Capítulo 2 El Tigre y el Gaijin.
Al día siguiente, la molesta alarma sonó a una hora que Shun consideró completamente absurda: 6:00 am. Estaba enterrado en sus esponjosas y frías sabanas, con las cortinas protegiéndolo de la claridad de la mañana, cuando la alarma sonó retumbando por toda la casa y pegándole un susto de muerte.
-¿Qué…? ¡Siena, desactiva esa maldita alarma!- gritó Shun.
-Entendido.
El departamento quedó sumido en el silencio total. Shun, aún cuando estaba más dormido que despierto, caminó hasta la habitación de la computadora y se sentó frente a la pantalla para encontrarse con el rubio que salía del departamento en ropa deportiva.
-¡¡Agghh!!...¡No puedo creer que va a trotar a esta hora!- gruñó Shun, poniendo los ojos en blanco-Grábalo, Siena.
El peliverde regresó a su enorme cama con la esperanza de seguir durmiendo, para luego despertarse dos horas después debido a la alarma que sonó anunciando el regreso de Hyoga. Shun abrió los ojos después del segundo susto mortal de la mañana que terminó por espantarle el preciado sueño, por lo que se levantó de mala gana para bañarse y desayunar.
Mientas tanto, Hyoga, después comprar el desayuno y bañarse, encendió su laptop y comenzó a revisar los archivos de fotos viejas, una única foto suya de cuando era pequeño encontrada por su líder de su sección, los S.T.A.R.S y el permiso para viajar a Japón, otorgado por la misma persona, bajo la condición de ejecutar una misión especial en Tokio, la cual aún era desconocida. Sin embargo, pronto se enteraría de qué era lo que tenía que hacer.
Abrió la ventana de internet para comenzar a buscar nombres y teléfonos de estaciones de taxi que lo llevaran al primer sitio que al que tenía pensado ir. Aunque el japonés no fuese su idioma materno, pronto descubrió con cuanta facilidad podía aprenderlo, por lo que no le costó mucho entender los intrincados símbolos de los sitios web nipones. Luego, recordó al peliverde e ignorando la actitud ruda del muchacho, se dejó llevar por lo recuerdos de la noche pasada.
No logró verlo pelear, pero la tremenda seguridad que vio en sus ojos al disparar sin siquiera mirar a sus objetivos sorprendió a Hyoga.
-Sería un gran elemento para los S.T.A.R.S, lástima que sea tan insoportable –dijo Hyoga, cerrando la tapa de la laptop bruscamente.
El rubio se levantó y tomó el teléfono para llamar la línea de taxi y cinco minutos después, la molesta alarma volvió a sonar en el departamento de Shun.
-Siena, anota el siguiente recordatorio: poner una alarma menos insoportable. Creo que se me reducen los años de vida cada vez que suena- dijo Shun, leyendo el informe de Kara.
-Recordatorio anotado exitosamente.
El cazador, quien estaba sentado delante de la barra donde comía, vio desde la distancia a la que estaba la imagen de Hyoga montándose en el taxi.
Apoyó los codos sobre la barra y entrelazó los dedos delante de su rostro, mientras se hundía en sus pensamientos. El rubio no le había mostrado otra cosa que una actitud desafiante y rebelde, aparte de la enorme fuerza que aparentemente tuviera. Eso, sumado a que realmente odiaba la idea de tener un compañero le hizo pasar una muy mala noche. Las pesadillas y ese sentimiento que él tanto detestaba volvieron de golpe y eso lo tenía de un humor infernal. Ya le había jurado a Verona no tener un compañero y estaba dispuesto a cumplir con su palabra, sin importar lo que eso le costara.
Pronto, la alarma volvió a sonar, sacándolo de sus pensamientos y casi tumbándolo de la silla.
-Alerta de ataque en, aproximadamente 20 minutos. Ubicación: Narita-shi, Chiba 282-8601, Narita International, Aeropuerto de Tokio, entre las pistas dos y tres.
-Empezaron temprano- dijo Shun, levantándose de la silla.
Cinco minutos después, Shun salía del estacionamiento de su casa vestido con sus jeans negro plomo, la camisa manga larga verde militar arremanga hasta los codos, los guantes negros, el abrigo del mismo color guindado del brazo y los lentes oscuros cubriéndole los ojos. Llegó hasta su auto, abrió el maletero y automáticamente se abrió una compuerta donde estaban las armas del peliverde, todas adaptadas para enfrentar a los demonios. Volvió a cargar las dos armas semiautomáticas que usara la noche anterior, cerró el maletero y regresó al asiento del conductor para salir a toda velocidad hacia el aeropuerto internacional de Japón.
Hyoga, por su parte acababa de llegar a su destino, una discoteca que estaba cerrada, debido al horario. Pagó y se bajó, ignorando la mirada confundida del taxista. Tocó tres veces y luego dos más para que le abriera un hombre de cabello blanco, peinado hacia atrás, sus ojos rasgados estaban casi cerrados del todo, surcados por las arrugas. Tenía una camiseta estilo hawaiano que a Hyoga le pareció fuera de lugar, pero no dijo nada. El sujeto lo dejó entrar sin decir una sola palabra y lo llevó hasta la oficina, donde se encontró a otro hombre, exactamente igual al primero, con la misma camisa hawaiana. Su gemelo lo invitó a sentarse.
-Yo soy Kaito, él es Yuma. ¿Eres tú el enviado de Sergei?
-Sí- dijo Hyoga, mostrándole la identificación de los S.T.A.R.S.
-Bien-dijo Kaito, sacando una caja debajo del escritorio.
Abrió la pequeña maleta y sacó las armas que Hyoga revisó para confirmar que eran las indicadas.
-Anoche me hubieran servido de mucho, así no habría tenido que toparme con ese sujeto- pensó Hyoga.
-Esta es la credencial que te acredita como miembro del Instituto de Geología, Geofísica y Mineralogía de Novosibirsk, Rusia. Eres un vulcanólogo que vino a estudiar, valga la redundancia, los volcanes activos de Japón. Trataremos en lo posible que no tengas que rendirle cuentas a nadie, pero te entrenaron para que, si llegara a ser necesario demuestres que eres Vulcanólogo y no le queden dudas a nadie. La razón por la hicimos esto es porque tu misión aquí puede tomar algunos meses.
Hyoga sólo asintió. Él ya sabía que la misión podía llevar tiempo, además contaba con el apoyo de Sergei para realizar su propia búsqueda, algo totalmente ajeno a su trabajo con los S.T.A.R.S
-Esta es la carpeta con la información que necesitas. Éste hombre es tu objetivo.
Kaito notó por un par de segundos que el rubio perdió el color en el rostro, antes de volver a su natural actitud fría e indiferente.
Mientras tanto, Shun realizaba una llamada por su teléfono celular, conduciendo a toda velocidad, o al menos lo intentaba, por las atestadas calles de Tokio.
-Detesto cuando hay tráfico-gruñó Shun, esperando que le atendieran la llamada- Rui, soy yo, Shun. Estoy en camino hacia allá, necesito entrar a las pistas 2 y 3, lo más cercano posible. Estoy a menos de cinco minutos de llegar, así que hazlo ya.
El peliverde ignoró las respuestas nerviosas del jefe de seguridad del aeropuerto y trancó la llamada cerrando la tapa del celular y dejándolo en el asiento del copiloto.
Como él había predicho y después de tragarse algunas luces rojas, Shun llegó al aeropuerto. Ni siquiera tuvo que bajarse del auto, cuando le abrieron las rejas y pasó al lado de los policías como una exhalación. El resto del equipo de seguridad estaba controlando la salida de los pasajeros, mientras la torre de control alejaba a los aviones cercanos de las pistas 2 y 3, dejándole el camino libre a Shun. Éste observó a la distancia el portal que comenzó a abrirse y pisó el acelerador, mientras pulsaba el botón que bajó la ventanilla de su puerta. Sin siquiera quitarse los lentes oscuros, Shun sacó el brazo por la ventana y comenzó a disparar.
Hyoga aún miraba la carpeta y la fotografía sin poder creer lo que realmente estaba pasando. Kaito se removía incomodo en su asiento y estuvo a punto de levantarse cuando el rubio alzó la vista y lo dejó sembrado en la silla.
-¿Qué tengo que hacer?
-La misión es acercarte a como dé lugar y reclutarlo, o en el peor de los casos, matarlo.
-¿Por qué tendría que matarlo?
-La líder de la división bajo la que él se encuentra es una persona de dudosa reputación. En algún momento se comenzó a experimentar con la sangre demoniaca en los humanos, ya que está científicamente comprobado que mejora por mucho las habilidades, reflejos, sentidos y musculatura. Pero "los de arriba", los de la central prefirieron detenerse antes de causar un daño irreversible en estos "conejillos de indias". Esta persona, hace varios meses dejó de responder directamente a sus superiores. Algunos de los suyos han muerto bajo extrañas condiciones. Sólo hemos logrado practicarle una autopsia a uno de los cuerpos y encontramos una exagerada cantidad de sangre demoniaca.
-¿Están seguros de que fue ella? La sangre de demonio se comercia ilegalmente en todas partes del mundo, el "conejillo de indias" pudo haberlo encontrado en otro lado.
-Sí, lo sabemos, pero estos hombres deben pasar por un examen médico cada tres meses. Ellos tenían que notarlo y si fue así no hicieron nada al respecto.
-¿Y qué tiene de especial este muchacho? ¿Él también tiene sangre demoniaca?
-No lo sabemos, pero no queremos arriesgarnos. Es uno de los pocos que no hace su trabajo principalmente por el dinero, ya tiene demasiado. Él lo hace por vocación y eso lo hace uno de los mejores del mundo. No queremos perderlo.
-El colmo, además de todo el desgraciado es bueno en lo que hace- pensó Hyoga.
Mientras tanto, Shun ya se había bajado del auto. Varios docenas de pequeños demonios estaban muertos y sólo quedaban los de mediana estatura, tan altos como él, 1.85mt, aunque bastante más fuertes.
Rui, el jefe de seguridad estaba al lado de Shun, temblando de pánico y estratégicamente escondido detrás del maletero del auto, mientras el peliverde sacaba un par de katanas.
-¿Cómo lo haces? Estas tranquilo y… ¡¿vas a usar esas espadas?! ¡¿Estás loco?!
-El sol les molesta, no ven bien. Además, son tontos y lentos. Estos no son un problema. Vete y ve preparando el informe-dijo Shun.
El policía asintió y salió corriendo del lugar, mientras el cazador se acercó a los demonios lentamente, casi saboreando el momento, burlándose de ellos al dejarlos notar su presencia.
-Siempre demasiado tarde-dijo en voz baja.
Rápidamente, comenzó a cortar cabezas a diestra y siniestra, mientras los demonios gruñían a causa del olor de la sangre de sus compañeros.
Mientras tanto, Hyoga recién salía de la discoteca, cuando se volteó hacia Kaito.
-¿Por qué tengo que matarlo si es tan bueno como dices?
-Eso sería en el peor de los casos y realmente esperamos no tener que llegar a eso, pero si él está inyectándose la sangre demoniaca y llegara a perder el control tendríamos un enorme problema en nuestras manos. La prioridad es reclutarlo, lograr que sea uno de los S.T.A.R.S y luego depurar la división de Japón. Lo que queremos es tenerlo asegurado, así que acércate a él, por los medios que sean necesarios.
-Entiendo. Enviaré el primer informe lo más pronto posible.
-Toma, son las llaves de tu auto, lo necesitarás.
-Gracias.
Luego, Hyoga siguió a Kaito al estacionamiento donde le indicó cual auto le correspondía, un Mustang, último modelo. El rubio y el japonés se despidieron y éste último regresó a su oficina, mientras el otro salió a las calles de Tokio a reconocer todo el lugar. Quedó atrapado en una cola que se formó por culpa de un choque.
Mientras esperaba que el tráfico cediera enfocó su atención en las noticias que salieron en una pantalla enorme de un edificio cercano. Debajo de la imagen de la periodista corría una cinta en rojo que rezaba: "En vivo y directo desde el Aeropuerto Internacional de Japón". No lograba escuchar a la chica por culpa de las cornetas que sonaban y los transeúntes, pero las imágenes se lo dijeron todo.
Vio detrás de la periodista las instalaciones del Aeropuerto Internacional, la policía mantenía alejada a la prensa y a los mirones, mientras algunas camionetas sacaban restos de cuerpos de demonios. Luego, la chica comenzó a correr con el camarógrafo detrás de ella, al igual que el resto de los periodistas que allí se encontraban. Hyoga, pronto reconoció el rostro que trataban de enfocar las cámaras aunque se encontraba a una distancia considerable, llevaba lentes oscuros y caminaba rápidamente hacia su auto, sin importarle las preguntas que gritaban los periodistas. Se montó en el auto plateado y salió disparado del aeropuerto, pasando a unos escasos dos metros de distancia de la cámara, para luego perderse entre la multitud del tráfico.
Se quedó mirando la pantalla, perdido en sus pensamientos, cuando los estridentes pitazos lo devolvieron a la realidad y se dio cuenta de que estaba deteniendo el flujo del tráfico. Arrancó y encendió la radio para ver si encontraba la noticia del más reciente trabajo del cazador, mientras averiguaba la manera de regresar a su casa.
Shun, por su parte, también trataba de llegar a su departamento, cuando recibió una llamada de Kara. Levantó la tapa del celular, puso el altavoz y dejó el aparato en el asiento de copiloto.
-¡Felicitaciones! Fue un excelente trabajo, Shun. Ni un sólo herido y la situación completamente controlada- dijo Kara, con entusiasmo.
El peliverde sonrió a medias y asintió.
-¡No asientas, responde, no puedo verte!
-Cierto, lo siento- respondió Shun, riendo.
-Agh, lo sabía. ¿Dónde estás?- preguntó Kara.
-Tratando de llegar algún sitio de comida rápida, tanto ejercicio me dio hambre- dijo Shun, tocando la corneta.
-Son las once de la mañana, Shun. Cielos, no sé cómo conservas la figura que tienes con todo lo que comes.
-Eso es porque soy genial.
-Sí, supongo- dijo Kara, riendo-Nos vemos más tarde.
Luego, la chica trancó la llamada y él cerró la tapa del celular.
Media hora después, Shun estaba en su departamento comiendo un paquete de las que él consideraba las mejores hamburguesas del mundo.
Hyoga también logró encontrar su camino de regreso. Estacionó el auto y entró al edificio. Pasó el resto del día mirando la misma foto y pensando de qué manera podía acercarse a su objetivo, pero la única forma que se le ocurría era con el típico "plan de carnada".
-Me parece que tendré que salir a dar un paseo esta noche- dijo Hyoga, pensando en voz alta.
Llegada la noche, el ruso salió como tenía previsto. Tomó la credencial del Instituto de Geología de Rusia y dejó la identificación de los S.T.A.R.S junto con las armas. Estaba seguro de que Sergei le hubiera dicho que estaba loco por salir desarmado, pero él no le temía a la muerte y ciertamente no estaba en sus planes fallar en su misión. Su confianza en su propia fuerza y su capacidad para armar una estrategia en los peores momentos lo llevaron a ser el elemento más fuerte de los S.T.A.R.S y la mano derecha de su sargento. Sergei siempre le decía: "Parece que naciste para pelear, eres un arma, no un humano". Precisamente por eso, Sergei le asignó tan importante misión y le permitió realizar la suya. Pensando en eso, Hyoga salió del edificio.
La alarma en el departamento de Shun volvió a sonar, aunque esta vez el peliverde no estaba allí para caerse de la silla, estaba en una discoteca atestada de gente con la música a todo volumen que le impedía escuchar la pequeña alarma de su teléfono sonar en el bolsillo de su pantalón, avisándole que Hyoga corría un grave peligro.
Se acercó hasta la barra donde saludó al bartender, un chico más alto y fuerte que la mayoría de los japoneses, de piel muy blanca, cabello negro azabache con algunos mechones parados y los ojos azules.
-¡Hey, Shun! ¡Tenía tiempo sin verte!
-Hola, Haru, fueron sólo un par de días, ¿Significa eso que me extrañaste?- dijo Shun enarcando una ceja y sonriendo con arrogancia.
-Ya sabes cómo soy yo- dijo Haru, sonriendo igualmente y acercándose un poco al peliverde.
-Claro- respondió Shun, asintiendo.
-Has tenido mucho trabajo hoy.
-Sí, más de lo normal. Quería hablar con Verona a ver si sabe algo, esos bichos parecen estar buscando algo, los noté algo desorientados. Pero no la veo por ningún lado- dijo Shun, mirando el panorama.
-No está aquí hoy. ¿Preocupado por tus victimas?
-En lo absoluto.
-Oye, creo que tu celular está sonando.
Shun bajó la cabeza y se encontró con la luz titilando detrás de la tela negra. Sacó el aparato y vio la alarma de ataque.
-¡Maldición!
El peliverde salió disparado de la discoteca, mientras revisaba el celular. Se dio cuenta de que el ataque se produciría en menos de diez minutos en un parque bastante alejado de donde él estaba. Peor aún, reconocía al único objetivo visible que aparecía en las imágenes de la cámara de seguridad.
-Ese bastardo
Se puso el casco, encendió su motocicleta, unaSuzuki GSX Hayabusa 1300 R roja aceleró hasta alcanzar los 130kilometros por hora. Secretamente se dio cuenta de la urgencia que sentía por llegar y la punzada que le atravesaba el corazón.-Maldito nerviosismo. Por favor, no otra vez…sólo déjame llegar.
Mientras, Hyoga se agachó y tomó una piedra que luego lanzó al lago del parque donde se encontraba, aparentemente sin ninguna razón específica, aunque él sabía exactamente para qué lo hacía.
Era la segunda piedra que lanzaba y esta sólo le confirmaba lo que ya había notado: la dirección del aire estaba cambiando. Escuchó unos extraños ruido entre los árboles, no le costó encontrar a la pareja escondida en la oscuridad y soledad del parque. Estos se sobresaltaron el ver al rubio apoyado en el árbol frente a ellos y cruzado de brazos.
-Búsquense un hotel, váyanse de aquí.
La mirada gélida y penetrante los convenció de no protestar y optaron por salir corriendo para alejarse lo más pronto posible del rubio, quien los vigiló hasta que la vista se lo permitió. Luego, la corriente de viento se hizo más fuerte.
-Se acercan. Más te vale que aparezcas- Pensó.
El ruso comenzó a caminar entre los árboles en dirección hacia donde corría el viento, mientras las hojas caídas se elevaban por los aires y las copas de los árboles se mecían acelerando su movimiento gradualmente.
Shun, por su parte, llevó la motocicleta hasta el límite de la velocidad, los autos, arboles y edificios solo eran una marca borrosa que pasaba a su lado en un suspiro. Poco le importaba el peligro en el que estaba él mismo con la velocidad que llevaba, ya que lo único en mente que tenía era llegar al parque. Él celular volvió a sonar, pero no apartó los ojos del camino, no necesitaba hacerlo, él ya sabía lo que significaba.
En el parque, Hyoga vio los tonos de rojo y negro mezclarse en el remolino que se formó en el aire y luego los cuatro demonios salieron que salieron disparados de ahí. Cayeron suavemente sobre el césped verde y bien cuidado y el ruso los vio claramente. Bípedos, de largas y musculosas patas, más dos metros de altura, piel rayada, crestas y garras muy fuertes.
-Raptores. ¡Mierda, son los peores!- pensó Hyoga, alarmado.
El rubio se dio la vuelta y se internó en el arboles lentamente, tratando en lo posible de no llamar su atención, aunque sabía que no tendría mucho éxito, ellos ya olfateaban el aire buscándolo. Trató de alejarse de ellos, pero en la distancia vio de nuevo a la pareja regresando a los límites del parque.
-¡Maldita sea!
Los raptores los vieron y justo cuando iniciaron la caza unos gritos llamaron su atención. Hyoga apareció detrás de ellos y les lanzó piedras para atraerlos, pero dos ya se habían alejado demasiado. La pareja quedó petrificada al ver a los demonios, el miedo les impedía mover un sólo músculo y los raptores corrían a toda velocidad hacia ellos.
-¡¡Corran!!- gritó Hyoga.
Los otros dos raptores se dieron la vuelta y encararon al rubio. Comenzaron a caminar lentamente hacia él, gruñendo para intimidarlo inútilmente y él solo podía retroceder con la misma lentitud. La pareja lo obligó a quedar al descubierto y ahora se quedaban parados y Hyoga no podía hacer nada para evitarlo.
-No van a moverse-dijo Hyoga.
De pronto, el rubio escuchó el chillido de una moto acercándose a toda velocidad. Vio la mancha roja pasar al lado de los límites del parque y pronto divisó en la distancia al conductor apuntando en su dirección. Rápidamente, una línea de pequeños estallidos que levantaron la tierra se fue acercando a él, obligándolo a hacerse un lado y cayendo sobre el césped. Cuando levantó la vista se dio cuenta de que había disparado para espantar y herir a los raptores, si bien no logró matarlos. Hyoga aprovechó la confusión de los demonios para levantarse y salir corriendo hacia donde estaba la pareja de enamorados.
Shun siguió el mismo rumbo y disparó de nuevo, pero los chicos estaban demasiado asustados y sólo atinaron a bajar la cabeza y cerrar los ojos, esperando una muerte segura.
-¡¡Muévanse!! ¡¡Corran!!- gritó Hyoga, mientras corría hacia ellos.
Los raptores siguieron corriendo hacia la pareja y cuando estuvieron a menos de dos metros, saltaron hacia ellos.
Shun entró al parque con la moto y logró llegar a tiempo para matar al más cercano, pero el casco le obstruía la visión y falló el segundo tiro, dándole tiempo al raptor de matar al chico. La muchacha comenzó a gritar aterrada, sin saber a dónde correr, sólo retrocediendo lentamente mientras el demonio devoraba a su novio. La moto roja se interpuso entre ella y el raptor y quitándose el casco, Shun descargó casi toda el arma sobre la cabeza de la criatura. Cuando levantó la vista vio otro portal crearse justo delante de él. De ahí salieron cuatro raptores más que acorralaron a Hyoga, obligándolo a detenerse en seco. Se dio la vuelta, pero los primero dos demonios, aunque heridos, seguían detrás de él.
-¡Lárgate de aquí, ahora, llama a la policía!- dijo Shun.
La chica asintió y salió corriendo. Luego, él volvió a encender la moto y se fue directo contra los dos raptores que le deban la espalda, pasó entre ellos, inclinó la moto hasta que se fue contra el piso y saltó fuera de ella, rodando sobre el césped y dejando que la moto se deslizara sobre la tierra suave. Esta pasó al lado de Hyoga y siguió directo contra el primer par. Shun quedó apoyado sobre su rodilla derecha y apretó el botón rojo del pequeño control que tenía en la mano, haciendo que la moto estallara en el momento preciso para destruir por completo a los dos raptores. El enorme hongo de fuego y humo se elevó por los aires, lanzándolos a ellos y a los demonios restantes a varios metros de distancia de donde estaban originalmente.
Los raptores quedaron desperdigados, pero Shun ya se había acercado lo suficiente a Hyoga como para que no quedaran demasiado separados. Ambos se levantaron casi inmediatamente; Shun se quitó el arma vacía de encima, la tiró al suelo y tomó las dos pistolas negras semiautomáticas que cargaba colgadas en los muslos. Se plantó frente a Hyoga, dándole la espalda y encarando a los raptores que se levantaban aturdidos por la explosión. Tenía los brazos completamente extendidos hacia cada lado y miraba en ambas direcciones, abarcando con su campo visual a todos los raptores. Mientras tanto, retrocedía lentamente, en un intento por alejar a Hyoga de los demonios.
-Te ayudaré - dijo Hyoga.
Shun notó el completo control en la voz del rubio, pero no tenía tiempo para pensar en eso.
-No necesito tu ayuda.
-Olvídalo, no puedes contra los cuatro tú solo- dijo Hyoga.
-Te dije que…
-Y yo te dije que te ayudaré, no estaba pidiéndote permiso- sentenció Hyoga.
Luego, el rubio levantó la camisa de Shun y, cómo él ya había notado, tenía otra arma semiautomática plateada y negra, metida en el cinturón del pantalón. La tomó, liberó el seguro y se colocó al lado del peliverde.
-Tsk, si te mueres, procura no perderla, es mi favorita- dijo Shun.
-Ni te preocupes, no moriré porque me quites el ojo de encima-respondió el rubio.
Ambos se colocaron de espaldas al otro, cuando los raptores los rodearon.
-Supongo que no tengo que enseñarte como coño los vas a matar ¿verdad?
-Cállate y concéntrate en tu parte, no quiero tener que salvar tu trasero después-dijo Hyoga.
-Como si tuvieras tanta suerte.
Los raptores se prepararon para atacar. Sólo había dos maneras de matar a los demonios: impactos contundentes al corazón o la base del cráneo y desparecerlos del todo, como hizo Shun al destruir su motocicleta frente a ellos.
Dispararles a la base del cráneo estaba descartado, al igual que otra explosión, por lo que sólo les quedaba esperar el momento justo para que dejaran su corazón al descubierto y matarlos rápidamente.
Sólo faltaban pocos segundos y los raptores saltaron sobre ellos. Justo en el momento indicado, ambos vieron la oportunidad y dispararon. Entre el humo de las pistolas y la tierra que se levantó al caer los enormes cuerpos, al principio ninguno veía nada de lo sucedió detrás de él, pero rápidamente se dieron la vuelta y antes de darse cuenta los dos se apuntaron mutuamente, Shun con sus dos armas y Hyoga con la plateada ajena.
Shun enarcó una ceja y ladeó la cabeza levemente.
-¿Te salvo el trasero dos veces y así me lo agradeces? Debí dejarte morir y así no habría perdido al chico-dijo Shun.
-Hay rabia pura en su voz. Sus ojos centellean, como retándome a que dispare. Estoy seguro de que si cedo él no dudará un segundo en hacerme pedazos. Hum… me gustaría pelear contra él y ver quién es más fuerte- pensó Hyoga.
-No le tiembla el pulso a la hora de usar un arma, no tenía miedo antes y no lo tiene ahora. Corrió para tratar de salvar a aquellos. No es sujeto corriente-pensó Shun
Ninguno de los dos apartaba un milímetro el arma del cuerpo del otro, Shun apuntaba a la frente y Hyoga al corazón. Tampoco se quitaban la vista de encima, ambos sabían que se evaluaban mutuamente.
-Oficialmente he alejado a quince demonios de ti en menos de 24 horas. No hagas que desee matarte de verdad. Devuélveme mi arma y lárgate de aquí- dijo Shun
-Ah, entonces realmente no quieres matarme- dijo Hyoga, sonriendo con picardía.
Para su sorpresa, vio al peliverde sonrojarse. Éste tragó grueso y apretó con fuerzas las armas. Hyoga sonrió con arrogancia y bajó el brazo.
-Tranquilo, Tigre. Yo tampoco pierdo el tiempo en eso. Además ¿Cómo podría matar al "héroe de la ciudad"? - dijo Hyoga, con sarcasmo y ofreciéndole el arma.
Shun bajó una de sus armas y se la guardó en el porta-pistolas del muslo izquierdo, para tomar el arma con la mano que tenia libre y guardársela en el cinturón a su espalda.
-Te faltó una- dijo Hyoga.
Shun no le respondió, sólo apartó el arma de él y disparó dos veces antes de volver a apuntar a Hyoga con una rapidez asombrosa.
-No me tiembla el pulso, idiota. No me agrada la gente y tú me das mala espina. Lárgate de esta ciudad- dijo Shun.
Hyoga le sostuvo la mirada por unos segundos. Debía recordar la misión, no podía morir ahí, tan estúpidamente. Shun no le dio tiempo a responder, cuando se dio media vuelta y comenzó a alejarse, ahora a pie.
-Chico difícil- pensó Hyoga, mientas sonreía con arrogancia.
