Disclaimer: una vez más...los personajes, escenarios, etc. que aparecen a continuación no me pertenecen (y obviamente, si me pertenecieran ahora no estaría aquí...sino gastando mis millones en helado y chocolate...:P)

Y, sin más, el segundo capítulo...espero que les guste.


Ya casi se había dormido cuando llamaron a la puerta. Aturdido, se levantó y se puso las gafas, andando hacia la puerta. La entreabrió, y sorprendido vio que en el pasillo estaba Linsey con su lechuza.
-¿Es tuya, Harry? Entró volando por mi ventana, y creo que se confundió de habitación, así que supuse que era tuya.
Harry, aún adormilado, cogió a Hedwing de la mano de Linsey.
-Eh, gracias.-dijo, mirándola confuso.-Es mi mascota, se debe haber confundido al ver mi ventana cerrada.
Sin darle tiempo a contestar, Harry cerró la puerta, pues se acababa de dar cuenta de que había un rollo de pergamino atado a la pata de Hedwing.
-Por los pelos-susurró, al ver que el lacre estaba intacto.
Abrió la ventana para que Hedwing pudiese salir a cazar y soltó el pergamino. Lo desenrolló con rapidez, ansioso por leer la respuesta de Ron, y su sorpresa fue mayúscula al encontrar junto a la descuidada letra de su amigo la pulcra caligrafía de Hermione.

Querido Harry:

Como puedes ver, Hermione y yo estamos en la Madriguera, y ella se empeñó en escribir la carta conmigo. ¡No seas grosero, Ron! Todos te envían saludos (hasta Fleur¿te puedes creer que se va a casar con Bill? Ya te contaré cuando no esté Hermione leyendo) Ron, deja de decir estupideces. Está todo el día atontado porque Fleur se vino de visita para conocer a la familia de Bill antes de la boda, se le cae la baba con ella. Hermione está celosa porque Fleur es más guapa que ella. Haré como que no he leído eso. Antes de que se me olvide, Krum te manda recuerdos, y dice que sigas volando así y terminarás quitándole el puesto. Ciñámonos a la carta que mandó Harry¿de acuerdo?

Bueno, por aquí todo va bien, mucha seguridad. El cerdo de Percy no ha aparecido por casa. Los gemelos están bien, les va genial con la tienda. Y mi madre no nos deja ir a verla porque dice que no irá sin mi padre, así que nunca podemos ir porque siempre está ocupado. Respecto a lo de Linsey, Hermione dice que no puede ser un hechizo porque no duraría tanto lejos de su creador. A menos que sea Dudley, lo cual es bastante improbable. De momento no sabemos cuando podrás venir, Harry, pero Dumbledore nos dijo el otro día que pronto, así que no te preocupes.

El quidditch, bueno, va bien, ganado. ¡No es cierto! Ginny los está machacando, juega cada vez mejor y no para de marcar goles o lo que quiera que se haga en quidditch. Hermione¿te puedes callar? Ya hablaremos más tarde, escribir esto juntos es una pesadilla.

Todos te mandan recuerdos¡hasta pronto!

Ron y Hermione

p.d: Hermione se empeñó en escribir esta absurda posdata. Harry, ten mucho cuidado con Linsey. No digas nada que te pueda poner en peligro, ni una palabra que le haga sospechar de ti¿de acuerdo? No hagas locuras.

Harry sonrió. Ron y Hermione nunca cambiarían, siempre estaban peleándose como el perro y el gato. Sus ojos se posaron en la frase en la que decía que Dumbledore pronto le dejaría reunirse con sus amigos. Eso le preocupaba, pues la última vez que le dijo eso tardó más de un mes en ir a buscarle, y no lo hubiese echo de no haber sido porque le atacaron. Tratando de apartar ese pensamiento de su cabeza, sacó el tintero y la pluma y se dispuso a responder la carta mientras Hedwing salía a cazar.

Queridos Ron y Hermione:

Por aquí todo va bien, aburrido.

Me alegro de que por allí todo vaya bien, y espero poder ir pronto, esto de ser "muggle" es un rollo. Al parecer la dieta de Dudley ha dado resultado, porque volvemos a tener comida normal, incluso abundante. Tengo un montón de deberes bajo la cama que debería hacer, pero tengo mucho sueño, así que ya hablaremos más tarde¿vale? Me voy a dormir.

Hasta pronto (espero)

Harry

A la mañana siguiente Harry se levantó algo aturdido, y los sucesos de la noche anterior tardaron en abrirse camino en su cabeza. Una ráfaga de aire helado (había olvidado cerrar la ventana) le despertó del todo, y se levantó de la cama frenético. Guardó apresuradamente la carta de Ron y Hermione y trató de pensar en una excusa medianamente creíble para tener una lechuza suelta por el jardín, pero como no se le ocurrió ninguna decidió bajar a desayunar e improvisar sobre la marcha. Bajando las escaleras lo asaltó un delicioso aroma a café recién hecho y a beicon que le hizo la boca agua.

En la cocina, la mesa estaba puesta, y Dudley desayunaba con Linsey.
-Hola, buenos días Harry. ¿Qué vas a desayunar? –le peguntó Linsey, levantándose.
-Ho-ho-hola- dijo Harry con un bostezo.- No te preocupes, yo lo cogeré.- dijo al ver que se disponía a prepararle el desayuno.
Con una sonrisa, Linsey se sentó de nuevo y siguió comiendo.
Dudley, que comía como un cerdo, se paró de pronto y se volvió hacia Linsey.
-Linsey...hoy vamos a ir con los chicos al parque...vendrán luego.
Linsey, aún sonriente, asintió con la cabeza y siguió comiendo.
Cuando terminó, tomó su plato y el de Dudley y los llevó a la fregadera, dejando asombrado a Harry.
Mientras éste desayunaba y Dudley "almorzaba" (de nuevo), Linsey se dedicó a recoger la cocina y preparar el desayuno de los Dursley.
"Ahora entiendo porqué se lleva tan bien con Petunia."-se dijo Harry, con la mirada clavada en su primo.

El sonido del timbre lo sacó de sus ensoñaciones. Linsey, apoyando la mano suavemente sobre el hombro de Dudley, le dijo:
-No te preocupes, yo abriré.
Con un gruñido, su primo siguió comiendo.
Harry estaba atónito. Linsey parecía la criada, todo el rato limpiando, cocinando,... Eso explicaba porqué a los Dursley les gustaba tanto.
Desde la entrada le llegó el murmullo apagado de una conversación. Linsey debía estar atendiendo a quien quiera que estuviese en la puerta.
Pronto entró a la cocina, seguida por una pequeña comitiva de amigos de Dudley, muy parecidos a él: grandes, musculosos, y más tontos que un trol con conmoción cerebral.
-¡Hola BigD!- gruñó uno, sentándose a la mesa. Al ver que las patas de la silla estaban a punto de romperse bajo el peso Harry disimuló una sonrisa.
Sobre el mármol de la cocina, Linsey ordenaba el correo.
-Toma Dudley, tienes carta.- dijo, al tiempo que le pasaba un sobre. Harry distinguió en él el logo del Club de Boxeo Juvenil Británico.
Con dedos torpes, Dudley abrió la carta y la leyó.
Harry tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para contener la risa; su primo leía la carta con una cara de concentración y absoluta estupidez que resultaba muy cómica.
-Me han seleccionado para participar en el campeonato internacional de boxeo juvenil- anunció, mientras dejaba caer la carta con gesto de alivio.
Al parecer, Dudley había ganado el campeonato de pesos pesados interregional, lo cual Harry no consideraba, precisamente, una buena noticia; el hecho de que hubiese aprendido a golpear más fuerte y con más puntería no era motivo de celebración. Gracias al boxeo su primo había convertido la grasa en músculo (o al menos la mayor parte) lo que, en la práctica, significaba que los niños del barrio corrían cuando lo veían acercarse.

-Vaya, Dudley, eso es genial.- dijo Linsey con dulzura.-¿Cuándo es?

Harry dejó de escuchar. No le interesaba lo más mínimo lo que Dudley decía, tenía otras cosas en la cabeza.

Cuando retomó el hilo de la conversación, su primo y sus amigos salían por la puerta. Linsey se despidió de él con la mano y los siguió.

Durante unos instantes Harry la miró en silencio. Después subió a su habitación, resuelto a aprovechar el tiempo para hacer deberes. Snape les había mandado varias redacciones para la clase de pociones, y si no se ponía a ello le aguardaban semanas de castigo en Hogwarts.