Hisoka salió del cuartel de las arañas con una nueva determinación y luego de que un policía le pusiera su milésima multa por exhibicionismo público se colocó una camisa nueva para reemplazar la que había desgarrado cuando le pidió a Kuroro una pelea.
-Bien, busquemos a esas deliciosas frutitas.- se encamino a la casa que sabía que habían estado rentando en la ciudad, no es que los hubiera estado espiando, era solo que había estado viviendo escondido en su ático para poder ver por una grieta en el suelo como dormían Gon y Killua en la misma cama.
El cuarteto estaba tomándose un descanso, el clima había sido soleado sin llegar a ser caluroso, perfecto para citas y peleas, según los pensamientos de Hisoka.
El payaso los espió desde los arboles del vecino. Leorio estaba en su habitación leyendo enormes volúmenes de medicina, en su pared estaba colgado un calendario donde había marcado con rojo la próxima fecha de sus exámenes, faltaban solo un par de días, con razón estaba tan estresado, quizás por eso había envejecido joven.
Gon y Killua pasaban su tiempo en el jardín jugando con insectos, llevando solo esas camisetas sueltas y esos diminutos shorts que dejaban ver perfectamente sus redonditos…. ¡Plaf! Hisoka se dio una cachetada a sí mismo, tenía que concentrarse, tenía que concentrarse, una pelea con Kuroro estaba en juego, ya luego tendría tiempo para admirar a sus frutitas preferidas.
Busco a Kurapika con la vista por toda la casa y la encontró en la habitación que había acondicionado como sala de entrenamiento, vistiendo su traje para entrenar blanco con diseños verdes. ¿Qué esa chica nunca se tomaba un respiro? La vio materializar su cadena, volver escarlata sus ojos y con mucha ira destrozar un muñeco… idéntico a Kuroro. Le corto la cabeza, le arranco brazos y piernas y luego le saco el relleno con sus propias manos. Puede que esto de la cita fuera a resultar un poco más difícil de lo que creyó.
Hisoka se estrujo las neuronas pensando en la mejor manera de pedirle a una chica que saliera con alguien. Suponía que su estrategia usual, arrinconarla desnudo, no funcionaría en esta ocasión, dado que la cita era para Kuroro y no para el (y no quería que el Danchou se enojara si le robaba a la novia, primero pelearían, lo mataría y esperaría a que a Kurapika le maduraran las tetas antes de ofrecerle su virilidad).
Pensó en alguna peliculilla romántica que hubiera visto cuando se colaba en el cine en Francia y se decidió por una manera simple de confesarse: escribir una romántica carta.
Él nunca había hecho eso, solía tomar un enfoque directo y agresivo con las chicas y chicos que le gustaban, pero algo más sutil sin duda se ajustaba a la personalidad calmada de Kuroro.
Bajo del árbol y acudió a una papelería donde se tomó su tiempo para escoger un bonito papel decorado (en oferta por ser sobrante del día de San Valentín) y un sobre perfumado, pago y salió de ahí tranquilamente (¿Qué? No iba a matar al dependiente por mugrosos 50 centavos, hasta Hisoka tiene sus límites)
Se sentó cerca de la casa de Kurapika y trato de escribir una carta de amor que no incluyera referencias sexuales.
Luego de cinco intentos, quedo satisfecho con un mensaje corto pero directo.
Kurapika:
Hemos retrasado demasiado tiempo el momento inevitable en que tenemos que volvernos a ver. Ya no aguanto más estas intensas emociones que se arremolinan en mi mente y no me dejan descansar por las noches. No puedo pensar en nada que no seas tú.
Tenemos que resolver los asuntos pendientes que existen entre ambos. Sé que en el fondo tu sientes lo mismo por mí.
No nos neguemos el uno al otro durante más tiempo.
Te veré este domingo en el parque a medio día. Espero ansiosamente verte ahí.
Y como no sabía cómo era la firma de Kuroro y ni siquiera estaba seguro de cómo se escribía su nombre (¿Era Quoll, Qworof o que rayos?) decidió firmar haciendo uno de sus dibujos chibis.
Sello el sobre y metió la carta dentro del buzón, Kurapika lo vería a primera hora y caería irremediablemente enamorada con las románticas palabras. Iría a la cita y se tiraría a los brazos de Kuroro. Quizás debería hacer una carrera como Celestino, sin duda se le estaba dando muy bien.
Hisoka pasó la noche en el ático dándole un buen vistazo a Gon y Killua durmiendo luego de un baño de burbujas y se levantó temprano para ir a espiar a Kurapika cuando saliera por el correo.
La rubia era madrugadora, mientras los otros seguían durmiendo, ella ya había ido a correr 10 kilómetros. Se detuvo en la entrada para recoger el periódico y revisar el buzón. Cuentas, publicidad, cuentas, cuentas, publicidad y de repente se detuvo en el sobre perfumado sin remitente y sin estampilla. Lo abrió y lo leyó, luego volvió a entrar en la casa posiblemente para prepararse para su cita al medio día.
Por su parte Hisoka ya había enviado un mensaje de texto a Kuroro para decirle donde había sido concertado el encuentro. El payaso decidió adelantarse para comprobar que ambos se encontraran.
