E L L A B O R A T O R I O †

La vida es un veneno amargo que bebemos al nacer y que termina por devorarnos cuando llega la hora de nuestra muerte.

Capítulo 2: Atrapados.

Freezer y Zarbón miraron a su alrededor con horror. La nieve recubría cada centímetro cuadrado y un resplandor incómodo desquiciaba la vista hasta el punto de forzar un entornar de ojos involuntario. ¿Qué había sucedido¿Cómo es que estaban en aquel sitio? Y lo más importante¿Dónde estaban? Por más que trataban de recordar sus últimas horas de existencia eran incapaces de hallar una respuesta lógica.

Permanecían aún inmóviles y mudos cuando un fulgurante haz de fuego rojo surgió desde el cielo hacia la tierra incinerando el aire y adoptando la forma un remolino imparable. En apenas unos segundos, aquella luz incandescente se disolvió desapareciendo como si jamás hubiera existido. Cuando la claridad cedió a tonalidades más cómodas, la silueta de tres desorientados saiyajins resaltó entre el blanco paisaje como un recorte de revista. Lejos de comprender su situación, Vegeta, Raditz y Nappa mostraban igual amnesia e incomprensión que sus superiores.

- ¡Monos! - gritó Freezer lamiendo sus labios repentinamente secos - ¡Explicadme de inmediato qué está sucediendo! – declaró irritado exigiendo una respuesta que intuía no sería respondida.

Los saiyajins aún trataban de superar una ceguera transitoria, pero la voz de su Amo era demasiado inolvidable como para pasarla por alto. Sus colas apretaban sus cinturas con un rictus de tensión fatídica. Dándose cuenta de la delicada situación que suponía ante el Maestro una tardanza en responder, forzaron cada célula de sus cuerpos para reaccionar ante una lentitud exasperante que parecía haberse apoderado de sus cuerpos y sus mentes; mirar, hablar, escuchar, responder… suponía un esfuerzo titánico. Pasados algunos segundos interminables que colmaban de impaciencia al lagarto, que ya formaba un haz de ki en su dedo apuntando a la mole de músculos que era Nappa, el príncipe acertó a exhalar un débil - No… - que se transformó en un fehaciente y sonoro – Lo ignoramos Lord Freezer.

La voz de Vegeta parecía más grave que de costumbre, más salvaje y despiadada incluso que la que había tenido en posteriores años. A sus dieciocho era un joven fuerte y recio dispuesto a demostrar que nada ni nadie era capaz de afectarle. De no haber actuado así, no hubiera podido sobrevivir en el ejército donde fue admitido cuando era un niño. Los compañeros del escuadrón saiyajin respiraron aliviados por la pronta intervención de su comandante.

- ¡Explorad el terreno inmediatamente! – ordenó Zarbón tomando el relevo mientras que el lagarto golpeaba con la cola nerviosamente en el suelo y se entretenía manipulando rayos de energía entre sus dedos a forma de un juego tétrico que prometía muerte pronta.

El escuadrón hizo una reverencia militar rápida y se alejó a cumplir el cometido, partiendo cada cual en una dirección distinta a cual más veloz para alejarse del punto conflictivo. No era un secreto que el humor de Freezer causaba estragos entre su propio ejército incluso por cuestiones más nimias que las que parecían afectarles ahora.

- Esto no me gusta, Zarbón. Estos malditos monos tienen que saber lo que sucede… - murmuró demostrando una de las escasas ocasiones en que se permitía pensar en alto.

- Es posible que hayan sido transportados aquí de la misma forma que nosotros, Maestro - respondió respetuoso el consejero algo congratulado del grado de confianza depositado en él.

- Eso lo averiguaremos en breve… tengo mis técnicas para obtener la información que necesito… - dejó caer con una ladina sonrisa que desató un cierto temblor involuntario por parte de Zarbón. Se preguntó de repente si no era aquella alguna de las confesiones en alto que precedían a una ejecución inmediata. La necesidad de hacerse imprescindible acució el cerebro de Zarbón animando el ingenio con ciertas clases de estrategias sucias, aunque efectivas, para conservar la cabeza sobre los hombros.

Ya a varios kilómetros de distancia Vegeta no daba crédito a la situación. ¿Cómo era posible aquello? Desaparecer repentinamente y aparecer en un inhóspito planeta... Llevaba una hora de vuelo y no evidenciaba ni una sola presencia de vida por los cuadrantes que analizaba. Se intuía que aquel planeta debía ser de un tamaño gigantesco a juzgar por ciertos detalles de sencilla apreciación en vuelos de cierta altura. ¿Sería posible que fuese un planeta desierto¿Dónde estaría la nave que los había transportado allí? Miles de interrogantes se agolpaban en su cerebro, uno detrás de otro, formando una madeja interminable de teorías deshilachadas en cientos de posibilidades ilógicas.

Estaba a punto de conectar el scuter con el campamento base para hacer un informe del perímetro cuando una extraña luminosidad llamó su atención. Era una especie de barrera acuosa del color del mercurio. Un metal… un metal fundido.

El frío, de por sí bastante insoportable, se intensificó en aquella zona. Vegeta se observó reflejado en aquella masa líquida. Era hipnotizante la forma en que su rostro ondeaba distorsionándose y mezclándose con partículas de minerales en tonalidades coloreadas de azulados y dorados posiblemente tóxicos. Casi sentía una atracción insana hacia aquella superficie, algo turbio le dominaba. Sus pupilas, las pupilas que se reflejaban en aquel líquido no eran suyas, eran de otra persona. Algo le estaba observando desde el otro lado. Quizás desde dentro mismo del metal líquido. ¿Sería aquel su enemigo? Ignorando la gelidez que se estaba apoderando de sus músculos se aproximó un tanto más para visualizar de cerca aquel detalle desquiciante. El grito de Nappa le previno de continuar aproximándose y, comprendiendo el peligro previno a sus compañeros con un rápido - ¡No os aproximéis al metal! - que frenó en seco la peligrosa maniobra de Raditz. Nappa se retorcía de dolor en el suelo sosteniendo un brazo que se había transformado de repente en una masa ensangrentada de músculos al aire y piel quemada por un frío ácido, corrosivo, que parecía querer devorar su cuerpo lenta y dolorosamente.

- Estoy herido… - se quejó lastimeramente por transmisión desde el scuter (su medio de comunicación).

- ¡Que te sirva de lección! – gruñó Vegeta desoyendo los lamentos del soldado.

- Ayudadme. Arrrggg - gritó introduciendo su brazo en el frío de la nieve y sintiendo un alivio ligero aunque insuficiente.

- Volved a la base inmediatamente - ordenó Zarbón repentinamente.

Raditz partió para recoger a Nappa mientras que Vegeta optó por indagar un poco más aquel extraño líquido.

Repentinamente algo cruzó por su mente, fue un extraño presentimiento, una idea inmunda, algo más inverosímil aún de creer que la propia situación. Una jaula… Estaban encerrados en una maldita jaula de metal líquido. Sobrevoló hacia la estratosfera del planeta, por encima de unas nubes tan blancas como la misma nieve de la superficie y confirmando que el muro iba curvándose cada vez más hasta acabar en una bóveda sin salida alguna. Estaban atrapados como si fuesen unos conejillos de indias en una jaula, una jaula con ojos, que les observaba, un espejo falso, un... Esto no le iba a gustar a Lord Freezer…

En algún otro lugar del planeta de paisaje boscoso y completamente distinto al anteriormente descrito, tres jovencitas despertaban lentamente como quien sale de una resaca pesada. Su cabeza era una sinfonía de grillos desafinando.

- ¡Qué demonios…! - se quejó la peliazul masajeando sus lóbulos temporales con un frustrado intento de calmar su jaqueca.

Pan obvió sus malestares y adoptó la pose en guardia tratando de percibir el ki de algún enemigo.

- Colocaos detrás de mí, no me fío en absoluto - informó haciendo un alarde de fuerza y valentía que poco alegró el dolor de cabeza de la hija de Vegeta.

Hubo una época en que fueron amigas, las mejores, después todo cambió. Los intereses de Bra, la forma de vida, las ideas, los sentimientos, la rivalidad entre familias… Un cúmulo de circunstancias conspiraron para desunir a las dos niñas que eran el ojo derecho de sus respectivos padre y abuelo, Vegeta y Goku, eternos rivales. Diríase que ellas, ambas, hicieron suya aquella rivalidad y se empeñaron en cobrar pasado con presente exagerando, si cabía, el odio existente entre sus ascendientes.

- ¿Crees que necesito que me defiendas? - gruñó arañando con los dientes de arriba los de abajo como una víbora que prepara el veneno antes de su ataque.

Pan la miró de reojo y, después ignorándola, cerró los ojos. Bra giró 180 grados situándose espalda contra espalda y controlando el otro lado del perímetro. No había presencia de enemigos cercanos, concluyeron ambas relajando la tensión impertérrita de los músculos de su espalda. Marron, que había permanecido entre ambas hundiéndose en la miseria de no haber aprendido a luchar ni a percibir el ki siquiera, siguió tragando saliva y mirando en todas direcciones.

Bra se volvió a mirarla con una sonrisa extraña - Descuida, aquí no hay nadie.

- Yo no diría tal cosa tan rápido - murmuró Pan aún afectada por cierto presentimiento extraño.

Marron se aferró un poco a su mejor amiga, la más joven de los Briefs, y buscó algo siguiendo la dirección de los ojos de Pan. Bra sintió una inquietud repentina pero su orgullo era una fuerza prodigiosa que le impedía girar su cuerpo y aún los ojos hacia lo que quiera que fuese que hubiera llamado la atención de Pan.

- Siento como si me observasen - alcanzó a decir Marron aterrada.

- Si, yo también - asintió Bra anhelando de repente la presencia de su padre.

Pan voló rápido hacia aquel brillo plomizo seguida de Bra, no dispuesta a permitirle quedar encima a pasar de ser consciente de su inferioridad de fuerza frente a la nieta de Son Goku.

Marron cayó de rodillas indignada - ¡No me dejéis solaaaaaaaaaaaaaa! - chilló estallando en incontenibles lágrimas por no haber, tampoco, aprendido a volar.

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- No lo toques - advirtió Trunks a su mejor amigo antes de que extendiese la mano hacia el metal. Hacía un rato que habían despertado y que exploraban el planeta en una búsqueda de respuestas que muchas almas compartían aquel día desde sus respectivas celdas.

- ¿Ves eso? - murmuró Goten observando el extraño brillo de dos pupilas observándoles desde el otro lado.

- Nos están mirando…

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En el campamento de Freezer, Vegeta rendía cuentas de lo que había observado. Se limitaba a relatar los hechos mecánicamente, científicamente, sin atreverse a elaborar teorías o aventurarse a dar explicaciones acerca de la situación. Había aprendido a callar tanto como a hablar lo justo y necesario. Por la boca muere el pez, y la suya no diría más que lo que le pidieran que dijera, reservando para sus adentros cuanta información valiosa pudiera serle útil en un futuro incierto. El conocimiento es poder. Y quizás de aquel lance podría salir beneficiado con la prematura muerte de se maldito Amo. Su odio hacia Freezer era el secreto mejor guardado detrás de una servil actitud, aunque arrogante.

Raditz no tardó en llegar con Nappa a cuestas gritando de dolor como un berraco en el matadero. Quizás no era un metal sino un ácido. Puede que fuese ambas cosas… Lo que estaba claro es que aquello le había destrozado el brazo desde el codo hacia abajo. Freezer se aproximó al herido con morbosa curiosidad. Una sonrisa enferma se trazó en sus fríos rasgos acordes con el paisaje justo antes de retirarse adivinando lo que vendría.

Raditz extendió sin cuidado alguno el brazo de Nappa que exhaló un grito ensordecedor. Su rostro estaba desfigurado. El de sus compañeros solo demostraba impasividad.

- He ahí lo que diferencia a los saiyajins del resto de mis soldados Zarbón, observa - se congratuló Freezer analizando de lejos la escena.

El guerrero de cabellos verdes procuró disimular la repugnancia que aquella herida estaba causando en su estómago pero no se atrevió a apartar la mirada.

Sin una sola palabra de aviso, sin un pequeño ápice de consuelo o de compañerismo, Raditz abrazó con ambas manos el bíceps del gigante. - No tiene solución - murmuró apenas.

Vegeta no vaciló siquiera antes de amputar el antebrazo. Un chorro de sangre salpicó la arena convirtiéndola en un charco rojo. La hemorragia fue cauterizada por el Príncipe con una nueva aplicación de energía que abrasó las venas. Antes de caer desmayado Nappa alcanzó a decir - Gracias - después fue abandonado sobre el frío lecho a esperas de que sobreviviera a sus heridas.

- Solo los fuertes tienen derecho a seguir viviendo. Si todos mis soldados siguieran esta norma, mi ejército sería el más perfecto de todos.

Zarbón debía admitir la verdad de aquellas palabras. Solo que si el resto de sus soldados aplicasen tan duros tratamientos médicos, seguramente gozaría del ejército más efectivo, temible, pero menos numeroso, de todo el Universo...

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- ¿Quién está ahí detrás? - Gritó Bra exasperada ante los ojos que parecían clavarse detrás justo de su reflejo.

- Ahora verán - gritó Pan formando un impulsivo Kame Hame Ha.

Bra gritó un tardío - ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! - antes justo de apartarse de aquella imprudente acción.

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- ¿Qué es esa luz? - gritó Goten desde el otro lado acercándose un poco más al corrosivo líquido.

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¿Qué tal?

Aris.Melcra, en eso andamos.

Bra-viki, gracias por lo de grande, vosotras hacéis que me anime a escribir con tan lindos comentarios.

Shadir, ya me conoces… jejeje.

Schala¿Cómo de entretenido va, eh?

Moony¿suficiente horror?

Saiya élite, subestimas a Cáliz de sangre, es un fic de mis preferidos, aunque reconozco que se sale del encuadre de los saiyajins y pierde esencia por ese motivo. Pero ¿no adoras eso de ver a Vegeta convertido en vampiro?

Diva destrucción, yo soy como terminator, siempre digo: "volveré…"

Karo, pues ya verás cuando el experimento avance, ahora está en pañales la cosa… juas.

Besos a todas. María SuperBrave.