School 2013 y sus personajes no me pertenecen.
3. A esto.
Por un momento, una inexplicable euforia te arrancó una amplia sonrisa. Cual tiempo detenido en dicha, olvidaste el peso de una pierna inútil, o sombrías cavilaciones, la figura asentada en el muro reía, también, sosteniendo un volumen de manga, ese que prometió no terminar sin ti (pero no importa).
Sonríes, entonces, aproximándose con cierta torpeza. Empero, el roce de la muleta contra el suelo destroza el espejismo, al revelar el desastre de libros y envases vacíos de ramyun (A Namsoon le encanta picante, aunque no lo soportes). No está, sí. Sin saber por qué, su ausencia no se te antoja repentina, pues nada resta ya que recite algo de tu mejor amigo en las cuatro paredes.
Se fue, Heungsoo. Lo viste una vez, juraste que no, por favor, no huiría, Tsunami no huye de nadie, le costara, pero lo perdonaré, y ahora las ausencias del hospital descubren más que pusilánime cobardía. Aquella noche, ¿acaso debías sospechar que no le verías de nuevo?, ¿debiste gritar, acaso, por su presencia?
¿Este vacío es, quizá, a lo que apostaste absolutamente todo? Imbécil, imbécil, mil veces.
No importante, no lo suficiente para siquiera intentar remediarlo, reclinarte en el espacio vacío duele en mayor grado que cualquier memoria de huesos crujiendo bajo el pie inclemente de él. El accidente, eso, te arruinó, pero lo perdonarías, lo perdonarías, no, no, no más.
Muerto entonces. Deja que la desolación acaba con cualquier esperanza; estarás muerto, tal vez, demasiado arruinado, solo, detrás, como la risa del mejor amigo al que habrías excusado por faltas miles, mas no esto. (Lloras, no puedes dejar de hacerlo, ni idea de cómo es posible siquiera respirar después de esto, estúpido bastardo).
4. Desconocido
Cristal. Cual burdo cristal, cada cortante provocación murió en la figura de Go Namsoon en el umbral de tu puerta, frente a la traicionada expresión de tu hermana, conocida mil veces, y herida hasta la más dolorosa desesperación, el eco de reproches recobrando fuerzas ante el jamás nombrado. (Cómo pudo, eran tan cercanos, cómo pudo).
Deberías, Park Heungsoo espetar el rojo de aquellos días, la incredulidad de cuán fácil le resultó a Tsunami dejarte atrás y su cobardía. Cobardía, Heungsoo, la rabia, las paredes cerrándose a tu alrededor, ¿acaso este tipo merece sólo silencio? Después de ahogarte en la rabia harto conocida, tras una negra cortina, esa que pudo destruirte. Se fue, lo sabes, lo sabes, y, sin embargo, el puño permanece inmóvil a tu lado.
Cristal, también. Traslucido, frágil, la verdad se cuela, en forma de letárgicas memorias. En este momento, junto al frío de la ciudad, la devastación regresa tímida, aun si decidida. Porque se marchó, y la rabia no fue suficiente para acallar la marea, la zarpa apretando tu pecho; extrañar, saberte abandonado, lidiar con cada estúpida expresión de esas que no cambiaran nada, y duelen más.
Querrás, quizá, destruirlo, mas no hoy. Suave, empujas el portón gélido con la mano libre, sintiendo una punzada común al escuchar una disculpa, una petición de expiación, por favor. Increíble, realmente. Apenas reconoces a esta persona, tan ajena, humillándose a voluntad. La pena y la indignación superan al mutismo, entonces, pues ya has perdido todo:
—Cállate —musitas, huyendo de su rostro. Mañana, tal vez, recobrarás el arma de la furia, expulsando acidez y decepción; ahora, empero, la verdad, (me dejaste, te habría perdonado, me abandonaste) pesa en demasía.
Cállate, vete. Haz todo lo de entonces, si es lo que quieres. (Debiste quedarte).
Nota. Este es del punto de vista de Heungsoo. El primero está inspirado en una escena eliminada, y el otro en una del drama, aunque no recuerdo exactamente el número.
