Esa misma chica que sostenía sus manos en cada momento al alegar que estaban frías. Y era cierto, estaban heladas, siempre era así. Mucho más si estaba llegando la época invernal.
—Dicen que las personas que tienen las manos frías, tienen un corazón muy cálido —mencionó tomando -otra vez- sus dos manos con las suyas, brindándole su calor.
Félix no lo creía así, el mismo sentía que estaba hecho de hielo.
—¿Vas a tardar mucho?
No sabía muy bien porque le permitía tomar sus manos y calentarlas a su antojo. Tal vez si, ella era muy persistente y no aceptaba un "no" por respuesta. Además de que siempre le hacía sentirse un poco más cálido y extrañaba sentir eso, después de todo antes de conocerla estaba muy solo y ahora es imposible si ella siempre le hacía compañía.
Bridgette era cálida, su mirada, sonrisa, toda ella lo era y en este momento podía sentir su roce tibio mientras él tomaba su misma temperatura por el tacto, ella entrelazo los dedos y Félix sintió como la nieve que parecía que estaba en su mano fuera derretida por el sol de la primavera, como si las temperaturas se fundieran entre sí.
Hasta que luego de unos minutos, ella apartó la de ella y la mano de Félix que estaba fría como el hielo, estaba tibia, el calor se había extendido por donde lo había tocado como si hubiera adquirido su misma temperatura.
—Ahora estas calentito... —sonrió, en eso la llaman— Umm si… ¿Hoy vas a ir al parque de diversiones conmigo?
Él asintió.
—A las cinco... —espetó feliz, al ver como Félix respondió afirmativamente— ¡No te olvides! —antes de despedirse y marcharse.
Lo que causo que Félix se quedara ahí, mirando su palma de su mano, la cual fue atravesada por la calidez de Bridgette, esa, que estaba lentamente penetrando en la parte profunda de su corazón.
Pero no importaba lo cálido que se sintió antes, al volver a su hogar, de nuevo se congelaba.
