Diciembre 21, 1934.

—Blossom, abre la puerta, por favor... —pidió la mujer suavemente a su sobrina.

"¿Cómo pudo haber ocultado eso tanto tiempo?", era la pregunta que rondaba la cabeza de la niña una y otra vez, mientras apretaba su almohada contra su pecho y las lágrimas caían como cascada. Desde hacia meses sus padres habían llamado a su tía avisándole que próximamente irían por su amada hija y se la llevarían a Londres, para estudiar una buena carrera en un internado de mujercitas. La mujer nunca tuvo las agallas para decirle, pues sabía lo feliz que la pequeña era, y eso significaba como arrebatarle esa felicidad.

—Blossy, querida, por favor...

Hasta hace sólo una hora, los padres de la ojirosa volvieron a llamar... avisando que se llevarían a su hija cuanto antes. Avisando que estaban en camino.

"Ni siquiera los he visto desde que tengo memoria, ¿quiénes se creen?"

—Blossom... —fue un tremendo error no haberle dicho desde antes. Escuchó el andar de los zapatos de la niña dirigiéndose a la puerta, y luego de que la abriera la vio ahí, con sus largas pestañas empapadas y los ojos llenos de tristeza.

—N-no quiero...

Fue lo único que pudo pronunciar antes de que las lágrimas volvieran a caer con fuerza. La mujer sólo atino en entrar a la habitación y abrazar a la niña.

—Sé que debí habertelo dicho desde antes, pero simplemente no podía —la niña se sorbió la nariz y se talló los ojos.

—Pude haberme despedido desde hace tiempo... ya no tendré tiempo para hacerlo.

—No sabemos a que hora llegarán tus papás. ¿Por qué no vas y te despides ahora mismo? Yo haré tu maleta —la niña abrió los ojos, alarmada.

—P-pero son casi las doce de la noche, no puedo. Estarán todos dormidos, ¿y si llegan en la madrugada? ¿Y si llegan en una hora? ¡O m-menos! —la mujer tan sólo veía a su sobrina con preocupación.

—Intenta encontrar a tus amigos y despídete, cielo. Ya no hay tiempo.

Abrió sus ojos rosas como platos, y corrió escaleras abajo. Bellum sólo escuchó la puerta prinipal cerrarse.

"Esto es una pesadilla.", pensaba, mientras se dirigía al Orfanato.

Era obvio que no podría despedirse de Bubbles. Era apenas una niñita, ella debe estar durmiendo como oso bebé, y no quería despertarla. Aún siendo la bebé más molestosa, la extrañaría mucho. Sea cual sea el tiempo que no la vea, y que no esté con ella.

Llegó al lugar. Era una especie de mansión, con una fachada algo vieja y hogareña. Subió las escaleras del pórtico y giró la perilla de la gran puerta, pero estaba cerrada. Trató de calmarse un poco, estaba muy alterada. Dio una fuerte exhalación, y tocó la puerta un par de veces.

"Por favor, alguien."

Esperó unos segundos, y nadie abría. Entonces volvió a tocar la puerta, más fuerte y más veces que antes. Siguió esperando y... nada aún.

—¡Abranme, por favor! —gritó, ya sin importarle si despertaba incluso a Mandy la enojona. Tocó unas cuantas veces más, y vio cuando las luces del salón principal se encendían.

—¡Dios! ¿Estás perdida? —dijo una señora robusta y algo baja, envuelta en una bata. Cuando vio quien era, su semblante se relajó—. Ah, si eres sólo la pequeña Blossom. Ve a casa querida, ¿o no estarás perdida en serio?

—No, señora Marie, vine a... vine a ver si estaba Buttercup despierta —dijo, con la voz algo quebrada. La señora le dio una mirada: tenía el rostro con obvias pruebas de que había estado llorando. Y eran casi las doce.

—¿Segura que estás bien? Mira la hora que es, ¿nadie te hizo daño?

—¿Están mis amigos despiertos? Por favor, es urgente —la mujer la miró con desconfianza.

—Vamos a llevarte a casa, cielo. Esto está muy sospechoso...

—¡Estoy bien, señora! ¿Están despiertos mis amigos? ¡Es urgente! —la señora Marie se pusó roja de la sorpresa. ¡Nunca antes le habían rezongado de esa forma tan...!

—¡No es tiempo para que venga a jugar, señorita! Ahora, iremos a tu casa y le explicaremos de esta situación a tu tía —tomó bruscamente a la niña del brazo y salió del edificio.

—¡No, espere, necesito hablar con mis amigos! ¡Señora Marie, espere! —comenzó a forcejear su agarre, mientras intentaba entrar al lugar con todas sus fuerzas. Como última salida, le dio un manotazo al brazo de la señora.

—¡Au! ¡Mocosa! —gritó, y Blossom entró corriendo al orfanato. El salón era muy grande, y había una sala de espera a la derecha. Había un gran escritorio, y un pasillo en medio del lugar por el cual había muchas puertas. A la izquierda, se encontraban unas grandes escaleras, que daban al segundo piso en donde se encontraban las habitaciones de los niños huérfanos.

—¡Buttercup! ¡Butch! ¡Alguien! —gritaba, mientras subía las escaleras lo más veloz que podía.

—¡Despertarás a los niños, mocosa grosera! ¡Cállate! —se escuchaba desde abajo la voz de la robusta mujer, enfurecida a no más. Blossom volteó hacia atrás en un acto de miedo al escuchar a la señora enojada, y sintió un fuerte golpe contra algo... o más bien, el pecho de alguien. Sintió también como unas manos la tomaban de los antebrazos, y la obligaban a dejar de correr.

—Blossom, ¿qué haces aquí? —escuchó que decía la voz del idiota número uno.

—Me voy —fue lo único que se le ocurrió decir.

—¿Eh? —"no quiero, no quiero irme."

Las lágrimas caían de nuevo. Dios, no en frente de ese ingrato. Lo miró a los ojos... Dios, así menos.

—Blossom, tranquilízate...

—¡Esa niña me va a escuchar...! —en cuanto subió completamente las escaleras y vio la escena, la mujer guardó silencio. Esa niña estaba más loca que Lumpkins por Bellum.

La pelirroja no podía articular ni siquiera una palabra, y ya no tenía tiempo. Trataba de calmarse, pero simplemente no podía. Hasta que el niño que tenía enfrente la abrazó para que se tranquilizara, pudo por fin hablar.

—M-me voy a Londres. En un rato —decía, en el hombro del niño. Éste no entendía nada, y la señora gorda menos—. Vine a despedirme.

—¿Hablas en serio? —dijo en cuanto la soltó.

—¿Crees que si fuera broma estaría aquí a las doce de la noche dejando que un mocoso como tú me vea llorar?

El pelirrojo guardó silencio, mientras la niña se tallaba las lágrimas.

—¿Cuándo volverás?

—N-no lo sé, Brick, ¿por qué crees que estoy tan alterada? Tal vez vuelva en unas semanas, o unos meses, o tal vez nunca vuelva, ¡No sé, me acabo de enterar que me iba hace una hora!

—¡Pero cállate, por Dios! —soltó, algo nervioso. "Gracias Dios. De los amigos más inútiles que tengo, me pones a éste inepto en un momento tan crucial como éste. Gracias."

—¿En serio te vas ya?

—¡Que sí! —el ojirojo no sabía que decir. Sentía el hombro de su pijama algo húmedo, por las recientes lágrimas que le dejó esa niñata, y un vacío en el corazón. Pasaron unos segundos, cuando habló.

—Y-yo... te extrañaré, Blossom. Mucho —la niña evitaba con todas sus fuerzs no volver a llorar—. Le diré a estos ñoños cuando despierten... pero te extrañaremos mucho. No sé como vayan a reaccionar.

—Espero que no se lo tomen muy mal —Brick estaba que se moría.

—Sí, yo igual —tragó en seco, y abrazó fuerte a la pelirroja—. Adiós, rosita.

—Adiós... rojito.

Cuando terminó de despedirse recibió una buena maltratada de la señora Marie, y aunque al principio creyó que no habría valido la pena al encontrarse con Brick, en ese momento, de camino a su casa (que en unos momentos ya no sería suya), sabía que había sido lo mejor que le pudo haber dejado su tía que hiciera.

Cuando llegaron al lugar, la señora le contó todo lo que había sucedido en su orfanato. Desde la sospecha y la rezongada, hasta el adiós.

—Tu maleta ya está lista, cariño —dijo la hermosa mujer, cuando la señora ya se hubo ido—. Ve a dormir. Yo te despertaré cuando lleguen tus padres.

No había sido muy necesario, pues a los veinte minutos de haberse siquiera dormido, su tía tocó la puerta de su habitación... Era la hora de dejar su hogar.

Un hombre delgado, de cabello castaño y ojos marrones, y una mujer, con curvas, cabello castaño rojizo y ojos azules eran sus padres. "Encantada de conocerlos."

Subió al auto mientras su padre subía sus maletas a la cajuela. Minutos después, subieron los dos adultos al coche, y arrancó.

La pelirroja miró por la ventanilla trasera como el pueblo se alejaba cada vez más. ¿Cuándo volvería a ver a sus seres más queridos? ¿Cuándo volvería a su hogar?

Desde la ventana de un viejo orfanato, un niño de ojos rojos veía un coche partir. Junto con una parte de su vida.


¡Hola! Regresé a esta historia daksdh. Espero que les haya gustado el capítulo. Review?

Se despide con amor, Nadia.