Capítulo 2
Un rayo le había atravesado de arriba a abajo, haciendo su camino por toda su espalda y esparciéndose por sus extremidades. Apenas tuvo la respiración de Su cerca de ella, su corazón podía igualar o incluso superar el paso del tren. Las delicadas manos de la mayor se posaron sobre sus fuertes hombros. El ruido de las vías. El viento soplando violentamente. La lluvia convertida en granizo que parecía no tener piedad al caer. Todo se había ido por un momento, por los labios de Suyin Beifong sobre los suyos.
Correspondió el beso suavemente pero en cuestión de segundos se había convertido en algo más profundo, más íntimo y prohibido. Podía sentir cómo Su sonreía al darse cuenta de la forma en la que temblaba, era una sonrisa amable, satisfecha y burlona. Kuvira se limitaba a seguir con el beso, aunque ambas tenían ganas de más. Cuando finalmente se separaron, Ku no tuvo otra reacción más que sonreírle y apartar ligeramente la mirada.
—Perdón, no supe que decir hoy pero en verdad me encantó el arreglo— dijo Su llevando un mechón de cabello suelto de vuelta a la delgada trenza que descansaba en su sien. Los ojos esmeralda de la joven no dejaban de brillar.
El tren frenó suavemente, era momento de que la mayor abandonara el vagón dejando a Ku con otra media hora de camino.
—No olvides llegar temprano para atender al grupo de primer año, aún tienen problemas con el pasado compuesto. Lleva material sobre los auxiliares être y avoir…— Tomó su bolso, dejó el paraguas en su asiento y continuó —No te desveles pensando en lo que sucedió, pequeña.
Bajó del vagón y fue entonces cuando a Kuvira le regresó el alma al cuerpo. ¿Cuánto tiempo había estado desconectada del universo? ¿Cómo sucedió exactamente? Siempre le había gustado saber la razón de las cosas y sus consecuencias. Pero esta vez no podía decir con certeza que había sucedido, por qué había sucedido y que sucedería después. Nada estaba en su control. Y a pesar de que solía frustrarse cuando eso pasaba, justo ahora se sentía diferente.
Llegó a la última parada del tren, comenzaba a anochecer. No le agradaba el horario de invierno, en todo el estado, cada calle de cada barrio lucía absurdamente obscura y ni siquiera daban las 5, por lo que desde los últimos meses apresuraba el paso para llegar a casa y evitar sorpresas desagradables. Además aún debía terminar los proyectos de Historia, preparar la pequeña clase de mañana, comer algo, entrenar o al menos moverse antes de golpear a alguien por la tensión y procurar dormir al menos 7 horas por su propia salud mental.
Abrió la puerta, lanzó las llaves por algún lado y dejó su abrigo colgado en la percha. Aún no se acostumbraba a no tener a quien llamar para avisarle que todo estaba bien en casa, su padre siempre había trabajado lejos pero hablaban diario para ponerse al tanto y estar tranquilos. Las charlas a Ciudad República se habían terminado y era momento de aceptarlo, podía pelear contra todo menos con el ciclo de la vida, apenas lo había entendido y debía acostumbrarse. Encendió entonces el estéreo esperando mitigar el vacío y colocó una memoria con canciones que había conseguido hace tiempo junto con algunos archivos que le había compartido Su, quien accidentalmente había olvidado quitar su música del dispositivo y ahora eran parte del repertorio de Kuvira.
Consiguió despejar su mente y agilizar sus deberes. Uno, dos, tres, cuatro… Todos los trabajos en perfecto orden, su agenda se llenaba de marcas por cada cosa que ya había terminado, lo único que faltaba era preparar el material para la clase pero su estómago reclamaba algo de atención así que prefirió hacer caso e ir a la cocina antes de desmayarse. Casi todos pensaban que Ku sería del tipo de estudiantes que comen cualquier porquería que puedan preparar en menos de 15 minutos, pero no era así, algo que había aprendido de su padre era alimentarse bien y saber preparar una comida digna. Se dirigió al refrigerador y tomó una bolsa con carne, también pimienta, sal, ajo, cebolla, especias y vegetales de la alacena. Lo juntó todo en un bowl y luego de cocinarlo con calma, tenía una deliciosa cena para ella.
La música seguía sonando por toda la casa, después de haber lavado los platos y dirigirse de nuevo al estudio algo repentinamente le hizo tomar más atención a la letra de la canción que se reproducía en ese momento…
Je dois oublier ton amour (Debo olvidar tu amor)
Ton cœur est un fruit (Tu corazón es un fruto)
Le mine set déjà pris (El mío ya ha sido tomado)
De pronto recordó lo que había querido evadir obediente e inconscientemente, ¿qué había sucedido con Su hacía unas horas atrás? Miró a la puerta, se había olvidado de devolver la gabardina y sin darse cuenta la colgó como si fuera su suéter. El paraguas seguía clavado en su mochila. Sus labios conservaban esa sensación.
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—Cariño, ¿estás bien? — Baatar asomó la cabeza por el marco de la puerta, Suyin había estado toda la tarde metida en su estudio revisando un montón de trabajos y aún le faltaban los exámenes que había aplicado dos días antes.
—Très bien, lo único que falta es registrar aquello — Dijo señalando la enorme pila de hojas a su izquierda.
Siempre había sido así. Ella dormía solamente un par de horas, amaba su trabajo a pesar de que la absorbía demasiado y el tiempo que pasaba en casa era prácticamente para revisar los deberes de todos sus pupilos y planear el resto de las clases. Él se quedaba trabajando en casa, sus consultas de arquitectura eran a distancia y los planos eran enviados por paquetería. Eso le daba oportunidad de atender a su hijo, que, orgullosamente llevaba su mismo nombre y que apenas había empezado la primaria. A pesar de ser una familia pequeña, eran felices a su ritmo.
—¿Son exámenes? Debiste decirme eso antes, anda, déjame ayudarte— Acercó una silla a lado de su esposa y comenzó a revisar cada uno, pidiendo la debida ayuda para las preguntas complicadas —Ya entiendo porque algunos repiten el curso…— Dijo rascándose la cabeza.
—Vamos, no te quejes, ¡ah! Recuerda que por cada tilde mal puesta restas tres décimas de la calificación total — Una risilla cínica se escapó de sus labios.
—Eres terrible.
Dio la una de la mañana hasta que el enorme montículo de hojas se desvaneció y detrás de los sobres destacó un ramo de flores de vainilla finamente dobladas.
—Qué linda, ¿la hiciste tú?— Preguntó tomando una de ellas
Suyin sintió un vacío en el estómago, olvidó guardar el arreglo de Ku y ahora Baatar lo había visto. Nada ni nadie podía detener la curiosidad de ese hombre.
—No, me la han regalado…— Su tono de voz cambió drásticamente, sus manos titubearon por un momento, no estaba mintiendo pero decir una verdad a medias no era grato, mucho menos sabiendo hacia donde podía ir la situación.
—Es bastante linda, y hacer todo un arreglo con ellas... Izumi debe tener una paciencia increíble… —Baatar asumió que se trataba de un amistoso regalo y eso tranquilizó la situación. De alguna forma Suyin agradecía que su esposo ya estuviera medio dormido, cómo decía él "actuando en piloto automático". Ahora lo que de lo que debía ocuparse era de que no leyera la tarjeta que seguía entre las demás flores.
—Querido, ¿comiste algo?— Su pregunto esperando poder ganar algo de tiempo— Ya es tarde, recuerda que no debes ayunar.
—De hecho justo antes de venir para acá iba por un té y algo de pastel, ¿tu ya comiste?
—Izumi me invito a comer antes de volver a casa así que no tengo mucha hambre, estoy bien cariño, gracias— Volvió a mentir.
—Pero ya pasó de media noche, segura que no…—Apenas insistió
—Segura. —Contestó cortante.
Baatar salió del estudio hacia a la cocina. Su espero a que bajara las escaleras y estuviera a una distancia prudente, busco la tarjeta que le había escrito su alumna y la colocó dentro de un cajón con la esperanza de que nadie más que ella la viera. Luego de acomodar todo, se dirigió a su ordenador y selecciono la reproducción aleatoria. Necesitaba calmarse pero por el momento no tenía cabeza para buscar alguna canción en específico por lo que dejó que sonara lo que fuera. Miró hacia su derecha, el arreglo parecía llamarle más la atención, todas la flores parecían hechas con una especial perfección, dobladas en el ángulo justo y con la presión adecuada. Tal vez Izumi tenia razón y a Ku le había tomado toda la noche hacerlas.
Tomó la flor que había inspeccionado su esposo y la dejó junto al teclado, ella también tenía sueño pero algo le hizo notar la canción que apenas podía escuchar por el volumen tan bajo.
Je dois oublier ton amour (Debo olvidar tu amor)
Tu es en innocence (Eres inocente)
Je suis en insouciance (Yo soy la imprudente)
Pensó cuanto le gustaba escuchar canciones lentas antes de dar alguna clase, la cargaba de alguna especie de motivación y calma especialmente antes de hacer sufrir a alguien en la escuela. Hoy había sido diferente, justo antes de supervisar la aplicación de sus exámenes había aparecido Kuvira. —Demonios…— Un disparo de recuerdos alcanzó la memoria de Su y no pudo evitar que un suspiro se escapara por sus labios. Había besado a su alumna aún sabiendo lo incorrecto que era. ¿Lo peor? Lo había disfrutado tanto como si tuviera los mismos diecisiete años que ella. ¿Lo mejor? Era exactamente lo mismo. Cerró todo los documentos pendientes y apagó el ordenador, necesitaba dormir si a la mañana siguiente quería estar en sus cinco sentidos.
Nota: La canción se llama Innocence y la canta Jimmy Hunt. Irónicamente la escuché por primera vez con mi profesora de Francés (y esto es básicamente una adaptación de lo que ha pasado con ella… Qué pena doy)
También corregí los espacios entre los diálogos tal como Devil-In-My-Shoes lo sugirió (¡Eres un amor!)
