Capítulo 2: Corazón frágil
Una luz brillante y dorada inundaba la sala. Matsumoto abrió los ojos lentamente, tratando de reconocer dónde se encontraba, mientras retiraba la sábana. Entonces, una batería de imágenes de la noche anterior inundó su mente adormecida. Sintió un pinchazo en el pecho, y se preguntó qué había pasado después de que se durmiera. No podía haberla llevado hasta allí, su capitán habría intentado acabar con él. Tal vez ni siquiera había estado con él y todo había sido un producto de su imaginación. O no. Antes de que unas lágrimas amargas aflorasen de sus ojos, un rostro risueño inundó su campo de visión.
- Rangiku-san¿estás bien?- Orihime estaba preocupada.- ¿Fuiste a algún lado anoche? Cuando me fui a dormir, vine a darte las buenas noches, y no estabas...
Matsumoto se incorporó de golpe y sacudió la cabeza. El corazón se le había acelerado. ¿Y si era verdad¿Habrían capturado ya a Gin? El solo hecho de pensar en su nombre la ponía más nerviosa aún. De cualquier modo, como no sabía si era real, era mejor no dar una falsa alarma.
- Ah...- pensó una excusa rápidamente.- Simplemente fui a dar una vuelta.
- Karakura es muy tranquilo¿verdad? – Orihime asintió, sonriendo.
Alguien entró en la habitación, comiendo una manzana.
- ¡Taichou! – exclamó Matsumoto, saliendo del futón inmediatamente.
Hitsugaya se detuvo un instante para observar a su teniente, y entonces se agachó para recoger algo del suelo.
- ¿Otra vez, Matsumoto?- ligeramente molesto, observó la botella con detenimiento y leyó la etiqueta en la que ponía: "sake".- No me parece un momento adecuado. Sabes que tenemos asuntos pendientes.
- Lo sé, taichou.- Matsumoto se inclinó hacia delante, pidiendo disculpas.- Lo siento, me dejé llevar. Le prometo que no volverá a suceder.
- Confío en ti, Matsumoto.- Hitsugaya relajó el rostro, y le dio un último bocado a su desayuno para terminar.- Pero será mejor que te vistas ya, o vamos a llegar tarde.
Orihime, que había escuchado la conversación atentamente, miró su reloj y, confirmando que solo disponían de diez minutos para llegar al instituto, salió disparada por la puerta.
- Rangiku-san, Toushirou-kun¡os espero por el camino!
El capitán y la teniente intercambiaron miradas de complicidad. Enseguida la alcanzarían, podían doblarla en velocidad. Matsumoto no tardó ni cinco minutos en vestirse, y su capitán ya la esperaba en la puerta de la casa. Enseguida echaron a correr, y durante un buen rato no intercambiaron ni una sola palabra.
- Estás rara.- Hitsugaya miró a su teniente.- Normalmente estarías hablando sin parar de las cosas nuevas que aprendes de este mundo.
- Sí...- Matsumoto no sabía qué decir. No podía soltarle todo de repente a su capitán, pero ya había metido la pata.- Bueno, taichou, es que no he dormido muy bien.
- Y tienes resaca¿no?- Hitsugaya la regañaba como si fuera su propio padre.- Por eso no bebo, es una total pérdida de tiempo.
- ¿Tan joven y ya lo ha probado, taichou?- Matsumoto trató de bromear para quitarle peso al asunto.
- No.- el capitán fue rotundo.- Y espero no tener que hacerlo nunca. Como he dicho, no quiero perder el tiempo. – Esbozó una sonrisa.- Pero tú sabes que puedes hacer lo que quieras.
Matsumoto fue a responder a su capitán, pero justo en ese instante oyó una voz a lo lejos, que la sacudió e hizo que se parase en seco.
- Esta noche...- repitió Matsumoto.- Otra vez...
Hitsugaya, que la había adelantado, volvió sobre sus pasos y se acercó a ella.
- ¿Ocurre algo?
- ¿No lo nota?- Matsumoto estaba atenta a cualquier movimiento irregular que se produjera a su alrededor, mientras buscaba un reiatsu en especial, sin resultado.
- ¿El qué¿Te encuentras bien?- Hitsugaya estaba comenzando a preocuparse.
- No...- Matsumoto se sentía abatida. Si no era su imaginación, algo grave estaba a punto de ocurrir. Pero, de nuevo, decidió confiar en que había sido una jugada de su subconsciente.- No es nada... solo me duele la cabeza.
- ¿Quieres volver a casa?- la preguntó su capitán.
- No, no importa.- estar sola en casa era lo peor que podría hacer; no quería darle vueltas a todas sus hipótesis.- Vamos a clase, no lleguemos tarde.
Durante el resto del día, Matsumoto estuvo intentando distraerse con cualquier cosa para no pensar en el tema, incluso estuvo atenta en clase, cosa que nunca hacía, pero no pudo evitar que en algunos momentos la duda de qué iba a suceder esa noche la asaltara de repente. Su mente, fría, la aconsejaba que contase todo a sus compañeros, fuera verdad o no, para que, de todos modos, estuviesen alerta. Su corazón, ardiendo, impedía que dijese nada, herido por la pasión y celoso de su secreto. La verdad era que se sentía como una idiota. Jamás se comportaba así. Pero él había tocado su punto débil. No; él era su punto débil.
Armándose de valor, después de cenar, se puso un vestido que había tomado prestado de Orihime y, cogiendo un aparato para ponerse en contacto con su capitán en el momento indicado, salió por la puerta de la casa. Se dispuso a seguir el mismo camino que había seguido la noche anterior, el cual recordaba a pesar de su embriaguez.
- ¿A dónde vas, Matsumoto?
Se giró de golpe y pudo ver a su capitán, que bajó del tejado de un salto para colocarse frente a ella. Esperó una respuesta mientras miraba a su teniente con los brazos cruzados.
- Voy a dar un paseo.- Matsumoto trató de sonar convincente, y así pareció.- Me he llevado mi comunicador por si sucede algo, así que esté atento al suyo, por favor.
- De acuerdo.- Hitsugaya asintió con la cabeza.- Ten cuidado. Sabes que últimamente todo está bastante agitado.
Matsumoto observó cómo su capitán se sentaba de nuevo en el tejado de la casa de Orihime y, confiando en que no la iba a seguir, y en que si así lo hiciera reconocería su reiatsu al instante, prosiguió su trayecto.
Observó bien cada calle, de un lado a otro, en busca de algo que evidenciara si había imaginado aquel mensaje o no. No necesitó ir demasiado lejos para que la prueba se mostrara por sí misma, esta vez a la luz amarilla de una farola.
- No has tardado, justo lo que esperaba de ti. – Sonrió divertido.- Sabes guiarte muy bien por tus instintos, Rangiku.
Nota: Gracias a Nana Matsumoto por el comentario Espero que te haya gustado este capítulo
