Capítulo 2:
"El zoológico"
N/A: esta historia no me pertenece, solo está basada en los libros de J.K Rowling, yo solo tome los personajes e invente otros. Si ven esta historia en otra página, soy yo solo que con otro nombre de usuario
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-"Tranquila cariño, ahora estoy yo…"
Esa voz parecía ser un lejano sueño o simplemente el recuerdo de una pesadilla. Durante diez años, esas palabras quedaron grabadas en la mente de la pequeña Tabatha. Hacía tan solo diez años que junto a su mellizo, Harry, viven en la casa de la hermana de su madre y su odiosa familia.
-¡Arriba! ¡A levantarse!- ordenó Petunia, golpeándoles la puerta de la pequeña alacena, en la cual dormían.- ¡Ya!-
-Buenos días, Harry.- susurró la pelirroja, pasándole los anteojos a su hermano, que seguía con los ojos cerrados. El ruido de alguien bajando las escaleras, hizo temblar todo.
-¡Arriba, primos! ¡Iremos al zoo!-Dudley, saltaba en los escalones, haciendo que grandes cantidades de polvo, cayeran sobre los mellizos. Tabatha, fue la primera en levantarse y abrir la puerta. Dudley, bajo corriendo y la empujo al interior de la alacena, cerrándole la puerta. La pelirroja, cayó sobre su hermano. Ambos salieron e ingresaron a la cocina. Tío Vernon y tía Petunia, felicitaban a Dudley por ser su cumpleaños.
-¿Por qué no preparan el desayuno? Procuren no quemar nada.-ordenó fríamente la mujer, al verlos ingresar.
-Sí, tía Petunia.-respondieron a coro, los mellizos.
-Quiero que todo sea perfecto para mi Dudley.-Petunia le tapó los ojos a su hijo y lo fue guiando hacía adelante.
-Dense prisa con mi café.-ordenaba Vernon.
-Aquí tienes tío, y por ciertos buenos días.-la pelirroja, le alcanzó una taza de café y el hombre la miro y soltó un gruñido.
-¿A qué es maravilloso, cariño?-comentó Petunia, señalando la sala de estar.
-¿Cuántos regalos hay?-cuestiono Dudley.
-Treinta seis, los he contado yo.-respondió Vernon con una sonrisa.
-¿Treinta seis? Si el año pasado tuve treinta y siete.-protestó, el niño.
-Es que algunos son más grandes que otros…-
-¡Me da igual lo grandes que sean!-ambos mellizos, se miraron.
-No, no. Ya sé lo que haremos, iremos a la ciudad y te compraremos dos regalos más, ¿Qué te parece, pichoncito?- Tabatha, miraba con desprecio a su primo, lo que daría ella por tener al menos un regalo decente para su cumpleaños.
Los cinco se sentaron para dar comienzo con el desayuno.
-¿No tienen algo que decirle?-Petunia los miro enarcando una ceja.
-Feliz cumpleaños, Dudley.- murmuro la pequeña pelirroja.
-¿Y tú?-
-Feliz cumpleaños.-Dudley, miro a su primo y frunció el ceño. El teléfono sonó y Petunia se levantó para contestarlo.
-¿Buenas? Señora Figgs… no se haga problema… claro para la próxima será.- al volver a la cocina, puso una cara de haber visto un fantasma.
-¿Qué quería la señora Figgs?- pregunto detrás del diario Vernon.
-No podrá cuidarlos hoy.- su esposo no dijo nada.
-¡VERNON!- grito haciendo que a su esposo se le caiga el diario.
-No te enojes, llamaremos a Marge.- comento encontrando una salida rápida.
-No seas tonto, ella los detesta, por lo menos al chico.- al parecer le daba igual que sus sobrinos estuvieran presente. Dudley, comenzó a "llorar".
-No… quiero… que… vayan… siempre… lo… arruinan…todo.- "sollozo" el niño
-Tranquilo bebe, mamá hará todo lo posible para que no te arruinen el día.- lanzo una mirada asesina al hijo de su hermana.
-Podemos quedarnos solo.- propuso la pequeña Tabatha.
-Claro y para cuando volvamos encontrar la casa en ruina.- ironizo.
Los Dursley, tenían programada una visita al zoológico para festejar el cumpleaños de Dudley. A Vernon y a Petunia, no les había quedado más opción que llevar a sus sobrinos con ellos. Cuando ambos mellizos estaban por subir al auto, Vernon, los detuvo.
-Se los advierto ahora, una simple cosa rara, tan solo una y se quedaran sin comer una semana. Al auto.-los dos Potter, no dijeron nada y obedecieron.
El día era perfecto para salir de paseo, el zoológico, no estaba muy lleno por lo que pudieron disfrutarlo al máximo. Al llegar, se sorprendían con lo primero que veían, esa era la salida más fantástica que habían tenido en sus diez años de vida. Todo les parecía una aventura, ver a los gorilas les hacía acordar a su primo, ver a las focas al tío Vernon y las jirafas eran el mismo calco de Petunia cuando quería escuchar los problemas que tenían los vecinos. Por insistencia de Dudley, ingresaron a la "Casa de los Reptiles".
-¡PAPÁ! Mira que serpiente más grande, ¡despiértala!- ordeno Dudley. Como siempre, Vernon cumplía con lo que su hijo pedía.
-¡Muévete!- con los nudillos golpeaba el vidrio, pero el animal no se movía, ni abría los ojos.
-¡Muévete!-Dudley, siguió insistiendo.
-¡Está dormida!-retó la pelirroja.
-Qué aburrimiento.-los tres Dursley, se alejaron para ver a otros reptiles.
-Que bestia que son, pobre serpiente, deberían dejarlo en paz.- susurro Tabatha.
-Discúlpalo, no sabe lo que es estar tirada ahí todo el día. Viendo como la gente pega sus feos rostros sobre el vidrió.-la serpiente, pareció entender lo que ambos mellizos le decían, ya que comenzó a enderezar su cuello para verlos más de cerca.
-Gracias por decir esas palabras.-dijo una voz que arrastraba las palabras.
-¿Escuchaste eso Harry?- la pelirroja, miro asustada como su hermano asentía.
-No se asusten, soy inofensivo.- volvió a decir la voz.
-¿Acaso será…?- los dos miraron a gran cubículo en donde estaba la gran serpiente despierta.
-Si soy yo, no deben temerme solo quiero hablar con alguien.- a Tabatha le dio pena como la hablaba la serpiente.
-¿De dónde eres?- pregunto Harry. El animal señalo con la cola un gran cartel:
-"… esta especie proviene de Brasil".- Eso se podía leer en las primeras líneas de color rojo.
-¿Así que vienes de Brasil? ¿Cómo es allá?- pregunto emocionada la niña. La serpiente volvió a señalar el cartel.
-"… Brasil, se caracteriza por criar a esta especie en los más grandes zoológicos…"-
-Naciste en cautiverio.- el animal asintió lentamente con la cabeza.
-Entonces, ¿No sabes lo que es vivir en libertad?- los ojos de la pitón, reflejaban tristeza.
-No, mi niña.- su tono de voz era melancólico
-Nosotros tampoco.- Harry tomo la mano de su hermana y volvieron a ver a la serpiente.
-¡PAPÁ! ¡MAMÁ! Vengan, no van a creer lo que está haciendo la serpiente.- Dudley empujó a sus primos y apoyo la nariz contra el vidrio mientras observaba al gran reptil. Harry lo fulmino con la mirada. De un momento a otro, Dudley, pasó de estar detrás del vidrio a estar dentro del recinto del animal. Al ver que el vidrió no estaba, la serpiente, comenzó a deslizarse hasta tocar el frío suelo de "La casa de los reptiles". Ambos Potter, aún seguían en el suelo, cuando vieron que la serpiente se erguía ante ellos.
-Gracias.-susurró el animal.
-No hay de que.-respondieron ambos. La serpiente paso por al lado de ellos, mientras las demás personas que se encontraban, comenzaban a huir despavoridas. Dudley, se puso de pie en el recinto con la intención de salir, pero se dio cuenta de que el vidrió volvió a su lugar. Comenzó a golpearlo para pedir ayuda a sus padres.
-¡Mamá!-sollozaba.
-¡DUDLEY!- gritaba su madre tratando de ayudarlo. Tabatha y Harry, veían la situación divertida, ya que no dejaban de sonreír. Vernon se alejó de su familia y los miro con odio.
Durante el camino de regreso, nadie, dijo nada. Dudley estaba envuelto en una toalla que le habían ofrecido los del zoológico. Vernon, miraba de reojo a sus sobrinos y no podía evitar gruñirles.
Al llegar, Vernon, los hizo entrar a la fuerza. Tomo con fuerza a Harry, del cabello.
-¿Qué ha pasado?-
-Lo juramos que no sabemos.-respondía el azabache, tratando de salirse del agarre de su tío.-Había un cristal y luego desapareció. Ha sido magia.- Vernon, abrió la puerta de la alacena y los empujó dentro.
-Nunca ha existido la magia.-fue lo único que dijo, antes de cerrarles la trampilla.
