Ni Glee ni sus personajes me pertenecen

Hola! Bueno, gracias por tanta buena onda de siempre, aca les dejo otro cap! Espero que les guste. Dejenme saber que opinan ustedes. Abrazo de oso para todos.

Capitulo 1

Santana y Rachel invitaron a Quinn a pasar la noche en su Loft, y así ella y la latina tendrían oportunidad de conversar.

-Creo que ya es un poco tarde. Mañana tengo ensayos y tengo que despertar temprano –Se excusó la morena más bajita. –Sin embargo, fue un placer conocerte, Quinn. Espero verte más seguido por aquí. Buenas noches. –Se despidió de ambas con un beso en la mejilla, y se fue rápidamente a su habitación.

Aquella chica había llamado su atención completamente.

Su mirada, su forma de vestir, su sonrisa. Absolutamente todo le causaba curiosidad sobre aquella hermosa mujer, porque había que admitirlo. Quinn Fabray era hermosa. Aún más. Incluso su belleza hacía parecer esa palabra como un insulto.

No sabía si existía la forma de describir tal belleza. Pero no importa ahora. Ella necesitaba saber más de Quinn Fabray. Y quien mejor que Santana para contárselo.

Mientras Rachel se acostaba a dormir, Santana y Quinn tenían una conversación pendiente en la cocina.

Algo muy complicado y doloroso le tocaba explicar a la rubia, y deseaba obtener el apoyo de la que alguna vez fue su mejor amiga.

-Creo que merezco una explicación. –Dijo Santana, sentándose en un taburete de la cocina, mientras servía helado en dos copas. De alguna forma había que digerir toda la información que su amiga le iba a revelar.

-Russel. –Susurro mirando hacia la nada misma.

Santana noto lo tensa que se encontraba su amiga y suavizo un poco su tono.

-Tu padre? –Pregunto con cautela, intentando recordar lo poco que sabía de aquella familia tan misteriosa. Los Fabray.

-El mismo.

-Que fue lo que él te hizo, Q? –Pregunto la latina, con preocupación. Quinn, sintió la mirada penetrante de su amiga, y desvió su rostro, intentando no mirarla a los ojos. –Mírame, Quinn. Que te hizo ese ogro? –La voz de Santana se tensó y pronuncio estas palabras entre dientes.

-Bueno, tu sabes que el era como la reencarnación de Hitler. Odiaba a los judíos, homosexuales, y a todo aquel que desobedeciera sus estúpidas órdenes. Por supuesto, yo encajaba en esta última opción. –Comenzó a relatar. Pero su amiga la interrumpió.

-Solo en esa opción? –Pregunto con ironía. Pronto se dio cuenta de que Quinn la miraba como si quisiera asesinarla. –Ok Lo siento. Continua.

La rubia suspiro derrotada y sacudió su cabeza, intentando que sus ojos no se cristalizaran. Aun dolía tanto.

-Cuando tenía 16 años, quede embarazada... –Lanzo de pronto, cerrando los ojos con fuerza.

-Oh por dios...

-De Puckerman. –Susurro escondiendo su rostro entre sus manos.

-Noah? Noah Puckerman? En serio Q? –Pregunto incrédula. La rubia asintió lentamente. Santana quedo en silencio por un minuto intentando procesarlo todo. –El... Él lo sabe?

-No. Russel me lo impidió a toda costa. –Dijo con algo de dolor. –Quede embarazada en una de las fiestas de Noah, yo estaba algo borracha y una cosa nos llevó a la otra... Termine en su cama aquella noche. Aunque no recuerdo nada, sin embargo.

-Que sucedió después, Q? –Pregunto tomando su mano para infundirle valor. Sabía que ahora venía la parte más complicada. Quinn negó. –Mírame a los ojos. –Pidió ante el silencio de su amiga. Cuando esta obedeció, Santana acaricio su mejilla. –Sea lo que sea, aquí estoy, Rubia hueca.

Ambas quedaron un momento en silencio, mirándose y Santana pudo ver cuánto dolor cargaba esa mirada. Su amiga ya no era la misma, y ella necesitaba saber que habia sucedido. Necesitaba ayudarla.

-Cuando mi padre se enteró, puso el grito en el cielo. –Comenzó a hablar luego de unos minutos. –Él se convirtió en un monstruo, peor del que ya era. –Trago saliva ante el recuerdo de aquel hombre –Me dio tres opciones que debía negociar con él. –Quinn se calló abruptamente.

-Cuales eran esas opciones, Q? –Pregunto la latina. Pero ante su silencio, puso esa voz a la que todos temen –Dilo.

-Abortarlo. –Respondió después de unos segundos de más silencios. –Abandonar la casa y tenerlo. –Continuo mientras las numeraba con los dedos de su mano derecha. –O irme con el a Los Angeles.

-Lo abortaste? –Pregunto sin pelos en la lengua. Quinn comenzó a negar.

-Dios! No, Santana. Jamás haría algo como eso. –Exclamo la rubia. –Quise elegir la segunda opción. Quise dejar a mi familia, así podría tener a mi bebe. Sabía que tú me dejarías vivir contigo...

-Por qué no lo hiciste? –Cuestiono frunciendo el ceño.

-Porque Russel me aseguro de que si me iba a vivir contigo, el iba a hacer tu vida miserable, la de tu familia, la vida de Puck, la de Britt, la de Mercedes, La de Sam, La de Artie... La de todos. –Explico mirándola a los ojos. –Yo no quise sobreponer mi felicidad por la de ustedes. Jamás haría eso. Entonces supe que la mejor forma de protegerlos, era alejándome sin dar explicaciones ni despedidas. Me fui con Russel a LA.

-Demonios, Quinn...! –Exclamo algo enojada.

-Pasaron los meses y tuve a mi bebe. Una niña. –Seguía relatando con una sonrisa melancólica al recordar aquel día tan agridulce. –Cuando desperté después del parto, Russel me dijo que la bebe no había sobrevivido.

-Lo siento tanto, Quinn... –Comenzó a decir Santana, acercándose a su amiga.

-No lo sientas. El me mintió. Llevo a la bebe a un orfanato en los ángeles. Yo me entere un mes más tarde, escuchando su conversación telefónica que tenía con mi madre. –Dijo sintiendo como sus lágrimas rodaban sobre sus mejillas. –Cuando la fui a buscar, ya no estaba... Alguien se la había llevado. –Santana rápidamente se acercó a su amiga, y la abrazo con fuerza. Sabía que ella había pasado por mucho. Y que no se merecía nada de eso. –Encare a mi padre, diciéndole que lo sabía todo, que lo odiaba y que se merecía lo peor. El solo respondió "Nadie ensucia el apellido Fabray con semejante estupidez. Esa niña no merecía estar a tu lado. Y yo me encargue de que sea asi." No volví a verlo después de eso. –Continuaba hablando, intentando de que alguna forma, su dolor se vaya. –Tome mis cosas y escape. Supe que él me seguía el rastro, así que intentaba no ser encontrada por nadie. Me sentía como una fugitiva. Mientras escapaba pude encontrar información sobre mi hija.

-Que hallaste? –Pregunto con interés.

-Sé que su madre adoptiva se llama Shelby. Que vivió en Los angeles, se mudó a San diego, luego a Washington, Florida y por último, Nueva York.

-Han pasado 7 años, Q. –Dijo Santana intentando no ser tan dura con sus palabras. –Crees que podrás encontrarla?

-Llevo demasiado tiempo viajando. Pero nunca me he sentido tan cerca de ella como ahora. –Musito con una sonrisa de esperanza.

-Que sucedió con Russel? –Pregunto Santana

-Murió hace unos 3 meses. –Dijo como si nada.

-No lo mataste, o si? –Pregunto alzando una ceja.

-No tuve ese privilegio. Falleció en un maldito accidente. –Explico.

-Sufrió? –Pregunto la morena.

-Como nunca en su puta vida. - A Santana le sorprendió la frialdad con la que lo había dicho. Así que decidió cambiar de tema.

-Como me encontraste?

-Te vi por casualidad en el Central Park, hace unas semanas con esa morena... Rachel y un Rubio de ojos azules.

-Kurt. Nuestro compañero de apartamento. –Explico San.

-Entonces te seguí hasta aquí y envié esas cartas. –La rubia dijo encogiéndose de hombros.

-Sabes algo de Britt? –Pregunto Santana con algo de dolor en su mirada. Quinn asintió.

-Vive conmigo. –Ante eso la latina abrió los ojos sorprendida. –La encontré en Florida. Prácticamente me obligo a contarle la verdad y desde entonces, no se ha separado de mi lado. La misma de siempre... –Explico con una sonrisa, contagiando a su amiga.

-Con un gran corazón...

-Un gran corazón que nunca dejo de quererte, sin embargo. –Comento Quinn, haciendo que la latina la mirara con una ceja en alto.

-Yo tampoco. –Confeso después de un corto silencio. –Debería buscarla..

-Deberías.

-Por cierto, Tienes mi apoyo. Cuenta conmigo, y encontraremos a mi sobrina, como que me llamo Santana Lopez. –Dijo con mucha seguridad, abrazando a su amiga. Y eso a Quinn le devolvió las esperanzas. Ya que la convicción de Santana, era contundente y genuina.

–Ella... Ella tiene un Nombre? –Pregunto San, luego de un largo silencio en donde ambas permanecieron abrazadas.

La rubia asintió lentamente. Y una sonrisa torcida se le formo en los labios.

-Beth... Su nombre es Beth.