Capítulo 2: Espejismos

El manto de la noche se extendía cuando ordenó que soltaran el ancla. Le gustaba aquel lugar, en el horizonte podía ver las luces de aquel par de islas cercanas que le recordaban lo que significaba vivir en toda la extensión de la palabra. Podía incluso ver lo que ocurría en la playa. Lo mucho que aquellas personas amaban contemplar el cielo estrellado al igual que él, quien soñaba podría hacerlo recostado en la arena, sintiendo el agua del mar acariciando su cuerpo mientras una presencia a su lado le acompañaba en silencio, pues no había siquiera necesidad de hablar, solo las miradas debían bastar.

El mar de Dannes separaba las islas Lancylotte y Gumer, las últimas que se podían considerar en los límites de territorio inglés, pues al sobrepasar Lancylotte, ubicada mas al este se encontraba Ginvra, a un par de millas marinas, la primera isla perteneciente al reino de Francia. Un poco mas alejadas estaba Seyta, Ryota y Morss, que también pertenecían a un miembro de la nobleza francesa. Lugares que solo con autorización del rey de Francia podían ser visitadas, pero él no necesitaba de ello. Cualquier navío que se atreviera a atacarles quedaba hundido en las aguas. Nadie se atrevía a enfrentarle cuando hacía a la bruma aparecer, escondiendo el aspecto temible y único de su barco.

Sus ojos marrones se abrieron solo un momento y un destello de luz los cruzó, brillaron casi como una estrella y pudo finalmente contemplar la vida que le fue arrebatada. Entre las aguas de Lancylotte estaba un hombre completamente alcoholizado, por lo que levantando su mano logró que el fuerte oleaje lo llevara hasta la orilla, sonrió al escuchar como daba las gracias a todos los dioses que se le ocurrieron por aquella nueva oportunidad, y prometió solemnemente no volver a tomar una sola gota de alcohol. Pero su mirada se volvió nostálgica cuando aquel viento le acarició la cabellera y le trajo consigo las voces de aquel par de enamorados de Gumer.

-Eres lo mas importante para mí, no me importa lo que digan. Te amo- escuchó la voz de aquel joven.

-Yo… también te amo- respondió ella tímidamente.

La imagen de los enamorados perdidos en un beso a la luz de la luna hizo que un suspiro escapara de sus labios y prefirió girar sus ojos hacia otro sitio, pues aquel era su momento y el no iba a arruinarlo con su indiscreción.

De un salto subió a la baranda del barco. Flexionó una de sus piernas y la atrapó con su brazo. Hundió el rostro en su rodillan y un suspiro volvió a escapar, creyó percibir un suave aliento, rozando su nuca con delicadeza. Levantó la mirada y pudo ver claramente lo que sus ojos tanto ansiaban: en la playa de Lancylotte, muy lejos de donde vio aquel hombre estaba ella, vestida con su delgado camisón, dejando que las aguas tocaran con delicadeza sus pies. Era hermosa, la brisa acariciaba su cabellera como lo hacía con la suya. Hizo una súplica al oleaje que sin compasión se atrevió a tocar aquel frágil cuerpo sorpresivamente, logrando que su humedad pintara en la tela esas formas que desde el primer momento le enloquecieron. De nuevo el espejismo aparecía y esta vez podía contemplarlo con mayor claridad.

-viejo mar. Ojalá pudiera pedirte que la trajeras a mí pero no me atrevo - la camisa que usaba desabotonada se movió ligeramente, mostrando la cicatriz que surcaba el sitio donde había estado ese corazón, ese que a pesar de no estar parecía latir desbocado por alguna razón. La escasa luz de una antorcha en la cubierta formaba sombras en los músculos de su abdomen, por momentos también dibujaba su perfil, perdido en la distancia, en aquella ilusión que pensaba jamás podría ser real.

-No me engañes- le habló a las aguas bajo él- creas ese espejismo que me trastorna, ya es suficiente- no fue una orden sino una súplica. Descendió de la baranda y la contempló una vez mas, a lo lejos, deseando poder tenerla aunque solo fuera un momento tan cerca de sí, para poder amarla.

Abrió los ojos y soltó un pequeño grito, el agua estaba fría, hacía que su camisón se pegara a sus formas revelando así la figura que había debajo. Inmediatamente se cruzó de brazos. En la playa había una antorcha que daba un poco de luz y calor por lo que se apresuró a bajarla de aquel muro que daba a la casa que había alquilado para pasar unas cuantas noches en la isla Lancylotte.

La colocó en la arena, clavándola en un sitio firme ¿Qué hacía ahí? ¿Cómo llegó a la playa? No recordaba absolutamente nada. Lo último que contempló fue el cielo estrellado a través de su ventana antes de quedarse profundamente dormida. Se abrazó así misma, miró hacia todos lados, solo se escuchaba el ruido del mar romper contra las rocas cercanas, debía volver a sus aposentos, si Gyssell notaba su ausencia se volvería loca, aunque ya la consideraba tal por enfrascarse en esa extraña empresa de viajar tan lejos de Elina.

Subía el primer peldaño de las escaleras que daban a la casona cuando sintió como el agua del mar le tocó, fue extraño pues la marea estaba baja. De pronto, se vio perdida en una espesa y abundante bruma, el mar desapareció al igual que la casona. Tuvo miedo al escuchar unos pasos que se acercaban y miró la arena a sus pies; la antorcha todavía le permitía distinguir algunas formas y la primera que observó fueron esos pies descalzos que se dirigían hacia ella.

-¿Quién está ahí?- cuestionó tratando que su voz no se quebrara. La figura comenzaba a verse con mayor claridad, parecía ordenarle a la bruma que se apartara poco a poco. Pero ella no necesito ver mas allá de aquel torso. Sin dudarlo un solo segundo se acercó y hundió su rostro en aquel pecho cubierto por una camisa roja- Dime quien eres…- soltó sin mas, perdida en aquel perfume que emanaba de esos pétreos músculos cálidos y tentadores en los que tantas veces soñó apoyaba su cabeza.

-Yo… soy el mar- su respuesta le confundió por un momento. Levantó la mirada pero la bruma seguía escondiéndole su rostro, pero no a él quien con sumo cuidado tocó a la joven, desde su sien descendiendo por todo el contorno de su rostro hasta llegar a su barbilla. El frío había desaparecido de su cuerpo y con aquel contacto sintió como una sensación cálida comenzaba a formarse en su vientre y crecía invadiéndola por completo-

-¡No!- exclamó ella cuando aquellos dedos ya se apartaban de su piel. Colocó la palma de su mano contra su mejilla y una lágrima emergió de ella- Dime donde estás… ¿Dónde puedo encontrarte? ¿Quién eres tú en mi vida?

-Alguien a quien tu le haces falta, alguien que sueña, que te cree un espejismo inalcanzable- su voz era delicada, varonil, sutil, incluso le parecía hasta sensual. Su presencia era un remanso para su corazón agitado, herido y maltratado por la vida.

-Quiero encontrarte, te necesito…- su voz fue una súplica. Aquella mano seguía en su rostro, atrapada con la suya. La bruma finalmente desapareció y observó la luz de unos ojos marrones.

-Yo también te necesito, te necesito mas que nunca- la mano resbaló por su rostro, se apartó de la suya y la bruma volvió a cubrirlo todo.

-¡No! ¡Por favor no te vayas!- el oleaje mojó una vez mas sus pies, la bruma terminó de desaparecer y creyó observar un barco en la distancia. Pero los gritos desesperados de Gyssell la hicieron volver a la realidad-

-¡pero mi señora! ¿Qué haces aquí a estas horas? ¡Estas empapada vas a atrapar una pulmonía!- se apresuró a cubrirla con una bata de dormir ya que la había avistado desde su habitación contigua a la de la condesa-

-El Mar, el mar está llorando Gyssell…- murmuró ella al escuchar como el oleaje se volvía mas tranquilo y un extraño sonido se filtraba en él-no es lluvia, son lagrimas que caen- la dama le miró sin comprender-

-Creo que estás delirando Ainel, volvamos a la mansión- la envolvió en la bata y ordenó le preparan un baño con agua caliente para sacarle toda la arena que traía encima. Ella observó a través de la pequeña ventana del cuarto, ahí estaba el navío pero por mas que se lo señaló a su amiga ésta siguió pensando que estaba perdida en un delirio-

-Es solo bruma, se observa a pleno mar abierto, no hay islas colindantes, se crean sombras, pero no te confundas- insistió la mujer, estaba en realidad comenzando a preocuparse demasiado por esas ideas tan extrañas que últimamente rondaban en la cabeza de la condesa.

-Tal vez tengas razón- salió la joven de las aguas y rápidamente le secaron para luego vestirla con un camisón y colocar una fina bata sobre éste. Miró una vez más hacia el mar. Sabía que existía una conexión con la leyenda del Holandés Errante, los sueños que tenía y ese hombre maravilloso que en sueños le visitaba. ¿Sería algún alma perdida en el mar?

-Señora, se que vas a matarme pero… insisto en que volvamos a Elina- Ainel ni siquiera le miró- pasas horas mirando el mar desde que fuimos a Cálix, sueñas cosas extrañas, caminas dormida- siguió alarmada- tendré que buscar a tu hermanastro para pedirle que te detenga en ésta locura. Ni siquiera se que planeas, llamaste al capitán ese, al que todo el mundo le teme, por favor, desiste de esto de una buena vez, ese hombre podría traernos problemas-

-No lo hará, según sé siempre cumple con lo que promete- un suspiro escapó de los labios de la joven-Además primero nos aseguraremos de que sea confiable y si notamos algo raro inmediatamente nos retiraremos.

-¡Es un demonio!- le interrumpió asustada Gyssell- He oído hablar de él. Todo el mundo le teme, siempre viste de negro, en señal de luto, algunos dicen es por la víctimas de su espada. Tiene la mirada penetrante y de un solo movimiento puede mandarte a lo mas hondo de los infiernos.

Ainel arqueó una ceja, aquello le parecía un cuento infantil para convencer a los pequeños de irse a la cama.

- ¡No me mires así! Dicen también que es un gigante enorme, tan bello como lo es lo que se oculta tras la maldad. Mucha gente piensa que su apariencia humana incluso es solo el disfraz de una criatura maléfica. Un demonio que emergió de los mares.

-Un demonio de los mares ¡Por favor Gyssell, ya estas algo grande para creer en esas tonterías!- soltó con cierto fastidio y volvió a la cama-

-Eso dices tú, pero soy yo la que debo armarme de valor porque…

-Deja de preocuparte Gyssell y ve a dormir-le interrumpió algo enfadada- mañana a mediodía tenemos algo muy importante que hacer y recuerda que no aceptaré un "No" como respuesta, por mas que me lo pidas- fue definitiva en eso. Se cubrió con una cómoda sábana hasta la cabeza y la dama soltó un bufido. Sino fuera por el inmenso cariño que sentía por su niña no se atrevería a hacer lo que desde hacía días tenían planeado.

-Definitivamente tendrá que ver a un médico, esta perdiendo la cordura- enfurecida salió de la habitación, mostrándole su estado de ánimo a su ama con un fuerte portazo. Ésta echó una mirada asesina por donde la mujer se había ido y sonrió un tanto irónica.

Faltaba todavía un poco para que llegara el medio día cuando ya se encontraba caminando muy cerca del enorme mercado de Lancylotte. El lugar estaba abarrotado de puestos llenos de comerciantes que vendían sus productor al por mayor. La cantidad de compradores por ser muy temprano no era muy numerosa, pero para mediodía el lugar se abarrotaba pues siendo una isla fronteriza, muchos comerciantes franceses aprovechaban para intercambiar mercancías con los ingleses así como a la inversa. Él iba vestido con una capucha oscura que le ocultaba el rostro. Tomó entre sus manos aquella misiva y volvió a leerla asegurándose así que estaba en el sitio correcto. Debía esperar un poco más para ver si su contacto llegaba.

Observaba con detenimiento la vendimia de una hermosa joven cuando finalmente hicieron acto de aparición, caminaban hacia él un par de damas, una se veía más alta y entrada en años que la otra, supuso que era la condesa y junto a ella su dama de compañía. Había exigido que fuera ella misma quien le contactara, sino no se llevaría a cabo ningún trato. Ella demandó lo mismo por lo que tuvieron que ceder a las condiciones.

Cuando ella le vio pensó que los rumores en verdad no eran mas que una tontería. No era ningún gigante, solo era un hombre, como todos los demás, tal vez de su misma edad. Éste les hizo una señal y ambas le siguieron, caminaron hasta un angosto callejón donde solo había un par de puestos, se alejaron un poco de ellos y llegaron a una hermosa fuente que tenía la figura de un delfín. Los tres tomaron asiento en la orilla.

-¿La condesa de Kenzy supongo?- escucharon en aquella voz, en eso si concordaba con los rumores, pues era tan horrible como la de un demonio, o eso es lo que una de ellas pensó-

-Así es, supongo usted es el capitán Hawk- el hombre asintió, no dejaba del todo que le contemplaran el rostro- bien, entonces ¿Cuál es su respuesta?-

-No concibo en mi mente la idea de que un par de mujeres se quieran embarcar para buscar a un fantasma.- soltó él sin mas. Ella le miró y creyó ver un destello oscuro en los ojos de aquel hombre-es una empresa muy peligrosa y deberán darme un razón contundente para aceptar- finalmente le mostró el rostro a la dama, sus miradas se encontraron y éste le tomó la mano- es usted muy bella mi estimada condesa- la mujer se soltó bruscamente -

-¡Suélteme maldito rufián!- gritó asustada y le mostró una enorme daga que llevaba escondida en sus ropas. El hombre se quedó sin habla, peor aún cuando se la colocó en el abdomen- si se atreve a tocarme una vez mas le dejaré de fuera todo lo que….

El hombre alcanzó la mano de la dama, haciendo un poco de fuerza logró que esta no lograra sostener el arma con firmeza y que cayera al suelo, pero no contaba con la habilidad de su acompañante quien rápidamente la tomó y la colocó sobre su cuello-

-No se mueva capitán- amenazó la otra dama tras la capucha-

-A quien le pido con toda amabilidad que no se mueve y suelte su arma es a usted mi hermosa dama- la mujer se giró, desde el callejón aquel hombre caminaba haciendo que las pocas personas a su paso se apartaran asustadas. Lucía un traje completamente negro que se ajustaba a sus formas, la capa del mismo color ondeaba al ritmo de sus pasos. Sus ojos verdes y profundos transmitían una frialdad increíble; su expresión en verdad era la de un demonio, o tal vez una bestia que amenazaba con atrapar a su presa, le provocaba una mezcla de valor y temor a la vez. Sobre su hombro un hermoso halcón de plumas oscuras y brillantes le miraba de igual forma. Como escrutando cada detalle de su figura. Al llegar a su altura comprobó que en verdad era un gigante, uno que le hizo una venia elegante y su sola mirada le ordenó que bajara su arma. Lo supo entonces, él era el capitán Hawk, no ese impostor que estaba a su lado- Me disculpo dama mía por engañarla en esta charada pero veo que usted también lo ha hecho, pues la condesa de Kenzy es usted, no la dama que portaba el arma- las capuchas de ambas dejaron ver entonces sus rostros- Usted debe ser Gyssell, la dama de compañía de la Condesa, encantado de conocerla- otra venia mas saludó a las damas, haciendo que a la mujer se le subieran los colores al rostro, jamás nadie le había tratado con tanta amabilidad, por momentos la expresión en el joven cambiaba y se convertía en la de todo un caballero.

-Veo entonces que usted es mas capaz de lo que me imaginé, supo quien era cuando nunca nos hemos visto- Ainel ofreció su mano al joven, éste la tomó elegantemente entre la suya para luego otorgarle aquel beso sutil y respetuoso.

-No es por menospreciar su belleza dama mía, la cual opaca incluso a algunas jovencitas- se dirigió a Gyssell, quien se había quedado muda- pero se que el conde Kenzy desposó a una mujer no solo hermosa sino también rebosante de la impetuosidad de la juventud, misma que creo aún continúa en usted- miró ahora a Ainel-a pesar del paso de los años -

-Es usted muy amable capitán- fue lo único que ella pudo decir al escucharle hablar, era extraño, no parecía el patán que tanto mencionaban. Incluso hablaba como lo hacían algunos caballeros que vivían en Inglaterra.

-Si me permiten, quisiera presentarles a Rafael, mi segundo al mando- señaló al hombre quien continuaba sentado en la orilla de la fuente e inclinó su cabeza ligeramente. Gyssell hizo una mueca, ni siquiera ponerse de pié era una total falta de cortesía, giró la mirada hacia el capitán- me disculpo si fue algo rudo en su actuar, pero Rafael es un hombre muy impulsivo y apasionado, creo que el contemplar su belleza le hizo actuar de una manera impropia

Gyssell suspiró, ese no podía ser el demonio de los mares ¡Era encantador!

- Ahora si me hacen el honor de acompañarme, necesitamos hablar condesa y este lugar no creo que sea el apropiado.

-¿Dónde sugiera entonces?- cuestionó ella, pero no pudo decir mas. El halcón que había estado revoloteando sobre ellos se colocó en el hombro del joven para soltar un extraño sonido y luego una vez mas extender sus alas y emprender el vuelo, Hawk le siguió con la mirada, ya que se dirigía al par de puestos que estaban en el callejón-

-Discúlpeme un momento Milady- dijo a la dama para luego salir tras el ave. Las mujeres que le miraban gritaban, no sabía si por él o por su amigo quien se acomodó sorpresivamente en el hombro de una dama que compraba algo en un puesto de comida.

-Hey ¿tu eres quien hace tanto alboroto?- escuchó en una suave voz y se acercó maravillado, notando como tanto el ave como la dama no se sorprendían o molestaban de la presencia del otro- Así que te gustan las codornices, bueno te daré solo una pata pues yo también tengo hambre- el pedazo de carne llegó hasta el pico del ave- ¡Oye! ¿Acaso no te alimentan como es debido que también quieres mis dedos?- Hawk siguió sin moverse, observando con gran curiosidad la situación. La joven vestía sencillamente, tal vez era parte de la servidumbre de alguna casa. Tenía el cabello castaño, pero el sol en ocasiones le engañaba creando la ilusión de que era rojizo. Dark entonces emprendió el vuelo de vuelta a su amo, ella giró la mirada hacia él pero el plumaje del ave le impidió observar el rostro de aquel hombre.

-¡Hawk, se acerca una tropa de soldados haciendo un patrullaje!- se escuchó la voz de otro hombre. Ella volvió la mirada hacia las codornices que asustado aquel hombre le colocaba en algunos envoltorios de papel.

-No me debe nada, solo alimente a su mascota como es debido- soltó ella como adivinando que él deseaba decirle algo y comprendiendo la situación. El capitán se alejó rápidamente, necesitaba también buscar a la condesa y acordar donde se reunirían.

-¿Señorita esta bien?- le cuestionó el hombre entregándole el paquete con las codornices, ella le miró sin comprender- su hombro está sangrando, seguramente fue por las garras del halcón- se asustó un poco al ver su hombro, se observaba algo de sangre manchando la tela de su sencillo vestido- Ese hombre es una bestia al igual que su mascota.- soltó un bufido- sino fuera por el miedo que le tenemos ya le habríamos delatado a las autoridades- aclaró mientras la joven tomaba un pañuelo y lo colocaba bajo la tela que cubría su hombro- tenía tiempo que no visitaba la isla, pensamos incluso que mudó su cuartel hacia otro sitio.

-Me habla de él como si fuera un delincuente-le interrumpió con suavidad la joven-

-¿Delincuente? ¡Ese hombre es un monstruo!

La joven giró la cabeza, a lo lejos observó al joven de espaldas, el halcón seguía sobrevolando el cielo

- Dicen que mató a un hombre solo con una mano, y que el solo mirarle provoca un temor tan terrible que se puede sufrir de un ataque al corazón- la chica arqueó las cejas y volvió a mirarle-

-Una mirada no provoca eso por mas perversa que sea-aclaró la dama y tras pagarle al hombre regresó sobre sus pasos hacia una enorme casona, el camino para llegar a ella era algo largo, debía subir una colina, bajar y nuevamente subir una mas.

-Buenos Días señorita y antes de que me pregunte sobre su padre le diré que no ha regresado a casa- ella asintió resoplando al hombre que cuidaba el gran portón en la entrada- él ya no es un chiquillo, no debería preocuparle tanto- el hombre tomó el paquete que la joven le entregaba.

-Precisamente porque ya no lo es debo estar al pendiente de él, y si vuelve para cenar dile a Ninfa que le prepare las codornices y no ese filete de res que tango le gusta- entró en la casa y saludó a un par de damas que limpiaban el salón principal, fue después a la cocina y se encontró con Resen, una joven dama, casi una niña - Hola Resen ¿Qué ha hecho Ninfa para la comida?- se lavaba ahora las manos y las secaba con un paño limpio-

-Filetes-respondió- al parecer los hombres de su padre estaban muy contentos antier cuando los preparó. Y no solo eso, se atrevieron a pedirle a mamá para el viaje que harán-

-¿viaje?- cuestionó ella sorprendida. Le había dicho a su padre que esperara aunque solo fuera una semana para partir y apenas tenía tres días de haber llegado- En serio que ha perdido la cordura, nunca va a entender-

-Por cierto señorita, esta mañana me dijo que deseaba usted se trasladara a Ginvra, que es importante que esté ahí- ella hizo una mueca, claro que era importante, si se veía en apuros podría ir a la isla y estar bajo la protección de Francia ya que tanto ella como su madre nacieron en ese lugar.

-Si mi madre viviera- soltó ella con resignación- ella podría disuadirlo, yo estoy harta de hacerlo- comenzó a picar algunas verduras- me hace falta- terminó con cierta tristeza- pero bueno, el sabrá lo que hace, no soy su nana, soy su hija y si quiera matarse allá él- Resen le miró algo escandalizada- se lo que vas a decir pero si tuvieras que lidiar con él todo el tiempo me darías la razón- justo en ese momento un hombre entró en la cocina-

-Señorita ¿Esta usted bien? Me dijeron que tuvo un encuentro con el demonio de los mares.

La joven arqueó las cejas, bien decía su padre, pueblo chico infierno grande. Se enteraban de todo en tan solo segundos. En el interior de la cocina guardaron silencio y voltearon a mirarla

- ¡Está herida! ¿Qué le ha hecho ese maldito?- la joven miró su hombro, había olvidado por completo los cortes que le regaló aquella ave-

-No fue él- les contó el incidente- les aseguro que solo lo vi de espaldas, y no se comportó como el demonio del que ustedes hablan.

-Tenga cuidado señorita, dicen que es muy bueno hablando con las mujeres- intervino ahora Ninfa quien escuchando el ruido en la cocina entró. Estaba ocupada acomodando la mesa para los hombres de su patrón- yo le vi una vez, es tan apuesto como malvado, mató a un hombre en la cantina, le atravesó su espada sin compasión alguna, de un solo movimiento-

-Eso no es nada, mi padre ha hecho cosas peores- intervino la joven. Se incorporó y echó la verdura que picaba a una olla en un grandioso fogón-Si ustedes supieran- dijo casi para sí misma- además dejen de hablar del asunto, no estoy herida gravemente, solo la lavaré y colocaré un apósito limpio-

-¡Señorita!- toda la atención se fue hacia una joven recién llegada quien tuvo que tomar aire para poder seguir hablando, se le notaba que había corrido todo el camino hasta la casona desde el pueblo- La señora Vain ya va a tener a su bebé, el médico no está así que necesitamos su ayuda- la joven rápidamente le pidió a Ninfa que trajera un bolso que siempre estaba sobre su cama- como siempre el médico se fue a atender a la esposa de un oficial, solo tiene gripe y…

-Vamos no perdamos tiempo-le interrumpió- ese maldito médico, le pediré a mi padre en persona que vaya a hablar con él para que le ayude a distinguir a quien hay que atender con mayor urgencia-Ninfa le entregó el bolso a la joven y luego ambas jóvenes salieron a toda prisa.

No muy lejos de ahí, en aquella casa enclavada en los acantilados es que él disfrutaba de su soledad. La condesa resultó mas astuta de lo que imaginaba, no quiso hablar con él, probablemente temía por su seguridad, pero aún así no descartó la posibilidad de hacer un trato con él y fue ella quien le citó en su mansión muy temprano por la mañana.

Hacía calor, bebía algo de agua fría en un tazón mientras reposaba en un cómodo diván, lucía solo unos cómodos pantalones de seda mientras la brisa marina le acariciaba el rostro y movía sus cabellos con tranquilidad. Cerró los ojos un momento, adoraba el sonido de las olas al romper con las rocas. El sol bronceaba su piel sutilmente, apenas mandando escasos rayos que pintaban su torneada figura. Una sonrisa se dibujó en su rostro. No podía evitarlo. Recordaba aquella voz que le habló a Dark como si de un pequeño e inofensivo cachorro se tratara.

-Señor-escuchó a Rafael quien se acercaba hacia él –

-¿Has averiguado algo?- el hombre asintió-

-La condesa es una buena persona. Sus empleados no tienen ni una sola queja sobre ella, cuando menos los que están a su servicio en la casa que alquiló. Sobre lo otro, al parecer trabaja de criada en la casa que está del otro lado del pueblo. La que se avista desde aquí-señaló un punto en la distancia. El capitán se incorporó- ¿Porqué tanto interés?- el no dijo nada- El cabello rojizo le recordó algo ¿no es así?- él asintió

-Si, pero también sabes que a Dark no le agradan mucho las personas- cerró sus ojos una vez mas- en fin, será mejor no seguir con esto-

-Me olvidaba, dicen que fue pupila del médico, es una especie de curandera- él volvió a mirarle- tu no le viste el rostro pero yo si, es muy bonita…¿Quieres que….

-No-se apresuró a decir él- algo me dice que esa dama es diferente, no creo que sea como las demás y su comportamiento con Dark lo explica-

-Vamos, solo con una palabra tu harías que ella…- él volvió a negar con la cabeza- Estás raro- soltó de repente- creo entonces que estoy en lo correcto y esa chica te recordó aquella otra, esa que por su culpa ahora tu familia esta muerta y a ti te creen un mercenario-

-¡Basta con eso!- le espetó y esta vez la amenaza en sus verdes ojos fue real- No quiero hablar de ello, no fue su culpa, fue mi decisión- se llevó las manos al rostro y luego al cabello- no fue por ella, fue por mí y eso lo tengo muy claro-

-Aunque lo niegues le guardas todavía algo de rencor, no puedo creer que no estés enfadado con ella

Hawk se incorporó, tomó su camisa que colgaba de una silla y se la colocó y salió de la terraza. Rafael apreciaba mucho tanto a él como a su familia, le dolió todo lo que ocurrió pero debía entender que no se podía cambiar el pasado. El hizo aquello por esa joven, ni siquiera sabiendo si era inocente o no, ahora estaba muerta, que mas daba. Aunque tal vez en el fondo lo que le molestaba es que se sacrificó en vano para que ella estuviera a salvo.

Escuchó unos ruidos que provenían de la planta baja de la casa, se abotonó la camisa cuando vio como un par de mujeres entraban corriendo a toda prisa, llevaban agua caliente, algunas sábanas y paños.

-Disculpa Hanna ¿que está pasando?- atrapó con suavidad la mano de una joven que corría tras las damas, fue tanta su impresión a verlo que sus mejillas se ruborizaron y las sábanas se le cayeron al suelo- Permíteme ayudarte- el capitán las levantó del suelo para luego colocarlas entre los brazos de la joven, ésta no pudo reprimir un suspiro al ver a través de aquel par de botones que el capitán todavía no cerraba y mostraban parte de su pecho-

-Yo… este….- empezó ella a balbucear-

-Tranquila, no voy a morderte- su tono era delicado, hasta sensual- al menos que tu lo quieras- las sábanas se le volvieron a caer de las manos, el sonrió por lo bajo, solo quería que le dijera que ocurría-

-Señor, como dice esas cosas- apenas volvió a hablar la joven-

-Tus sábanas- volvió a colocárselas en los brazos. La mujer deseaba desaparecer para no sentirse tan avergonzada- me dirás ahora que pasa, sabes que todos en esta casa cuentan conmigo para lo que sea- la voz de aquella otra mujer llamándola fue la que la sacó del encantamiento de esos bellísimos ojos verdes-

-La esposa de Vain va a tener a su bebé-le comunicó al capitán-

-¿El médico ya está con ella?- la joven negó con la cabeza- Pero…

-Nos está ayudando otra persona, se fue a atender a un oficial- el joven apuñó sus manos con fuerza-

-En lo que pueda ayudar házmelo saber por favor- la chica se ruborizó una vez mas cuando las manos del capitán tocaron sus hombros con suavidad, corrió hacia la mujer que continuaba llamándole. Hawk miró entonces a Rafael quien le hizo una mueca.

-Una gripe ¿Puedes creerlo? Y la mujer va a tener dos criaturas, en realidad no se como es que nadie se ha atrevido a derrocar a Beckett, a levantar una revolución de una buena vez…- Hawk le miró entrecerrando los ojos-

-Porque eso traería todavía más muerte, lo que se debe hacer es hablar con su majestad- argumentó el joven-

-En eso tal vez pueda ayudarte la condesa Kenzy- volvió a mirar a su viejo amigo- se que tiene una buena posición en la corte y que el rey la conoce- asintió entonces. Sería difícil convencerla, pues él también conocía a otro miembro de la nobleza que se negó rotundamente a interceder por ellos.