002. Lluvia.
Si había algo que odiara más que a Goku en estado hiperactivo, era tener que encargarse del papeleo. Si había algo que odiara más que el papeleo, eso era la lluvia. Lamentablemente para él, ese día llovía, debía encargarse del papeleo y Goku andaba hiperactivo.
—Sanzo¡mira! —exclamó el pequeño, apuntando emocionado hacia la ventana— ¡Está lloviendo!
—Puedo darme cuenta de eso sin que tengas que armar este escándalo... —murmuró irritado el rubio, llevándose una mano a la cabeza. Definitivamente ése era uno de los tantos días en los que hubiera sido mejor no levantarse. El clima parecía haber ejercido una mala influencia en el niño, pues apenas habían aparecido las nubes negras en el cielo, éste había comenzado a saltar por todas partes, sin darle tregua alguna a su sanidad mental.
Goku, por su parte, continuaba mirando a través de la ventana, como cautivado. Sus ojos brillaban con expectación mientras contemplaba las gotas caer.
—Sanzo¿crees que nevará?
—No lo sé —respondió el monje de mala gana, tratando de concentrarse. Al paso que iba, caería la noche antes de que pudiera terminar con todo el papeleo; y con Goku distrayéndolo, más tardaría.
Detestaba el papeleo. Odiaba tener que leer esos horribles informes que sólo hablaban de cosas aburridas y que no le importaban en lo absoluto. Sólo trámites y trámites¿por qué diablos tenía que encargarse él de ellos, habiendo tantos sacerdotes en el templo que podían encargarse de esa tarea?
—Dime Sanzo —volvió a decir el muchacho con curiosidad, sacándolo de sus pensamientos en el justo momento en que dirigía una maldición al viejo abad— ¿Hakkai y Gojyo vendrán a vernos si nieva?
—No lo sé ni me interesa.
El chico lo miró frunciendo el entrecejo, molesto ante su indiferencia. Volvió la mirada a la ventana, cuando un fugaz pensamiento apareció en su cabeza haciendo que abriera sus ojos de par en par.
—¡Sanzo! —exclamó Goku repentinamente. El aludido levantó la vista, encontrándose con el pequeño a sólo pocos centímetros de su rostro. Tan cerca estaba que podía sentir su respiración golpeándole el rostro. Los ojos del chico brillaban con tal emoción que el monje se preguntaba si acaso estaría a punto de explotar (y bien si lo hacía, a ver si con eso dejaba de molestar)—¡¿Crees que si vienen podremos comer Sukiyaki?!
—¡¡¿Puedes callarte de una vez, maldito mono?!! —gritó el rubio perdiendo finalmente la poca paciencia que tenía, comenzando a golpearlo con su abanico. Una prominente vena apareció en su frente, mientras su rostro se crispaba con enojo— ¡¡No haces más que hablar¡¡¿Acaso no ves que estoy trabajando?!!
Goku chilló, alejándose con rapidez del monje.
—Sanzo, eres un gruñón —se quejó, llevándose las manos a su adolorida cabeza.
Sanzo simplemente le dirigió una fulminante mirada, mientras encendía un cigarrillo y se lo llevaba a los labios.
Tal vez, si dejaba de llover, Goku saldría a jugar y entonces podía continuar con el papeleo. Miró por la ventana, con el ceño contraído.
Realmente odiaba los días de lluvia.
