayuda necesaria para su guerra, con la condición de que él consiguiera dos jóvenes mujeres para que cumplieran la función de sacerdotisas, estas niñas debían realizar un rito para despertar un arma que se encontraba en un santuario en la luna para enfrentar a los mechas de Orochi.
Estas chicas a su vez tenían que parecerse cada una a Amaterasu la del sol y a Tsukuyomi la diosa de la luna, las cuales el conocía muy bien ya que eran sus hermanas. Debían además, haber nacido el mismo día, ser solteras y no tener a nadie en su corazón, sino el precio que tendría que pagar por emplear su mecha sería más alto. Aunque difícil de conseguir Susanowo era consiente que esa era su única oportunidad, ya que, con un mero ejército no bastaría para enfrentarse a Orochi.
Himeko que ya contaba con quince años, ella había sacado casi todos los rasgos de su madre excepto sus ojos, los cuales eran del mismo extraño color violeta de su padre. Además, ella tenía un pequeño hermano, este era más parecido a su padre pero con los ojos color café como su madre.
Himeko se llevaba muy bien con todo el mundo, era muy dulce e incluso un poco infantil e ingenua aún. Esta no era del todo consiente de la guerra que se avecinaba y eso que su padre era el líder. Un día aburrida de ser siempre tan sobreprotegida por su padre decidió escaparse para dar un paseo, camino por un largo rato hasta que llego a las faldas de una pequeña colina, vio que en la cima un árbol de cerezo que inmediatamente le llamo la atención por lo que decidió subir.
Por otro lado el Orochi había logrado consolidar aún más su ejército, o por lo menos eso creía ya que si bien había aumentado en número había disminuido en lealtad, esto debido principalmente que su gobierno era tiránico, exigía grandes impuestos y la calidad de vida en la región que gobernaba era muy baja.
Él se encontraba indiscutiblemente orgulloso de su hija Chikane. Esta no solo era bella, también era muy inteligente y poseía muchos talentos. Sin embargo, esta no se sentía en lo absoluto orgullosa de su origen. Tanto así que evitaba hacer alarde de su linaje y en cuanto lograra hacerse con el poder cambiaria todo, claro está que esto lo mantenía en secreto, de lo contrario su padre pasaría su poder a su hermano menor, el cual a pesar de su corta edad ya mostraba que iba a ser igual de tiránico y ególatra que su padre.
Ella era una chica muy reservada y en apariencia fría, debido a su naturaleza de "princesa" no tenía amigos, los pocos que se le acercaban eran solo por su posición o por el temor que su padre inspiraba.
Un día cualquiera cansada de una vida de halagos, adulaciones y sobre todo de encierro, consiguió escapar de su cárcel como ella misma la llamaba. Esto se volvió cotidiano y siempre se escapaba de los guardias de su padre y salía a caminar sin rumbo fijo. En unos de sus paseos encontró un árbol de cerezo en lo alto de una colina y por alguna razón, le gustaba ir a verlo este era el único momento en que se permitía quitar esa mirada gélida que la caracterizaba. Ese día habría sido como todos pero un pequeño suceso lo cambio todo.
Que hermoso es tal como lo imaginaba – Chikane escucho a alguien hablar con mucho entusiasmo pero no la hallaba. Luego de bordear el árbol vio a otra chica de más o menos su misma edad, y observo la mirada más extraña pero hermosos que pudiera imaginar, quedó sin habla. Saliendo de su estado ensimismado la ojiazul apenas puedo decir – Si tienes razón – no pudo evitar sonreír.
Pe-perdón, no la vi señorita – respondió la chica de cabello dorado – Los cerezos no son muy comunes en esta zona y siempre me han llamado la atención, me parecen muy bonitos – Himeko sonrió– Si – Respondió Chikane con otra sonrisa.
Siguieron hablando largo rato, Chikane se sentía muy cómoda hablando con esta chica y todo lo que le decía le parecía interesante, ya que ella siempre había visto la vida de los aldeanos desde la ventana de su cuarto y aun cuando salía de su "palacio" no interactuaba con nadie. Entonces Himeko comentó algo que a ella le llamó mucho la atención – Entonces el día de mi cumpleaños mi padre siempre me hace que me preparen mi comida favorita y me lleva a pasear a sitios lejanos y bonitos– Dijo Himeko muy entusiasmada. A ella ese detalle le pareció un gesto tierno, ya que a pesar de que su padre celebraba grandes banquetes en su honor, ella le parecía un gesto vacío y no lo hacía por ella sino por mostrarla a sus principales seguidores.
¿Y cuándo es este? – Pregunto, ya que se le ocurrió que ella también podía darle un presente – Es el primer día del mes sin dios* – dijo Himeko y Chikane no podía creer lo que escuchaba – ¡En serio! El mío también – Y se alegraba tanto de encontrar a alguien con quien tener algo en común. Himeko amplio aún más su sonrisa y no podía creerlo.
Chikane se le quedo mirando y dijo de repente – ¿Cómo te llamas? – Ya que la había pasado tan bien con su nueva amiga que no se había percatado de ese detalle, al parecer su compañera tampoco – Himeko, Kurusugawa Himeko, ¿y tú? – Ella lo pensó por un instante, al fin había logrado hablar con alguien fluidamente y por sus propios méritos, y no por el poder o miedo que impartía su padre. Por lo que decidió cambiar un poco su nombre – Himemiya Chikane – le dijo con una sonrisa que podría hacer que cualquiera se desmayase.
Es un gusto conocerte – Himeko se quedó un momento en silencio luego dijo – Me tengo que ir, adiós Chikane – Le dijo con la sonrisa más sincera que hubiese visto al momento, pero eso no le sorprendió tanto como oír que la llamaba por su nombre. Himeko ya estaba en posición de salir corriendo del lugar cuando escucho que la otra chica le dijo. – ¿Espera porque te vas?
Es que ya es tarde y mi casa está un poco lejos – Le contestó, la chica de cabellos dorados, esto en parte era cierto, pero lo que más inquietaba a Himeko no era la hora o la lejanía de su casa. Sino las sensaciones que le estaba causando aquella chica de cabello azul. Nunca se había sentido así y esto le provoco mucho miedo, algo le decía que estaba mal.
Si quieres te puedo acompañar, tienes razón en un poco tarde y el camino es un poco solo – comentó Chikane, ella no quería dejarla ir, Himeko lo pensó un momento y luego le contestó – ¿Y quién te acompañará luego a ti? – Rayos ella no había pensado eso, por lo que se apresuró a decir – Está bien ganas, pero prométeme que nos volveremos a ver – vio que Himeko se lo pensaba finalmente le dijo – De acuerdo, ¿Qué te parece dentro de una semana, en este mismo lugar y hora? – contesto Himeko, y Chikane no pudo evitar sonreír nuevamente.
Se despidieron prometiéndose volverse a encontrar dentro de una semana. Chikane se fue a su "castillo", aunque ella lo veía más como una cárcel. Lo que ella no sabía es que ese día había tenido compañía – Vaya veo que conseguiste una nueva amiga – Escucho a sus espaldas una voz muy conocida – ¿Souma que haces aquí? – Respondió muy sorprendida.
Eso debería decirte yo – Dijo con una sonrisa que a ella no le gustó nada – Bueno veras, no creerías que podrías escaparte del Castillo sin que nadie se diera cuenta. Hace mucho que sabemos que sales a ver ese estúpido árbol. Como no le vimos mucha transcendencia al asunto decidimos pasarlo por alto. Sin embargo, mi hermano me encargó que te vigilara y estuviera pendiente, ya sabes cómo se colocaría tu padre si descubre que has salido – A ella le sorprendió la revelación de Souma pero no dijo nada, al ver su silencio este continuo – Pero creo que es hora de que nos regreses el favor.
Ella frunció el ceño y le dijo - No sé qué quieres decir, explícate – el simplemente sonrió aún más, ella pensó que lo que sea que le fuera a decir no le gustaría nada – Como sabrás me encuentro en una edad en la cual debo de buscar una esposa, y tu amiga me ha parecido muy interesante.
Ella quedó sin aliento, no podía creer que al fin tenía una amiga de verdad, una chica que se notaba inocente y sincera y Souma uno de los principales seguidores de su déspota padre estuviera interesado en ella. Se prometió a si misma que iba a proteger a esta dulce chica de él.
*En esa época aún no existía el calendario que hoy día se usa.
