He tratado de no ceder al decirme "Este romance no funcionará bien"

Pero por qué debería resistirme cuando sé perfectamente…

…que te llevo bajo mi piel.

"ESTASIS"


Capítulo 2.

—El tifón ha llegado hasta la prefectura de Fukui, Kyoto y Shiga. 100 personas han resultado heridas y 200000 han sido evacuadas. Todos los servicios de transporte en Tokio quedan suspendidos debido a que la tormenta se acerca a 250 kilómetros del norte Tokio. Los expertos señalan que esta tormenta tropical presenta vientos máximos de 150 km/h. Los servicios de alerta y rescate…

Akane ignoró el televisor con desgana concibiéndose mustia y apática cuando subió las escaleras abandonando su padre y sus hermanas. El patito que colgaba de su puerta con el letrero de "Akane" se descubría torcido. Del todo apropiado pues no había ni un solo minuto de aquel pésimo día que no se hubiera dado algo sin torcerse.

Cuando entró a su cuarto vio que estaba hecho un desastre: un punto menos a favor de su ánimo. La ventana abierta había permitido los embistes del viento y como resultado arrancado a pedazos las cortinas. Todo el lugar se encontraba lleno de papeles y objetos desparramados por el suelo, el armario con varios cajones fuera de su sitio y las vaporosas cortinas flotando bajo su observación.

Akane desplazó hacia un lado sus preocupaciones palmeando su frente. Cerró las ventanas y comenzó a ordenar sistemáticamente el cuarto. En el suelo, uno de sus portafotos se había estrellado contra el suelo desperdigando cristales por aquí y por allá. Cuando meticulosamente ordenaba toda aquella locura se percató de la foto que se había caído. Era una imagen particularmente valiosa para Akane de ella junto a su madre poco tiempo antes de que muriera. La imagen reflejaba una mujer hermosa de cabellos cortos y rizados, portando una niña pequeña con sus mismos ojos y un sombrerito de paja. La madre sonriente y la hija con un gesto de sorpresa. Akane no pudo evitar sentir nostalgia. Esa foto estaba allí porque deseaba nunca olvidarse de la cara de su madre. Murió cuando ella era tan pequeña que los recuerdos eran exiguos, escasos, y con el paso del tiempo tenía miedo de que fueran extinguiéndose hasta el olvido. Meneó la cabeza a ambos sentidos mientras estrechaba el retrato contra su pecho. No obstante se percató de algo al observar el reflejo de su imagen que le devolvían los rotos cristales del suelo. Había pasado por alto aquel detalle sin ser visto con anterioridad. En la esquina inferior derecha del retrato Había una elegante caligrafía plasmada. Los kanjis eran gruesos y seguros. Nunca reparó en ellos antes así que Akane leyó atentamente.

"Estudiando lo pasado, se aprende lo nuevo. Se aprende poco con la victoria, en cambio mucho con la derrota. "No lo olvides nunca. Tu madre siempre te querrá."

Tales frases correspondían a antiguos proverbios japoneses que todo el mundo conocía. Sin embargo aquellos consejos colmaron sus reflexiones de dudas. Por desgracias del destino nunca llegó a conocer bien a su madre. La realidad era que la mayor parte de su vida la había vivido sin una madre. Nunca podría tomar té y confiarle sus secretos, sus pesares, sus miedos. Nunca le podría mostrar sus aptitudes o confesar la frustración que le hacían sentir sus fracasos.

Por lo pronto: "estudiando lo pasado, se aprende lo nuevo. Se aprende poco con la victoria, en cambio mucho con la derrota"… ¿Qué sentido adquirían esas palabras en el contexto en el que su madre las escribió? Por aquel entonces Akane contaba con la edad de 5 años. Lamentablemente todos los recuerdos del día de la foto y en general los concernientes a la muerte de su madre le habían abandonado. Se recostó sobre la espalda con los brazos en cruz en la cama y cerró sus párpados concentrándose. Sólo se oía el sonido de viento y lluvia golpear con furia el cristal de su ventana. Intentó relajarse más, transportarse lánguidamente al día de la foto y, como si se sumiera en un pesado letargo, comenzó a vislumbrar poco a poco el escenario de aquella imagen.

Estaban en un parque. Lleno de sol. Se escuchaban canciones compuestas por risas infantiles. Olía a hierba mojada, a cerezo en flor y a tempura recién hecho. Pronto vio que Nabiki correteaba de allá para acá buscando no sé qué moneda que se le había perdido, mientras que Kasumi junto a su padre sacaban de la cesta todos los paquetes de almuerzo que habían preparado. Todo era difuso. A veces el sol cegaba sus contemplaciones y no lograba llegar al punto. Su madre la había separado del resto y retirándose junto a ella hacia la sombra de un majestuoso cerezo. Las dos se arrodillaron sobre la tierra mojada una frente a la otra. Su rostro aparecía vago, difuso en la memoria, pero la amable sonrisa era tan palpable que colmó de entusiasmo su alma.

—Mi pequeña Akane. – Evocó su gentil voz. – No te preocupes que esto será nuestro pequeño secreto. – Revolvió sus cabellos agrandando su sonrisa. Su rostro cada vez le era más visible. Lleno de orgullo. —Eres increíblemente fuerte. Cuando seas grande serás mucho más fuerte que yo.

Había algo más. Algo extraño que resquemaba en aquel recuerdo. Un pájaro cantando. Una cálida sonrisa. ¿Qué fallaba? Miró hacia abajo; sus pequeñas rodillas se encontraban apoyadas en el suelo y entre sus pequeñas manos… Bingo. Un brillo resplandeciente crecía dentro como una bola luminosa del tamaño de una canica. Intentó perpetuar la sensación y era como si todos sus brazos vibraran, desde los hombros, codos, muñecas hasta las manos, como si la electricidad recorriera sus músculos y articulaciones. Akane, la de 5 años, se asustó. Dejó caer lejos la bola y se hundió en el terreno abriendo un inmenso boquete. Miró asustada a su madre, temiendo la proximidad de una posible reprimenda, pero ella seguía con aquella pacífica e imperturbable sonrisa.

—¡Peaceeeeeeeeeeeee— Gritó de pronto la pequeña Nabiki sosteniendo la cámara de fotos. El flash flameó reverberando en sus contemplaciones.

POM POM POM POM

Unos estridentes golpes arrancaron con dureza a Akane del trance. Se llevó la mano al pecho asustada y miró hacia la ventana. Allí se encontraba una desgreñada pelirroja. Se hallaba calada, hastiada en el semblante, magulladas pero bellas sus facciones y la con ropa sucia. Tan sucia como resquebrajada. Akane se levantó con desgana y abrió para permitirlo entrar. Ranma ingresó tiritando con manos y piel enrojecidas. Junto a él penetró una tromba de viento, agua, furia y pura energía.

—¿A qué vienes? Si vienes a burlarte de mí te advierto que no estoy de humor para tus estupideces.

—¡Perdón! – Expresó él inclinándose bruscamente en una disculpa sumisa y torpe. Mientras permanecía así, inclinado, apretaba los párpados de los ojos y también las comisuras de sus labios. Quizás irritado, quizás realmente arrepentido. Difícil saber qué transitaba esa cabecita. – A veces digo y hago las cosas sin pensar y…. me merezco que me pegues. Así que venga, arréame bien fuerte como tú sabes.

—Ranma eres idiota. No te voy a pegar. – Akane se permitió sentir algo de ternura y rápidamente lo contempló con fingido aburrimiento. La figura de la pelirroja se irguió enérgicamente.

—Óyeme tonta… ¿vengo humilde y arrepentido a disculparme y me llevo un insulto de vuelta?

—Muy humilde o arrepentido no te veo. Que nos conocemos, Ranma. – Se acercó a uno de los cajones sacando una toalla que lanzó a los brazos de la chica de la trenza. — De todas formas estás perdonado.

—¿Ya no sigues enfadada?

—No. —Contestó seca y escueta.

—¿De veras?

—Ya te he dicho que no. ¿Por qué lo preguntas tan insistentemente?

—No sé. Lo siento. Nunca debí ser brusco contigo. Me pareció tan extraña tu actitud de antes que….

Rannma arrastró sus palabras hasta perderse en el silencio. Akane soslayó la peligrosa mirada de la joven pelirroja. Peligrosa y abrasadora, aunque en aquel momento la presintió algo apenada. Pensó que lo mejor era quitar hierro al asunto. Así que emitió una risita cáustica antes de analizarlo muy digna con ojos como platos.

—¿De qué hablas Ranma?- Akane parpadeó varias veces. Luego sonrió ampliamente. – ¡Ahhhh estabas preocupado!

—¿Qué te hace pensar eso pedazo de bo…? – De pronto, como un resorte, silenció su discurso.

—¡Venga! ¿Por qué te callas? – Ella lo animó. —Si ibas a insultarme de nuevo, ¿no es cierto Ranma?

—¡Silencio pesada! – Le ordenó Ranma-chica sacando los morros con enfado. Posteriormente observó severo a Akane - Además ¿No crees que tú también deberías disculparte? Por… por atreverte a mencionar…— Se tensó pero permaneció inflexible. – esa gran estupidez de que "mejor te hubiera dejado morir en Jusenkyo".

—Tienes razón Ranma. – Akane fue testigo de cómo él destensaba el puño y de cómo los ojos turquesa de la chica de la trenza la observaron maravillados. – No debería haber mencionado nada de eso por muy enfadada que esté contigo. Lo siento mucho, Ranma.

—¿Hablas en serio?

—Sí. Totalmente en serio.

—¿Akane estás bien?- Ranma se acercó a ella, le tomó el pulso, le puso una mano en la frente, le observó fijamente los ojos, desapareció un segundo y al volver trajo consigo agua caliente que roció por encima de su cabeza. Ella desquiciada de los nervios le apartó de un violento manotazo y lo vislumbró trastornada.

-¡¿Pero qué demonios haces?!

Ranma roció el resto de agua caliente sobre sí mismo consumándose la transformación. Desde el cuerpo de hombre, sus grandes y ojos devora-insolentes la observaban, relajado el cobalto, sin pizca de burla o rencor. Akane le devolvió la mirada mientras parpadeaba una o dos veces. En su mente luchaba por impedir que aflorara el recuerdo de aquella mañana. Él le dedicó una amplia sonrisa de dientes blancos y perfectos. Su gesto totalmente despreocupado. Más Ranma que nunca y más bajo su piel que siempre. Parecía como si la desesperación que había percibido en algún momento en él se hubiera borrado de un plumazo. Ahora desposeído de oscuridad, como a raíz de tal desposesión, simplemente sonreía con el cuerpo distendido. Casi como si estuviese feliz.

—Me extrañaba de ti Akane. Normalmente no eres tan dócil.

—Eso es porque tú eres un desconsiderado.

—mmm si soy un desconsiderado ¿entonces qué hago aquí pidiéndote perdón? – Inquirió mientras hundía su dedo índice en el carrillo de Akane. Ese gesto era desesperante. Akane se dominó para no lanzarle una patada.

—Porque supongo que muy muy en el fondo tienes remordimientos y…. – Ranma observaba a Akane frunciendo el ceño a punto de soltar algo. —sabes que el punto está en el trato adecuado.

—¿Trato adecuado? ¿Cómo tratar a Akane Tendo sin recibir una paliza? – Carcajeó . —Probablemente sea un misterio sin descifrar. — Expresó provocándola. Ella le lanzó como respuesta cualquier objeto pesado de los que tenía al alcance que, obviamente, esquivó.

—No es tan difícil como crees. Aunque es muy posible que para ti sí que lo sea. – Comentó Akane hastiada.

—¿Me estás retando? Si es así acepto el desafío. – Ranma la observó bravucón y seguro de sí mismo. Akane no pudo contener la risa.

—No durarías ni dos segundos.

—Te puedo demostrar que no es así. Ningún reto se me resiste. – Manifestó fanfarroneando.—Aunque sea tratar como una dama a un chicote como…—Ranma detuvo su fanfarroneo cuando atisbó el gesto de Akane de "te voy a dar un puño". Akane se volteó indignada. No más golpes, no más comportamientos infantiles.

—¿Peleamos? – Incitó él. - ¿Quieres probar de nuevo? Quizás algún día me descubras con la guardia baja. – Repasó algo mentalmente. – Aunque es muy posible que no.

—Con esas pintas das lástima. Se me han quitado para siempre las ganas, Ranma.

—¿Pe-pero qué dices? – Dijo ofendido mirándose de los pies hasta el pecho.

—¿Por qué traes esas pintas?

—¿Yo? JEJEJE. – Carcajeó nervioso y robóticamente se colocó una mano detrás de la cabeza. – Por nada.

—Parece como si te hubieran dado una paliza. ¿Acaso alguien te ha dado más palos que a una estera?

—Sabes que no existe nadie en el mundo sea capaz de eso.—Contestó henchido de orgullo y se dirigió hacia la salida del cuarto. — Yo er-eesto mejor me voy a dar un baño. No se te ocurra salir de casa. – Ladeando la cabeza señaló hacia el exterior de la ventana. – Se están poniendo bastante difíciles las cosas ahí fuera.

Y así volvió a dejar a Akane sola, sumida en reflexiones. Idiota. Como si no lo conociera. Era totalmente capaz de sospechar la furiosa imagen de su prometido corriendo sobre los tejados de todo Nerima gritando exabruptos y golpeando cualquier cosa que se le encontrara en frente. Con el contexto de aquel tifón como escenario, a Akane no le extrañaba que hubiera vuelto hecho unos zorros. Así era Ramna y así lo había conocido. Con su parte cobarde además de su parte violenta. Hombre que a veces tiene cuerpo de mujer. Con su inexorable orgullo y su crepitante fuego. Con su miedo absurdo pero inalterable. Y así, de todas las maneras posibles en las que él existiera, ella lo amaba.