No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Jessica Sims (Saga Midnight Liaisons). Yo solo me divierto un poco.
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Mi hermana yacía en una cama de hospital y todo era mi culpa.
Oh, seguro, uno podría culpar a los dos caníbales Wendigo que la habían atacado y secuestrado. También podría culpar al edificio en llamas del que ella había saltado.
Isabella lo había prendido en fuego para forzar a salir al Wendigo de la mansión por lo que tendría que enfrentar al poderoso were-puma Edward Cullen, cabeza de la Alianza Paranormal.
Pero yo sabía de quién era la culpa realmente. Mía. Si mi hermana no hubiese estado tratando de protegerme, no estaría aquí en el hospital. Si Bella no hubiera sentido la necesidad de estar constantemente vigilando a su hermana menor —la jodida hermana menor que no podía controlar su propio cuerpo— entonces habría tenido una vida normal. Una donde sus mayores problemas sería llevar a los niños a la clase de danza y práctica de fútbol americano a tiempo.
En su lugar, estaba hasta los codos de criaturas sobrenaturales, su vida en peligro, todo por mí. Era un sentimiento incómodo, pero también demasiado familiar.
Tomé su mano en la mía. Isabella era siempre tan alta y fuerte, incluso cuando éramos niñas. Yo era la pequeña que necesitaba ser protegida. Se veía tan frágil en la cama de hospital, una vía intravenosa en su brazo, su rostro casi tan pálido como su cabello rubio platino. Tenía cortes y contusiones por todo el cuerpo y dos costillas rotas. Largos arañazos cubrían su torso desde donde el Wendigo la había agarrado.
El Wendigo había mentido y le había dicho que me habían capturado. Había ido directamente a ellos, temiendo por mi vida. Sabía que era estúpido, sabía que era un deseo de muerte, y aun así fue porque yo era su hermana menor y ella me protegería.
Yo, un hombre lobo, necesitando ser protegida por un humano. Quería reír a la ironía de ello. Pero no podía reír. El bulto en la garganta era demasiado grande.
La puerta se abrió y un alto, apuesto hombre entró en la habitación. Los ojos de Edward tenían círculos debajo de ellos y su cabello grueso era un desastre despeinado. Parecía como si no hubiera dormido en días.
Cerró silenciosamente la puerta detrás de él, entonces se movió hacia la cabecera de Bella y se sentó en la silla vacía, alcanzando su mano y tirándola hacia la suya. Su rostro demacrado se mantenía vigilándola, como si tuviera que supervisar cada aliento que toma sólo para asegurarse de que está bien.
La agonía en su apuesto rostro reflejaba la mía.
—Gracias por estar aquí —dije en voz baja.
Edward me miró.
—No me iré de su lado. —Su mano agarraba la de ella firmemente, con cuidado de evitar la intravenosa—. El Wendigo nos tomó por sorpresa. Nunca más. —Bella y yo habíamos estado tan enfocadas en mantener a la jauría de lobos buscándome que habíamos sido ciegas a todo lo demás. Entonces, la jauría de lobos había tomado a Esme Cullen cautiva, la prima were-puma de Edward, para forzar a la Alianza a renunciar a una misteriosa loba hembra en su territorio.
Yo.
Excepto que la Alianza no me había entregado, y no sabía si sentirme agradecida por ello o culpable de que los lobos aún tenían a Esme y fuera todo mi culpa.
Últimamente parecía que un montón de cosas fueran mi culpa.
—¿Tu prima? —pregunté en voz baja para no despertar a mi hermana.
—Todavía perdida —dijo Edward—. Los lobos siguen poniendo pistas falsas para deshacerse de nosotros. Mis hermanos han pasado la última semana persiguiendo sus propios cuartos traseros. —Su mandíbula se tensó—. La encontraremos. Solo es cuestión de tiempo.
Pero el tiempo no estaba del lado de Esme. Ella había estado a punto de entrar en celo cuando había sido tomada. Habían sido días ahora y todos los machos afectados en el territorio habían respondido a la necesidad, ocupándose de ello de cualquier forma que conocieran. La mayoría de los Cullen habían tomado una cita por la noche. Edward había tomado a mi hermana, pero, ¿quién tomaría a Esme cuando estaba rodeada por lobos? El celo escalaría hasta que estuviera sin sentido por la necesidad de tener sexo... y ella estaba atrapada.
Otra vida arruinada por proteger la mía. Miré al rostro pálido de mi hermana en la cama de hospital, sentí la bilis subir por mi garganta.
—Debería entregarme a ellos.
—No —dijo Edward—. Ellos no consiguen demandar cosas y simplemente asumir que caeremos en línea con lo que quieren. Los días de los sobrenaturales viviendo en el temor de los hombres lobos se ha ido. Ellos necesitan aprender a actuar como seres humanos civilizados.
Excepto que ellos no eran seres humanos civilizados. Eran hombres lobo y no daban una mierda sobre las leyes humanas si no les convenían. Ciertamente tampoco se preocupaban por las leyes de la Alianza. Si querían algo, lo tomaban y desafiaban a alguien que dijera lo contrario. Ningún sobrenatural iría a la policía: ellos harían demasiadas preguntas y no podían saber que las cosas que los aterrorizaban en la noche eran una realidad. Así que, porque todo el mundo tenía miedo a hablar, los lobos conseguían hacer lo que querían.
La Alianza luchaba, pero era difícil cuando jugabas con las reglas y tus oponentes no.
—Tenemos que hacer algo —dije, mi voz al borde de la desesperación. Alcancé el cabello largo, enredado de Isabella, apartándolo de su hombro—. No quiero que nadie más salga herido por mi culpa. ¿Cuántas vidas vale la mía?
Edward me miró, su boca firme torcida con disgusto. Pero él no estaba en desacuerdo. Simplemente corrió sus dedos sobre los nudillos de mi hermana.
Estaba indeciso, lo sabía. Quería mantenerme a salvo porque eso complacería a mi hermana. Pero mi seguridad le estaba costando a Esme su libertad y él no podía permitir que eso sucediera. Edward estaba atrapado, al igual que yo.
Era una situación de perder, y yo iba a perder de cualquier manera. La jauría de lobos me quería porque las mujeres lobo eran difíciles de conseguir. Cada jauría de lobos en el área parecía tener solo una hembra. Quizás dos. La jauría que me exigía tenía ocho hombres y una mujer... su hermana. Ellos me querían como compañera para la jauría completa y no iban a aceptar un no por respuesta.
Edward pasó gentilmente sus dedos en el rostro de ella, y su mirada barrió todo su cuerpo, tomando sus vendajes, asegurándose de que todo estaba en su lugar.
Entonces examinó su intravenosa y, a continuación, sus signos vitales marcándose en el monitor cerca y ajustó su manta, asegurándose de que todo estaba bien.
Cuidándola cuando ella no podía cuidarse.
Yo necesitaba eso, pensé con nostalgia. Un compañero que cuide mi espalda cuando era incapaz de protegerme. Una idea parpadeó en mi cerebro y me senté más derecha. Forcé mi voz a ser casual.
—¿Qué pasaría si tuviera un compañero?
Me miró y sacudió su cabeza.
—No te estoy siguiendo.
—¿Qué si la jauría de lobos tratara de reclamarme... y ya tuviera un compañero?
—Un compañero tiene prioridad —dijo Edward, jugando con los dedos de mi hermana mientras hablaba—. Podrías ser oficialmente parte de la jauría, pero si tuvieras un compañero que no es de la jauría, no serías forzada a irte con ellos. Tampoco serías forzada a emparejarte con ellos. Estarías fuera del mercado. Los compañeros son sagrados.
¡Perfecto! Casi salté de alegría.
―Entonces eso es lo que quiero hacer. Quiero pretender un compañero. Podemos decirles a los lobos que nos encontraremos con ellos, insistiremos en que traigan a Esme y entonces podemos lanzar la cosa del compañero en el último momento.
Edward lo pensó por un minuto.
—Es algo turbio y sucio.
—Así son los lobos —repliqué—. Desde que ellos quieren jugar sucio, nosotros podemos jugarles sucio.
El rastro de una sonrisa tiró de su boca.
—Tienes un punto. ¿Estás segura de que es algo que quieres hacer? Te va a poner justo en su mira.
Infiernos no, no estaba segura de que quería hacer esto. Pero justo ahora no teníamos muchas opciones y la pobre Esme estaba sufriendo por mí.
—Estoy segura —le dije—. Ya soy su blanco, así que no pueden hacerlo peor para mí. Estoy cansada de vivir en el miedo. Así que solo necesitamos un voluntario para ser mi compañero falso para conseguir librarme de los lobos. ¿Crees que Alec lo haría?
Alec era el siguiente hermano Cullen. Era amistoso, coqueto, encantador cuando quería y fácil de congeniar. Estaba cómoda con él y fácilmente podría pretender ser su compañera por algunas horas. Esperanza palpitó en mi pecho.
Edward sacudió su cabeza.
—Alec es el hombre equivocado para el trabajo.
Mi corazón se hundió.
—¿Por qué?
—Ellos lo retarían por ti. Necesitamos a alguien con quien no quieran luchar. —Una sonrisa malvada curvó el rostro de Edward—. Así que te emparejaremos con Jasper.
Un chillido de alarma aumentó en mi garganta y tosí.
—Um... ¿Jasper?
Edward se levantó, sonriendo.
—Esto funcionará. Ellos no retarán a Jasper porque estarán demasiado intimidados por él.
Por supuesto que estarían intimidados por él. A mí me aterrorizaba. Jasper Withlock era un were-oso y era simplemente tan grande, musculoso y hosco como podrías imaginar.
—Yo no...
—Gran idea Renesmee —dijo Edward. Se inclinó, alborotó mi cabello, entonces miró hacia abajo a mi hermana—. Quédate a su lado. Voy a hablar con Jasper acerca de tu plan. Está todavía en la sala de espera, así que podemos resolver esto rápido.
Cuando se giró para irse, conseguí un tembloroso.
—¡Espera!
Edward miró hacia atrás, a mí, impaciencia en su apuesto rostro. Reconocía esa mirada. Tenía un plan y quería moverse con él. Todo lo que tenía que hacer era pretender ser la compañera de Jasper por unas pocas horas ¿Cierto?
Seguramente podía hacer eso. Tragué duro, pensando.
—¿Estás teniendo segundos pensamientos?
—No —mentí—. Pero si hacemos esto, vamos a decirle a mi hermana que fue tu idea. Ella no estará de acuerdo si piensa que me estoy poniendo en peligro.
Edward asintió.
—Eso está bien para mí. Pero no estarás en ningún peligro. Nos aseguraremos de eso.
¿Ningún peligro huh? Él confiaba mucho más que yo. Mientras Edward dejó la habitación, pensé en el gigante, taciturno Jasper. ¿Tendría que pretender ser la compañera de ese hombre aterrador?
Necesitaba aprender a tener mi boca cerrada.
Edward volvió unos minutos más tarde, una sombra descomunal justo detrás de él. Jasper. Me puse de pie a la vista de ellos, limpiando mis palmas en mis vaqueros. Señor. Había olvidado cuán... grande era Jasper. Los dos hombres llenaron la pequeña habitación de hospital y Jasper empujó hacia el frente a Edward, moviéndose a mi lado.
Miedo tiró a través de mí... ¿estaba molesto por la idea de Edward? ¿Pensaba que lo estaba ofreciendo como voluntario? Mientras se aproximaba, levanté mi barbilla, decidida a no estremecerme o retroceder delante de él. No necesitaba saber cuán asustada estaba.
Jasper se detuvo en frente de mí, ojeando mi pequeña forma. Su boca dura, crispada y entonces frunció el ceño.
—Así que tú eres mi compañera.
—Lo soy —dije, desafiante.
Gruñó y miró atrás a Edward.
—Estoy dentro.
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¡Bien, bien, bien! Este es el primer capítulo planeaba subir otro pero ya es algo tarde y mañana voy temprano a clases (jeje) así que espero sus comentarios, sus alertas y todo lo demás.
¡Nos leemos pronto!
