No había pasado ni una semana desde la fiesta, donde conoció a Bellamy Blake, un joven guardia que estaba de servicio entonces. Aquel chico la había cautivado de alguna manera. Sin embargo, la joven se había obligado a no pensar en él.
Pero cuando, al quinto día de haberlo conocido, se lo encontró en uno de los pasillos de Phoenix, le dio un vuelco el corazón.
—Vaya, vaya... —sonrió Bellamy cuando la vio y se acercó a ella—. Pero si está aquí la chica misteriosa.
Ella no pudo evitar sonreír. Era extraño que él la hiciera reír tan fácilmente, incluso sin apenas conocerla. Hacía ya varios meses que no sonreía.
—Es raro verte sin el uniforme.
—Bueno, los guardias también tenemos vida propia —bromeó, haciéndola reír de nuevo. Hubo una pequeña pausa mientras él la miraba, hasta que Bellamy rompió el breve silencio—: ¿Te encontraste al capullo ese? —su tono era de broma, como si intentase hacerla reír. Y de nuevo lo consiguió.
—Bueno, lo vi de lejos. Pero, gracias a Dios, no se atrevió a acercarse —su expresión se había vuelto fría, pero inmediatamente se relajó y bromeó—. Si sabe lo que le conviene, no lo hará.
Bellamy soltó una carcajada que a la chica le encantó.
—Creía que eras distinta, Clarke Griffin —dijo el chico después de unos segundos de silencio, con una mirada profunda y una sonrisa en el rostro.
—¿A qué te refieres con...? —de pronto abrió los ojos muy sorprendida—. Espera un momento, ¿sabes quién soy?
—Por supuesto que lo sé. Y lo sabía en la fiesta —añadió antes de que ella lo interrumpiera—. Tu madre es la médico jefe del Arca y tu padre... —pensó bien las palabras antes de continuar—..., bueno, tu padre era el ingeniero más importante del Arca.
Clarke hizo una mueca de dolor ante el recuerdo de su padre. Había sido flotado por traición. Pero apartó rápidamente ese pensamiento de su mente; no quería pensar en ello en aquel momento.
—Aquí te conoce prácticamente todo el mundo, princesa —dijo él cambiando de tema para intentar animarla. Y le dedicó una de sus sonrisas que tanto le irritaban pero, a la vez, le gustaban. Una sonrisa arrogante.
El rostro de Clarke cambió de nuevo y dejó escapar una cálida sonrisa. Le gustó cómo la llamó; no sonó a burla ni nada parecido ni como si se estuviese metiendo con ella. Todo lo contrario: fue agradable. Y, extrañamente, empezaba a sentirse a gusto con él, a pesar de esa arrogancia y chulería suyas que mostraba la mayor parte del tiempo. Y hacía meses que no se sentía a gusto con nadie; ni con su madre, ni con sus amigos...
—Así que ya sabías quién era cuando me preguntaste en la fiesta cómo me llamaba —era más una afirmación que una pregunta. Clarke nunca lo admitiría, pero aquel chico la hacía sentir bien.
—Bueno, así era más divertido —le dedicó una sonrisa traviesa. La chica se río brevemente. Nunca había conocido a nadie como él—. Y creo que a ti no te vendría mal un poco de diversión —dijo, y le guiñó un ojo—. Si es así sólo tienes que pedirlo.
Clarke vio asomar en el rostro de Bellamy esa sonrisa suya, arrogante y engreída. Era frustrante y molesto lo mucho que le gustaba su sonrisa. Pero eso jamás se lo diría.
—Más quisieras —dejó escapar una breve risa divertida. No sabía por qué le estaba siguiendo el juego.
—Bueno, no te creas —una sonrisa pícara se reflejó en el rostro del chico, quien alzó una ceja—. Muchas chicas suspiran por mí —la miró a los ojos y dijo—: Soy un don Juan rompecorazones.
La joven no pudo evitar soltar una carcajada alegre. El chico era muy atractivo y guapo. Y su chulería y arrogancia lo hacían aún más deseable y seductor; cierto. Sin embargo, escucharlo de su propia boca era muy divertido.
—Eres un engreído —sonrió Clarke, divertida.
La sonrisa del muchacho se ensanchó aún más.
—Tal vez. Pero no me falta razón —otro guiño por parte de él y otra sonrisa por parte de ella—. Así que ya sabes, princesa: yo soy tu hombre —dijo con su sonrisa engreída.
Clarke dejó escapar una risa suave que a Bellamy le encantó. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a ponérselo fácil. No hacía mucho le habían hecho mucho daño; había alzado un muro alrededor de su corazón y no tenía intención de derribarlo.
—Bien —le sonrió con una pizca de picardía y le dijo—: Si de verdad tienes tanto interés en hacerme pasar un buen rato y hacer que me divierta... ya encontrarás la forma —y, sonriendo, siguió su camino hacia adelante, alejándose.
Bellamy se dio media vuelta y se quedó mirándola con una sonrisa hasta que ella desapareció de su vista. Realmente parecía una chica muy interesante y misteriosa, a pesar de saber quién era.
Y eso le gustaba.
