Llamada telefónica

—Entonces te encontraste a Mu, amiguis —Shaina dándose manicura.

Sí, apenas si puedo creerlo. No recuerdo que lo mencionaras en tus cartas —Yola escribió algo en una libreta.

—Igual se me pasó —sonriendo—. ¿Y qué vas hacer ahora?

Estoy de vuelta, Shai. Tal vez vaya a Rodorio más seguido que antes.

—¿Y cuándo vienes para platicar? Lala quiere ver a su tía favorita. Y sacarte más información. Chichichí (Esclavo de Monstruón, Halcones galácticos.)

Pensé que también su mamá. Hagamos esto, ¿por qué no vienen a comer mañana y sirve que conoces donde vivo en Atenas?

—Conque no sean ensaladitas de verduras y frutas con no sé qué.

Había pensado —sonriendo malévolamente— una ensalada de lechugas con zanahorias y… ravioles de carne al pomodoro.

¡Adoro los ravioles! … —relamiéndose los bigotes.

Y helado de vainilla.

La respuesta fue inmediata.

—¡Acepto!

¡Eso es velocidad! Apunta mi dirección.

Shaina tomó papel y lápiz escribiendo todas las indicaciones necesarias.

Las veo mañana. Chau.

—Ahí estaremos. Bye bye —colgó.

Shaina fue con Lala que ya se había metido en su cama.

—Iremos a ver a tía Yola. Buenas noches, Lala.

—¡SÍ! Buenas noches, mami

Madre e hija se abrazaron. La amazona arropó a su hija y apagó la luz.

Medianoche. Casa de Aries

Mu realizaba su guardia nocturna a la subida de las Doce Casas. Se sentó unos momentos en la escalinata contemplando el cielo cuajado de estrellas. Se sentía contento. Su "cita" había sido mejor de lo que esperaba. Quería ver a Yola no otra, sino muchas veces. Tan ensimismado se encontraba que no notó una voz detrás de él.

—Mu… —nada—. Mu —subió un poco la voz —. ¡Mu! —francamente fastidiado, movió la mano y el casco del guerrero salió volando hacia aquel personaje.

El caballero de oro se puso en alerta y adoptó la posición de guardia. Al ver quien era, se postró en una rodilla en el piso con la mirada baja.

—Disculpe, maestro Shion. No volverá a pasar. ¿Qué hace a esta hora por aquí?

El patriarca le devolvió el casco.

—Me pareció percibir un cambio en el cosmo de uno de los dorados —le sonrió—. Vamos, siéntate —palmeando la escalinata—. ¿Pasó algo durante tus clases en Rodorio?

El joven pelilila se sentó un nivel debajo de su maestro.

—Pues… —se sonrojó.

—Debió ser algo muy especial como para sacarte de cierta melancolía que ya conocemos.

—Maes- tro —el joven de ojos verdes bajó la vista.

El patriarca habló hacia el cielo.

—Tu futura compañera viene en camino. Por eso bajé avisarte.

El pelilila volteó con los ojos muy abiertos.

—¿Cómo dice?

El antiguo caballero de Aries se levantó dándole la espalda.

—Maestro Shion —se postró hasta tocar el piso con la frente—. Consentí que me consiguiera una compañera de mi raza, pero estoy seguro que esa muchacha…

El patriarca lo interrumpió.

—Mu —habló con voz cruel—. Olvídate de tus sueños infantiles de una buena vez. Dudo mucho que esa chica vuelva a Grecia. Y si llegara a regresar, estaría casada con alguien de los suyos.

Al joven lemuriano le tembló el labio.

—Aprovecha esta oportunidad. Cumple con tu voto. Porque ni creas que te permitiré que te unas con alguien de sangre impura. Sigue con tu guardia —se alejó por la escalinata monumental de las Doce Casas.

El caballero de Aries se levantó frustrado. Creyó que su maestro se había ablandado después de haber revivido tras a última guerra santa contra Hades. El joven guerrero sintió que una helada daga cortaba de tajo con esa ilusión, como la llamaba Shion. En sí para Mu era la visión de su futuro. Era la única certeza de que Yola volvería.

—Lo siento, maestro —apretó sus puños—. Esta vez lo haré a mi modo.

Día siguiente. Casa de Yola

—¡Tía Yola! —una niña de cabellos negros hasta el hombro y ojos verde esmeralda se abrazó a la joven que se agachó a saludarla.

—Hola, nena. ¡Mírate, estás enorme! Ya me vas alcanzar.

Shaina venía atrás. Esperó a que Yola se levantara. La vio con ojos vidriosos y se abrazaron fuertemente sin soltarse.

—Amiga —la cobra soltó un gemidito—. Nunca, pero nunca te vayas tan lejos. Te he echado muchísimo de menos.

Yola las hizo pasar y volvió abrazar a la cobra de Ofiuco.

—¡Llorona! Si vine de vacaciones para el verano y Navidad. Y para el nacimiento de Lala.

La niña se abrazó a las piernas de su madre.

—No fue suficiente —se enjugó una lagrimita traicionera con sus dedos—. Contigo puedo hablar de todo sin sentirme juzgada.

—Nos carteábamos cada dos semanas.

—Bueno sí, pero…

—Jamás estuviste sola, ¿de acuerdo? Anden, denme sus chaquetas.

La cobra le ayudaba a la niña cuando le llegó un olorcito de la cocina que inundó la sala.

—¡Mamma mía! Ravioli al pomodoro —olisqueó el aire relamiéndose los labios con gula.

—Y su toque de parmesano como me enseñaste.

Las dos rieron. Shaina tenía un apetito feroz, especialmente referente a pastas italianas. Se sentaron a comer con gusto. Las dos mujeres volvieron a sentir ese ambiente de camaradería y complicidad que tenían desde la niñez. Yola supo que estaba en casa. La joven bailarina no supo quién estaba más entusiasta del postre si Shaina o su ahijada Lala, pues les brillaban los ojos de alegría.

Terminando de comer, Lala se puso a jugar con los regalos que su padre, el dios de la guerra Ares, le enviara recientemente: tres paquetes de Lego con piezas intercambiables. Mientras, su madre y su tía lavaban los platos.

—¡Ya, Yola, suelta! ¿qué más pasó en Rodorio? —Shaina secaba un plato.

—Se me hizo muy sospechoso que no me preguntaras más por el teléfono —enjuagó la fuente de ensalada—. ¿Qué quieres saber?

—¿Dónde te encontraste a Mu? ¿Qué pasó ahí?

—¡Uy, cuánto interés! Verás, fue en un puesto de cuarzos. Vi una pieza que me gustó, le pregunté al vendedor qué tipo de piedra era y su precio. Y sin yo esperarlo, Mu me respondió. Así de simple.

—Sí, a Mu le gustan mucho los cuarzos. ¿Y luego, qué más? —Shaina se apoyó en la cocina integral para seguir escuchando.

—Nos la pasamos chachareando en el mercado entre artesanías, cerámica y textiles. En eso estábamos cuando se acercaron unos chicos. Dijeron ser alumnos de su taller y me invitó. ¡Mu debió reírse!

—¿De qué o por qué?

—Me prestó pinzas y alambre para realizar unos rizos. Me quedaron súper chuecos. Sabes que me gusta la joyería artesanal, pero hay una gran distancia entre que yo la fabrique y la use. De ahí, nos fuimos a una librería cercana a tomarnos una malteada. Y —calló unos segundos— no sé que nos sucedió, pero nos quedamos mirando. Y cuando me di cuenta, se estaba comiendo mi galleta.

Shaina rio por lo bajo.

—¿Y tú de qué te ríes? De alguna de tus maldades te estás acordando —guardando los cubiertos en un cajón.

—Yo creo que… —le sonrió traviesamente— le gustas a Mu. ¡Sí!

—¿Qué qué? ¡Oh, vamos, Shai! ¿Cómo puedes decir eso?

—Mírate —la tomó de las manos para girarla—. Eres una belleza. Tal vez lo dejaste en la baba, se distrajo y se comió tu galleta.

—Bueno… —sonrojada— no sé.

—¿Por qué no sales con él? Es un chico lindo, educado y muy caballeroso.

—Con tantas cualidades, no me extrañaría que las mujeres de medio Rodorio estén tras de él.

Shaina decidió atacar.

—Pues no —miró a su amiga detenidamente—. ¡Perfecto! Apareció su miradita de curiosidad. A las acuarianas les encanta lo novedoso.

—Lo primero que escuché al llegar a Rodorio fue que los 12 dorados están que se caen de buenos, etc., etc., etc. ¿O no los has visto?

Shaina se sonrojó. Era el turno de Yola para fastidiarla un poquito.

—Griego, piel bronceada, mirada salvaje y cabello azul largo y alborotado.

La amazona reaccionó rojísima y la tomó del cuello, simulando ahorcarla.

—¡YA, CÁLLATE!

Yola se carcajeó celebrando su victoria.

—¡Te gusta Milo!, ¡Te gusta el bicho!, ¡Te gusta el bicho malo!

—Bueno, sí. Me gusta y mucho. Pero no estamos hablando de mí, sino de ti y de Mu. Está libre, solterito y sin compromiso.

—Puede ser. Me sentí muy a gusto con él. Como antes, ya sabes, después de mis pleitos con Miguel, Mu aparecía y se me iba el enojo.

—Ya pasó tiempo desde lo de Miguel. Según me contaste, saliste con algunos chicos en España.

—Nada serio.

—Invítalo a salir. Un museo, un concierto. ¡Qué sé yo!

—Lo pensaré. ¡Ah, y me consigues una cita con el patriarca! Me gustaría visitarlo.

Shaina revisó la hora. Debían volver al Santuario.

—Te llamo en cuanto te tenga noticias —salieron a la sala donde la niña seguía jugando—. Ya nos vamos, Lala —Yola fue por las chaquetas y se las entregó—. Mañana hay exámenes en el recinto y necesito verificar que las niñas estén descansando.

—Lo entiendo —les abrió la puerta y se despidió con un abrazo de ellas—. Nos vemos, Lala —se puso al nivel de la niña—. La próxima voy a verte al Santuario.

—Adiós, tía Yola —le dio un besito en la mejilla.

—Te cuidas —a la amazona en un susurro—. Ten sueños húmedos con Milo.

—¡Sí serás! —le dio una palmadita fuerte.

Una vez que se fueron, Yola se quedó pensando en las palabras de Shaina.

Días después

Mientras manejaba en su jeep por Atenas, Yola vio el anuncio de un concierto de música clásica en la Acrópolis. Se le antojó ir. Inmediatamente, pensó en Shaina y recordó que su querida amiga solía quedarse dormida, incluso su ex pareja Miguel hacía exactamente lo mismo. Al llegar a su casa, rebuscó en su bolsa y encontró el número telefónico que necesitaba.

Vio su celular, respiró profundamente y marcó. Después de tres tonos, descolgaron.

¿Sí?

—Buenas tardes, ¿Mu de Aries?

Ajá.

—Hola, soy Yola. Nos vimos el pasado fin de semana en Rodorio.

El caballero dorado empezó a toser. Estaba en casa de Shaina ayudándole con algunas cosas. Y por cosmos le informó quien era.

—¡Ah, cof cof! Ho-hola.

—¿Estás bien?

Shaina le llevó un vaso con agua.

Sssí —bebió el agua—. ¿Cómo estás?

—Bien, oye, ¿estás libre este viernes por la noche?

Mu se quedó en silencio. ¿Me está invitando a salir? ¡SÍIIII!

—Mu, ¿estás ahí?

Eh sí, aquí sigo. La línea a veces se bloquea. Estoy libre, tú dirás.

—Hay un concierto de música clásica en la Acrópolis y pensé que tal vez te gustaría acompañarme.

Me encanta la música clásica. ¿A qué hora es?

—Es a las 8pm. Anfiteatro de la Acrópolis.

¿Dónde te veo?

—En la entrada. Hay que ir de saco y corbata.

Estaré puntual. Te veo allá. Bye.

—Ok, hasta el viernes. Chau.

Shaina escuchó toda la conversación vía cosmos.

—Mu, déjame ver tu guardarropa —levantó una ceja provocado que el de Aries respingara.