Cronopios del autor: Hahahaha dije que iba a subir hasta el 25 pero verán, terminé por sucumbir al mal de la redacción y quedó extremadamente largo el capítulo, así que por ser casi mi cumpleaños (es el 26 de diciembre, por cierto, heh), decidí darles un capítulo hoy y otro el 25, más bien la segunda parte, va muy de la mano con este capítulo, será como una especie de "bonus".
Muchas gracias a las personas que leyeron el primer capítulo, a los review (no me los esperaba, abajo están unas palabritas), a los follows y a los favorite, de verdad que me hicieron cochinamente feliz. En fin, los dejo leer.
Advertencia: Spoilers.
Descarga de responsabilidades: Noragami y sus personajes, así como algunos términos le pertenece a Adachi Toka, esta historia no pretende lucrar con ellos. La historia original donde se ven involucrados es una invención total de mí.
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Forjadores de la fe.
Por St. Yukiona.
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Capítulo 2: Tú eres Yaboku, y este es el mundo.
La chica miraba como el nene comía con desesperación todo lo que le ponía enfrente, como había sucedido en otras ocasiones con Yato, Yukine y cualquier ente celestial, sus padres no habían cuestionado la presencia pues no la percibían, sólo un poco su madre que le había cuestionado por cuál programa de televisión estaba viendo puesto que acusaba de haber percibido la risa de un niño, pero nada más allá. El moreno no había abierto la boca más que para pedir más agua y más comida, Hiyori sólo había obedecido, y se preguntaba cómo es que procedía todo eso; es decir sabía que era Yato, ese agradable aroma lo delataba sin contar los preciosos ojos polares de los cuales se había prendado. Pero, ¿por qué la miraba con cierto temor y apartaba la mirada antes de poder hablar?
Veía como los tiernos labios infantiles se entreabrían pero no emanaba ningún ruido.
Había una terrible opresión en su pecho nacida desde que descubrió al niño llorando entre sus brazos, por un lado Yato había logrado de reencarnar, pero el sonriente dios de la calamidad con el que ella se había encariñado había desaparecido para siempre. Cubrió su rostro, ¿dónde estaba Yukine para resolver esa horrorosa confusión que sentía?
-¿Vas a volver a llorar? –preguntó la voz infantil del dios, sus ojos azules estaban clavados en una bola de arroz rellena de judía roja, sus manitas apenas lograban sostener el alimento.
-¿Qué?
-Desde… desde que me trajiste aquí estás llorando, todo el camino lloraste ¿tienes miedo? –interrogó por fin alzando la mirada. Hiyori tragó saliva, su dios estaba y no estaba en el rostro que lo miraba.
-Sólo estoy –tragó saliva limpiando la comisura de sus ojos-, sólo estoy feliz de que estás aquí.
Los ojos azules del menor se abrieron desmesuradamente mientras jadeaba dejando la comida de lado, pasando por encima de la charola y acordando la distancia hasta llegar con la universitaria a la cual cogió de los hombros aprovechando que ella también estaba hincada.
-¡¿Entonces sabes quién soy?! –el tono del menor tomó por sorpresa a la castaña que no pudo evitar pasar un trago de saliva por su garganta al ver el rostro del menor que se iluminaba ante la revelación-. ¡¿De verdad sabes quién soy?! –volvía a preguntar con la incertidumbre recorriéndole las venas-. Yo… no estoy… no sé… no estoy seguro… -bajó la mirada soltando a Hiyori que seguía en silencio mirando atónita a ese Yato que no conocía, al que conocía sólo en recuerdos que había hurtado en algún momento en las memorias de su Yato, ese Yaboku triste y confundido que se abrazaba haciendo pucheros amenazando con romper a llorar. Ese Yaboku al que Sakura le había enseñado la parte hermosa de la vida.
"Enseñar"
Pensó de inmediato.
-Yo sé quién eres –dijo Hiyori sosteniendo al niño por los hombros-. ¡Yo puedo verte! ¡Yo no me iré de tu lado! ¡¿Vale?! –agregó con desesperación mientras que lo cargaba y salía por pie corriendo de casa, aferrando al nene envuelto en un bulto de mantas y abrigos, pues afuera nevaba.
Recorrió ansiosa las calles y terminó por pedir un taxi. Abordando de inmediato y escondiendo en medida al menor contra su cuerpo, sin embargo, desatendió un instante al pequeño cuando el taxista pidió una dirección a la que ir, empezaba a dudar si dirigirse con Tenjin o algún templo sucursal de Ebisu. Yaboku parecía excitado con la cantidad de luces que aparecían ante sus ojos detrás del vidrio del auto que recorría las calles decoradas con ornamentos de navidad, colándose fuera del nudo de tela al que la chica lo había sometido para gatear en dirección a la ventana y pegar sus manitas contra los cristales.
El rostro del infante también parecía iluminarse junto con los destellos de las vitrinas del centro de la ciudad. Una enorme sonrisa apareció coger desprevenida a Hiyori que aún jugueteaba con el GPS de su celular con el cual hacía cálculos del tiempo de llegada a sus posibles opciones.
-¡¿Qué es eso?! –preguntó el menor señalando un enorme pino de navidad decorado con veladoras, esferas y collares de perlas artificiales que se apilaban contra el resto de adornos de cristal.
La chica se quedó boquiabierta contemplando la belleza natural que la infancia podía dar, un extraño calor maternal se apoderó de su cuerpo, relajando momentáneamente el nudo que llevaba cargando consigo, permitiéndole acercarse al niño para cubrir sus hombros con una de las mantas que había llevado con ellos.
-Es un pino de navidad… en casa tenemos uno, pero no lo viste… cuando regresemos lo podrás ver…
-¿De verdad? –cuestionó el menor mirando con emoción a la chica que afirmaba sonriendo con la misma intensidad contagiada por el infante.
-¿Su hijo? –preguntó el taxista.
Yaboku miró al hombre y después miró a Hiyori.
-No, es un familiar –respondió sin ningún tipo de duda la chica a sabiendas que podía meterse en problemas sino daba una relación directa con el menor, aunque le sorprendía un poco que el hombre hubiera logrado percibir al niño que parecía satisfecho con haber sido tomado en cuenta, como si de antaño supiera que eso era una anormalidad por la cual había sufrido mucho en su vida pasada.
El auto avanzo después de su breve descanso en un semáforo en rojo, sólo para que dos cuadras después el menor se quedara dormido contra Hiyori que empezó a acariciar el cabello negro. Sí, ese era su dios.
El viaje tardó un poco más de lo normal, pero al final, había logrado llegar hasta su destino. En un principio había considerado abandonar su cuerpo y cargar consigo al pequeño Yato para saltar por los tejados, pero considerando lo helado de la temporada y el hecho de que Yato tenía un par de horas de nacido (un bebé humano normal nacía bebé, pero un bebé de dios nacía de la nada, aunque es no quitaba el hecho de que fuera un bebé, un niño que temblaba como gelatina por las frías temperaturas, o al menos eran parte de los extraños pensamientos que la humana estaba teniendo).
Sólo basto con detenerse frente al templo y que Yato se aferrara a su mano para dar un paso al terreno sagrado y ser transportado a la brevedad hacia Takamagahara, o al menos supo que estaba ahí por el delicado aroma que había cambiado en comparación a la ciudad.
-¡Hiyori! –reconoció esa voz.
-¡Yukine! –se giró de forma violenta.
-¿Cómo llegaste aquí? –preguntó el rubio que se detuvo de golpe mirando con cierta estupefacción hacia las piernas de la chica. Observando fijamente como unas manitas se aferraban al pantalón. Unos cabellos negros y una diminuta silueta que trataba de ocultarse.
-Iki Hiyori, sabía que eras tú –declaró Bishamonten llegado detrás de Yukine.
-Señorita Hiyori –habló Kazuma que llegaba junto con otras de las regalías de la diosa de la guerra.
La aludida tuvo el impulso de tirarse a los brazos de Yukine, estrujarlo y llorar con él la pérdida de su amado dios, sin embargo había un extraño gesto que mezclaba lágrimas y una sonrisa temblorosa que preocupó a Bishamon.
-¿Qué… -preguntó la rubia.
La universitaria no pudo hablar y sólo se hizo a un lado flexionándose para tomar de la mano a Yato invitándolo a que caminara, que se presentara, que dejara anonadados al resto del mundo que, con la misma impresión que ella había tenido, no pudieron evitar jadear atónitos y Yukine tirarse a abrazar a su pequeño dios que buscó el socorro de Hiyori con la mirada. Kazuma estaba sin palabras mientras que Veena sólo sonrió enorme, cubriéndose el rostro con una mano para permitir que sus ojos se apretaran por la inmensa alegría de que el dios hubiera reencarnado de alguna forma y una terrible tristeza por saber que su enemigo más perseguido se había logrado escapar de una vez por todas.
-Yato… -susurró Yukine al oído del niño, pero al contacto éste comenzó a llorar desconsoladamente.
La noticia corrió de forma veloz y eficaz por todo el Takamagahara mientras que Bishamon hacía que sus regalías atendieran a Hiyori que había empezado a cruzar por una especie de colapso nervioso por lo increíble de toda la situación.
-¿Así que lo encontraste en su templo? –preguntó Bishamon tomando un sorbo de té, Hiyori afirmó, ambas miraban como Yukine se encontraba a las espaldas de Yato que veía ido las estrellas.
-Estaba temblando de frío, una niña se percató de él, fui… fui a rezar para que no ocurriera eso… -confesó ella-… después lo llevé a casa y… y decidí en venir a buscar tu ayuda, no… aunque he pasado todo este tiempo con ellos y he investigado mucho, no sé muchas cosas, nunca pregunté a Ebisu como fue su proceso de nacimiento pues descartaba que algo así pudiera ocurrir con Yato –murmuró la chica tomando té.
Los ojos felinos de Bishamon estudiaban a la humana para después clavar su mirada en la escena. Yukine se acercaba a Yato que había empezado a caminar hacia la salida de la mansión de Veena, era un lugar seguro. Ella estaba interesada especialmente en saber todos los detalles del nacimiento de la reencarnación de Yato puesto que estaba segura que el cielo iba a preguntar, no quería que se metieran con Iki Hiyori, después de todo… Veena cerró los ojos.
-Hiciste bien –declaró Kazuma que intercedió al darse cuenta que su ama meditaba e Hiyori comenzaba a incomodarse, la relación entre Hiyori y Veena no era mala, ni mucho menos, pero debía de reconocer que existía siempre una barrera entre ambas mujeres desde que Veena perseguía a Yato, un resentimiento por llamarlo así-… Después de que Yato muriera no quedo nada –susurró el guía de la diosa-. En esos casos cuando un dios no tiene reencarnación, el nombre de su regalía sencillamente desaparece y queda en libertad, su espacio y residencia aquí en el Takamagahara, si es que tuvo uno, se cae a pedazos y se borra cualquier indicio de su existencia, sin embargo… en los últimos momentos de Yato él sonrió…Yukine estuvo con él y cuando ocurrió, su amado templo y su amada regalía quedaron vacíos en espera… el nombre de Yukine no desapareció… intuitivamente él se mantuvo tranquilo…
-Creímos que era un proceso, y que quizás otro era el procedimiento para alguien con dos o tres seguidores como Yato, que su regalía iba a estar destinada en volverse en Nora… -explicó Bishamon peinando su largo cabello-… sé que hay un par de personas que siguen a Yato, pero para que exista una reencarnación es necesario que sea un número considerable de personas pidiendo deseos a nombre de dicho dios…
Hiyori pensó entonces en la mujer y en su hija, en la fe con la que la niña depositó las monedas de 5 yens en el altar, y en que quizás, la fe si movía montañas. Sonrió con suavidad la universitaria. Sin embargo, salió de su ensoñación al percatarse que ni Yukine ni Yato se encontraban en su campo de visión.
-Es un momento en que el guía y la reencarnación se reencuentran –susurró Veena como respuesta a la mirada angustiada de la humana.
-Ya veo… -se quedó un momento inmóvil y jadeó aterrada-. ¡Mi cuerpo se quedó tirado a la entrada de vuestro templo!
-Aiha ya fue por él –dijo Kazuma.
Internados en el bosque, el niño permitió que sus pasos anduvieran un camino que parecían conocer de memoria, o al menos siguiendo el camino que estaba marcado entre la maleza dominada del bosque. Sus ojos brillaron al ver una rustica y modesta casa de madera estructurada en un estilo antiguo japonés, el menor no sabía sobre esos calificativos, sólo sabía que sentía la misma emoción al ver esa casa que había sentido al ver a la chica de ojos bonitos en aquel lugar frío. Corrió por inercia. En el letrero de la entrada se leía: "Residencia del gran Yatogami", pero el nene pasó por alto aquella leyenda para abrir la puerta y fruncir el ceño.
Con desilusión se quedó de pie a la entrada, girando su mirada al exterior donde el rubio miraba con mejillas sonrojadas por el llanto a su maestro.
-¿Tú también vas a llorar? –preguntó el menor al rubio que parpadeó para después desviar la mirada.
-¿Quién dices que va a llorar? Venías corriendo muy emocionado. –se sentó en la entrada Yukine mientras que se quitaba los zapatos.
-Oye… -susurró el niño sentándose y llamando la atención del rubio-. ¿Tú eres… Yuki, cierto?
El rubio guardaba silencio. El pequeño tomó el silencio como una afirmación.
-¿Tú sabes quién soy yo?
-Eres el Dios Yaboku –contestó-. El dios más molesto pero bondadoso de todos –sonrió con triste alegría el rubio mientras se giraba a quedar de frente al niño que no procesaba del todo las palabras dichas-. Yo soy Yukine, soy tu shinki –murmuró sonriendo el rubio con más soltura al ver que los ojos azules que le veían coincidían con el recuerdo fresco de su maestro-… este es el mundo… y yo te guiaré por él, jamás te dejaré…
En ese momento, el recuerdo de la nieve brillando alrededor del bonito árbol de navidad cobró fuerza al ver sonreír a Yukine al tanto que él también comenzaba a sonreír cada vez más y más grande, hasta el punto que sus mejillas dolieron.
-¡¿Lo prometes, Yukine?! –estaba otra vez exaltado, mostrando una emoción que Yato en su vida pasará jamás se hubiera permitido, por un instante el alma se le vio acelerada a la regalía mientras que el nombre otorgado por Yato comenzaba a palpitar con fuerza, ¿o era su corazón que se había emocionado al ver tan tierna expresión?
Sacó de entre sus piernas su mano izquierda para señalar su dedo meñique.
-Préstame tu mano, Yato.
-¿Yato? –preguntó el menor entregando su manita, a lo que Yukine sólo enganchó su dedo meñique con el contrario, apretándolos, el contacto le dio una extraña felicidad al menor.
-Lo prometo… jamás te dejaré, Yato.
25 de diciembre: "Diciembre es una buena época para nacer".
Contestando a los review:
Panda: Muchas gracias a ti por leer y por el comentario de los puntos, no lo había notado hasta que lo mencionaste, ahora que lo revisé me di cuenta que tienes razón, muchos puntos suspensivos, son como una maldita adicción. Corregiré el capítulo nada más que vuelva a conseguir tiempo. Gracias por acompañarme en esta historia, espero siga contando con tu apoyo y que este capítulo vuelva a llenar ese gusto para que me sigas adorando (Lo siento, la autora es una ególatra le diste en su punto con aquello de la adoración). Haha, gracias otra vez y nos leemos en alguna otra ocasión.
Angielu300: Fuiste mi primer review en esta pequeña historia, muchas gracias por leer y por permitirme leerte, eso me hizo muy feliz, de verdad; y como premio cedí a tus deseos y aquí tienes la continuación. Muchas gracias por tus comentarios, espero volver a cumplir con las expectativas de tu lectura para poder seguir contando con tu apoyo en este y los siguientes capítulos. Saludos, nos leemos en otra ocasión!
St. Yukiona.
