Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen al mangaka japonés Masashi Kishimoto, yo solo los uso con fines recreativos.


Hinata


La mirada de Hinata se perdía en los bellos paisajes que adornaban el camino para llegar a la ciudad de Konoha. Había cambiado después de trece años de ausencia. Su vuelo privado arribó al Aeropuerto Internacional Nidaime Hokage a las ocho de la mañana procedente de Uzushio, capital de Uzu no Kuni, cada vez faltaba menos para llegar a la que fue su casa durante sus primeros quince años de vida.

Los nervios se arremolinaban en la boca de su estómago, llevaba más de una década sin poner un pie en ese país, pero había razones de peso que la condujeron de nuevo al lugar que la vio nacer.

El trayecto desde el aeropuerto al centro de la ciudad tardaba al menos cuarenta minutos. Poco a poco el vehículo de alquiler dejaba atrás el follaje extenso que los acompañó durante gran parte de la travesía, para adentrarse en una de las metrópolis más modernas e importantes del mundo. No había duda que Konoha cambió durante todo ese tiempo que estuvo lejos, el desarrollo urbano y tecnológico era más que evidente.

Pudo observar varios rascacielos que antes no estaban allí, en cierto modo era gratificante, seguramente muchas de esas construcciones tenían el sello de las empresas Hyūga impresos en ellos.

Sonrió al pensar en ello, su familia era de gran prestigio en la Nación del Fuego, la más importante de las cinco grandes y una que durante generaciones contribuyó al desarrollo económico, político y social de ésta. Nadie en el país pasaba por alto quienes eran los poderosos Hyūga, mucho más ahora que era precisamente ella, Hinata Hyūga, la causante de que últimamente los medios nacionales y en especial los internacionales, nombraran insistentemente el prestigioso apellido del que hacía gala.

Desde hace algún tiempo su nombre e imagen acapara los flashes de la prensa entre las cinco grandes naciones y el soberano Reino de Uzu, único país de la era moderna que aún era regido por monarquía y sin lugar a dudas uno de los más ricos y prósperos del mundo.

Hinata Hyūga era una mujer que lo tenía todo, un nombre respetable, dinero y una belleza arrebatadora, con un porte altivo de reina que haría que cualquiera besara el suelo por el que camina.

Cualquiera pensaría que tenía la vida resuelta y sin complicaciones, nada más por haber nacido en el seno de la familia Hyūga. Ciertamente llevar ese apellido le abrió muchas puertas en la vida, tanto en el ámbito personal como el profesional, en especial en este último. Pero ella no era una Hyūga común, no. Hinata era nada más y nada menos que la heredera universal del imperio familiar y hasta más.

Con su metro sesenta de estatura, cabello negro azulado, cuerpo de diosa y ojos extraordinariamente exóticos, era una mujer de armas tomar. Tal vez su belleza dejara a más de uno con la palabra en la boca, no era para menos, pues era considerada una de las mujeres más deseadas del país, pero el físico no era lo importante, detrás de esa belleza estaba un cerebro altamente cualificado, que dentro de poco asumiría la responsabilidad de llevar las riendas de Hyūga Group & Co., la constructora transnacional más importante de las últimas décadas.

Los Hyūga eran importantes en su país, pero su éxito era tal que traspasaba fronteras. El poder que ostentaban en la Nación del Fuego, no se comparaba con el que se esparcía entre las cinco grande naciones y Uzu.

Contratos multimillonarios eran llevados a cabo por el gigante de las megas construcciones, y entre ellos destacaba la futura sucesora del actual presidente.

Hinata podrá tener una belleza exuberante, pero no es eso precisamente lo que la hace ser el centro de atención de los medios, sino las últimas negociaciones que ha llevado a cabo con los esquivos empresarios de Uzu, firmando con ellos un contrato multimillonario en el que su sede en dicho país se encargaría de llevar a cabo la distribución urbanística, modernizar —preservando la arquitectura histórica como nación— y restaurar los principales edificios emblemáticos del Reino.

Las noticias circulan por todos lados, y es imposible que alguien en esos momentos no sepa quién es ella y lo poderosa que se ha vuelto en tan pocos años dentro del negocio de las construcciones.

La famosa heredera es realmente una gran estratega, con una audacia propia de un depredador, es capaz de conseguir plantar cara al más duro adversario sin dejar de lado esa osadía que la caracteriza. No teme a nada y en un mundo dominado en mayor parte por los hombres, Hinata se ha convertido en una sorprendente excepción.

La supremacía la lleva en los genes, su padre es un arquitecto de renombre, nada más y nada menos que el todopoderoso Hiashi Hyūga, presidente del imperio que alguna vez heredará, hombre de confianza del Presidente y del Hokage de la ciudad.

Por el lado materno no se queda atrás, Hisui Mishima de Hyūga es una distinguida dama de Uzushio, casada desde los dieciocho años con el afamado arquitecto y empresario, e hija única y heredera del prestigioso banquero, Hiro Mishima.

Ambas familias durante años han creado una alianza con la que se apoderaron de importantes sectores de la economía global, si algo une a los Hyūga-Mishima, no son simples relaciones fraternales, hay algo más poderoso que atrae los intereses de todas las partes implicadas, y sí, son las cuantiosas sumas de dinero que entre ellos manejan.

El dinero viene de la mano del prestigio, y en eso los Hyūga son considerados los mejores, con una reputación intachable, son una familia que se rige por principios morales que están aún por encima de los estándares normales, decir que sus normas son estrictas es quedarse corto. Prueba de ello, el bajo perfil y conducta ejemplar en las vidas personales de las gemelas Hyūga, Hinata y Hanabi.

No solo basta con ser ricos y respetados, si se nace en esa familia, el deber ser es conseguir la perfección, o casi serlo. Suena absurdo, más aún con los tiempos que corren, pero lo cierto es que los años pueden pasar, las normas de lo moral y socialmente correcto se pueden modernizar con los años, pero en el clan Hyuga, el cumplimiento de sus reglas es algo sin derecho a réplica.

Las gemelas son prueba viva del decoro y la firme protección de la intimidad, no hay ningún comentario, chisme o escándalo en el historial de las dos, es como si fueron concebidas y moldeadas para ser exactamente lo que sus padres necesitarán a la hora de delegar sus funciones como cabezas de familia.

El parecido de las Hyūga es desconcertante, en una misma habitación donde estén ambas hermanas, sería difícil reconocer quién es quién. Solo aquellos que tenían el honor de entablar alguna relación de índole social con ellas, era capaz de distinguirlas.

Hanabi es la más introvertida de las dos, se la veía muy poco en los eventos sociales, mantenía una vida de bajo perfil, lejos de la prensa y dedicada de lleno a labores de caridad.

Hinata en cambio es más conocida, su vida está constantemente en la mira, pero no por chismes o cotilleo, sino por su increíble desempeño como profesional. Ella hace gala de su belleza, posa para importantes portadas de revistas, se codea con grandes personalidades del mundo del espectáculo, e incluso alguna vez llegó a protagonizar alguna campaña publicitaria de su misma empresa.

Las gemelas llevan vidas totalmente opuestas, mientras una se limita a pasar desapercibida, la otra acapara toda la atención. Pero no es que siempre las cosas hubiesen sido así, la verdad es que hasta que cumplieron quince años, sus papeles estaban invertidos.

Hanabi antes era la popular de las dos, la socialmente activa, una anfitriona nata que se comparaba con las habilidades de su querida madre. En cambio Hinata, era la más retraída, sumisa y menos sociable de las dos…

Ellas siempre fueron comparadas con el agua y el aceite, sus personalidades, caracteres y gustos no podían ser más dispares. Nunca llegaron a coincidir en nada y solos las personas que alguna vez llegaron a compartir de forma íntima con ellas, podía notar que a pesar del parecido cuan diferentes eran en realidad.

Hinata y Hanabi nunca se llevaron especialmente bien, al contrario desde temprana edad se fue desarrollando un desapego emocional por parte de ambas, en especial de la segunda. Hinata era la mayor, por minutos, pero mayor a fin de cuentas. De los cuatro embarazos de Hisui Hyūga, el único que llegó a feliz término fue el de las gemelas. La tradición familiar rezaba que el primogénito o el primer hijo varón era el heredero universal de la familia, en cuanto al segundo hijo, debía dedicar su vida en cuerpo y alma a servir con humildad al que sería el jefe de familia.

Las cosas se pusieron realmente difíciles al solo haber nacido dos niñas sanas y hermosas, sin un hijo varón se corría el riesgo de que se perdiera el apellido del clan en cuanto Hinata tomara esposo.

La esperanza y las responsabilidades que cayeron sobre la pequeña al nacer, menguaron un poco al conocerse la noticia del cuarto embarazo de su madre, por fortuna para todos, el nuevo miembro de la familia iba a ser un niño, con el nuevo nacimiento, Hinata que contaba con tan solo cuatro años pasaría a ocupar un lugar similar al de su gemela, al librarse así de la gran carga que suponía el título de cabeza de familia y heredera del negocio familiar.

Lamentablemente el pequeño nació prematuro, tan débil que durante días fue sometido a la unidad de cuidados intensivos, lugar donde su frágil cuerpo luchó contra la muerte. El parto de Hisui sufrió complicaciones que orillaron a la esterilización, truncando así el deseo de volver a concebir.

Durante una semana entera todos rezaron por la recuperación del recién nacido, pero lamentablemente, a la tres de la tarde de un viernes cinco de junio de mil novecientos noventa y dos, el heredero y última esperanza de librar a Hinata de la responsabilidad familiar, murió a los pocos días de nacido.

Desde allí su destino estaba escrito, se comenzaba a escribir el primer capítulo de su historia.

A raíz de la penosa muerte de su hermano, Hiashi depositó todas sus esperanzas en educar, moldear e implantar en ella los conocimientos, la disciplina y las responsabilidades que debía tener una jefa de familia y sobretodo, futura sucesora del emporio Hyūga.

Se centró de lleno en su educación, dejando de lado a su otra hija, quien en su mente infantil, se sintió desplazada por la que veía como su igual. Hasta entonces Hanabi no comprendía que hubiesen diferencias entre una o la otra, para la niña eran dos hermanas exactamente iguales que fueron criadas de igual forma hasta la edad de cinco años.

El cambio las distanció.

Mientras Hinata tomaba clases particulares, ya fuera de idiomas, matemáticas, literatura, ciencia, o sociales, Hanabi era asunto de Hisui.

Los años pasaron, con once años, Hinata vivía agobiada con demasiados compromisos, tareas y eventos con los que no se sentía cómoda. Desde que recordaba su rutina había sido la misma, se sentía presa y temerosa de cometer algún error que avergonzara a su padre. Hiashi era un hombre sumamente estricto que pedía más de lo que ella creía podía dar.

Constantemente era blanco de los reproches del consejo, los ancianos no daban tregua a cualquier nimiedad que pudiera ocasionar. Tantas críticas, miradas de desprecio por parte de ellos poco a poco fueron acabando con su tranquilidad.

Ver a su hermana era completamente opuesto a cómo era ella. Hanabi siempre sonreía, era muy segura de sí misma y hacía gala de un valor que nada tenía que ver con la insegura, sumisa y temerosa Hinata.

A veces realmente sacaba de quicio a su padre, Hinata era una niña sensible, sus constantes miedos la hacían susceptible a la marea de críticas que tanto Hiashi como los miembros del consejo familiar hacían sobre su carácter. Para ellos era una vergüenza que precisamente ella, la futura cabeza de familia, fuera un desastre en los intercambios sociales.

Odiaba ese tipo de cosas, no se sentía ella, a veces deseaba ser como su madre y hermana que parecían pasárselo bien, pero claro, ellas no tenían que lidiar durante toda la noche estar junto a importantes hombres de negocios hablando sobre la bolsa de valores y nuevos proyectos a emprender con los Hyūga.

Ellas simplemente se paseaban por los salones de baile charlando y disfrutando de las veladas, mientras ella las hacía de empresaria precoz que debía agradar a conocidos y extraños.

Pero aquellos malos momentos no apagaban la ilusión que aún brillaba en los claros ojos de Hinata, a pesar de todo tenía sueños y metas. Se decía a sí misma que algún día recorrería el mundo, a su corta edad había viajado más que cualquier otro niño, pero nunca tenía oportunidad de explorar los lugares que visitaba.

Se decía que cuando fuera grande viajaría por todo el mundo, hasta los lugares más recónditos de la tierra. También soñaba cómo sería su esposo, tenía la ilusión de casarse muy enamorada, no quería ser como sus padres, desde que tenía uso de razón siempre vio el trato frío y distante entre ellos, no tenían nada que ver con los libros que leía a escondidas de la biblioteca de su madre.

Tenía muchos clásicos de la literatura que la llevaban hasta tierras remotas que soñaba visitar. Se había jurado que cuando fuera la sucesora de la familia las reglas cambiarían, los hijos que tuviera no crecerían separados como ella lo estaba de su hermana y primo, al contrario, quería que ellos tuvieran la infancia feliz que ella no tenía.

Podía resultar ser una soñadora empedernida, pero qué sería de su triste existencia sino tuviese un poco de ilusión a lo que le deparaba el futuro.

Sí, se dijo muchas veces que su meta era traer cambios a su familia, se acercaba el nuevo milenio y según todos decían, esta nueva era avecinaba una gran transformación a la forma en cómo se veía la vida.

El tiempo fue pasando, los momentos con su hermana eran cada vez más efímeros, Hinata adoptó más responsabilidades y aunque mejoró un poco su actitud en las reuniones sociales o de negocios a las que asistía, no podía dejar de lado su timidez.

Corría el año dos mil dos, cuando Hiashi Hyūga la informó sobre su próximo destino. Por orden expresa del consejo se buscaba que Hinata fuese más independiente, todos llegaron a la conclusión que a la muchacha de casi quince años le hacía falta un cambio de aires, y relacionarse con otras chicas de su edad.

Dejó Konoha para establecerse en Uzushio, lugar donde estudiaría en uno de los internados más reconocidos del mundo, el instituto Lady Royal School of Uzushio, no solo era importante su educación, también las relaciones que podía entablar allí dentro con las hijas de magnates con los que los Hyūga querían relacionarse, todo estaba premeditado.

La oportunidad de cambio llegó para Hanabi también, por órdenes de Hiashi ella tuvo que dejar Hi no Kuni para internarse en un colegio de señoritas, pero éste estaba en Suna.

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Después de su aniversario número dieciséis las vidas de ambas dieron un giro de ciento ochenta grados. A partir de entonces un secreto unía y separaba a las gemelas, mismo que hizo que sus personalidades distaran de lo que eran hasta ese punto.

La siempre vulnerable Hinata pasó a ser una joven fría, cínica y sin escrúpulos, obsesionada con convertirse en una arquitecta reconocida e importante mujer de negocios. Por su parte, Hanabi se alejó por completo del jet set que significaba formar parte su familia. Se volvió más retraída y discreta al tiempo que su hermana brillaba a los ojos del mundo.

Trece años pasaron para que la joven y hermosa Hinata Hyūga regresara a su país natal. Estaba por cumplir quince años cuando su padre decidió enviarla al antiguo Reino y la separó por completo de todo cuanto quería, rompiendo los lazos que la unían a su madre y hermana.

No fueron esos años de distanciamiento los que hicieron que la relación entre las tres mujeres se fracturara irremediablemente. Una cadena de eventos, comenzando por los celos y la envidia que el tratamiento especial hacia Hinata despertó en la más joven de todas, sumado a las traiciones que le sobrevinieron las veces que volvieron a encontrarse, fueron el detonante para que cada una tomara caminos diferentes, alejando de lleno cualquier posibilidad de arreglo entre ellas.

La flamante heredera se convirtió exactamente en lo que su padre quería, esos años le sirvieron para entender que el mundo real no es para los débiles. A fuerza de golpes y malas jugadas del destino, dejó de ser aquella chiquilla inocente que creía en la bondad de las personas, en especial la de su propia familia. A ella la pisotearon y humillaron de la peor forma cuando era apenas una niña por ser tan benevolente, una actitud que causaba molestias entre sus mayores. Era esa una de las razones de su cambio, también la de su regreso después de haberse prometido no volver jamás.

Para ser la Hinata que era ahora le costó sacrificar su alma, sus sentimientos y su propia vida. El desamor, la traición y la maldad que le demostraron las personas en quien confió, hizo que una roca se instaurara en el lugar donde se suponía debía latir su corazón. Sanar cada una de sus heridas no fue fácil, al contrario, la mayoría de ellas eran de aquellas que solo el tiempo puede curar. Por suerte tuvo el suficiente para apaciguarlas.

Luego de graduarse con honores de la universidad le pidió a su padre la oportunidad de formar parte del equipo que Hyūga Group & Co., tenía en Uzu. No tardó en hacerse un hueco en el complejo mundo de las mega-construcciones de la mano de la empresa que más temprano que tarde heredaría. Dedicó de lleno su tiempo en convertir todo lo que tocaba en oro, tanto que en el camino terminó perdiendo el último resquicio que quedaba de aquello que la hacía humana.

Cuatro años pasaron desde el día que una noticia la hizo querer regresar a Hi no Kuni, consumida por la ira decidió por todos los medios posibles que ella debía volver por la puerta grande, necesitaba verlo nuevamente a la cara, que fuera testigo de aquello en lo que la convirtió.

¿La razón? Un hombre que conoció durante sus primeros años en Uzushio y que fue el causante directo de cada una de sus desgracias. Él pertenecía a la familia dueña de la compañía inmobiliaria más grande del país, que era enemiga a muerte y competía con las empresas de misma índole anexas a los Hyūga, ese hombre era un Uchiha.

Fue entonces cuando una idea se le metió entre ceja y ceja. Venganza... y eso hizo los cuatro años antes de su regreso, planificar su venganza con la ayuda de su fiel amigo y confidente, Naruto Uzumaki. Estaba convencida que no fallaría, confiaba en su odio y estaba dispuesta a dar el todo por el todo con tal de hacerles pagar cada una de las lágrimas que la hicieron llorar, en especial él.

Llegó a las nueve y cuarto de la mañana, con más horas de antelación a lo que todos pensaban. El vehículo aparcó en frente a las ostentosa entrada de la mansión Hyūga. El chofer no tardó en abrir la puerta para ella, de la casa salieron varios sirvientes que con suma rapidez bajaron su equipaje de la cajuela, y con la misma rapidez desaparecieron en el interior de la casa. Dictó unas órdenes a su chofer, que este acató sin rechistar y se dio valor para por fin entrar al lugar que la vio crecer.

Entró a la lujosa mansión de la familia, se encontró con la misma casa fría y vacía de siempre, podía estar abarrotada de tanta opulencia, pero aquello no podía llamarse hogar, nunca lo había sido.

Los retratos familiares de distintas generaciones le dieron la bienvenida a medida que recorría los largos pasillos que la condujeron hasta su habitación. Durante el trayecto recordaba que alguna vez dentro de su inocencia e ingenuidad fue feliz en ese lugar tan triste.

La última vez que caminó por aquella instancia fue cuando partió hacia Uzushio a estudiar en aquel reconocido internado, aún era una chiquilla llena de sueños... muchas cosas sucedieron desde entonces, ella no era la misma y era evidente que nunca más lo volvería a ser.

No perdió más tiempo rememorando algo que ya no venía al caso. El pasado estaba en el ayer y no se podía cambiar, no ganaba nada torturándose al preguntarse cómo sería su vida si no hubiese... cómo sería ella si tan solo... despejó su mente.

Al llegar a su habitación encontró sus maletas perfectamente colocadas sobre la cama, el señor Homura no había cambiado en nada, a pesar del tiempo continuaba sabiendo qué haría justo después de llegar de viaje, ciertos hábitos no se perdían. Llamó al mayordomo y pidió que le prepararan el baño, necesitaba relajarse antes de partir a la empresa.

Tan eficiente como siempre, las muchachas del servicio no tardaron en tener todo listo para que se relajara en la tina, la ayudaron con la ropa, mientras ella se perdía en las esencias y aceites aromáticos de su baño.

Al salir se cubrió con un suave albornoz se dio su tiempo para arreglarse. Un hermoso vestido azul marino ceñido al cuerpo que llegaba hasta las rodillas, complementado con un blazer blanco que cubría el escote, sencillas joyas y un hermoso par de zapatos cerrados de aguja color rojo pasión.

El maquillaje fue muy sencillo, perfecto para el día, pero Hinata no pudo evitar pintar sus labios de un hermoso carmesí, lucía elegante y profesional sin dejar de lado su atractivo. Sonrió al verse en el espejo, quería causar una buena impresión en la importante junta de las once y media.

Vio el reloj de su muñeca, eran las diez. Cada vez faltaba menos.

Tomó su bolso y portafolios, y allí estaba de nuevo frente al espejo el reflejo de la mujer que era, para lo que nació. Salió de nueva cuenta, el chofer que contrató hasta que se terminara de instalar la esperó tal como le ordenó. Al subir de nuevo al auto por fin se dijo que estaba lista para partir hacia la compañía, el hombre asintió y puso en marcha a su lugar de destino. Hinata ese día tenía una misión que cumplir.

La última vez que pisó la empresa fue días antes de irse a Uzu, su padre le dio un tour por las instalaciones del Hyūga Corporate Center, recordándole por qué tenía que partir y las esperanzas que todos depositaban en ella como futura líder de la compañía y la familia. Lo aceptó como todo, al fin y al cabo desde niña fue así, era su deber para con su gente, todos confiaban en ella, era su destino y nadie podía cambiarlo.

Todo era más enorme de lo que recordaba. El rascacielos era imponente, en él se albergaban las oficinas centrales del Hyūga Group, si bien el edificio era regido en gran mayoría por su empresa, también otras corporaciones tenían allí sus instalaciones, en especial de bienes raíces que compartían acuerdos con ellos en el sector inmobiliario.

Antes de volver al país, la joven había contactado con una de esas empresas para que acondicionaran el ático del edificio que se hallaba en desuso y lo convirtieran en su nueva residencia. Al principio su padre no estuvo de acuerdo con que abandonara la mansión, luego de hablar largo y tendido, el líder Hyūga accedió a su petición con la condición que pasara seguido por la residencia familiar y fuera a cenar de vez en cuando.

Fue un alivio que aceptara, después de su regreso no creía ser capaz de soportar vivir bajo el mismo techo que Hanabi y su madre.

A lo lejos observó cómo Hiashi conversaba de forma amena con un hombre, quien por su vestimenta, intuyó era de Suna. Durante esa semana se celebraba la junta anual de accionistas de HG & Co., por lo visto acababan de salir de una de ellas. Hinata se acercó lentamente dando tiempo a que su padre terminara de despedir a su acompañante, no tenía ánimos para comenzar una de esas interminables presentaciones y halagos que hacía el hombre cada vez que se encontraban con algún cliente o inversor. Con una pequeña sonrisa —casi imperceptible— se acercó a su progenitor tras éste despedir al individuo en cuestión.

Si existía alguien que pudiera hacerle sonreír genuinamente, ese sin duda era su padre. Desde que decidió dejar de ser aquella muchachita temerosa y se transformó en la mujer que era, su relación sorprendentemente mejoró. Para muchos en cierto momento resultó extraño el cambio de actitud de los Hyūga, en especial el del patriarca, pues se sabía que éste siempre despreció y reprochó en reiteradas ocasiones la falta de confianza y fuerza de su primogénita.

Para Hiashi era frustrante tener que soportar las críticas de los socios y el consejo cuando consideraban a su hija como la peor opción para sucederlo. Por suerte aquello cambió.

—Por fin aquí, mi querida Hinata. Bienvenida a casa. —Ella como siempre, dio la reverencia correspondiente al jefe del clan. Luego el hombre se acercó y plantó un beso en cada mejilla de su primogénita.

La joven se permitió abrazar por unos momentos a su padre, pero ni aun la emotividad del momento apartó su pensamiento de lo que la llevó a volver. No perdió tiempo después de la pequeña muestra afectiva entre su padre y ella.

Rápidamente activó su modo profesional, ese día era especial para ella, ejecutaría su primer movimiento para acercarse a la familia Uchiha. El mayor había aceptado la propuesta de su hija, la inestabilidad que empezaba a sufrir el mercado extranjero, les llevaba a crear una vía de escape alterna a la crisis económica, era bueno invertir en otras empresas del país, que para entonces estaba teniendo un gran revuelo, en especial allí, en Konoha. Era ahí donde entraban en el juego sus enemigos y la excusa perfecta para llegar y entablar relaciones con ellos.

Para Hiashi, las proyecciones de su hija y el joven Uzumaki, eran meramente estratégica pensando en el bienestar de sus socios y sufrir lo menos posible los daños colaterales que podían surgir en un futuro no muy lejano. Asociarse a una empresa del prestigio de Uchiha's Real Estate Inc., —la compañía más grande de bienes raíces del país luego de haber empezado varias décadas atrás, con un capital mínimo del inmigrante de Kumo Indra Uchiha, teniendo tal éxito que en la actualidad lideraban el mercado inmobiliario del país—, era una jugada inteligente de Hinata, los Uchiha contaban con mayor credibilidad y rentabilidad en ese negocio, por ende los más peligrosos para sus otros socios. Tenerlos cerca sería un buen movimiento para liberar ciertas tensiones que se pudieron generar entre la rivalidad de ambas empresas hace muchos años atrás.

Lo que el patriarca no sabía, eran los intereses personales que movían a Hinata hacia sus potenciales socios.

Eran las once menos cuarto, la reunión estaba a punto de comenzar, la joven arquitecta pidió a su padre ir antes que ella a la sala de juntas mientras terminaba de instalarse en su nueva oficina. No estaba del todo mal, al contrario, tenía una hermosa vista de la ciudad que se imponía bajo sus pies. El momento se acercaba, su estómago se contrajo un poco, eran los nervios, sabía que él estaría presente. Después de tantos años por fin se verían las caras nuevamente. El momento había llegado, de lo que estaba segura era que su venganza se llevaría a cabo y la compasión era algo que los Uchiha no tendrían el placer de disfrutar.

—Naruto...— Pensó en su mejor amigo y confidente, para darse ánimos antes de partir hacia la sala de juntas a enfrentar su pasado.

Media hora más tarde entró con paso firme a la sala donde sus invitados la esperaban, algunos de los presentes voltearon a ver a la nueva integrante, excepto uno. Hinata cargaba un portafolio y otras carpetas donde traía la propuesta para sus invitados. Pronto se disculpó por haberles hecho esperar para empezar la reunión.

Hiashi la presentó a los representantes de la otra compañía, halagando cómo no, el gran trabajo hecho por su futura sucesora en la sucursal que tenían en Uzushio. En aquellos inexpresivos ojos nácar del mandamás Hyūga, podía verse un atisbo del orgullo que sentía por su primogénita. —Ella es una excelente Directora Ejecutiva. ¡Y cómo no!, si ha salido a su padre, ahí donde la ven es toda una fiera a la hora de hacer negocios. He visto a los hombres más ricos y poderosos del viejo Reino de Uzu codearse con ella, y en reiteradas ocasiones ha sido Hinata la vencedora. —Las pálidas mejillas de la mujer se tornaron de un tenue color rosa por los comentarios de su padre. Aún no se acostumbraba a recibirlos por parte de él.

Pronto todos se presentaron con la recién llegada, Itachi, Sasuke y Samara Uchiha, según lo que había investigado hasta ese momento, los hermanos desde hace dos años dirigían el negocio familiar. Los tres poseían unos rasgos característicos, sus grandes ojos negros y sus cabellos en igual tono, cada uno tenía un matiz diferente dependiendo como les diera la luz.

Algo hizo que el corazón de Hinata latiera más de prisa al momento de cruzar su mirada con la del mayor de los hermanos. Sus ojos eran más grandes que los de Sasuke y Samara, tenían largas pestañas que la hacían más profunda e intimidante.

Rápidamente la apartó y sus ojos se posaron en el lugar donde se situaba la comitiva de su empresa, allí se topó de frente con una mirada similar a la suya, una que conocía muy bien, la de su primo Neji, el representante legal del consorcio. Hinata le dio una media sonrisa a este último, no le veía desde hacía seis meses que fue a Uzushio supliendo a su padre en la visita mensual a la sede en ese país. Era bueno ver de nuevo esa paz que brindaba su tranquila mirada, había algo en esos ojos que la reconfortaba.

En el segundo que se distrajo viendo a su familiar, no se percató cuando Sasuke Uchiha se acercó para ayudarla con las carpetas que aún cargaba.

— ¿Me permite ayudarle, Señorita Hinata?— preguntó dándole una media sonrisa.

Los ojos de la heredera resplandecieron llenos de desprecio, sus labios se volvieron una fina línea recta, caminó hacia su asiento seguida del hombre sin cruzar palabra. Al llegar a su destino, éste colocó la pila de carpetas en el escritorio.

Sin más que un escueto Gracias —por mera cortesía y no parecer una mal educada ante sus invitados— la mujer tomó asiento después de despachar al Uchiha de nuevo a su lugar.

Mientras la escena transcurría sin la mayor importancia para el resto de los presentes, Hiashi observaba con detenimiento cada uno de los movimientos y el accionar de su hija. Gestos de manos, el nulo intercambio de palabras. Él no era tonto, algo andaba mal — ¿Con esa actitud pedante pretendía convencer a los Uchiha invertir un gran capital en su empresa?— Pensó el patriarca Hyūga. Para Hinata, el escrutinio de su padre no lo pasó por alto. Si no quería levantar sospechas, tendría que saber cómo mover sus cartas.

No dilató en dar inicio a la junta, expuso la grandiosa idea que consistía en una gran inversión de ambas partes en los mercados del otro y la creación de una fusión donde ambas empresas prestaran sus servicios. La constructora del Grupo Hyūga se encargaría de la compra de terrenos, el diseño, construcción y ambientación de espacios de propiedades comerciales y residenciales a nivel nacional y Uchiha's Real Estate Inc., sería la inmobiliaria encargada de sacarlas al mercado, vendiendo y rentando cada una de las propiedades... la idea consistía en forjar una alianza sólida que desplazase a otras firmas que de a poco se abrían espacio en el negocio. Era una oferta tentadora que haría incrementar ganancias por encima de los precios normales por la exclusividad y la clientela a la que iba dirigida, sin contar el prestigio que significaba obtener un producto proveniente de esas dos grandes corporaciones.

Samara y Sasuke estaban fascinados con lo expuesto por ella. A la mujer le pareció perfecto, y más ahora con la demanda que estaba presentando en las áreas comerciales, que sin duda era el objetivo del Grupo Hyūga. Pero no todos daban su opinión, Itachi, el mayor de los Uchiha, era el único que permanecía en silencio, escuchando y analizando todo lo expuesto hasta ahora.

Hinata al escuchar a los menores tan entusiasmados con la idea pensó que ya todo estaba dispuesto en bandeja de plata para ella. Aunque sus pensamientos de victoria se disiparon, cuando el mayor y cabecilla de los negocios familiares habló con esa voz grave y varonil que por un instante la hizo estremecer.

—Entiendo su punto de vista señorita Hyūga, pero no termina de convencerme. — Ese par de ojos azabaches se clavaron en los cristalinos irises de ella. Un estremecimiento le recorrió la espina dorsal y por un momento la llevó a perderse en la profundidad que reflejaban esos pozos oscuros. Era desconcertante, sentía como si él pudiese ver a través de ella y sus dobles intenciones.

Hinata se sintió expuesta, y pudo comprobar que el mantenerse en silencio durante todo ese tiempo era una estrategia del hombre. La desconfianza se vio reflejada en su rostro. No tardó en recobrar la compostura, no se dejaría intimidar por ese individuo, así que continuó su explicación sin dar mucha importancia al comentario, pero activando sus sentidos al límite, estaba entre fieras que esperaban el mínimo error y no se iba a dejar vencer, menos por un Uchiha.

Otra mirada oscura se posaba en cada movimiento de su cuerpo. Sabía quién era, nada más y nada menos que el flamante novio de su queridísima hermana gemela, Sasuke Uchiha. Hinata no comprendía la razón por la que Hanabi se había atrevido a emparentar con la familia del hombre que le hizo tanto daño. La odiaba por eso... ¿Cómo no podía darse cuenta que la estaban utilizando como una vez lo hizo con ella?, pero no importaba, por su insolencia al retarla también le haría pagar.

—La economía de su empresa va viento en popa Hyūga, los números están allí. Realmente no entiendo ese afán suyo para que creemos esta sociedad. Nuestro mundo son los bienes inmuebles, lo suyo las construcciones pero también poseen parte de ese mercado en Uzushio y aquí en Konoha, esta unión podría ser beneficiosa para ambos, pero seamos sinceros, lo sería más para nosotros que para ustedes ¿Por qué una constructora de talla internacional como la suya querría "ayudar" al negocio de los Uchiha conociendo los antecedentes entre ambas familias?— Una ceja enarcada hizo más que evidente la desconfianza que Itachi sentía hacia ella.

Hinata rápidamente contraatacó a la pregunta del hombre, alegando más razones para formar esa sociedad. Quizás no le convenció del todo, pero hizo que éste tomara en cuenta su propuesta para estudiarla y llegar a un acuerdo donde ambos salieran ganando. Una sonrisa traviesa se apoderó de los labios de la joven, quien con el gesto decía que se adjudicaba la primera victoria del día. Itachi, sorprendiéndola en su acto se la devolvió. Las miradas retadoras reflejaban la tensión y desconfianza tan grande que existía entre esos dos... ninguno daría su brazo a torcer, de ahora en adelante nacía una nueva lucha de poder entre los dos imperios, una que cambiaría las vidas de todos para siempre. El juego apenas acababa de comenzar.


N/A: Hasta aquí el primer cap, cambié y agregué varias cosas, espero que les guste.

Lis.


RESPUESTAS A REVIEWS

¡Tengo tres reviews del prólogo! Pues a responder.

amatista95: Holaaa Amatista (que lindo nombre, es una gema demasiado hermosa). Me alegra que te haya gustado mi fic, sí es algo corto, pero sé por qué me detuve allí. Aquí ya publiqué el capítulo 1 de nuestra protagonista. Espero que lo disfrutes y trataré de actualizar lo más pronto posible aprovechando que ahora que estoy de vacaciones. Besos.

Cinthya: Holaaaa Cinthya. A alguien le encantó mi fic #YUPIIIIII \o/ jajajaja, bueno aquí está la conti, espero que también te guste. Comentarios como los tuyos motivan a seguir escribiendo. #AbrazoPsicológico :')

Kds: Holaaa KDS, aquí está otro intrigante capítulo... ¿Qué oculta Hinata? ¿Qué le han hecho los Uchiha? Esta historia está llena de misterios por descubrir. Besitos y abrazos para ti también. =D


¿No pensaron que los borraría verdad?

Sayonara!