2 Capítulo
Al parecer el tiempo se les estaba reduciendo y aún no llegaban ni siquiera a una pista de quién podría ser el demonio o cómo podrían anticipar su próximo movimiento. En ese momento ellos llevaban las de perder.
—Dean —Sam estaba tratando de despertar a su hermano, cosa que algunas veces resultaba ser una misión casi titánica— Anda, mueve el culo —dijo mientras le daba una patada a la cama, haciendo que Dean pegara un salto, listo con arma en mano.
—¿Qué ocurre, Sammy? —gimió, dándose cuenta que el único mal presente en la habitación era su madrugadoramente maniático hermano menor.
—Al parecer hubo otra persona muerta —comentó a su pesar.
—¿Tiene nuestro sello? —preguntó mucho más espabilado.
—¿Nuestro sello? —inquirió frunciendo el ceño sin saber de qué diablos habla su hermano.
—Sí, raro y asqueroso —bostezó mientras se desperezaba.
—Sí, definitivamente tiene nuestro sello —dijo con la boca seca, viendo como Dean se levantaba de la cama y se quitaba la delgada manta que cubría su bien formado cuerpo. Sin darse cuenta, Sam se había quedado embobado viendo la perfecta anatomía de su hermano, sintiendo a su polla traidora dando un pequeño salto.
—¿Algo que te apetezca, grandulón? —preguntó Dean, al ver la mirada tontarrona de su hermano sobre él.
—Iré a esperar en el auto —gruñó, haciendo su máximo esfuerzo por no lanzarse sobre ese cuerpo pecaminoso y dejar botado el trabajo.
Dean sonrió satisfecho al ver la reacción de su hermano, y casi se sintió mal al desear olvidarse de ese maldito caso y dedicarse toda la mañana a mapear a punta de lengua esos extensos kilómetros de piel bronceada. Al final Dean terminó tomando una ducha de agua helada para intentar bajar su incesante erección.
Será una larga mañana. Pensó frustrado, mientras salía a ocupar su lugar justo al lado de su Sammy, en su nena.
A diferencia del día anterior, esta vez Dean no quiso hacer ninguna parada para desayunar. Ya había aprendido la lección y no pensaba darle el gusto a su hermano de hacerle otra jugarreta como la los malditos gusanos. Inconscientemente Dean sé retorció en un escalofrío ante el recuerdo; aunque si la reconciliación era como la de noche, gustoso le seguiría la corriente una y mil veces.
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—¡Dios, esto es enfermo! —se quejó Dean, mientras arrugaba la cara en una mueca de asco.
—Estoy contigo, esto es retorcido —secundó Sam, imitando la misma mueca de desagrado.
Ciertamente el saber que un tipo había muerto por ingerir gusanos hasta reventar era ya en sí muy asqueroso, pero esto en particular era demasiado perturbador.
—Yo iré a revisar la casa de nuestra reciente víctima, a ver si logró encontrar algo útil. Y tú puedes ir a entrevistar a los conocidos de este pobre diablo —dijo Dean, sin ganas de seguir perdiendo el tiempo frente a ese maldito demonio. Ya solo contaban con cuatro días para poder pararlo o sino tendrían que esperar hasta el año siguiente y por supuesto esperar nuevas víctimas.
—De acuerdo, nos vemos para almorzar —dijo Sam, mientras miraba a todos lados comprobando que estuviese despejada la costa, para apoderarse rápidamente de los labios de su hermano, sintiendo como este respondía automáticamente al contacto.
Siempre era así entre ellos. Un beso antes de cada cacería o entre cada lapso de separación, en sus trabajos nunca se podía saber a ciencia cierta cuándo sería la última vez que se volverían a ver. Doloroso pero realista.
Cuando se separaron sus rostros estaban ruborizados y quizás el cabello de Sam parecía que había cobrado vida propia.
Dean se preguntaba si a su hermano le estaría yendo mejor que a él, ya que de la media hora que llevaba en la casa del pobre tipo, no había encontrado nada útil, solo un rastro de azufre en el alfeizar de la ventana, cosa que era totalmente normal en asuntos de demonios y completamente inservible en esos momentos.
El caos estaba en la cocina, había demasiada sangre.
Sabiendo que no encontraría nada más, decidió ir a esperar a Sam en el restaurante en el cual habían acordado reunirse, escogiendo la mesa más apartada de la entrada y de las otras mesas, así tendrían la suficiente privacidad para compartir sus descubrimientos sin llegar a ser fichados como los locos satánicos o peor, los principales sospechosos.
—Diablos, Sammy ¿qué te tomó tanto maldito tiempo? —dijo un tanto irritado, ya llevaba una hora en ese restaurante y como si fuese poco, no podía darse el lujo de alimentar la vista ya que la camarera era como ver a Bobby en su versión femenina. Escalofriante.
—Decidí ponerme a investigar algunas cosas de Dylan Cooper y de Evan Miller —dijo disculpándose, pero sin duda la tardanza había sido de mucha utilidad— ¿Algo que nos pueda ser de utilidad? —preguntó, intrigado de lo que Dean hubiese descubierto.
—Realmente nada. El tipo al parecer comió manzanas con pequeños cristales incrustados, comió y comió hasta destrozar su boca y garganta y aun así no se detuvo hasta desangrarse en el piso —Aunque no le gustase, tenía que admitir que el bastardo era original a la hora de matar, originalmente enfermo pero al fin y al cabo, original.
—Gusanos y manzanas —murmuró pensativo, mientras desentrañaba la imagen que se iba formando en su cabeza. Era como un rompecabezas a medio formar pero ahora contaba con dos datos clave o eso esperaba él.
—No de nuevo, Sammy —Dean gimió lastimosamente ante la sola mención de los bichos esos.
—No Dean, eso no. Me refiero a las formas de morir.
—Es asqueroso pero no le veo la conexión aquí, Sammy.
—Bueno en primer lugar, lo único en común que tenían las dos víctimas es que no celebraban el Halloween, y supongo que el demonio se entretiene jugando a su propio Dulce o Truco.
—Eso tiene un poco de sentido ya que en la casa de los Miller, no había ningún dulce o algo que demostrara que siquiera decoraría su casa aunque fuese por sus hijos —dijo Dean, sin comprender del todo si lo que tenían les sería de ayuda— ¿Entonces solo se centra en personas indiferentes a la celebración?
—Eso parece —Sam suspiró, haciendo a un lado sus cosas para sus pedidos ¿acaso Bobby tenía una hermana gemela? Sam se aclaró la garganta, tratando de concentrarse en el caso —Tiene sentido que al ser el demonio del Halloween solo asesine a las personas que no sigan sus tradiciones. Además, se creía que las calabazas son una invocación a los espíritus para la protección, por eso dicen que no tienes que apagar tu calabaza antes de la media noche o si no te expones a...
En ese punto, Dean solo escuchaba un interminable bla, bla, bla, bla, proveniente de la boca su hermano.
—¿Ah, qué? —preguntó desconcertado, dándose cuenta que Sam había dejado de hablar y ahora lo miraba esperando algo.
—¿Decía que qué piensas de lo que te acabo de decir? —Sam lo miraba fijamente, sospechando que su hermano no había escuchado nada de lo que le había dicho. A veces se preguntaba para qué gastaba tiempo y saliva.
¿Qué mierda le había preguntado Sammy? Dean se devanaba los sesos pensando en qué decir sin llegar a quedar como un completo idiota. Además no ayudaba que Sam le estuviese lanzando una mirada asesina.
—Dean...
—Sí Sammy, estoy de acuerdo contigo —Dean supo que algo había hecho bien ya que el semblante de su hermano había cambiado a uno relajado y quizás ¿incrédulo?
—Bien. Entonces, ya que tú también estás de acuerdo, hoy en la noche yo seré de carnada para el demonio.
—¿Qué? ¡NO! —gritó al instante mientras sentía un frío desagradable corriendo por su piel. Sammy no podía ser de carnada y mucho menos después de ver lo que hacia ese maldito a sus elegidos, pero claro, viene él de idiota y le da el visto bueno a su chico.
Idiota. Bobby siempre se lo decía y ahora empezaba a ver que quizás siempre tuvo razón.
—Sammy no, simplemente no —Dean sentía que podía morir ahí mismo ¿cómo es que siempre su cerebro era el último en reaccionar?
—Dean relájate —calmó a su hermano que estaba casi al borde de un ataque de pánico— Solo estaba probando que no me escuchabas y al parecer estaba en lo cierto —Sam miró a su hermano con reproche y quizás resignación.
—Lo siento. Es que, cuando te emocionas con un tema yo me pierdo en tanto dato —suspiró sintiéndose mal por haber estado ignorando a Sam— ¿Me perdonas?
—Sabes que siempre —sonrió quitándole peso al asunto. Después de todo ya tenía años de experiencia con Dean y sería muy idiota si se enoja por algo que siempre veía venir.
—Aunque si abrieras la boca para otra cosa, te aseguro que no te ignoraría —sonrió con cinismo, mientras con su pie derecho frotaba por debajo de la mesa el bulto de su hermano.
—¡Dean! —chilló agudamente al ser tomado por sorpresa, atrayendo algunas miradas curiosas.
—¿Algún problema, Sammy? —preguntó haciéndose el inocente. A través de la tela de la media podía sentir el calor que emanaba el miembro de Sam, no se sorprendería si llegase a sentir la humedad que seguramente se empieza a filtrar por la polla de su hermano.
Sam tuvo que cerrar sus ojos y tratar de no empezar a frotarse contra el pie de Dean, pero por nada del mundo le daría el gusto a su hermano de demostrarle cuanto lo necesitaba. Así que, con todo el control que podía albergar en una situación como esa, Sam cerro sus piernas y trató de controlar su respiración la cual empezaba a agitarse un poco.
—Aguafiestas —dijo Dean— ¿Entonces que tenemos hasta ahora?
Pues yo una erección de los mil demonios. Pensó Sam, sabiendo que eso no venía al tema.
—Tengo algo en mente, pero tiene que ser esta noche. Además, no sé si funcione ya que sería mucho más factible si lo hacemos el treinta y uno, pero eso significaría sentarnos a esperar a que muera más gente.
—¿Qué tienes en mente, Sammy? —inquirió Dean, recordando al instante lo de su hermano siendo de carnada y por nada del mundo permitiría que eso suceda.
—Vamos a tratar de invocar a Jack —dijo sintiéndose un poco ridículo al decirlo en voz alta.
—¿A quién? —preguntó Dean.
—Jack el tacaño —dijo como si fuese lo más lógico del mundo.
—¿A quién? —preguntó nuevamente sin tener la mínima idea a lo que su hermano se refería con ese tal Jack.
Sam por su parte no pudo más que poner los ojos en blanco por la tremenda falta de información de su hermano, después de todo era un cazador y tenía que estar al corriente de cualquier cosa mínimamente sobrenatural. Suspirando se preparó para poner al tanto a su idiota pero querido hermano.
—No quiero sonar escéptico, pero ¿cómo sabemos que realmente existe ese tal Jack? ¿Y en serio Lucifer le tiró un carbón ardiendo desde el infierno? —cuestionó con una sonrisa burlona en su rostro después de que Sam le contase sobre el tipo.
—Dean —Sam suspiró— La historia es real, pero con el paso del tiempo las personas ponen algo extra para hacerla más interesante.
—Como si un espíritu en sí no fuese lo suficiente "interesante" —dijo haciendo énfasis a las comillas— Mejor vamos al motel y allí discutimos tu plan ¿vale?
Cuando terminaron sus comidas pagaron la cuenta, y en parte Dean decidió dejar una buena propina a la gemela de Bobby, no fuese que además de tener la misma cara fea tuviera el carácter de mierda. Los chicos tomaron sus cosas y se marchó de ese restaurante.
Cuando hubieron llegado a la habitación, Dean tiró por la borda la idea de charlar, y prácticamente empotró a Sam contra la puerta para luego empezar a devorar sus labios en un desenfrenado beso, mientras con sus manos agiles iban desabotonando la camisa del castaño que se retorcía de placer.
—Dios, ya te echaba de menos, Sammy —gimió Dean, mordiendo el cuello de su hermano y sacando un sinfín de gloriosos gemidos que si pudiese los grabaría para ponerlos de tono de alarma. Claro que Sam primero, lo mataría y segundo, le haría añicos el móvil. Pero se vale fantasear.
—Igual yo, De… —estaba por decir, cuando de pronto se escuchó como alguien tocaba la puerta y no de manera gentil.
Dean colocó un dedo sobre los hinchados labios de Sam en señal de silencio, quien fuese que estuviese del otro lado de la puerta podría hacerse a la idea que no había nadie allí. Dean casi gimió en voz alta cuando su nada inocente hermanito se metió su dedo en la boca y empezó a chuparlo como si fuese su polla.
—Sammy —susurró, no queriendo que parara, es más estaba por empujarlo para que cayera de rodillas y le diese el mismo trato a su miembro necesitado. Ya podía sentirse atrapado en esa…
—¡Maldita sea, sé que están allí! —gritó una voz muy familiar para ambos.
—¿Bobby? —susurró Dean en protesta. Maldita suerte Winchester.
—¿Qué tal Bobby? —La cara de sorpresa no tuvo que ser fingida ya que estaba anonadado de tener al viejo cazador justo en frente— ¿Qué haces aquí?
—¿No ves que vengo a pedir dulces? —dijo sarcásticamente mientras se abría paso dentro de la habitación— ¿Dónde está Sam? —inquirió al no verlo por ningún lado del pequeño cuarto.
—Aquí estoy —dijo saliendo del baño. Cuando se dio cuenta que era Bobby quien tocaba, no tuvo más opción que encerrarse en el baño para poder normalizar su respiración y de paso echarse un poco de agua en su ya muy acalorada cara—Por cierto ¿qué haces aquí? —preguntó sin saber que su hermano había preguntado lo mismo tan solo minutos antes.
—Si tanto les molesta tenerme aquí, puedo largarme ahora mismo —gruñó Bobby.
—No te lo tomes a mal, Bobby. Solo nos tomaste por sorpresa y agradecemos que estés aquí para ayudarnos ¿verdad, Dean?
—Claro que sí, Bobby. Muy felices —Lo último fue más un gruñido para sí mismo que otra cosa.
—De acuerdo —comentó, viendo lo raro que actuaban esos dos. Aunque realmente no sabía por qué se preocupaba ya que lo de idiotas lo llevarían hasta el final de sus días— ¿Qué te paso en el cuello, Sam? —dijo preocupado al notar un parchón rojizo, como si hubiesen intentado quitarle un pedazo de carne a mordiscos.
Tanto Dean como Sam se pusieron pálidos de solo acordarse lo que hace minutos estaban por hacer. Sam por su parte se puso un poco colorado mientras internamente maldecía a su hermano por esa manía de querer dejar siempre alguna marca en su cuerpo, sus caderas eran un arcoíris de chupetones y ni que decir de sus muslos y…
—Creo que soy alérgico al detergente —contestó sin saber si sonaba creíble. De reojo podía ver como su hermano iba hacia la pequeña nevera y sacaba tres cervezas, entregándole una a Bobby y a él, y de paso tomando un gran trago de su botellín.
—Dale gracias al cielo que la comezón fue en el cuello y no en tus partes —dijo riendo, sin saber la magnitud de sus palabras.
Dean casi se atraganta con su cerveza, en su mente no se podía dejar de repetir una imagen que por obvias razones incluían a su boca y cierta parte de la anatomía de su hermano. Cuando Dean le devolvió la mirada a Sam, supo que este estaba pensando lo mismo por la lujuria que se arremolinaba en su mirada y el pequeño rubor que dulcemente cubría sus mejillas.
—Sí, gracias al cielo por eso —balbuceó para luego deshacer el contacto con la mirada de su hermano. Sam tuvo que aclararse la garganta como dos veces para estar seguro que al decir algo no sonaría tan ronca y necesitada como realmente la sentía— Creo que tenemos un plan para deshacernos de ese maldito demonio.
—Estoy escuchando —dijo Bobby, queriendo saber más de la caza que del maldito extraño comportamiento que tenían esos dos. Si no es porque fuesen hermanos y ambos hombres, podría jurar que hay algo entre esos dos y que su repentina llegada interrumpió algo.
Maldita sea, deja de ser un maldito paranoico Singer. Se reprendió a sí mismo, viendo que ya estaba pensando más idioteces de las que esos dos podrían pensar juntos.
—Sammy sugiere que un clavo saque a otro clavo —canturreó Dean.
—¿Qué? —inquirió el chatarrero.
—Bueno, aquí nuestro chico genio piensa invocar a Jack el tacaño para eliminar al demonio —dijo sin poder quitar el humor en su voz, porque si realmente alguien le preguntase qué le parecía todo aquello, él diría que algo infantil. Bobby siendo un hombre de lógica estaría de acuerdo con él, que su hermano estaba siendo muy fantasioso.
—Claro, es lo más razonable que dé resultado —dijo Bobby, alabando la idea del menor de los Winchester, mientras le dirigía una mirada de enfado a Dean— ¿Tienes una mejor idea, chico?
Sam simplemente se dedicó a enviarle una sonrisa de "te lo dije" a su hermano, mientras este murmuraba una negativa.
—Sería algo así como una contramedida —agregó Sam.
—¿Y cómo sabemos que funcionara con exactitud? —inquirió Dean, queriendo planear cada detalle con extremo rigor. Esa noche todo acabaría y de lo único que tendría que preocuparse en adelante sería del cómo cobrarse la huelga de sexo de la que se había visto obligado.
—Bueno es sencillo, el demonio está ensuciando Halloween con sus asesinatos por pura diversión y que yo sepa eso es como romper una de las reglas —explicó Bobby.
—Pues no suena tan descabellado. Será pan comido —porfió Dean.
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—Sera pan comido y una mierda —se quejó Bobby mientras le suturaba el brazo al menor de los Winchester.
—No me mires a mí, que yo no fui el de la grandiosa idea de invocar a un fantasma mítico y a un demonio al mismo tiempo —se defendió Dean.
—Pero si fuiste tú el que se puso a hacer chistes tontos y de paso cabrear a esos dos —refunfuñó Bobby.
—Que iba a saber yo que el tal Jack tenía un delicadito sentido del humor —ciertamente no había sido la mejor idea del mundo el ponerse a burlarse de esos dos, y el que había pagado las consecuencias de su bocota había sido su chico.
—Chicos, dejen de pelear que aunque fue algo descabellado, funciono —gracias al cielo— Gracias Bobby —dijo Sam después de que Bobby terminara de envolver la venda sobre su brazo.
—No será una de mis mejores cacerías pero Sam tiene razón, se terminó —suspiró cansado— Creo que es hora de dormir.
Dean sonrió internamente al escuchar a Bobby. Al fin estaría solo con Sam, pero ¿por qué diablos Bobby se estaba acomodando en la cama? De hecho en la única cama —Eh, Bobby, esa es mi cama.
—Lo sé. Desgraciadamente el motel no tenía ninguna habitación disponible, y por lo visto apenas lograron agarrar una habitación con una cama —dijo sin llegar a imaginarse los motivos del por qué solo habían pedido una cama— Tal parece que dormiré esta noche con ustedes, chicos. Espero que no les moleste dormir en el suelo pero mi espalda me pasaría la factura mañana.
—No te preocupes, Bobby —Dean prácticamente podía sentir un tic en el ojo, mientras trataba de respirar tranquilamente y no ponerse a llorar de la frustración.
Sam le sonrió a su hermano en modo de disculpa, sus planes habían sido tirados a la basura y el único consuelo que tenían era el compartir una delgada y nada caliente sábana en el mugroso suelo.
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La mañana llegó lentamente para el gusto de ambos hermanos que casi ni pudieron pegar el ojo en toda la noche. El piso era demasiado frío y sus cuerpos se sentían tensos por la poca distancia que los separaba pero a su vez más grande que un campo de futbol, y ni locos pensaban hacer algo con Bobby en la habitación.
—Dios, pensé que nunca se iba a ir —se quejó Dean, después de salir de baño.
—Oh vamos, Dean. No seas tan melodramático. Ya estamos solos y tienes un cupón que cobrarte —susurró Sam mientras se acercaba a su hermano y lo besaba lentamente, con dulzura y pasión.
—Espera Sammy —Dean tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para separarse de su hermano quien ya lo había guiado hasta la cama sin siquiera darse cuenta.
—¿Qué pasa? ¿No quieres?
—Claro que quiero —Lo único en lo que podía pensar era en empotrar a Sam contra el colchón y hacerlo recitar todas las vocales del abecedario— Pero no es mi soñada fantasía hacerlo en la misma cama que hace unas horas Bobby roncaba como si no hubiese un mañana —suspiró agotado por la mala noche.
—Hegg, me mataste las ganas —Sam arrugó la cara de solo imaginarse gimiendo en la misma almohada que Bobby había usado. Asco.
—Entonces ¿Qué propones?
—Vi un motel un pueblo más abajo —Más que una sugerencia era un hecho.
—¿Y qué estamos esperando? —sonrió como cuando eran niños y hacían travesuras. Solo que ahora eran adultos y las travesuras que pensaban hacer estaban por encima de la mayoría de edad legal.
Ambos empacaron en un tiempo record y la llegada al siguiente pueblo solo les tomo una hora, más los cinco minutos del registro en la recepción.
—¿Qué tanto buscas, Dean? —preguntó Sam, al ver a su hermano husmear por la ventana que daba al parqueo del motel.
—No lo sé, Sammy —murmuró sin dejar de husmear— Pero con la suerte que tenemos hasta se nos podría aparecer un maldito ángel en medio de la habitación.
—Ya, como si esos existieran —se burló de las idioteces que decía Dean— Aunque sería divertido tener a tu angelito de la guardia fastidiándote todo el tiempo —Sam se carcajeó de solo imaginárselo.
—¿Por qué mejor no dejamos de hablar de plumíferos inexistentes y nos concentramos en nosotros? —Dean dejó la ventana de lado y empezó a caminar hacia Sam, que estaba sentado en la cama matrimonial.
—Lo dice el tipo que estaba pegado a la ventana mientras fisgoneaba como una vieja chismosa. Tienes que dejar de ver tanta telenovela Deanna —se burló Sam, viendo como su hermano se indignaba al escuchar que sacaba su sucio secreto al aire.
—Las veo porque no hay nada mejor que ver —se defendió sin poder evitar que sus mejillas adquirieran un tono rojo— Además, eso no viene al tema —protestó, conforme se tumbaba sobre Sam y buscaba su boca para besarla.
Sam se quitó a su hermano de encima mucho antes que sus labios hicieran contacto.
—Relájate que no pienso marcharme —lo tranquilizó al ver la mirada de indignación en sus facciones— Creo que ahora me toca a mí cumplir mi promesa.
—¿Algo que te guste, hermano? —Sam dio unos pasos lejos de la cama mientras pateaba sus zapatos al otro extremo de la habitación, segundos después se deshizo de la chaqueta para luego desabrocharse la camisa lentamente y dejarla caer a sus pies
—¿De ti? Todo, Sammy —Dean se pasó la lengua por los labios cuando vio que su hermano llevaba sus manos al botón del pantalón y bajaba malditamente despacio el zipper. Era una escena digna de grabar en su memoria y nunca olvidar como el pantalón se deslizaba por esas sensuales caderas y resbalaba por las largas y firmes piernas de Sam— Me estas matando, Sammy —gimió cuando Sam se quitó la última prenda que cubría su cuerpo de infarto. Quedando completamente desnudo y cien por ciento violable.
—Entonces ¿qué quieres hacer conmigo? —preguntó con voz cargada de placer, sintiendo como su polla se alzaba orgullosa al ser el centro de atención de la mirada hambrienta de Dean. Sam pasó sus grandes manos por su propio cuerpo, haciendo un recorrido desde sus pezones rectos hasta su miembro.
—Ven aquí y te lo mostrare —palmeó sus piernas, dando claramente el mensaje. Sam caminaba despacio, moviendo su gran cuerpo de forma sensual y delicada. Dean pensó que podría venirse con solo esa imagen.
Sam se sentó a horcajadas sobre Dean, ayudándole a deshacerse de la estorbosa ropa que impedía que sus cuerpos se sintieran piel contra piel.
—Todo lo que quiero hacer es cuidarte, Sammy —Dean habló, mientras veía que la mirada avellana se arremolinaba en placer y ternura ante sus palabras. Sus manos se movieron solas al redondo trasero de Sam, y un dedo travieso se aventuró a introducirse en el agujero de su hermano.
—Siempre lo has hecho, De —Sam cortó la poca distancia que separaba sus bocas y se apodero de los labios del amor de su vida en un beso abrazador. Sam se dejó hacer con el dedo de su hermano, sintiendo como gustoso se acercaba a su punto débil y lo hacía ver las estrellas. Dean sabía que si seguían en ese tire y afloje, no durarían mucho.
Cambiando de posición, Sam quedo abajo y Dean arriba, el ritmo del beso fue aumentando mientras se frotaban sus erecciones ya cubiertas de líquido, queriendo dar un poco de satisfacción a sus cuerpos ansiosos.
Dean no supo de dónde su hermano había sacado el lubricante, lo único de lo que se percató fue del aceite siendo esparcido por cuan largo era su miembro.
—Hazlo —susurró su amante.
—No estás listo Sammy, no quiero lastimarte —jadeó al sentir esos largos dedos enroscarse en la base de su pene.
—No seas tonto que no me lastimaras, ni que fuera una jodida chica —bufó el menor. Sam subía y bajaba su mano sobre el pene de su hermano, provocando el máximo placer posible pero sin dejar que llegase a su deseosa liberación.
—No, no lo eres. Nunca he visto a una chica tan bien equipada como tú —Dean se quejó cuando sintió un puñetazo en su brazo— Ni tampoco he sabido de una que golpee tan duro. Tú no eres mi chica, eres mi Sammy y jamás podría lastimarte —se inclinó y paso su lengua por el pezón izquierdo, provocando una sensación vibrante en el cuerpo de hermano. Dean estaba orgulloso del tono rojizo que habían obtenido ambos pezones después de lamerlos y morderlos— Amo a estos chicos —susurró, jalando una tetilla con sus dientes, haciendo que Sam lloriqueara de dolor y placer.
—No lo harás, no me lastimaras. Lo sé porque aunque quisieras no podrías —susurró sobre el cuello de Dean, mientras abría más las piernas en una clara invitación— Métemela antes de que nos crezcan pechos a causa de esta conversación de nenas —se burló, mordiendo juguetonamente el lóbulo de la oreja de su compañero.
—Eres tan romántica Samantha —ironizó con burla. Haciéndole caso a su hermano, Dean tomó su miembro y lo alineó a la entrada del castaño— Voy a ir lento —gimió cuando empezó a introducirlo en ese agujero tan estrecho y malditamente caliente.
Aunque Sam se quejara de ser tratado algunas veces como si fuese de porcelana, nunca estaba de más el sentimiento de calidez que recorría su cuerpo y alma cuando su hermano era sobreprotector hasta de sí mismo.
—¡Ah, Dean! —Sam levanto ambas piernas, entrecruzándolas sobre la parte baja de la espalda de Dean para así poder empujarlo y hacer que llegase más profundo. Su hermano embestía dentro suyo cuan caballo deseoso de llegar a la meta— Malditamente bueno —jadeaba sin poder evitar la tentación de arañar la espalda del rubio.
—Joder Sammy —respiraba complacido de causar tantas reacciones diferentes en su siempre reservado y educado hermanito, quien en la cama se transformaba completamente— Diablos, ya extrañaba estar dentro de ti. Ah, no creo que podamos aguantar mucho a este ritmo —gruñó, mientras dejaba su nueva marca en la clavícula derecha de Sam. Suyo.
—La noche es larga, cariño —la sensación de su hermano marcando su clavícula con los dientes, era tan o más excitante que el tenerlo chocando erráticamente contra su próstata.
—¿Cariño? —jadeó entrecortado conforme daba las ultimas embestidas dentro de su hermano y derramaba su semilla en él.
—¡Aghh! —gritó— sin vergüenza alguna cuando el orgasmo recorrió su cuerpo, obligándolo a cerrar los ojos y contener la respiración, como si quisiera congelar el tiempo y vivir por siempre en ese glorioso instante. Cuando al fin abrió los parpados, después de unos minutos dejó de ver puntos brillantes para ver lo más hermoso que la vida le podía dar, la sonrisa lobuna de su hermano y la intensa mirada verde jade donde se reflejaba cual manantial.
Y sí que se les hizo larga la noche. Podrían haber creado su marca personal de orgasmos.
—Uffs, mi trasero mañana me pasara la factura —sonrió Sam, recostado en el pecho de su pareja.
—No te preocupes que de la cama no pienso salir por lo menos en una semana y sabes a lo que me refiero ¿eh? —sugirió con la respiración agitada. Si seguía así no podría mear parado sin llegar a hacer un desastre por toda la pared, aunque valdría la pena el esfuerzo.
—Apoyo esa idea —sonrió como un idiota, a pesar de ya ser más de las tres de la madrugada y sentirse exhausto— Te amo, Dean Winchester.
—Y yo a ti, Sam Winchester.
Para cualquier persona que hubiese escuchado esa declaración le hubiese parecido una locura, algo enfermo, pero para ellos el hecho de compartir sangre, apellidos y un infinito amor, los unía por encima de todas las almas mortales. Y es que hay que estar en sus zapatos para apreciar un sentimiento tan profundo como el que se profesaban mutuamente.
Nacieron destinados a amarse, ya sea siendo como hermano o amantes.
FIN.
Gracias por leer.
