Disclairmer: La mayoría de los personajes son de mi invención, pero lo trama le pertenece a Suzanne Collins.

Summary: Verena Cástil, un joven de dieciséis años del Distrito 4, queda seleccionada en la cosecha de los primeros Juegos del Hambre. Un desconocido mundo se abre ante ella revelando un nuevo orden después de la guerra. ¿Podrá sobrevivir en la arena y luchar contra los demás tributos?


Viaje en el tren eléctrico

Verena y Barius observaron desde el interior del tren como el Distrito 4 se alejaba rápidamente,el andén, las cámaras, los curiosos y el mar.

No se escuchaba el motor de aquella maquina, solo el suave traqueteo de las vías al pasar que producía una leve vibración en el suelo.

El vagón en donde se encontraban era mucho más impresionante que el Edificio de Justicia. Todo resplandecía. Verena pensó que hasta ella podía brillar en aquel lugar. La muchacha tocó delicadamente el tapiz blanco y celeste que para su sorpresa tenía pequeñas piedritas que destellaban y le daban ese toque de ensueño al vagón. Había unas butacas mullidas de color rojo sangre, ornamentadas con lo que parecían insectos de luz que, como la mayoría de las cosas de la habitación, brillaban; Una mesita ratona de madera completaba el juego de lo que ella creía era un salón de té. Lo único que no concordaba eran las dos puertas corredizas de metal colocadas a los extremos del vagón que comunicaba a éste con el resto del tren.

-¿Qué esperan ahí parados?- les preguntó Garut a los chicos, a él la decoración del lugar le era completamente indiferente- Vamos, síganme, tenemos mucho de que hablar- exclamó y los guió por el tren.

Pasaron por cuatro vagones diferentes antes de llegar al que al acompañante le parecía indicado.

El primer compartimiento por el que caminaron estaba repleto de armarios metálicos uno al lado del otro (las ventanas siquiera se veían) cada mueble tenía muchos cajones muy finos en los que solo podría entrar una fina masa de pizza. Había un estrecho camino entre los armarios por el que continuaron su paso hasta la otra puerta. La segunda habitación era muy pequeña, Verena se pregunto si en realidad era un vagón dividido a la mitad pero cuando llegaron al siguiente tenía el mismo tamaño que el primero en donde se encontraban los sillones rojos, sólo que era un comedor con muchas vitrinas (iguales a las copas del coche) repletas de comida y bajillas de oro, en el centro de la habitación estaba la mesa rodeada de sillas con respaldo muy alto, alguien había colocado un mantel plateado y los cubiertos que destellaban.

Verena se preguntó cuantas personas habría en el tren que se movían completamente en silencio sin que ellos notaran su presencia ¿O serían robots?

Al llegar al cuarto vagón Garut se detuvo y miró complacido el lugar.

-Pedí especialmente que remodelaran un vagón con éste estilo para nosotros- comentó orgulloso de si mismo- siéntense y coman algo- pidió mientras se acercaba a una cómoda, sacó una botella de licor color rosa y se sirvió.

-¿Y donde dormiremos?- preguntó Barios mientras observaba las cortinas de seda que aparentaban ser olas.

La habitación tenía el aspecto de una playa, el suelo era mullido y blancuzco, los asientos de un verde mar y el techo parecía el cielo brillante del Distrito 4. Nuevamente las puertas rompían la atmosfera.

-Oh, no estamos tan lejos del Capítolio como para necesitar dormir mucho- aclaró Brisky llevándose el licor a la nariz para saborear el olor- pero no te preocupes, cada uno tiene un compartimiento entero para descansar y asearse- continuó mirando las manos mugrientas del chico.

-No estamos aquí para hablar de eso ¿Verdad?- consultó Verena esperando que a su acompañante no le importaran sólo las decoraciones.

-No, claro que no pero pueden hacerme cualquier pregunta que deseen, yo intentaré responderlas- siguió sin dejar de sonreírles como si estar frente a ellos fuera el sueño más preciado de su vida- primero que nada los felicito otra vez- continuó y enumeraba con sus alargados dedos pálidos- segundo debemos hablar de los juegos…¿Preguntas?.

-¿Qué se supone que tenemos que hacer?- cuestionó al instante Barius.

-No es obvio, luchar y ganar.

-¿Y si perdemos?- quiso saber Verena, aunque intuía la respuesta, no por nada su familia se había despedido de aquella manera de ella.

-No lo se, los asesores del Gobierno quieren que sea una sorpresa- contestó exaltado, él también quería saber lo que pasaría en la arena.

Los chicos intercambiaron una mirada elocuente y el silencio se prolongó hasta que Garut no lo soportó, no le gustaba las personas cerradas y poco sociables.

-Anímense, todos tienen posibilidades de ganar- miró a Verena, más que nada a su débil figura- necesitan entrenarse, eso es todo- intentando convencer a los jóvenes- hay dos tipos de entrenamiento: lucha y supervivencia…-

-Sí la idea es pelear entre nosotros ¿De que nos serviría la supervivencia?- lo interrumpió Baruis.

-Está previsto que los juegos duren unos cuantos días, quizás unas semanas, no lo se con precisión- insinuó Garut- si no pierden en el primer día tendrán que arreglárselas para sobrevivir en la arena- dijo con dramatismo y abriendo mucho los ojos color lila.

-La arena- susurró la chica- en el video mostraron el desierto y un bosque- Barius asintió dándole la razón.

-Puede ser cualquier tipo de paraje, un valle, un pantano, el desierto, el ártico…los vigilantes se encargan de esas cosas y hasta que los juegos no empiezan nadie sabe a donde los llevarán- explicó el hombre dejando su vaso vacío en una mesita blanca y comenzó a quitarse unos guantes que ninguno de los dos adolescentes había notado.

La joven se encontraba más confundida que cuando había visto la publicidad del Capitolio, tenía ciertas sospechas acerca del final de los juegos y no le gustaban para nada.

La piel pálida que se suponía tenía Garut en realidad era unos finos e indistinguibles guantes de látex que ocultaban el verdadero color de las manos del acompañante. Violeta.

-¿Cómo…?- susurró alarmada mirado las manos del hombre preguntándose si estaba enfermo, algunas veces había visto como los marineros volvían con extrañas manchas púrpuras del océano.

El chico solo podía intentar cerrar su boca del asombro.

-Cirugía de pigmentación local- reveló Garut satisfecho con la perplejidad de sus compañeros de viaje- en el Capitolio es muy común- dijo supuestamente desinteresado- lo olvidaba, cuando lleguemos al Capitolio lo primero que harán es ir con su equipo de preparación- ante las miradas de confusión Garut comprendió que no tenían idea de lo que era aquello- ellos los ayudaran con su imagen, los dejaran esplendidos, quitaran todas esas marcas indeseadas, realzaran su belleza y si quieren podrán pedir alguna cirugía- explicó nuevamente haciendo un ademán con las manos.

Según Verena su acompañante era agradable, muy paciente e intentaba reconfortarlos, aunque creyera que a ellos les encantaban las transformaciones, parecía un niño y por sobre todo comprendió que él no sabía nada acerca de los juegos, sólo lo necesario.

-¿Con que lucharemos en la arena?- preguntó Barius después de la conmoción que le produjo ver las manos de Garut.

Verena también quería hacer esa pregunta pero no se atrevía ya que ella no tenía idea de cómo luchar, su padre nunca le había enseñado ya que le parecía innecesario para una niña.

-No lo se, pero habrá distintos tipos de armas con las que podrán defenderse y atacar- reveló Garut.

¿Habría alguna forma de ganas sin ellas? Se cuestionó la joven. Al instante recordó que era una batalla ¿Cómo se suponía que perderían en aquel juego?

Una campana computarizada sonó en el vagón.

-El almuerzo está servido, chicos- respondió Brisky a las preguntas mudas de éstos al escuchar la melodía acompasada.

La cosecha se había realizado a las dos del medio día, todos los habitantes habían comido, sin embargo eso no evitó que los tributos quisieran seguir comiendo en el viaje.

Verena casi se desmaya al entrar en la habitación del comedor que anteriormente habían visto. Ahora no solo se veía espléndido, si no que estaba abarrotado de gigantes platillos con comida, eran tantos que el personal del tren había puesto mesitas laterales a la mesa para colocar algunas bandejas. El olor a comida caliente era sensacional, diferentes sabores se mezclaban entre sí embriagando los sentidos de los chicos.

Los tres se sentaron, Verena fue la primera en hacerlo, nunca había visto tanta comida junta en su vida. Barius también estaba impresionado.

En el centro de la mesa habían colocado una gran bandeja con un pavo entero dorado rodeado de vegetales asados y champiñones, también había unos cuantos platos con pescados fritos y ahumados, salsas de colores y sopas humeantes, una fondue de queso, tortillas de atún y unas cuantas cestas de pan para acompañar. Por otro lado estaban las bebidas, agua helada, vino, jugos caribeños con pulpa, té frío de jengibre, leche tibia y café.

Verena intentó comer de todos los platos, la fondue le había encantado, pero como le había dicho Garut el estomago se le llenó rápidamente y no le entraba ni un bocado más cuando llegaron los postres.

Cuatro mujeres ataviadas con delantales grises se llevaron los restos sustituyéndolos por tortas de chocolate, pasteles helados con glaseados fabulosos, biscochuelos de vainilla y tarteletas de jalea. Pero algo llamó la atención de la muchacha, las mujeres evitaban fervientemente sus ojos, iban de aquí para allá con la mirada baja, muy poco común de alguien del Capitolio. Se imaginó a una de sus hermanas haciendo ese trabajo, transportando las pesadas bandejas con los restos de comida y decidió no comer nada más, estaba claro que aquellas mujeres eran de algún distrito.

-Ya te vez mucho mejor, la comida te sienta bien, Verena- apuntó el hombre que se había sentado enfrente de los dos tributos y hundía el tenedor en una tarteleta de jalea color verde claro.

La chica intento sonreír.

-Me imagino que ya se conocían ¿No es así?- preguntó Garut queriendo plantar una conversación.

-Sí- dijo Barius- nos hemos visto unas cuantas veces, el negocio familiar de los Cástil es el de reparar las redes de los barcos, son muy buenos- contó mientras se servía un trozo de pastel.

Garut estaba sorprendido, según su criterio reparar redes era trabajo para un robot más que para una familia entera.

-¿Y tu, Barius, a que te dedicas?-.

-Soy marino, mi padre y yo nos especializamos en Pejerreyes y Surubíes- respondió con orgullo.

-¡Oh, el Surubí es de mis favoritos!- exclamó Garut.

Verena no prestó mucha atención a aquella charla, no tenía muchas ganas de hablar, además el apetito se le había esfumado al contemplar a las mujeres que transportaban los platos. Tenía ganas de que sus hermanas la abrazaran, así que interrumpió la animada conversación sobre peses de los hombres

-¿En donde esta mi compartimiento?- quiso saber.

-Se encuentra a cinco vagones en esa dirección- contestó apuntando la puerta, con esos dedos violetas, por la que se llegaba a la primera habitación que habían pisado del tren, el salón de té- ¿Quieres que te acompañe?- preguntó dudoso.

-No, yo puedo ir sola- repuso y se marchó.

Pasó por la pequeña habitación continua al comedor, el vagón lleno de armarios metálicos y el salón de té, una vez que su visión se acostumbraba ya no le parecía tan radiante como al principio. En la siguiente habitación solo había un pasillo que se formaba gracias a una pared de madera del lado izquierdo del vagón, en la mitad habían colocado una puerta. Verena sintió curiosidad por lo que había dentro pero siguió andando hacia el quinto compartimiento que era exactamente igual que el anterior, rápidamente comprendió que eran las habitaciones de Barius y de ella. No dudó en entrar por la puerta situada en medio del pasillo.

La habitación era grande de colores claros, la cama era de una plaza y junto a ella había una mesa de noche con una lámpara, un reloj y un alhájelo de plata. También tenía un armario que cuando lo abrió lo encontró repleto de trajes.

Verena se quitó los pendientes de bronce que le había regalado su amiga Ganci en el Edificio de Justicia y los dejó en el alhájelo, con suerte una de aquellas mujeres los encontraría y los usaría.

Revivir la despedida con sus seres queridos le hizo recordar que tenía un largo rato de llanto pendiente.

Unas cuantas horas después, en las que Verena hubiera preferido dormir, Barius llamó a la puerta, no esperó a que la chica tuviera oportunidad de decir que no quería ver a nadie.

-¿Ya estamos llegando?- preguntó esta resignada a que su compañero le viera los surcos que habían dejado las lagrimas en su cara.

-No, pero Garut quiere que nos reunamos en el salón de té- reconoció el pelirrojo- estuviste llorando- dijo sin basilar.

Verena había notado que a él no le importaba decir la verdad aunque doliera o avergonzara a las personas.

-¿Para qué debemos ir?- espetó con desesperanza.

Barius no respondió, se limitó a mirar a la chica que se restregaba los restos de humedad.

-Para ver la repetición de las cosechas de todos los distritos- dijo al final- Garut quiere que conozcamos a los demás- explicó evitando la palabra tributo.

Ella asintió y se levantó de la cama.

-¿Crees que podamos ganar?- le preguntó él antes de salir por la puerta.

No obtuvo respuesta, muy en el fondo Verana sabía que Barius sí tenía chances, era un marinero y manipulaba perfectamente elementos que podían ser tomados por armas.

-Vamos- propuso Barius, no quería quedarse a solas con su compañera.

Garut quería hablarles de un par de detalles que se había olvidado de mencionar como el desfile de carruajes que se haría al día siguiente cuando todos los tributos llegaran al Capitolio para presentarlos ante todo el Estado y la entrevista que les haría Shorán Netrek a cada tributo en una noche de gala.

Verena gruñó ante las noticias, eso significaba nada menos que más gente evaluándola, prestando atención a sus errores y debilidades.

Una de las ventanas del tren se había transformado en televisión antes de que ellos abordaran el salón de té.

Los dos se impresionaron al ver a los demás competidores, más que nada sobresalían del montón, los dos del Distrito 1, eran tan grandes como las redes que Verena debía reparar; la chica del Distrito 2, llevaba el pelo rapado y tenía músculos; los tributos del Distrito 7 y el chico del Distrito 12, la mayoría de ellos se caracterizaban por ser gigantes o musculosos, pero este último quedó grabado en la memoria de la chica por su expresión de resentimiento y odio que expresaba frente a las cámaras.

Verena esperaba haber causado alguna impresión decente a los demás tributos.

-¡Seguro los estilistas los dejaran increíbles para la presentación de mañana!- gritaba Garut mientras aplaudía al televiso/ventana.

El cielo ya estaba oscuro cuando unas luces muy intensas comenzaron a adentrarse en el compartimiento de Verena. Llevaban viajando seis horas aproximadamente y hasta el momento no habían visto señales de vida humana más que la del tren eléctrico.

El Capitolio era impresionante, nada que ver al Distrito 4 ni a ningún otro que hubiesen visto en la pantalla del salón de té. Los edificios se elevaban hasta el cielo con intermitentes luces de colores encendidas, las autopistas eran interminables y los coches que las circulaban viajaban a una gran velocidad convirtiendo a la noche en una lluvia de colores.

No tuvieron mucho tiempo de contemplar el paisaje ya que el tren se adentro en un gran túnel.

Lo siguiente de lo que Verena fue conciente es que una masa de gente la admiraba por las ventanas del tren que reducía la velocidad, los vítores de su llegada recorrían la estación y mucha gente la observaba.