Disclaimer: Los personajes de la historia que narro a continuación pertenecen a DC COMICS y los creadores originales de la serie de CW ARROW, así como todos los derechos que provengan de ella. Escribo sin ánimo de lucro, con respeto y la única intención de entretener.

Nota: Seguimos con otra secuencia de este romance tan peculiar, ¿cómo sería compaginar el amor con la obligación? Así lo imagino yo. Saludos.

Espero que os guste este nuevo trocito y os animéis a decirme algo. Muchas gracias a todos los seguidos que han marcado estas escenas como favoritas. De verdad, no esperaba tanto apoyo, cualquier cosa, podéis dejarme algún review.

GUARDIANES DE LA NOCHE

Si había algo para lo que Felicity tenía un oído muy fino, era para las alarmas que programaba. Especialmente, si aquella que sonaba en mitad de la noche tenía un tono particular, escogido por ella misma, y señalaba el fin de la desencriptación de archivos de importancia vital para Industrias Queen, recientemente recuperada por la familia de dicho apellido.

Impulsada como por un resorte, apartó las sábanas e hizo el intento sincero de poner los pies en el suelo, pero entonces, un brazo fuerte y certero se cruzó sobre su cadera, imposibilitándole cualquier movimiento.

-No –dijo una voz ronca a su espalda.

-Ese pitido indica que toda la información de tu compañía, de la que depende, por cierto, su total recuperación, vuelve a estar disponible –explicó ella con excitación, como si no entendiera la falta de entusiasmo de él.

-Puede esperar a mañana –obtuvo como respuesta.

-Bueno… ¿qué puedo decir? Soy una empleada modelo y no podría presumir de ello si dejara para mañana… lo que puedo hacer hoy –Felicity trató de volver a bajar de la cama, con idéntico éxito-, dado que trabajo para ti, deberías estar contento con mi rendimiento.

-Estás despedida –gruñó Oliver, apretando más el brazo-, ahora acuéstate conmigo y sigue durmiendo, Felicity.

Ella tuvo que aguantarse la risa al sentirle reptar por su lado de la cama hasta pegársele completamente a la espalda. Sintió su cara perdida entre la maraña rubia que era su pelo y la sonrisa se unió al ligero rubor al notar contra la parte baja de su espalda… aquella prueba de que Oliver era un hombre joven completamente sano y viril. Y que dormía desnudo.

-Deja al menos que coja las gafas.

-No necesitas ver con claridad para lo que tengo en mente.

Se vio recostada boca arriba, con el impresionante torso de Oliver cerniéndose sobre ella y su rostro deslizándose, pero antes de que sus labios se tocaran, otra alarma empezó a resonar en el salón. Esta vez, no pudo detenerla.

-¡Tienes que estar de broma!

Pero Felicity ya salía a trompicones del dormitorio, enarbolando las gafas en la mano y sin ponerse apenas las zapatillas. Resignado, un Oliver más que molesto, recogió los pantalones del suelo y se los puso sin ningún tipo de ánimo. No obstante, cedió a lo inevitable y también se levantó.

Aquella segunda alarma, denominada por ellos mismos "la guardiana de la noche" había sido uno de esos complejos inventos de Felicity que, si bien le facilitaban su tarea de velar por la ciudad, hacían que su vida personal fuera prácticamente inexistente. El Justiciero llevaba casi toda la semana supeditado a aquel cacharro, que parecía crear crimen justo en los momentos más inesperados.

-Debí haberme enamorado de Diggle –murmuró para sí mismo-, seguro que un exsoldado de Afganistán sería menos responsable.

Al cruzar el pasillo la vio sentada en el sofá, con el portátil sobre las rodillas.

-Es un alboroto menor, unos vándalos están destrozando la entrada del Museo de Historia Natural, imagino que con ideas de robo –le explicó, dedicándole una sonrisa al verle totalmente enfurruñado y con los brazos cruzados sobre el pecho desnudo-, ¿a qué esperas? Coge tu arco, un par de flechas…

-¿Sabes algo, Felicity? En mi vida adulta he tenido muchas relaciones de pareja –empezó Oliver, acercándose despacio.

-Creo que esta conversación no me va a gustar –musitó ella, haciéndole sonreír aún contra su voluntad.

-Te aguantas –Oliver la miró con fingido enfado-, de entre todas esas relaciones, serias o no, ninguna mujer, ninguna, se ha ido de la cama estando conmigo con la tremenda facilidad que lo haces tú.

-Por eso ninguna había salido bien hasta ahora.

Felicity sonrió al ver a Oliver abrir mucho los ojos y llevarse la mano al pecho, como si ella hubiera disparado certeramente. Durante un momento, pensó que quizá él podía hablar en serio, después de todo, aquella semana no había pasado una sola noche en que algo, de mayor o menor gravedad, no perturbara el descanso de los habitantes de Starling, provocando que el Arquero tuviera que mojarse la cara (y otras partes del cuerpo) con agua fría para salir a trabajar.

-Oliver… ¿crees que nuestra intimidad se podría resentir a causa de esto?

Él caminó hacia el sofá y se sentó a su lado. Echó un vistazo a la pantalla para asegurarse de que los vándalos no habían cruzado la delgada línea que separaba unos destrozos en el orden público de lo que sería un crimen grave, y después, se volvió hacia su rubia y despeinada novia. Le sonrió al tiempo que negaba con la cabeza.

-Felicity, la razón por la que eres perfecta para mí es porque no necesito crear tapaderas ni tener secretos contigo –le cogió la mano, acariciándole los dedos suaves con los suyos, ligeramente más ásperos-, esto es nuestra intimidad, porque no existen facetas de mi vida que tenga que separar para poder estar contigo.

-Me gusta ser de ayuda, seguir siendo útil en el equipo –cogió aire y luego lo soltó despacio, mirando distraída los dibujos de su pantalón corto de pijama-, no quisiera que el cambio personal que ha habido entre nosotros… que me encanta, por cierto.

-Lo había notado –sonrió Oliver.

-Pues no quiero que eso haga que pierda mi lugar en el equipo.

-Felicity Smoak –Oliver le dio un beso en la frente y luego se puso de pie-, tú eres el alma de este equipo. Nunca perderás tu lugar en él. Aunque no puedo prometer que no vaya a ser más paranoico a la hora de protegerte.

-Lo había notado –esta vez, fue ella la que sonrió.

Felicity anotó los datos y dirección del lugar al que Oliver debía dirigirse y lo tuvo todo listo en los tres minutos que él tardó en salir del dormitorio equipado con su atuendo de Arrow. Sostenía en la diestra el arco y llevaba el carcaj en la espalda. Con la mano libre tomó las indicaciones dadas por Felicity y las estudió unos momentos.

-No debería tomarme mucho tiempo reconducir a estos chicos hacia el buen camino.

-El que necesites, mientras prepararé los dosieres para la reunión en Industrias Queen de mañana, hay mucho trabajo que hacer y ningún tiempo que perder.

Con los ojos en blanco bajo el antifaz, Oliver se echó la capucha sobre la cabeza, preguntándose como había sido Felicity capaz de vivir tantos años de vida tranquila y monótona antes de ser reclutada para su pequeña empresa nocturna. Desde luego, él había aprendido todo lo que sabía, pero ella había nacido para aquello.

-¿Vas a besarme al menos como despedida?

Ella prácticamente corrió a su encuentro y se puso de puntillas para poder alcanzar sus labios. Oliver la besó de esa forma tan suya que hacía que pasara horas con las piernas temblorosas, aguadando a que él volviera y le diera ese algo más que sus labios prometían. La dejaba expectante y temblorosa.

-Cuando vuelva, seré yo quien no te deje dormir –le advirtió, señalándola con un dedo enguantado-, sin alarmas que valgan, ni interrupciones.

-Hecho-, entonces, ella levantó el puño y le golpeó apenas el bíceps-, ¡a por ellos, tigre!

Oliver abrió la ventana y lanzó una flecha con tirolina hacia el edificio colindante. Se subió al alféizar, pero antes de saltar, miró a Felicity una última vez, como pensativo.

-Vamos a tener que seguir trabajando en los apodos cariñosos, me temo.

Después saltó, sonriendo, rumbo a la noche.