Mutat Destination

I

Si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día—John Archibald.

Año 1996, Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Escocia

Draco Malfoy lo había logrado.

Había encontrado la manera para que los mortifagos pudieran alcanzar la entrada a Hogwarts sin el consentimiento del director Albus Dumbledore. Todo gracias a la sangre sucia Granger. Que con su estúpida manía de ser la sabelotodo siempre le otorgo la respuesta y solución a su misión. Por una vez en la vida esa inmunda servía para algo (pobre y patético Draco, lo negaba aun. Oh Draco).

Gracias a la ayuda de la Sala de los Menesteres y la influencia de su padre, había conseguido el boleto de entrada. Uno se encontraba en La Sala que Viene y Va y otro en Borgin y Burkes.

Armarios Evanescentes

Después de un arduo trabajo Malfoy nieto había conseguido antes de lo esperado reparar el armario que se hallaba en Hogwarts. Le había costado todo su tiempo después de clases, pero esperaba que todo valiera la pena. Era un pequeño sacrificio por un gran objetivo: eliminar a la sangre impura, en especial a cierta castaña (pequeño mentiroso).

Luego de informar el logro de su misión, fue rumbo al Gran Comedor donde dentro de poco se serviría la cena. Una de las últimas de ese año escolar. Ya que solo quedaban tres semanas de clases.

En los anchos pasillo se había cruzado con sus compañeros de casa, quienes lo estaban buscando (bella y hermosa hipocresía). Juntos, las serpientes caminaron con su típica arrogancia, comiéndose al mundo a cada paso (oh si supieran que esos pasos están contados), todo mestizo o impuro que se cruzaba en su camino se convertía el objetivo de sus más crueles insultos.

Cuando cruzaron la imponente puerta del Gran Comedor, el rubio divisó a ciertos Gryffindors a quienes miró con odio y rencor. Mantuvo su fría mirada en una castaña que justo en ese momento se cruzaba a la mesa de Ravenclaw a charlar con la Lunática (oh Draco, si la historia fuera otra)

En el otro lado del Gran Comedor, Hermione entablaba una ligera charla con Luna Lovegood, una agradable y amable rubia de quinto. Luna era una chica extraña para muchos, era la burla de toda su casa. Mas Hermione veía el verdadero ser de la chica, Luna vivía en otro mundo, lo que no negaba su increíble perspicacia al sacar el más mínimo detalle sombrío en una simple oración; era curiosa y muy leal. En su boca y alma la hipocresía, la falsedad, no encontraban lugar. La Gryffindor amaba el ser puro que representaba, a pesar de todo, una sonrisa alumbraba su rostro. En esos momentos, ella le contaba a Hermione historias y criaturas que la Gryffindor jamás imaginó.

Decidió cenar en ese lugar, ya que ninguna regla prohibía aquello, más bien todas fomentaban la interacción entre las casa e intentaban dejar de lado el odio innato que había, en especial entre los Leones y las Serpientes.

Luna le contaba de las criaturas que conocería en su próximo viaje a Rusia junto su padre, le hablaba de pequeñas criaturas verdes con narices negras que ponían de mal humor a los árboles. Hermione rodó los ojos cuando giró y miró a sus amigos haciendo una competencia de quien tomaba más rápido el jugo de calabazas.

Niños— pensó la castaña mientras observaba a Ron ahogarse y escupir el jugo sobre Neville, quien por lo que suponía la castaña se movía del asco. Dean y Seamus se reían con locos, golpeando la mesa con los puños. Harry le pegaba a Ron en la espalda esperando que el pelirrojo dejara de toser y por ende escupir la comida. De forma fugaz, el ojiverde la miró y le mando una cálida sonrisa a Hermione, quien de inmediato volvió la vista a Luna rogando que Harry no viera su sonrojo (oh pobre Hermione, pronto el vacío no estará)

En pocos segundos el ambiente general de alegría se fue, llegando un momento donde la mayoría de los alumnos temió por su vida.

10 minutos antes, Sala de los Menesteres

Bellatrix Lestrange miraba el lugar con asco, filas y filas de mugre. El Salón se encontraba repleto de todo lo que uno se pudiese imaginar. Pateó con frustración algunos cachivaches que se cruzaban en su camino.

Veía como todos los mortifagos llegaban gracias el Armario Evanescente, ansiosa aguardaba a la llegada de su amo. Bella en su mundo lleno de locura amaba a su señor. Lo admiraba por su talento e inteligencia, además que gracias a él podría matar a todos los inmundos muggles y había una sangre sucia entre sus ojos, nunca se olvidaría su mirada desafiante. La haría pagar, tal vez los locos Longbottom tuvieran una amiga en el futuro.

De pronto, un joven que no aparentaba más de 25 años con una sedosa cabellera negra y unos penetrantes ojos azules oscuro llegó. Un hombre manipulador que junto con su belleza y mente atraía a todos, algo peculiar y peligroso.

Un hombre autollamado Lord Voldemort.

Se físico había cambiado rotundamente desde su vuelta hace dos años. Gracias a la magia oscura había podido recuperar su forma humana.

Todos los mortifagos se encontraban reunidos en la sala pensando el porqué de la sorpresiva acción de su señor. Hace unas apenas horas el Señor Tenebroso había conocido del éxito de uno de sus más jóvenes mortifagos y había creado nuevos planes de atacar Hogwarts. Según el plan original, ellos atacarían el primer día del próximo año electivo, el decir el primero de septiembre.

Entre suposiciones llegaron a la conclusión de que su señor no quería que el niño Potter obtuviera su mayoría de edad, ya que sino seria legal utilizar magia fuera del colegio.

Claro que todos estaban de lo más equivocados.

Como era costumbre en Tom Riddle, siempre había segundas intenciones entre las sombras. Siempre buscando algo más, años de búsqueda, años de ella. Más significativo que todo para Tom (Oh Tom, si supieras).

Dulce diosa ¿Dónde estás? Te busqué en tu paraíso y alguien ha osado profanarlo. Oh bondadosa Diosa; Autólico, Caco, Tántalo, ni el mismísimo Hermes, se hubieran atrevido a sacarte de tu edén.

Oh Diosa, Albus Dumbledore fue el culpable.

Con esos pensamientos caminó decidido hasta el frente de todos sus lacayos y dio la orden de proseguir. Todos juntos, con él al frente, salieron de la Sala, caminaron a paso rápido por los tan conocidos pasillos hasta llegar a su punto final. El Gran Comedor. Al llegar, con un leve movimiento de la muñeca de Lord Voldemort, la puerta principal se abrió de forma violenta. Muchos recuerdos de ese lugar lo chocaron, recordándola y extrañando su presencia.

Varios gritos de miedo y asombro se escucharon, excepto por valientes Gryffindors y cierto grupo de Slytherin (que sudaban en frio intentado guardar la compostura).

Lord Voldemort giró y caminó altivamente entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw disfrutando los pequeños temblores de los alumnos que lo miraban con pavor. Una leve sonrisa se formo es su cara, una llena de maldad pero que a la vez era atrayente y atractiva.

Al final de pasillo el director Albus Dumbledore miraba a todos con resignación. Sabía que ese momento llegaría, era de esperarse. Tom le llevaba el odio, la tenacidad y por extraño que sonara el amor. Albus se sorprendía de que su plan tuviera éxito tantos años. Claro estaba que Tom Riddle no buscaba a Harry Potter. Tom esperaba llegar mediante su persona a una singular castaña.

Voldemort mantenía la vista en un punto fijo: Albus. Aunque Tom fuese excelente en ocultar hasta la más mínima expresión o sentimiento, esta vez quien osara mirarlo podría presenciar una mezcla de odio, rencor y repugnancia en su bello y perfecto rostro. Su mirada fue interrumpida por cierto Gryffindor que en pocos segundos se había parado, este lo miraba con odio y desafío (oh Potter, tenlo mientras pueda; la valentía no es aceptada entre los sobrevivientes)

Para espanto de todos, la escena que se contemplaba allí era inolvidable.

Observaron como el audaz Tom Riddle en pocos segundos tenía su varita en la frente de un Harry desarmado y aunque nunca admitiría miedoso (te lo advertí). Varios jadeos de sorpresa y miedo se escucharon. Voldemort miraba a todos altivamente mientras apuntaba a la esperanza de todo el mundo mágico. Cuando este iba a mandar una imperdonable al niño que vivió, sintió una varita clavándose en su cuello. Los mortifagos miraban estupefactos, sin poder intervenir en la escena.

—Aléjate de él, monstruo— Tom escucho una suave voz detrás de él, néctar para sus oídos; una voz que extrañaba y conocía muy bien. Con rapidez, el mago empujó al Gryffindor, quien cayó en la mesa tirando toda la comida. Ágilmente se dio la vuelta para encontrase frente a una Hermione Granger furiosa que lo miraba con odio. Sintió una gran felicidad atravesar su cuerpo. Para la sorpresa de la Gryffindor, con un movimiento de la muñeca de él y en instantes tenía su varita, Hermione se asombró por la agilidad y destreza que tenía con la magia no verbal.

De un segundo a otro Voldemort con un elegante movimiento dejó petrificados a todos, exceptuando a sus mortifagos y a la castaña. Guardó la varita de la bruja y le cogió del codo con delicadeza, miró a Dumbledore con una mirada triunfante, quien al estar petrificado no podía hacer más que observar la escena con impotencia y cansancio.

Pocos de los mortifagos ya habían salido de su efímera parálisis debido a la sorpresa y miraban con engreimiento y asco a algunos alumnos en especial.

Bellatrix rápidamente se dirigió a su señor, mirándolo con orgullo y admiración para luego pasar su vista a la sangre sucia amiga de Potter que estaba con él, trasformando su mirada a una de asco y desprecio. Aunque en su retorcida mente imaginaba lentas torturas para la mocosa amiguita de Potter.

—Mi señor, sería un honor para mí torturar a la sangre sucia Granger. — se inclinó y miro con maldad a la castaña. De pronto sintió miles de cuchillas atravesar su cuerpo causando un increíble sufrimiento, sabía que se debía a un maleficio Cruciatus. Aunque fuera diestra soportando dolores y torturas el maleficio era tan potente que la había dejado tirada en el piso, un agudo grito se le escapó. Luego de unos minutos sintió que esa agonía se alejaba y logró levantarse, sin dejar de tambalearse se sostuvo de uno de los alumnos petrificados. Cuando posó su vista al frente vio a su señor con los ojos rojo carmesí y con un odio que era palpable, dirigido a ella. Bella se asustó pensando que había hecho algo inapropiado, generalmente cuando ella se ofrecía a torturar a algún inmundo muggle el Señor Tenebroso le miraba complaciente.

Tom la miró con desdén, luego movió la mano en señal de que sus mortifagos se llevaran a Bellatrix lejos de su vista. Le hubiera encantado matarla en ese mismo lugar por haber insultado a su diosa, mas, a pesar de su horrible acto, sería una gran pérdida ya que era ágil en batallas y además la mortifaga más leal a él.

Luego de ese momento, Tom posó su mirada en la castaña había estado tensa en todo momento, quien lo miraba con odio y al mismo tiempo con temor. La observó atentamente, no había cambiado nada desde el momento que la vio irse. El momento cuando se la quitaron de su vida haciéndola miserable, decidió dejar esos pensamientos de lado ya que terminaría matando a la única persona capaz de traer de nuevo a su Hermione, a su dulce diosa (oh desdichado Tom).

Observó esas hermosas y pequeñas pecas que rondaban su nariz, las que había contado por muchas noches. Esos grandes ojos miel con tonalidades verdes donde el ex—slytherin se perdía. Aunque el brillo puro y curiosidad en ese momento se viera opacado por el miedo y recelo que reflejaban. Luego observó su cabello que estaba atado en un rápido moño, Tom deseaba tocarlo en ese momento comprobando la suavidad que se mostraba a simple vista, pero se contuvo, en vez camino lentamente fuera del Gran Comedor guiando a una impactada Hermione. Sus mortifagos que no se habían movido de la puerta dieron varios pasos atrás dejando el camino libre para su señor.

—Nott. — dijo seco, un hombre bajo y relleno se puso atrás de Voldemort, si no fuese por la máscara que ocultaba su rostro todos podrían divisar mucha confusión y temor.

Tom agilizó el paso sobresaltando a la Gryffindor que iba perdida en sus pensamientos. Él caminó por los conocidos pasillos hasta llegar a uno oscuro y desconocido para la castaña donde de la nada apareció una gran curva de piedras con variados tonos de marrón, en el centro una ancha puerta de vidrio con pequeñas y finas curvas de hierro, que parecían serpientes que se entrelazaban, lograban bellas figuras, la puerta estaba contorneada por exquisitas líneas rectas de hierro en negro. Hermione aprecio esa obra de arte que lentamente se abría dejando a la vista una sala. Voldemort le ordenó a Nott que se quedara afuera.

La sala era simple y elegante; una bella chimenea adornada con las mismas piedras que Hermione había visto en la entrada, un juego de sillones color rosado pastel que a la vista se veían muy cómodos y una mesa ratonera marrón oscuro. Vio un bello espejo que flotaba en la pared y debajo una ancha mesita musical. En las paredes había muchos cuadros del mismo tamaño donde se encontraban varias parejas. Comenzó a verlas desde la izquierda a la derecha, vio a un hombre alto y con una larga barba, que fácilmente podría competir con la de su director, junto con una joven pelirroja con mirada triste; luego un hombre pelirrojo que miraba con amor a una castaña a quien tenía abrazada, y siguió observando los cuadros atentamente, supuso que los primeros eran los padres, el siguiente su descendencia junto a su pareja y así sucesivamente.

Le llamó la atención el penúltimo cuadro, una bella mujer rubia que entrelazaba su mano con un apuesto hombre quien la miraba con infinita ternura. Les pareció familiar, entrecerró los ojos buscando alguna pista.

Y el último cuadro la impactó, dio instintivamente unos pasos atrás asustada mas unos fuertes brazos le impidieron retroceder. Tom que se había queda observando a la chica mientras inspeccionaba la habitación olvidando su presencia la sostuvo viendo cómo se llegaba a marear y casi desmayar.

En el cuadro aparecía ella, atrapada por detrás por dos brazos de un apuesto joven quien la miraba con cariño. Le impacto esa enorme sonrisa que adornaba la cara de ella o ¿suya? Se asustó cuando se dio cuenta que ese joven de cabello negro y penetrantes ojos azules era quien estaba junto a ella en ese mismo momento (oh diosa, a tu mundo volverás).

¡¿Qué rayos pasaba allí?!

De pronto la castaña comenzó a ver todo borroso y escuchar unas extrañas voces que decían su nombre. La oscuridad la abrazó y ella la recibió gustosa sintiendo que unos familiares brazos la acogían (pero antes deberás atravesar el inevitable infierno y el dulce purgatorio, oh suave diosa, te espera una gran travesía junto a tu Virgilio. Tu paraíso te espera).