"No sé cómo decirlo, pero… para decirlo sin rodeos, pareces muy débil".
-¡Vamos Eevee, usa Derribo contra ese árbol!
Eevee corrió hacia el viejo árbol, poniendo toda su fuerza en su cuerpo con la esperanza de derribarlo sin lastimarse mucho. Al hacer impacto, su pequeño cuerpo salió despedido, como si el árbol le hubiera contrarrestado el ataque. Cayó al suelo, rebotando, y Greta corrió a su lado.
-Creo que… -rió nerviosamente, sosteniendo a su pokémon –Hay que entrenar un poco más antes de volver a usar ese ataque
Eevee asintió. Estaba adolorido, pero tenía la misma determinación carismática de Greta.
-Es hora de ir a casa, mamá se preocupará si no nos apuramos
Greta corrió con su Eevee entre sus brazos. Estaba un poco lejos de casa, en un viejo parque al que ya nadie iba. Ese lugar era especial para Eevee y para ella, no sólo por ser donde entrenaban casi todos los días: era el lugar donde se conocieron.
Cansada de tanto correr, alentó el paso cuando llegó a una calle un tanto solitaria. La zona era tranquila, así que no había ninguna preocupación por parte suya, ni por parte de Eevee.
-¿Quieres caminar? –preguntó, mirando a su pokémon; Eevee asintió
La pequeña se agachó para dejarlo en el suelo, y así poder caminar juntos. Reanudaron su camino, ambos pensando en lo que la madre de Greta cocinaría para cenar.
Hasta ese momento todo estaba bien, pero no contaban con la aparición de los matones de la cuadra. Tres figuras aparecieron frente a ella. Conocía muy bien a esos niños porque ya había tenido problemas con ellos. Pero ahora no había nadie para ayudarla. Eevee se crispó al verlos, y se puso en posición de batalla. El más robusto de los tres lo tomó violentamente de la cola.
-¡No! ¡Déjalo! –gritó, intentando alcanzar a su Eevee
Los otros dos la sostuvieron de los brazos, impidiéndole el movimiento. Estaba desesperada, porque Eevee sufría y, tal vez por golpe de suerte, logró liberarse. Empujó al que tenía a Eevee, derribándolo. Eevee cayó al suelo, y se levantó lo más rápido que pudo.
-¡Corre a casa! –Indicó Greta -¡Yo me ocupo de ellos, tú sólo corre!
La pelea entre los niños continuó, todo esto ante Eevee. Greta recibió muchos golpes, pero lograba mantenerse de pie, contrarrestando algunas veces. Pero ese día no hubo ningún ganador. Los adultos los separaron y los escoltaron a regañadientes a sus casas.
Castigada, con moretones formándose en su piel y con el labio sangrando, Greta se sentó en el suelo de su habitación. Estaba llorando no por el dolor de los golpes, si no por la humillación. Eevee se acercó, y puso sus suaves patitas en su muslo.
-Tú estás bien, ¿eh? –preguntó a su pokémon, acariciándole –Pero no te preocupes. Vamos a ser más fuertes para que esto no vuelva a pasar.
Nunca, jamás, volvió a perder una pelea contra ellos.
