Aclaración: Cuando comencé a idear esta historia (hace 13 años; aproximadamente) manejé los nombres que se empleaban en el doblaje latino, por lo que determiné respetar esa parte del proceso creativo y utilizarlos aunque en su versión original sean otros. También me vi en la necesidad de homologar las etapas de evolución de los digimons y decidí emplear la de Digimon Adventure por ser con la que más estoy familiarizado.
II
Lo primero que hizo Tai al tener conciencia de sí fue abrir los ojos. Inmediatamente tuvo que cerrarlos y comenzar a abrirlos lentamente pues la luz del sol, que le daba directamente en el rostro, acababa por deslumbrarlo. Se sentó y ya con un poco más de calma notó que se encontraba en un bosque, parte de él se le hacía familiar, pero no pudo profundizar más en sus cavilaciones pues una voz lo interrumpió.
—¡Tai, Tai, Tai! ¡Qué alegría que ya despertaste! —pronunció un pequeño ser redondo, de piel rosada, con dos orejas largas y una sonrisa que abarcaba el ancho su rostro. Su nombre, Koromon y era el digimon compañero de Tai.
—¡Koromon, que bueno es verte de nuevo! —exclamó el chico, seguido de un fuerte abrazo, sin duda en el tiempo que habían estado separados fue duro para ambos.
Al ponerse de pie sintió que se había encogido algunos centímetros. Se examinó meticulosamente y se dio cuenta de que tenía de vuelta su playera azul de mangas cortas, con una estrella naranja impresa en cada uno de los antebrazos. Sus pantaloncillos cafés y, sus tenis, calcetas y guantes blancos completaban su indumentaria. Su digivice se encontraba en la cintura de su pantalón y en el bolsillo derecho tenía su monocular.
—Koromon, ¿estamos en el digimundo? —preguntó Tai, pues aunque ya tenía un tiempo desde la última vez que estuvo ahí, no había logrado olvidarlo del todo; era imposible.
—No estoy seguro Tai, es cierto que se parece al bosque de la Isla File, pero también siento que un lugar distinto —contestó el digimon.
—Por cierto, ¿en dónde están los demás? —volvió a preguntar el muchacho.
—Eso tampoco lo sé. Lo último que recuerdo era que estaba en mi forma de Agumon con Gabumon recogiendo leña y de repente una luz me deslumbró. Cuando desperté me encontré en medio de este bosque y noté que había regresado a mi etapa bebé y que tú estabas a unos metros de mi —explicó el digimon.
—Ya veo, ya se me hacía raro que estuvieras en esta etapa. Lo mejor será que recorramos el bosque a ver si encontramos a los demás —sugirió Tai, por lo que empezaron a caminar para reconocer el lugar y encontrar a sus demás amigos digimons.
Koromon comenzó a brincar por los alrededores. En ese momento encontraron una pequeña esfera de luz.
—¡Mira Tai, una luz! ¡Tengo hambre! Me pregunto si esa esfera tendrá buen sabor.
El digimon se arrojó con su boca abierta hacía la esfera de luz atrapándola dentro de ella. Al momento ambos amigos se quedaron paralizados, sintieron una conexión mística entre los dos y una enorme paz surgir de sus cuerpos. Sus mentes quedaron en blanco y parecía que se habían vuelto uno con la naturaleza. Al reaccionar ambos se miraron.
—¿Qué fue eso Tai, tu también lo sentiste? —preguntó el digimon.
—Si Koromon, pero en verdad no tengo idea de que fue lo que nos pasó —contesto el muchacho.
Tai y Koromon se pusieron alerta al escuchar unos pasos cerca de donde ellos estaban. De repente apareció una silueta y era la que había visto junto a esa barrera extraña. Pero ahora podía ver que se trataba de un joven, de su edad, tez morena y cabello marrón. Vestía una chamarra azul con una decoración de flamas rojas que cubría la mitad inferior. Sus shorts eran cafés, su calzado eran una botas color naranja y portaba unos guantes color amarillo. Pero sin duda lo que más llamó la atención de Tai fueron los lentes de aviador que tenía puestos sobre la cabeza y que podría jurar que eran los suyos.
—¡Tai, pero ¿qué te pasó? ¿por qué estas otra vez como de once años? —cuestionó el extraño muchacho.
—Lo siento, pero la verdad no me acuerdo haberte visto. Aunque no puedo negar que me resultas extrañamente familiar —contestó Tai quien además se estaba rascando la nuca en señal de disculpa por no recordar.
—¿Cómo que no me reconoces? Soy Davis, uno de los nuevos "Niños elegidos". No me digas que tampoco te acuerdas que tú me regalaste tus lentes —comentó el joven.
—¡Ah! ¡Davis, si por eso te me hacías tan familiar! Perdona que no te reconociera pero es que si no mal recuerdo tienes la misma edad que mi hermana y en estos momentos aparentas la mía. Además, no recuerdo haberte dado mis lentes, es más los tengo colgados en mi cuello —respondió Tai.
—No me había dado cuenta de eso Tai. Esto es muy extraño —contestó Davis.
—Oye Davis, al parecer Tai no nos recuerda —mencionó el pequeño digimon que acompañaba a Davis. Era de pequeña estatura. Su cabeza, redonda, era un poco grande comparada con su cuerpo el cual era de dos colores: blanco que cubría la cara, cuello, pecho y abdomen; azul el resto. Sus brazos eran pequeños y cortos, además de que no tenía dedos. Sus orejas peculiares eran largas azules e inclinadas hacia arriba y tenía una cola.
—Eso parece DemiVeemon. Bueno entonces me presentaré como es debido. Mi nombre es Daisuke Motomiya, pero mis amigos me dicen Davis y este es mi compañero DemiVeemon —expresó el chico con una sonrisa en su rostro.
—Muy bien, yo soy Taichi Kamiya, pero mis amigos me dicen Tai y este de aquí es mi digimon Koromon —respondió Tai al saludo.
—Si la verdad es que yo ya sabía quiénes eran ustedes —contesto Davis con el mismo gesto que Tai había confesado no acordarse de él.
De repente notaron que dos personas que se dirigían hacia donde ellos se encontraban. Al tenerlos de cerca vieron que eran dos chico y uno de ellos cargaba algo bajo uno de sus brazos. Los dos muchachos eran de tez blanca y castaños. Aparentaban la misma edad y estatura. Uno de ellos vestía un suéter azul de mangas cortas con una playera blanca de bajo. Sus pantalones eran grises, sus tenis verdes y portaba unas pulseras amarillas en las muñecas de sus brazos. El otro llevaba una playera amarilla y sobre ésta una camisa roja de manga corta, sus pantalones eran cafés al igual que sus lentes, sus tenis eran de color rojo y naranja, complementaba sus vestimenta una gorra con la visera hacia atrás. Un detalle que llamó la atención de Tai era que esos niños también llevaban unos lentes.
—Vaya, no imagine que hubiera más gente en los alrededores. Buenos días mi nombre es Takato Matsuki —se presentó el joven de suéter azul.
—Y yo soy Takuya Kanbara, mucho gusto —mencionó el chico de gorra, siguiendo el ejemplo de su acompañante.
—Mucho gusto, yo soy Taichi Kamiya, pero me pueden llamar Tai, éste es Koromon y es mi compañero. Ellos son Davis Motomiya y DemiVeemon —respondió Tai ante la presentación de ambos muchachos.
—¡Vaya, ustedes también tienen digimons! —mencionó Takato.
—Él es mi compañero y se llama Gigimon —diciendo esto mostró que lo que llevaba bajo el brazo era su digimon. La criatura era pequeña, de color rojo. Tenía cuatro patas y una cola; cuyo extremo era color negro y sus orejas parecían alas de murciélago.
—Disculpen, pero ¿podrían decirme si ustedes saben exactamente por qué estamos aquí? —preguntó Takuya.
—La verdad lo ignoro, a mi me trajo un ser extraño que me dijo que el digimundo estaba en peligro —contestó Tai.
Lo sorprendente fue que los otros tres chicos tuvieron una situación parecida. Todos habían sido llamados por una extraña persona.
—Con que aquí estaban, los estaba buscando desde hace un rato —expresó un joven recién llegado. Alto, de tez blanca, cabello castaño; un mechón de su pelo separado por una pequeña coleta era su peinado. Vestía unos pantalones beige, tenis rojos, una playera negra debajo de un chaleco rojo; ambas prendas sin mangas, y unas cintas negras alrededor de sus muñecas. Venía acompañado de un Koromon un poco más grande que el de Tai.
—Perdona, pero ¿tu quién eres? —interrogó Tai.
—Mi nombre es Marcus Daimon y soy el mejor peleador del digimundo. Él es mi compañero digimon Koromon y juntos somos el equipo invencible. Aunque, la verdad, creo que este no es un buen momento para presentaciones. Vamos, vengan conmigo que el ser que los trajo aquí necesita hablar con todos nosotros —contestó el joven.
—¿Tú lo conoces? —preguntó Davis.
—No, a mi me mandó un amigo mío a buscarlos. Cuando estemos todos juntos esa cosa o persona hablará con nosotros —respondió Marcus.
—Disculpa, pero cuando hablaste del ser que nos trajo no te incluiste, eso quiere decir que tu ya te encontrabas en el digimundo —externó su duda Takato.
—Sí y no, es algo complejo que aun no he entendido. Pero síganme que nos están esperando —respondió Daimon para concluir la plática y, con los demás jóvenes, emprender el camino.
Después de caminar por un tiempo, llegaron a las inmediaciones del bosque en el que se encontraba un árbol enorme y frondoso del que se desprendían muchas luces de diferentes colores. En los alrededores había pilas de enromes cubos con dibujos infantiles y árboles que en lugar de dar frutos tenían colgados en sus ramas juguetes de felpa.
—Estamos en la Ciudad del inicio —expresaron al mismo tiempo Tai y Takuya, ambos con un tono de sorpresa.
—Sin embargo, no recuerdo que estuviera ese enorme árbol —puntualizó Tai.
—Y yo no recuerdo que hubiera esos enormes cubos de juguete, son altos como un edificio —expresó Takuya.
—Perdonen pero, ¿qué es la Ciudad del inicio? —preguntó Takato.
—Es el lugar al que regresan todos los digimons que han muerto y que renacen en un digihuevo —respondió el Koromon de Tai.
—Eso es increíble, esto no se parece en nada el digimundo que yo conocí, ojalá también existiera un lugar como éste —dijo Takato con un tono de tristeza y melancolía.
—¿Quieres decir qué no había un lugar en el digimundo que visitaste en el que pudieran regresar los digimons? —preguntó Davis.
—No, mi experiencia fue que los digimons tenían constantes peleas y al derrotar a sus oponentes su información era absorbida por el digimon vencedor con el objetivo de hacerse más fuerte. Si la información no era absorbida se perdía en el espacio digital —contestó Takato ante la mirada atónita de sus acompañantes.
—En mi caso no había un sitio como éste, pero los digimons regresaban a ser un huevo en el mismo lugar en el que el digimon moría —comentó Marcus.
—Entonces al parecer hemos estado en digimundos diferentes, lo que me inquieta es que haya características de esos digimundos en este lugar —concluyó Tai.
—Eso es porque un fenómeno está ocasionando que todos esos digimundos se estén fusionando —explicó una voz rasposa, parecida a la de una persona anciana.
Al mirar el lugar del que provenía esa voz se toparon con una persona de edad avanzada, de corta estatura, tez blanca y arrugada. Era calvo salvo una pequeña coleta y bigote; de tonalidades blancas. Sus ojos parecían estar cerrados. Vestía una túnica negra con adornos color rojo al igual que sus guantes y calzado.
—Sr. Gennai ¿usted nos puede explicar lo que está pasando aquí y el por qué nos necesita? —preguntó Tai.
—¿Tú lo conoces? —interrogó Marcus.
—Claro, él es el señor Gennai, él nos ayudó a mí y a mis compañeros en nuestra lucha por salvar el digimundo —explicó Tai.
—¿Usted es el señor Gennai? porque yo lo recuerdo diferente —expresó Davis.
—Hola Davis ¿cómo has estado? —externó una voz de un hombre maduro.
Atrás del señor Gennai apareció un joven alto, de piel blanca, cabello castaño. Portaba una playera negra debajo de una túnica beige, zapatos del mismo color y un cinturón negro.
—Pero ¿cómo, usted también es el señor Gennai? —cuestionó un atónito Davis.
—En efecto Davis, pero esto es algo complicado y me sería mejor que se les explicará con calma la situación —respondió el joven Gennai. En su hombro apareció un pequeño digimon color blanco, su cabeza era grande, de ojos verdes, tenía una pequeña marca en el centro de su frente, era un triangulo rojo con la punta hacía abajo, en cada uno de sus lados había un pequeño triangulo negro. Sus orejas se expandían en un gran tamaño tomando la forma de alas, las cuales le permitían volar.
—¡Calumon, que alegría verte! —dijo un muy contento Takato.
—Calumon se siente muy feliz de ver a Takato, calu —respondió el pequeño digimon.
Acto seguido hicieron su aparición dos digimons. El primero, de nombre Bokomon, era de corta estatura, de piel blanca, era bípedo y tenía tres pequeños dedos grises en cada una de sus extremidades; en su abdomen portaba una faja rosa. El segundo se llamaba Neemon, era un digimon de piel amarilla, sus ojos se mantenían cerrados, sus orejas eran parecidas a las de un conejo, se movía en dos pies y en la parte inferior vestía los pantalones de una pijama de color rojo.
—Bokomon, Neemon, que bueno que los veo —dijo Takuya feliz de ver a sus amigos.
—Takuya es un gusto verte —contestó Bokomon el saludo.
De repente de la nariz de Neemon se formó una pequeña burbuja, señal de que estaba dormido. Por lo tanto Bokomon tomó el resorte del pantalón de Neemon y, estirándolo una distancia considerable, lo soltó dando como resultado un grito de dolor por parte del digimon.
—¡Uh! Por qué no puedes tomarte las cosas en serio, no ves que estamos en una situación muy difícil —regañó Bokomon a Neemon.
—Es cierto, lo mejor es que entren a el árbol, ahí se les informara con más calma lo que está pasando —sugirió el anciano Gennai.
Cuando se encontraron enfrente de ese enorme árbol notaron que alrededor se encontraban una gran cantidad de digihuevos los cuales eran cuidados por Elecmon, un digimon cuadrúpedo, de color rojo con franjas azules, en la parte final de su espalda se erigía su cola de nueve plumas; y por Swanmon un digimon tipo ave, parecido a un cisne blanco, tenía una pequeña armadura que consistía en un caso, una pechera y los protectores de sus patas.
Antes de cruzar la gran entrada que tenía el árbol, Tai dirigió su mirada al cielo y vio, a lo lejos, un enorme planeta azul con anillos de color turquesa y tenía unos agujeros de los que se desprendían unas columnas de luz color rosa.
—¿Qué es eso? —preguntó Tai.
—Eso es el mundo real muchachos —respondió Takato dejando a los demás jóvenes estupefactos.
Quisiera agradecer a todos aquellos que leyeron el primer capítulo de mi historia; en especial a: soel15, Catalyn-Cat987, Aoi Black, FranDiaz90 y Digiacrb.
