—Eres tan hermosa... —me dijo Edward por enésima vez en la noche mientras me acariciaba la mejilla.
Yo sonreí ruborizada.
Si él podía olvidar a Isabella cuando estaba de fiesta, para coquetear con otras chicas, yo también podía olvidarme de Isabella, de mi verdadero yo, y ser completamente Kelia. La Kelia que parecía atraer a Edward.
Y es que desde que nos habíamos "conocido" hacía un par de horas Edward no se separaba de mí. Incluso los demás nos habían dejado solos para ir a bailar al notar la gran química que parecía haber entre nosotros.
—Gracias, tú tampoco estás mal —le respondí en broma, él se rió.
Estábamos sentados en una de las mesas más alejadas de la pista para poder hablar con tranquilidad.
—¿Cómo es posible que no nos hayamos conocido antes? ¿a qué instituto vas? —me preguntó sin dejar de acariciarme el rostro, ambos estábamos sentados muy cerca el uno del otro.
Y no pude evitar que Isabella volviera a salir a flote y pensé que, si así trataba a Kelia a la cual acababa de conocer, ¿cómo trataba a las demás chicas que conocía del instituto y babeaban por él? Las mismas chicas que miraban hacia donde estábamos y me miraban con envidia. Pero una cosa que noté es que no había odio en sus miradas, ese odio que dirigían a Isabella cuando estaba con Edward. Ahora sólo parecían sentir envidia, pero era como si entendieran que Kelia sí merecía estar al lado de Edward, no como Isabella.
Y dolía tanto que no era capaz de expresar con palabras cómo me sentía.
Pero no debía cometer errores, así que volví a ocultar a Isabella y Kelia salió de nuevo a la superficie.
—No soy del pueblo, vivo en La Push —mentí pensando en el otro único instituto que había en Forks. Al ser un pueblo pequeño sólo había un instituto, a excepción de el de La Push. Al cual acudían los que residían en esa reserva india y también algunos que no habían podido obtener plazas para matricularse en la escuela principal de Forks.
Así que pensé que sonaría creíble decir que estudiaba ahí. Dudaba mucho que Edward se tomara las molestias de averiguar si realmente estudiaba en La Push. Además, era la misma excusa que llevaba repitiendo durante años y hasta ahora me había funcionado.
—Si llego a saber que una belleza como tú estudiaba ahí me habría cambiado de instituto —dijo con fingido pesar mientras me tomaba de la mano y la besaba.
—No seas teatrero —respondí con una pequeña risita alegre, él me miraba todo el rato sonriendo, cosa que nunca hacía con... ¿pero qué narices me pasaba? ¿por qué no podía dejar de comparar su comportamiento con Kelia con como me trataba siendo Isabella?
"Porque es demasiado doloroso ver que trata mejor a una completa desconocida que a su novia a la que conoce desde pequeños", nuevamente la voz de mi conciencia me respondió algo que no quería escuchar. Por lo que me bebí de un trago el whisky de mi vaso y me serví otro.
—Además, seguro que tienes novia ¿no? Un chico tan guapo como tú dudo mucho que esté soltero —solté como si lo dijera de pasada mientras me servía otro vaso.
Él se rió.
—¿Estás celosa, cariño? —me preguntó con coquetería mientras levantaba sus cejas cuestionándome.
"Cariño..." siendo Isabella nunca me había llamado así, ¿por qué entonces llamaba de esa forma a Kelia?
Pero me repuse rápidamente, el alcohol era mi gran aliado en esa noche, si no fuera por estar ya prácticamente borracha me habría desmoronado y me habría tocado salir corriendo para poder llorar y expulsar todo lo que estaba sintiendo.
Nunca me había sentido tan miserable y despreciada.
Hasta ahora había sentido mucho rechazo por la gente de este pueblo, por mis propios compañeros de instituto, pero nunca de Edward. Si bien sí había recibido indiferencia por parte suya nunca habría podido imaginar que Edward me despreciaba tanto como para coquetear con otras como si no tuviera novia.
Entonces ¿por qué salía conmigo? ¿por qué salía con la tonta y aburrida Isabella?
—¿Debería? —cuestioné levantando ahora yo las cejas pícaramente.
Él se volvió a reír.
—No, no deberías. Desde que te he visto no tengo ojos para nadie más, eres tan perfecta...
Quise decirle que eso no respondía a mi pregunta, quise volver a preguntarle si tenía novia, pero no me atreví. Ya había recibido demasiados golpes bajos esa noche y no estaba preparado para oir el peor de los golpes cuando me dijera que no tenía novia. Porque algo me decía que esa iba a ser su respuesta. Y no quería oírla.
No podía oírla.
Así que cambié de tema.
—Oye, ¿me sacas a bailar? Me encanta esta canción —exclamé alegremente mientras miraba hacia la pista.
Él me sonrió y mi corazón palpitó de alegría. Había extrañado mucho sus sonrisas y aunque no fueran dirigidas precisamente a Isabella, en cierta forma iban dirigidas a mí, no importaba si era Kelia o Isabella a quien él sonreía. Lo que importaba es que yo era ambas personas y mientras sus sonrisas fueran para mí yo sería feliz.
Edward y yo nos pasamos el resto de la noche bailando y besándonos sin parar. Había sido él el que me había sorprendido en mitad de una canción atrapando mis labios entre los suyos, y yo me dejé llevar, porque por primera vez en muchos años volví a sentirme deseada por la única persona que había querido que me hiciera sentir eso.
Y ahora lo había conseguido. Edward volvía a desearme. Y fue en ese momento que me olvidé por completo de Isabella y fui sólo Kelia. La Kelia por la que Edward babeaba. Y eso me hizo sentir poderosa, porque por primera vez era yo quien tenía la sartén por el mango.
º º º
—¿En serio no quieres que te acompañe a casa? —me preguntó mientras salíamos de Eclipse, eran casi las cuatro de la madrugada.
Los demás nos seguían de cerca.
—Eso, que no nos importa acercarte un momento a casa, es tarde —añadió amistosamente Rosalie desde detrás.
Edward y yo íbamos abrazados y era obvio que todos se habían dado cuenta que había algo entre nosotros, nos habían visto bailar muy pegados y besarnos en la pista. Y aún así estaban todos la mar de contentos, como si no estuvieran siendo participes del engaño que Edward me estaba haciendo.
Eso me hizo replantearme si verdaderamente eran mis amigos. Y nuevamente no quise escuchar la respuesta. Porque por hoy ya había tenido demasiados golpes bajos.
Gracias a que estaba prácticamente borracha mi conciencia no salió para decirme cosas que no quería oír. Ahora entendía un poco más porque Charlie se refugiaba en el alcohol, era el mejor de los aliados.
No era normal en mí emborracharme hasta llegar a este estado, pero comparar el trato que Edward me daba siendo Isabella y siendo Kelia me hizo querer emborracharme para olvidar lo que dolía.
Y algo me dijo que tal vez esta no sería la última noche que necesitaría emborracharme para poder soportar el rechazo y desprecio con que Edward me trataba siendo Isabella, es decir, siendo yo misma.
Porque ahora mismo Isabella Swan, la novia de Edward, es decir, yo, era una cuernuda. Puede que Edward y yo no hubiéramos tenido sexo esta noche, pero sí había habido caricias y besos y eso en mi diccionario era infidelidad.
—No hace falta, he traído mi coche —contesté.
—Pero estás borracha, no creo que sea muy conveniente que conduzcas —esta vez fue Jasper quien intervino.
Me giré entre los brazos de Edward y le miré levantando una ceja.
—¿Y eso me lo dice alguien que está igual de borracho que yo? Todos estamos igual —exclamé entre risas que se contagiaron en el ambiente.
Y era cierto, todos estábamos tan borrachos que íbamos haciendo eses al andar.
—Bueno, al menos te acompañamos hasta tu coche, ¿dónde has aparcado? —me preguntó Edward mientras seguíamos andando.
—He aparcado al lado de... —pero me callé inmediatamente, recordando de repente que si veían mi coche se darían cuenta que era el coche de Isabella y empezarían las sospechas, hasta que se dieran cuenta de que era yo—. Uy, mira, si este es mi coche.
Exclamé mientras me paraba al lado de un volvo rojo. No era mío obviamente, pero ellos no tenían por qué saberlo.
—Bueno, pues buenas noches y hasta la próxima, Kelia. Un placer —me dijeron Jasper y los demás y se fueron para sus coches. Me despedí de ellos, pero Edward se quedó a mi lado mientras yo fingía buscar las llaves del coche en mi minibolso.
—¿Vendrás mañana? Quiero volverte a ver —dejé de buscar las llaves y le miré.
Sus ojos verdes me traspasaban y me quedé muda atrapada en su mirada. Era tan guapo... y estar borracha tampoco ayudaba mucho a centrarme en la conversación.
—Tal vez —le dije haciéndome la interesante. Pero la realidad era que no lo sabía, mañana era domingo y si trasnochaba también al día siguiente estaría muerta y no habría fuerza humana que me levantara para ir a la escuela.
No es como si Charlie se fuera a enterar de mis ausencias en la escuela, sino que era más por mí. No quería repetir curso.
—¿Me das tu teléfono? —me pidió al ver que no era seguro que nos volviéramos a ver mañana.
Me mordí el labio pensativa. No podía darle mi teléfono, él ya lo tenía y se daría cuenta que era el de Isabella.
Tendría que comprarme otro móvil para poder darle un número de teléfono.
—Tal vez la próxima vez te lo dé —exclamé juguetona guiñándole un ojo. Y para rematar la noche me puse de puntillas y le besé en los labios.
Pero el claxon del coche de Emmett se oyó a lo lejos mientras le llamaban.
—¡Vamos, Edward, mueve el cuelo y ven! ¡O vuelves andando a casa!
Edward y yo nos separamos y vi como rodaba los ojos con fastidio. No parecía querer separarse de mí.
Así que sonriendo le acaricié el rostro antes de susurrar "Descuida, nos volveremos a ver muy pronto".
Eso le reconfortó y se fue. Y yo pude dejar de fingir que ese volvo rojo era mi coche y fue justo a tiempo, porque un par de minutos después la propietaria del coche se acercó y se metió dentro.
"Por los pelos", pensé y me dirigí hacia mi verdadero coche que estaba un poco más alejado.
º º º
Cuando entré por la puerta de la cocina lo hice con cuidado, papá podía seguir durmiendo en el salón y no quería despertarle. Me quité los zapatos y me acerqué sigilosamente al salón, donde vi a mi padre tal cual le había dejado horas antes. Dejé los zapatos y el bolso en el suelo y fui un momento al armario por una manta.
Le cubrí el cuerpo con ella y recogí mis cosas para subir arriba como si nunca hubiera salido esta noche.
Me di un baño y me puse el pijama, entonces recordé que aún tenía que hacer el resumen del libro de texto para Edward. Era un trabajo que habían pedido hacía más de un mes, el mío ya lo tenía hecho desde hacía semanas. Pero aún recordaba cada punto y coma de ese libro, así que me puse delante del ordenador e intenté hacer otro resumen que fuera diferente al que yo había hecho para que Kellerman no notara el parecido entre ambos.
Terminé el resumen a las siete de la mañana y me fui a dormir al fin. Pero no pude dormir mucho que digamos porque a las ocho mi padre me llamaba gritando desde abajo.
—¡Tengo hambre, Bella! ¿Y el desayuno?
—¡Háztelo tú mismo, tienes manos! —le grité en respuesta mientras tapaba mis oídos con la almohada intentando dormir, no quería levantarme.
Desde que se fue mamá estaba acostumbrado a que yo hiciera el desayuno, la comida y la cena. Por lo general no solía importarme, pero hoy estaba tan agotada que no me apetecía levantarme. Él también podía hacerse algo de desayunar, no era tan difícil.
—¡A mí no se me dan bien esas cosas, bah, olvidalo, pediré una pizza! —oí que me respondía y me levanté bufando de la cama.
—Una pizza para desayunar, será inútil... —murmuré mientras me levantaba de mal humor.
Le preparé unas tostadas con mermelada y el café como a él le gustaba. Con una pizquita de leche y dos terrones de azúcar. Ya de paso me preparé un café solo para mí para ver si así conseguía despejarme, porque mientras preparaba el desayuno se me cerraban los ojos solos por el cansancio.
—No es bueno que estudies tanto por las noches, pareces cansada... —me dijo mientras desayunábamos, él estaba sentado y yo me quedé de pie apoyando la espalda en el borde de la encimera mientras sostenía en mis manos la taza de café.
En cuanto volvía del instituto preparaba la comida y tras comer me encerraba en mi habitación hasta la hora de la cena. Y tras cenar mi padre no me volvía a ver hasta el día siguiente. Él pensaba que me la pasaba encerrada en mi cuarto estudiando. Antes era así, pero ya no. Bueno... tal vez Isabella sí se la pasaba encerrada en casa, porque la que salía por las noches no era ella, sino Kelia. Así que en cierta forma papá estaba en lo cierto.
—Lo sé, papá, pero es mi último año antes de la universidad y quiero entrar en Harvard. Debo esforzarme —le dije con una pequeña sonrisa y sorbí un poco de café.
Si quería entrar en Harvard debía conseguir una beca, de otra forma me sería imposible, pero ser la número uno en clase me había costado el titulo de friky.
Él murmuró algo de que se sentía orgulloso de mí y empezó a leer el periódico de la mañana. Yo me terminé de un trago mi café y antes de subir arriba le di un beso en la mejilla a mi padre. Porque después de todo era mi padre y le quería. Sin importar que fuera un borracho que no sabía ni cocinarse un huevo frito.
Era el único padre que me quedaba.
Una vez arriba vi que tenía un mensaje de texto de Edward.
Me apetece verte, esta tarde estoy solo en casa, te espero a las cinco.
P.D: no te olvides del resumen del libro, gracias ;)
Me sorprendió mucho que me invitara a ir a su casa. Hacía tiempo que no lo hacía. Me ilusioné pensando que tal vez estaba arrepentido de lo sucedido anoche con Kelia, eso me puso muy feliz y empecé a arreglarme desde ese mismo momento para mi encuentro con Edward. Quería que me viera muy guapa. Yo ya sabía que era poca cosa e insignificante, por eso debía esforzarme más para verme bonita para él.
Y más aún cuando sospechaba que iba a decirme que se había equivocado y que no iba a volver a pasar. Eso en el caso de que me confesara lo de Kelia.
Pero me ilusioné pensando que era eso, por lo que la sonrisa no se me borró de la cara en todo el día. Me imaginé mil y una forma de cómo empezaría esa conversación. Me imaginé que me diría que me quería y que se había equivocado, pero que no volvería a pasar. Me imaginé tantas cosas que quería que sucedieran que no veía la hora de que fueran las cinco.
A las cuatro y media imprimí el resumen del libro de Edward y lo encuaderné poniendo su nombre en la portada. Me di unos últimos retoques (tapando con maquillaje el chupeton que me hizo Carlos) y salí hacia su casa.
Papá se había ido horas antes a pescar con Billy y Harry, unos amigos suyos de La Push, por lo que no notaría mi ausencia.
Cuando llamé a su timbre me sorprendí al darme cuenta de su mirada, estaba llena de pasión y deseo. Y verle mirarme así después de tantos años de miradas aburridas e indiferencia me llenó el corazón de calidez. Edward estaba empezando a valorarme y me quería. Por primera vez quería a Bella y no a Kelia.
Sin siquiera saludarme me besó y yo le respondí apasionada. Cerró la puerta con el pie y fuimos besándonos casi sin respirar hasta llegar a su habitación. La ropa desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Una vez ambos desnudos Edward me empujó hacia la cama de forma un poco brusca, pero no me importó, noté que lo había hecho porque estaba muy caliente y a estas alturas yo estaba igual.
Se puso encima de mí mientras me besaba todo el cuerpo y yo gemía por su contacto, por sentir sus labios sobre mi piel desnuda. Era tan placentero...
Pero aún lo fue más cuando entró en mí y empezó a embestirme salvajemente. Nunca me había hecho el amor así y me sorprendí de su actitud, pero me dejé llevar. Pensé que no tenía importancia su cambio de actitud, hasta que, cuando ambos llegamos al clímax, le oí susurrar.
—Kelia...
Abrí los ojos mientras sentía un picor que amenazaba con inundar mi rostro en lágrimas. Y no quería que me viera llorar.
Por lo tenso que se puso noté que él también se había dado cuenta de su error y se quitó de encima de mí. Ambos nos quedamos en silencio, él por no saber qué decir por su metedura de pata y yo por no querer empezar una conversación que llevaba huyendo mucho tiempo.
Una conversación en la que él me dijera que ya no me quería y que quería terminar. Así que guardé silencio y no le reclamé nada.
Hice como que no me había dado cuenta de que había nombrado a otra chica mientras me hacía el amor a mí.
—Voy un momento al baño, no tardo —fue lo único que pude decir antes de levantarme de la cama y encerrarme en su baño. En cuanto la puerta se cerró yo me resbalé hacia el suelo de espaldas a la puerta, las lágrimas que no había querido derramar delante de él salieron ahora sin control.
Ahora lo entendía todo. Edward no me había llamado para decirme que se había equivocado y que me quería a mí. No. Edward sólo quería saciar su apetito de lo cachondo que se sentía desde ayer por su encuentro con Kelia. Nada más.
Porque él estaba sintiendo algo que nunca había sido capaz de darme a mí: amor. Edward le estaba dando a Kelia, a una chica que acababa de conocer, lo que yo le llevaba suplicando desde hacía años. Y sin embargo su amor nunca sería para Isabella, sino para Kelia. Y más que nunca deseé que Isabella no existiera y que yo fuera realmente Kelia.
"Estás siendo injusta, aún no habéis hablado. Tal vez te diga eso que deseas escuchar, dale una oportunidad de explicarse", me recordó mi mente alegando a favor de Edward.
Me levanté del suelo y me lavé el rostro con agua para que no notara que había llorado. Tal vez mi conciencia tenía razón y Edward sólo se había equivocado al llamarme Kelia. Tal vez ahora cuando saliera me diría que me quería a mí y que se había equivocado.
De ser así yo le perdonaría y seríamos felices, porque nada más me importaba en esta vida que Edward. Él era mi todo.
Pero cuando salí Edward ni siquiera seguía tumbado en la cama, sino que se estaba terminando de vestir.
—Oye, mis padres no tardan en llegar, dame el resumen y vete ¿ok? Ya nos vemos mañana en el insti —añadió lo último guiñándome un ojo de forma un poco forzada. Como si tuviera prisa porque me fuera. Y me di cuenta que él no tenía intención de hablar de nada, él sólo quería que me fuera porque yo ya había hecho todo lo que había venido a hacer.
Porque su motivo para invitarme a su casa había sido egoísta y ahora me daba cuenta. Él nunca pensaba en mí, sino en él mismo. Y a pesar de saberlo ¿por qué no podía dejar de quererle?
¿Por qué no podía dejar de querer a alguien que sólo me lastimaba una y otra vez?
"Porque es la única persona que te quiere y te acepta como eres en este mundo, eres tan poca cosa que nadie repara en ti. Agradece que él te quiera aunque sea de forma egoísta, ya es más de lo que merece alguien como tú", jadeé ahogada por ese pensamiento tan cruel que había tenido.
Sabía que era cierto, pero eso no hacía que fuera menos doloroso.
Así que controlando de nuevo mis lágrimas me acerqué a mi bolso y saqué el trabajo de Edward dejándolo en el escritorio.
Edward se estaba peinando delante del espejo, me acerqué para despedirme y darle un beso en los labios, pero él ni siquiera reparó en mí, actuaba como si ya me hubiera ido y cuando me acerqué él se alejó para ir al baño.
No sin antes decir unas últimas palabras que dolieron como puñaladas.
—Cierra la puerta al salir.
¿No se suponía que era en estos momentos cuando tu novio te dice "Te quiero", "Adiós, nos vemos pronto, cariño" o cosas de ese estilo? Sin embargo Edward era frío conmigo.
"Porque no te quiere", cuando volví a oír la voz de mi conciencia salí de allí llorando, cerrando la puerta tal y como quería Edward.
Y al llegar a casa lo primero que hice fue beber a morro de una de las tantas bebidas alcohólicas que papá tenía por casa, ni siquiera me fijé en el nombre, me bastaba con que me hiciera olvidar mis problemas.
Después de todo papá y yo no eramos tan diferentes, ahora ambos necesitábamos el alcohol para olvidar.
