De canciones y citas sin sentido
Más tarde Lunático diría que nada había pasado, Canuto se reiría entonces y lo palmearía en el hombro: "Con que nada ha sucedido, eh Remus". Pero eso más
tarde. Ahora el licántropo se prepara para su cita. "Cita", ja, como si le interesara tener una cita con otra persona que no sea Sirius. Claro que él no lo sabe, no,
Remus duda que su masculinidad pudiese soportarlo, soportar el hecho de que él, su mejor amigo, está absolutamente enamorado de su persona, y entonces su
amistad se iría a la mierda y con ella toda oportunidad de soñar siquiera en una chance. Y todo esto lo piensa Remus mientras se baña, se viste, se peina y escucha
a los Beatles. Y apurarse entonces para llegar a esa absurda cita que le programó Sirius, "Estás un poco deprimido Lunático, necesitas acostarte con alguien, ya sé,
necesitas a Linette. Cómo no lo pensé antes, es perfecta". Que cómo no lo pensó antes dijo. La pregunta correcta sería "¿Cómo carajo es que no te das cuenta que
no me interesa Linette ni ninguna otra de tus amiguitas?" Pero Sirius siempre fue Sirius. Poco tacto, poca percepción, poca noción. Y así es como el lobo guardó sus
instintos lobunos y aceptó encontrarse con la morena. Porque no podía decirle que no a Sirius, a su cara entusiasmada, a sus ojos brillantes.
Hablando de Roma, Canuto entra un minuto a la habitación. Tiene que buscar la capa de invisibilidad de James, dice. Pero ese minuto le alcanza para recostarse en
la cama y observar como Remus maquina para disminuir su retraso, "Esa camisa no, por el amor de Merlín, Remus, ¿Es que acaso buscas espantarla? " Remus pone
los ojos en blanco y se desabrocha la camisa. Escoge en su lugar una remera clásica, negra, pero que Sirius le ha regalado. Remera que no le gusta en verdad, pero
conserva porque se la dio él. La conserva así como conserva las fotos, los machetes, la grabación casera de Sirius cantando "Revolution" y los ticket del último
concierto que vieron, hace ya poco más de un mes. Pavadas, recuerdos, souvenir de cada momento que pasaron juntos. Un día le mostró todo esa basura a Lily;
sabía que ella -entre todas las personas- no lo juzgaría. Y tenía razón, porque no lo hizo. Pero le aconsejó hablar con Sirius. Cómo si eso fuera posible. Cómo si sus
sentimientos tuvieran retornos. Cómo si hubiera alguna escapatoria. Alguna oportunidad. Alguna utopía no tan utópica. "Y otra vez pensando en boludeces". Remus
conocía pocos hombres tan mujeriegos como lo era Sirius. Y eso le dolía, le lastimaba, le atormentaba. Y más que nada mirarlo, y saber que su arrogancia era pura
fachada, y saber que sus técnicas de conquista no eran ensayadas frente al espejo, y saber que aunque pudiera pasar por egocéntrico era un muy buen amigo. Y
entender el odio hacia su familia, y la pertenencia que comprende la no-pertenencia. Y querer tomarle la mano, y abrazarlo fuertemente, y decirle esas palabras que
se le escapan. Que desaparecen. Que duermen, impronunciadas, ante la espera eterna. Eterna e incorpórea, porque si hay algo que Remus nunca imaginó fue su
relación con el moreno. Ante todo, era un hombre muy centrado. Y justo en el preciso instante en que Sirius abre la puerta para irse, repara en la canción que está
sonando. Su preferida. Y con esa vos ronca de improvisada sensualidad comienza a cantar, volviendo loco al licántropo. "Vamos lunático, canta conmigo". Ironías de
la vida, piensa Remus, y toma la botella de shampoo del baño mientras acompaña a Sirius en su perfomance. And when I touch you I feel happy inside.
It's such a feeling that my love, I can't hide.
