Second chapter. Debería decir que DGM y todos sus personajes no me pertenecen y tal pero… ¡Esto es FanFiction! ¡Aquí a nadie le pertenece nadie! XD

Por cierto, gracias por los reviews =). Como suelen decir por aquí (a ver cuando me habitúo) "un fic con reviews es un fic sano"; XDD. Me hace mucha gracia, bah, XD.

Encantada de seguir escribiendo para vosotras, chicas ^^

Por cierto… este capítulo es una introducción realmente. Una muestra de lo que era y ahora no es =)

Capítulo 2: Tiempo e Inocencia.

Flash-back.

-¡Mira…! ¡Míralos! ¿Los ves?

Bufé, distraído. Otra vez comenzaba a darme pequeños golpes para que me despertase. Odiaba cuando hacía eso y, a la vez, me encantaba que me hiciese partícipe de cada una de sus emociones. Somnoliento, me alcé y lo miré, con los ojos apenas abiertos.

-¿Qué pasa ahor…?

Pero él me cogió de la nuca y tiró de mí para atraerme hacia la ventana. Nos escondimos detrás del apoyabrazos y espiamos desde allí. La habitación de Lavi estaba casi a ras de suelo, así que podíamos oír todas las conversaciones de la gente que pasaba por allí, al igual que ellos podían oírnos a nosotros. Lavi selló su boca con su dedo índice, pidiéndome silencio.

Parecía que acababan de volver de una misión y, sin embargo, también parecían reacios a entrar de nuevo a la Orden. Reconocía los uniformes de Exorcista, y esforcé la vista para distinguirlos en la oscuridad de la noche. De pronto, unos aros dorados rodearon a uno de los Exorcistas, iluminando sus rostros. Reconocí la Inocencia de Miranda al desactivarse, y el rostro de Marie entre los círculos de oro. Seguía sin saber qué había emocionado tanto a Lavi.

-Deberíamos avisar a Komui… Marie está herido –le susurré al oído.

-No seas ridículo, Allen –sonrió Lavi-. ¿No ves que lo que precisamente quieren es no ser vistos?

Miranda pasó suavemente la mano por el rostro ensangrentado de Marie, limpiándolo lentamente. Se ayudaron mutuamente a levantarse, y podíamos oír los múltiples "Lo siento" de Miranda. Marie simplemente giraba su rostro hacia donde se oía su voz.

Dejé de espiar cuando Marie inclinaba sus labios sobre los de Miranda. Lavi seguía observando, con un brillo de ilusión infantil en sus ojos.

-¡Lo sabía!

Volví a tumbarme en la cama. Me sentía enfurruñado sin saber realmente por qué. Quizá me sentía enfadado con Miranda y Marie. ¿Qué querían ocultar? ¿Qué pretendían? Eran ya adultos, por el amor de Dios. Ellos, cuyo afecto sería aceptado por todo el mundo como algo corriente, como algo que debía suceder de forma natural. Un hombre, una mujer.

-¿Allen…?

Se tumbó junto a mí, atravesando el colchón con su cuerpo, como siempre. Besó mi hombro antes de apoyar la barbilla en él.

-¿Allen? –probó de nuevo.

Silencio.

-¿Tienes envidia de Marie?

Me volví hacia él, incrédulo:

-¿Qué?

Él se encogió de hombros:

-La primordial diferencia entre un hombre y una mujer no es la delicadeza ni la dulzura, sino las curvas.

Pestañeé, comprendiendo. Me incorporé y lo miré a la única pupila que podía captarme.

-Yo no quiero una mujer.

Rió.

-Lo sé. Por lo menos reaccionaste.

Comencé a sonreír.

-Eres tan idiota…

-Y tú tan crío…

Me abrazó, y yo me pegué a él. Permanecimos unos minutos así, el uno escuchando la respiración del otro. Sentía su pecho subir y bajar bajo mi rostro, y cerré los ojos.

-En unos momentos Miranda se pondrá a gritar clamando ayuda –informó Lavi.

No lo miré.

-¿Humm…?

-Sabe actuar cuando quiere. Y quiere unos momentos con Marie, y que le curen. Así que tomará de las dos cosas.

De pronto, uno de los aullidos de Miranda rasgó la noche. Oímos las puertas de la Orden abrirse, el revuelo. Gente corriendo de acá para allá, oíamos como Miranda fingía estar muy preocupada por Marie, chillando.

-Los has estado espiando a conciencia –comenté, con una sonrisa.

-Quizá soy algo voyeur, sí.

-¿Por qué me lo mostraste esta noche?

Rió y me besó:

-Quería que me montaras un numerito, pero parece ser que estás demasiado dormido. Ha sido bastante flojo, la verdad.

Intenté contener la cara de enfado, pero no pude. La mirada de Lavi sonrió con él, orgulloso de poder moldear mis emociones tal y como él quería.

-Me conoces demasiado, Lavi –susurré, cuando él comenzaba a ganar terreno con sus manos bajo mi camiseta.

Me besó de nuevo, con un suspiro entrecortado. Correspondí con ganas, cerrando los ojos y simplemente sintiendo su piel contra la mía.

-Deberías alejarte un poco. Algún día no te gustará lo que te ofrezco –seguí intentando pararlo inútilmente, y él me recostó sobre el colchón, con una chispa no precisamente inocente en su iris verde.

-Eso precisamente fue lo que dijo Kanda.

Y ahí acabó la conversación, para convertirse en algo mucho más incivilizado.

/Flash-back.

Sacudí la cabeza. No más recuerdos aquella noche.

La selva de plata y nácar me rodeaba, me abrazaba, me arrullaba en aquella noche tenuemente iluminada por una Luna casi inexistente. Estaba apoyado sobre un enorme árbol plateado, el cual formaba parte de la muralla de Edén que Tiedoll había creado en torno a la Orden. Pero eso no me afectaba, porque mi Inocencia interactuaba pacíficamente con la suya, sin alertarlo lo más mínimo.

Aquella noche, la ventana nº 13 del primer piso se hallaba iluminada. Había un par de libros apoyados sobre el alféizar, y otro caído y olvidado en la hierba de fuera.

Podría haber mantenido toda entereza, si no fuese por la sombra que cruzó la habitación sin reparar en mi presencia. Una silueta que reconocería en cualquier parte de cualquier planeta o mundo.

Lavi.