Muérdago
Reto publicado: 5 de diciembre de 2014
Ship: Jori
Escrito como parte del Victorious Christmas Challenge (VCC)
Disclamer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.
Despierto con el incómodo sonido de sus gemidos. Son las dos de la mañana y estoy segura de que llegó hace poco.
Esto de compartir departamento con Tori es el ochenta por ciento del tiempo, lo mejor que me pudo pasar, por supuesto hasta que el veinte por ciento se convierte en mi razón total para buscar otro lugar donde vivir.
Es curioso, que después de graduarnos de la escuela, ella y yo nos hayamos vuelto un tan amigas.
Todos, y me refiero a todos los que importaban en mi vida, se fueron a estudiar lejos.
Beck, Cat y Andre fueron a Nueva York. Mi adorable ex a estudiar arte dramático, Andre, composición musical y Cat, teatro y danza; los tres a demasiado talentosos como dejar pasar la oportunidad de formarse en Julliard.
Robbie, por otro lado, se mudó a Chicago, a estudiar comedia en el afamado The Second City y ha hecho un buen nombre en algunos de los más destacados clubes de la ciudad.
Todos lejos de Los Ángeles.
Tori y yo nos quedamos, para estudiar producción musical y cine en la Universidad de California y continuamos siendo compañeras en casi todas las asignaturas, tal como en la secundaria.
Era la única conocida entre más de setenta, prepotentes, engreídos, nada talentosos, estudiantes que llegaron de todas partes del país sin un entrenamiento previo más que hacer películas caseras y composiciones mal grabadas.
Ambas decidimos (sin hablarlo), ser nuestra mutua compañía y trabajar juntas en los proyectos que requerían una pareja. De lo contrario tendríamos que someternos a sacar notas mediocres, a "educar" al resto de nuestros compañeros o a realizar las tareas solas y darle el crédito a alguien que no tenía idea de nada; además, ambas somos demasiados competitivas para dejar que alguien, que no tiene interés en auto educarse, nos arrastre a la mediocridad.
Pronto empezamos a frecuentarnos más y más fuera de clases, a darnos consejos en nuestra vida privada, a... ser amigas, verdaderas amigas en realidad.
Todo mi esfuerzo por que no me simpatice, cambio a un: si no eres la mejor con ella, serás una más del montón, y deje de aborrecer lo que tanto me molestaba antes, su perfeccionismo.
Y ahí estábamos las dos, hartas de seguir viviendo en nuestras casas bajo las ridículas reglas de nuestros padres, así que, al iniciar el segundo año de carrera decidimos mudarnos juntas a un modesto departamento en Venice Beach.
No nos ha ido nada mal, debo admitir que mi vida va muy acorde con las expectativas que me planteé al graduarme. Más que eso, puedo decir que soy...
—¡Ah, hmmm, Ry-der, no pares... Hmmm, hmmm.
...feliz.
Ryder Daniels, en nuevo novio de Tori. Una completa desilusión si me lo preguntan.
Sí, regreso con el que, un día, quiso jugar con ella por una nota. Por suerte puedo decir que no somos compañeros, simplemente fue un error de cálculo.
Tori y yo fuimos, hace un par de meses, a un bar cerca de West Hollywood. El nuevo sitio de moda y el lugar más caro al que he salido. En fin, estábamos pasándola muy bien y, como siempre que salimos, no nos preocupaba buscar a alguien para bailar. Las dos íbamos directo al bar a tomar un par de tequilas y pasábamos a la pista de baile para desfogar todo el estrés de la semana.
Bailábamos juntas sin reservas. Muchos chicos creían que éramos pareja y, cuando un indeseable se acercaba, pretendíamos serlo. Era de lo más cómico pasar mis manos por su cintura y acercarla a mi cuerpo. Hundir mi rostro en su cuello pretendiendo besarla, ella, mientras tanto, enredaba sus manos en mi cabello y hacia lo suyo. Era magnífico y siempre funcionaba a la perfección, excepto para los idiotas que pensaban que estaríamos dispuestas a hacer un trío.
Ryder fue uno de ellos, se acercó a Tori esa noche, tomó la oportunidad cuando yo fui unos minutos al baño. Al salir los vi muy entretenidos, riendo de cosas banales y tomando aun más de lo que, usualmente ambas, solemos beber.
No voy a negar que Ryder se ha puesto más deseable que antes, se viste mejor y tiene una actitud más acorde a lo que siempre pretendió ser, el exitoso y más atractivo chico de cualquier lugar al que va.
No le ha ido nada mal en la vida tampoco, trabaja de asistente de producción en una serie de televisión, tal como yo, prácticamente ambos estamos al mismo nivel. Claro que yo llegué ahí con talento, ¿él?, quien sabe con cuantas personas se acostó él para lograrlo.
Esa noche nos preguntó si queríamos regresar a su apartamento y, ya saben, acostarnos con él. Yo no pude contener mi risa, sin embargo Tori me jaló a un lado y me dijo, entre palabras confusas, que quería hacerlo, quería ir con él.
Tori y yo teníamos un trato, bueno lo seguimos teniendo… al parecer; si vamos a acostarnos con alguien que no conocemos, lo haríamos en casa. No pasaríamos jamás la noche en otro lugar y exponernos a que suceda algo, como los cientos de veces que hemos escuchado sobre violaciones y cosas de ese estilo. Tenemos libertades pero siempre en nuestra propia cancha.
—¿Tori, estás segura? Es Ryder… ya sabes quién es.
—Jade, no estoy aceptando casarme con él. Es sexo casual, no una relación.
Según sus propias palabras, no me parecía algo del otro mundo. Muchas veces, habíamos hecho exactamente eso, conocer a un chico en una de nuestras noches de fiesta y volver a casa con él para pasar un buen rato; esto no parecía ser nada distinto.
—Está bien, ve a casa, yo me quedaré un rato más.
Y así sucedió, ellos se fueron y yo continue bailando y tomando tequila por un par de horas más.
Quién diría que Ryder estaría todavía ahí cuando regresé. Todos los chicos suelen durar no menos de media hora y se van por donde llegaron, muchas veces sin siquiera dejar un número de teléfono; pero no, Ryder todavía sacaba gritos de Tori cuando yo entré por esa puerta.
No era la primera vez que escuchaba a Tori tener sexo. Por favor, vivimos juntas y no es una mansión, es un departamento; pero jamás la escuché como esa noche o como las muchas que le siguieron.
Sin duda se ha convertido en una maldita tortura, vienen después de una "agradable" cena o una película, a veces después de reunirse para tomar un café al terminar el día de trabajo y saltan en la cama como si fueran conejitos.
Lo hacen todo el tiempo, todos los días que pueden, y siempre es así… Tori grita sus gemidos como si no existiera nadie más en el mundo y el tampoco se controla con los suyos.
Hay ocaciones en las que tengo ganas de entrar a su habitación y sacarlo a patadas. Ryder es rudo, no entiendo que es lo que Tori tanto disfruta. Escucho muchas veces cuando le da de nalgadas y Tori exclama con placer y dolor, o cuando hasta la cama parece partirse en dos de lo violento de sus arremetidas. Usualmente, cuando eso sucede, Tori trata de camuflar sus gritos de dolor en la almohada, porque sabe que llegará un punto en el que mi indignación llegue a tal nivel que en realidad entre con un bate de béisbol y le de un par de golpes. Insisto, Ryder es rudo, demasiado; pero ella sigue con él, tienen una relación y yo no puedo decir que no le guste eso, si deja que pase todo el tiempo.
Él nunca pasa la noche, no se queda. No sé si Tori le pide que se vaya, pero jamás ha amanecido aquí.
Ahora mismo escucho la puerta y sé que pronto estará a mi lado, como siempre, como todas las noches. Ella se acuesta con él, pero se acurruca conmigo, me necesita, le urge sentir el calor de alguien, aferrarse a algo que le de paz; y yo no la voy a rechazar, después de todo, somos amigas.
Entra a mi alcoba y ocupa el lugar que siempre tengo para ella, su preferido, el lado derecho de mi cama. Yo estoy de espaldas porque, para mi mala suerte, mi posición favorita para dormir es reposar mi cuerpo sobre mi lado izquierdo. Llega por detrás y se apega a mi lo más que puede, tanto que siento su respiración en mi cuello.
—Jade, ¿estás despierta? —susurra a mi oído.
No respondo, pretendo dormir. No quiero hablar ahora de cuanto me molesta que esté con ese patán de Daniels. Ya hemos tenido esta discusión antes y nunca ha terminado bien. Prefiero no tener otra ahora; yo también quiero sentir su calor está noche, como muchas otras, como casi todas.
Pasa su brazo sobre mi cuerpo y se acurruca moviendo su cabeza, de lado a lado, bajo mi nuca. En muy pocos minutos estamos ambas dormidas.
Nunca he podido dormir fácilmente o encontrar el sueño más profundo de inmediato, cualquier cosa podría despertarme sin mucho esfuerzo, así que cuando retira su brazo, entre sueños, y lo coloca sobre su cabeza, cambiando de posición hasta quedar recostada de espadas al colchón, abro mis ojos para verla.
Posa su otra mano sobre su vientre, seguramente tratando de aliviar la molestia. Otra vez se le fue "la mano" a Ryder. Juro que podría matarlo por ser tan brusco; muchas veces Tori queda sentida hasta el siguiente día. Entiendo perfectamente la sensación, no es nada agradable y no hace falta ser tan bruto a la hora de tener sexo.
No lo suficientemente cómoda, con su actual posición, gira su cuerpo sobre su lado derecho dándome la espalda y entonces es mi turno de acurrucarme a ella. Paso mi brazo sobre el suyo y entrelazo nuestros dedos sobre su sentido vientre. Me acerco y le doy un ligero beso en el hombro y me acomodo para seguir durmiendo. Ella lo siente porque aprieta sus dedos con los míos y volvemos a dormir.
Cuando despierto ya se ha ido. Debe estar en la cocina preparándose el desayuno, en poco tiempo tenemos que estar en clases.
—
Tres meses más transcurren desde aquella mañana cuando todo inició.
Salí de la habitación y la busque por todo el departamento, no estaba por ningún lado, ni siquiera dejó una nota. Pensé que tendría que estar más temprano en la universidad y deje de preocuparme, la vería en unos minutos después de todo. No fue así.
No asistió a ninguna de las clases de ese día y falto al trabajo. Cuando pregunté por ella, su jefe el señor Müller, me dijo que había pedido permiso por unos asuntos personales y que no iría al siguiente día tampoco, empece a alarmarme.
La esperé en casa pero nunca llegó, la llame varias veces pero no se digno en contestar, la llamada iba directamente al buzón de mensajes. Pregunté por ella a gente que tal vez pudiera darme una razón, pero nadie supo decirme algo útil. Llamé a sus padres y hasta a Trina, pero ninguno contestó.
Dos días después apareció, estaba recostada sobre el sillón con su cara y ojos hinchados de tanto llorar. La idea de reclamarle su desaparición, paso volando por mi cabeza y se esfumó el momento que vi una lagrima correr por su mejilla.
Me acerqué lentamente para preguntarle que había pasado y averiguar si estaba bien. Me senté a su lado y esperé a que lo haga evitando poner más presión a la situación. Nunca fui una persona paciente pero aprendí a darle a Tori espacio cuando algo la molesta o la deprime, ella sabe cuando es el momento de buscar apoyo moral. Así que ahora simplemente la espero.
—Trina tuvo un accidente en su auto al salir de una audición. Estuvo en terapia intensiva hasta hoy en la mañana —me dijo finalmente, recostándose sobre mi hombro, aun sollozaba—. Despertó del coma y el doctor va a mantenerla en observación durante 48 horas; tiene la pierna rota en tres partes y esta muy golpeada.
—Lo siento, Tori —le dije sinceramente. Trina puede caerme mal hasta el infinito, pero jamás le desearía algo así, sobre todo por Tori. No me hace bien verla tan afligida—. Me hubiese gustado estar ahí para ti. Estuve muy preocupada.
—Lo sé, pero perdí la noción del tiempo en el hospital. No fue hasta que mamá insistió en que venga a casa y descanse que me di cuenta que había pasado dos noches ahí.
—Trina va a estar bien, ya verás. Tu hermana es demasiado testaruda para dejarse vencer por esto y como dicen por ahí, mala yerba... —Me detuve, fui estúpida.
—... Nunca muere. —Terminó por mi con un suspiro calmado, como si mis palabras, aunque sean completamente ¡faltas de pensamiento!, le dieran algo de seguridad.
—Ven aquí —dije tomándola de la mano y guiándola hasta mi habitación, la suya todavía tenía la cama hecha un desastre de la noche que tuvo con Ryder unos días atrás.
La recosté y la cubrí con una frazada; fui al cuarto de baño y preparé la tina con agua caliente, supuse que había dormido sentada en la sala de espera y debía estar adolorida. Mezclé algunas esencias aromáticas de bañera para que pudiera relajarse y salí a buscarla.
Estaba ligeramente dormida, así que le froté el brazo, despertándola. Le dije que si necesitaba algo no dude en llámeme y fui a prepararle una sopa caliente.
Hay muchas cosas que he aprendido de Tori en estos años de amistad. Sé que odia usar medias en casa, le encanta sentir el frío del piso al caminar y siempre que puede, pasa descalza. Es una mujer muy física, por eso pide tantos abrazos, solo encuentra alivio en el calor ajeno; y así es, cuando no puede dormir en las noches, va a mi alcoba y se acurruca a mi lado. Cuando esta aburrida o ansiosa, llega y me pide ver una serie o película con ella, hacemos palomitas o comemos helado y finalmente encuentra mi brazo y se prende de él. Cuando esta feliz, corre buscando mis brazos, yo odiaba complacer su capricho (no soy tan física como ella), pero debo decir que le he encontrado el gusto con el tiempo, eso sí, solo con ella. Debe ser por la confianza que nos tenemos.
El efecto de una buena sopa caliente, es algo que aprendí muy pronto en nuestra relación. Siempre que estaba enferma, se preparaba una; cuando terminaba con uno de sus novios, buscaba una olla y comenzaba su ritual; hasta cuando está deprimida lo hace. Como ya lo dije, es una persona muy física, encuentra confort en algo que la haga sentir calor, que de alguna forma la llene, dándole paz.
Tres semanas después estábamos recibiendo a Trina en casa de sus padres con una pequeña fiesta; ellos, Tori y yo. Ella no podía estar más feliz de ver a su hermana volver a casa y yo más tranquila de verla a ella sonreír.
Transcurrió un mes y las fiestas se acercaban. Trina había pasado por una de las dos cirugías que necesitaba y Holly estaba muy ocupada atendiéndola en casa, así que le sugerí a Tori que entre nosotras preparemos la cena del día de acción de gracias.
Fuimos de compras al supermercado e hicimos los peores cálculos de comida posibles; creo que compramos tanto como para alimentar a un pelotón.
Bajamos una receta de internet y vimos algunos videos de como deshuesar el pavo. Vaya que fue un trabajo inmenso, además que tuvimos que anticipar que el pobre animal tenía que descongelarse dos días previos a cocinarlo.
En medio de cortar el tendón inferior de una de las alas, el cuchillo resbaló y me corté el dedo. Lo lavé inmediatamente con agua y jabón, pero el corte no dejaba de sangrar.
Tori tomó mi mano y se llevó mi dedo cortado a su boca, succionando un poco y luego acariciando inconscientemente la herida con su lengua. Fue extraño pero agradable, la herida se detuvo en unos minutos más y luego volvió a limpiarla con un algodón con agua y colocó una curita. Hasta ahí llegó mi manipulación con el pavo y el relleno, pero ella se lució y tuvimos una gran cena esa noche.
Hoy, es la víspera de navidad y fuimos a la íntima cena de todos los años en casa de los Vega. Siempre me lleva, lo quiera o no.
La primera vez que me forzó a ir, preparó ropa y la dejó sobre mi cama; me compró un nuevo set de tijeras, que estaba buscando, y me chantajeo para que la acompañe.
El segundo año ya habíamos establecido una amistad mucho más fuerte. No tuvo que rogarme... mucho. Ya no necesitó chantajearme.
Y esta vez acepté de primera a la invitación de Holly. No es raro decir que con ellos me siento muy en familia y es hasta agradable ir de vez en cuando a compartir un almuerzo o un cumpleaños. Sobretodo cuando es el de David, Holly se esmera en preparar algo completamente delicioso que puede quitarte la cordura momentáneamente.
Como se ha hecho costumbre en los últimos tres años, ésta noche hicimos el árbol de navidad, una nueva tradición que iniciamos al mudarnos juntas.
No teníamos dinero después de pagar la renta y dar el depósito de la garantía, hacer las compras de supermercado y reservar un dinero para la luz, el agua y el internet. Así que no pudimos comprar el árbol hasta el mismo veinticuatro de diciembre cuando, además, los tenían en promoción. Llegamos con el pequeño ente navideño y le pusimos un set de luces que compramos en barata, ahí mismo, en ese puesto.
No teníamos adornos así que improvisamos. Yo coloqué un par de mis tijeras pequeñas de botiquín, Tori sacó algunos de los cordones de colores de sus zapatos he hizo unos lazos en algunas de las ramas y colocamos en la punta un gorro de Santa Claus a falta de estrella. Fue nuestro primer árbol, lo armamos juntas y lo convertimos en costumbre. Ahora vamos a buscar uno a la plaza todos los veinticuatro en la mañana; ya tenemos muchos adornos y luces, pero esos ornamentos improvisados de la primera vez, son los más especiales.
Fuimos rápido a cambiarnos para salir. Nunca son cenas formales, pero a Tori y a mi nos gusta vestirnos especial para la ocasión, por eso, cuando vamos a comprar los regalos para su familia, aprovechamos y buscamos un nuevo atuendo para esa noche.
Al llegar, Trina nos abrió la puerta; ya solo usaba un bastón para ayudarse a caminar, las dos operaciones que tuvo, después del accidente, tuvieron buenos resultados y está casi recuperada.
—Ustedes dos se deben un beso —dijo David viéndonos paradas en el portal de la entrada. Tori y yo volteamos para arriba y vimos una rama de muérdago colgada del marco justo sobre nuestras cabezas.
Tori bajó la vista y regresó a ver a su madre; yo hice lo mismo, estaba sonriendo sin vernos. Volví mi mirada a la menor de las Vega y tenía los ojos entrecerrados, algo estaba pensando, algo no le cuadraba y, para ser franca, a mi tampoco.
—Vamos chicas que la cena está casi lista, no se pueden quedar ahí paradas toda la noche.
Miré sus ojos color café y la vi relajarse al concentrase en mi nuevamente. Respiró suavemente y sonrió acercándose a darme un tierno beso en los labios, fue corto pero sentido, al menos así lo percibí yo. Es la primera vez que nos besábamos y fue extraño, seguramente porque somos amigas o porque Trina, David y Holly nos estaban viendo, pero definitivamente fue extraño.
—¿Ven que no era tan difícil? —dice su padre finalmente invitándonos a pasar a la sala.
La cena estuvo realmente deliciosa y la noche muy agradable. Pero yo no dejaba de tener esa sensación de que hubo algo más en ese beso. De repente me di cuenta de que estaba mirando a Tori constantemente, que la observaba reír y sentía como una leve sonrisa se marcaba en mi rostro. A momentos, notaba como ella me contemplaba y cuando regresaba a verla, inmediatamente huía de mi, haciendo su cara a un lado, como si tuviera algo importante que decirle a Trina, que estaba a su derecha.
Sus padres pasaron la noche cruzando miradas entre Tori y yo, sonriendo con complicidad, como si supieran algo que ambas ignorábamos, fue extraño.
Yo por mi parte, aunque estaba disfrutando el momento, comencé a sentir una necesidad enorme de que la noche termine y acostarme en mi cama a esperar a Tori escabullirse entre mis sábanas y abrazarme por la espalda.
Al llegar a casa estábamos las dos exhaustas. Dejamos las bolsas de regalo sobre el mesón de la cocina y nos despedimos ligeramente sabiendo que en corto tiempo compartiríamos la noche.
Me encerré en el baño a realizar mi rutina, quitarme el maquillaje, lavar mi rostro, ponerme loción, lavarme los dientes y cambiarme a mis pijamas. Al salir me encontré con Tori recostada en mi lado de la cama, esperando con su cabeza reposando en su mano derecha sobre la almohada.
La acompañé tomando su lugar habitual y no pude hacer más que concentrarme en sus grandes y dulces ojos color café, ella también se perdía en los míos y no dijimos nada por algunos minutos.
—Gracias por esta noche, la pasé muy bien.
—No tienes que agradecer, mis padres te adoran y hasta Trina me dijo que ya le agradas.
Le sonreí, porque en ese momento, no sentí la repulsión al escuchar el nombre de su hermana.
La vi cerrar los ojos y acercarse hasta depositar en mis labios un corto beso que me tomó por sorpresa.
—¿A qué vino eso? —pregunté preocupada, somos amigas y hasta esta noche nada había pasado entre nosotras. Ella señaló con el dedo al techo y me di vuelta para ver a que apuntaba; había fijado una rama de muérdago sobre mi cama.
—¿Querías besarme otra vez? ¿Qué hay de Ryder? ¿No se va a molestar de que su novia esté besando a su mejor amiga?
—¿Hace cuanto tiempo que no lo ves? —preguntó y yo fruncí el ceño pensando el último día que tuve que escucharlos… No, vino y fue la noche que no lo hicieron, pasaron un rato en la habitación de Tori y él se fue, pero no lo hicieron. Esa mañana fue la exhibición del día acción de gracias en la Universidad.
—Hace como un mes —respondí dándome cuenta—… ¿Terminaron? —Ella asintió levemente—. ¿Por qué no me lo contaste?
—Tenía que aclarar algunas cosas conmigo misma primero.
—¿Qué tipo de cosas?
—Esto —exhaló—… nosotras, lo que siento por ti.
—Tori, yo… tú y yo somos amigas…
—Lo somos —me interrumpió—. Pero hay algo más, no somos solo amigas.
No supe que responder, es verdad, no lo somos, ya no tenemos trece años como para compartir la cama con tanta inocencia, lo hacemos con anhelo, con anticipación.
Yo la espero en casa al salir del trabajo, si viene sola, la recibo con alguna anécdota, con algo que le saque esa sonrisa que marque sus pómulos; espero a que ella haga su jugada y proponga algo para hacer. Es rara la ocasión que pasamos alejadas cuando estamos en casa, somos prácticamente una pareja no una amistad, lo único que no hacemos es esto... es besarnos, porque nos tocamos, nos acurrucamos, nos abrazamos, nos queremos... Eso lo tengo claro.
—Lo sé, pero… —me detuve.
—¿Pero?
—¿Qué sientes por mi? —susurré.
—Algo… no lo sé, algo muy fuerte. Te deseo todo el tiempo, quiero verte, quiero sentirte, quiero… besarte —murmuró—, creo que… me estoy enamorando de ti.
No lo puede negar también siento todas esas cosas, muchas fueron las veces que me imaginaba que es lo que Ryder sentía al tocarla, al besarla profundamente, al hacerla suya en esa cama que parecía ceder ante tanto deseo.
Estaba celosa, celosa de ese imbécil que ya no está en su vida.
—¿Y tú? ¿Sientes algo por mi? —me preguntó expectante, asentí sin hablar, la quiero, la deseo, necesito sentirla, quiero… lo quiero todo.
Me acerqué para robarle un beso, después de todo tenía un muérdago sobre mi cama.
No fue un beso como otros, sus labios son más carnosos de lo que parecen, tibios, dulces; disfruto atrapándolos con mis dientes, jalándolos un poco para luego presionarme completamente con su boca y jugar con su lengua. Mi cuerpo reacciona como nunca lo había hecho, ¿es esto lo que se siente cuando realmente estás enamorado de alguien? ¿Es normal tener esta necesidad de continuar sin que nada más importe en el mundo?
Compartimos muchas cosas durante tanto tiempo, nuestra relación creció de a poco. Ahora mismo estamos juntas, abrazadas, a punto de caer dormidas y solo puedo decir…
…fui tan ciega.
El amor vino de incógnito y se metió en nuestras vidas, sin dejarse ver y solo un muérdago me hizo despertar.
Nota de autor: Hola a todos, este es mi segunda entrada a los retos de navidad. Espero que les haya gustado.
Gracias a todos los que se han animado a escribir, puedo decir que todos me han parecido especiales y que los he leído con mucho gusto.
Espero que otros más se unan durante lo que queda del mes.
Espero actualizar el próximo en cinco días, es decir el miércoles próximo.
Ya saben, como siempre, su apoyo es importantísimo, no saben lo valiosos que son los lectores y lo mucho que todos apreciamos sus comentarios. una ":)" o una ":(" bastará pero soy toda oídos para recoger cualquier opinión que deseen dejarme.
Saludos y suerte,
Caro.
