¡Hi!
Aquí por fin posteando esta historia.
Antes de leer.
La narración varía desde primera persona (perspectiva de Eren) a la tercera persona, dependiendo de la situación que este ocurriendo. Tengan eso en mente al momento de leerla.
Primer persona: Texto normal. (Eren)
Tercera persona: Texto cursiva.
Capítulo 1: Cuando las cadenas te asfixian
.
Me encontraba como de costumbre en mi cama acostado, soportando todo el bendito dolor de mi cuerpo… ya no quería seguir con esto, me sentía demasiado limitado con toda mi vida, postrado la mayoría de mi tiempo en una cama. Sabía que mi familia sufría conmigo, que mi madre Carla, lloraba todas las noches en el regazo de mi padre; Grisha se sentía impotente, porque a pesar de ser un médico reconocido, no sabía cómo alivianar mi carga.
Este era uno de los tantos días malos que a veces tenía, ya llevaba dos años con esta enfermedad. Comenzó a mis 16 y hoy ya tenía 18 años.
Todo tratamiento me ayudaba por un tiempo, después volvía a sentir esos insoportables dolores, sabía que mi enfermedad no era para nada tan abismante ni de muerte, era una enfermedad crónica, eso sí, pero yo ya estaba cansado de luchar contra ella, estaba aburrido de mis limitaciones y todo el jodido dolor que sentía, y estaba cansado de ver a mis padres preocupados por mi salud, pero sentía que ya no podía; este día empezaba muy mal… en un tiempo más tendría que salir de mi cama para ir al médico, y empezar con un nuevo tratamiento.
–Eren… –dijo mi hermana Mikasa entrando a mi habitación–. Es hora de irnos ¿estás listo?
–Si, mamá me ayudó a vestirme en la mañana, ayúdame a levantarme y nos vamos. –pedí resignado a mis limitaciones.
–Ya verás, ahora si se podrá Eren, Hannes es el mejor reumatólogo que ha tenido el hospital. –dijo con dulzura Mikasa.
–Si… si, ya vamos. –me afirmé en mi hermana y junto a ella salimos de mi habitación, mamá ya estaba en el auto esperándonos.
–Eso es Eren, con cuidado, afírmate bien. –dijo mi mamá, no pude evitar hacer una mueca, dolía horrores, mis articulaciones decidieron un buen día para joderme el humor, llevaba más o menos una semana así y no quería más.
–¡Listo! –expresó mi hermana subiéndose al auto, era hora de visitar al doctor.
Ya en la consulta del doctor Hannes, que era gran amigo de mis padres, pasamos cuando fue nuestro turno, al entrar en la oficina, pude ver diferentes diplomas, todos avocados al tratamiento de la enfermedad, debía ser por eso que era uno de los mejores médicos del hospital.
–Hola, Eren. –dijo Hannes, con tono profesional–. Ya tenemos resultados de tus análisis, así que ahora si podremos comenzar el tratamiento.
–Me alegra oírlo. –expresé yo, ya sentado en la silla frente al escritorio, mi madre estaba a mi lado.
–¿Cómo te sientes hoy? –preguntó el doctor.
–Como la… –me callé, ya que con mi madre presente no podría decir improperios, lo bueno fue que Hannes me entendió.
–Bien, pasemos a la camilla. –pidió amable, y como pude me levanté.
Estuvo media hora revisándome, cada articulación de mi cuerpo dolía, no podía mover mi cuello, mi cadera de tanto forzarla la sentía muy rígida, sin contar que mis dedos estaban agarrotados e inflamados, mis rodillas eran el doble de lo normal y no podía moverme a voluntad.
Ya listo el chequeo, mi madre ayudó a vestirme y nos fuimos a sentar de nuevo.
–Bien Eren. –se sentó Hannes–. Debo decirte que no estás muy bien. –expresó preocupado–, desde hoy comenzarás con los nuevos medicamentos, si la enfermedad sigue avanzando, el deterioro que puedas sufrir sería mucho más grave.
–Ok. –dije desanimado, con lágrimas de impotencia en mi rostro ¿deterioro? ¿Más grave? Yo sabía que esta puta enfermedad era complicada, ya no quería nada, Hannes al ver mi expresión le pidió a mi madre que saliera.
–Eren… –comenzó–. Sé que es difícil vivir constantemente con dolor y sin poder moverte, pero no es para que te pongas así. –dijo serio.
–¿Qué no me ponga así? –repito exasperado–. ¡Que sabe usted! Solo atiende a sus pacientes, los receta y nada más, no tiene que vivir con este puto dolor constante, ¡esto me está asfixiando! ¡No lo aguanto más! –grité.
–Debo recordarte que no eres mi único paciente que sufre. –respondió enérgico, y eso me calmó un poco más–. Para superar esta enfermedad lo primero que debes es tener la voluntad de seguir, a pesar del dolor Eren.
–¡No quiero seguir! –dije cabizbajo, era una idea que hace meses me venía acosando ya no quería más dolor, no quería ver sufrir más a mi familia, no quería nada más, solo quería dejar de existir.
–Bien. –replicó Hannes–. Es hora de que vayas a hablar con un psicólogo – sugirió calmado.
–¡QUEEE! ¡Pero si no estoy loco! –grité molesto, claro ahora solo por expresar mis ideas ya me mandaban a un loquero. "¡Gracias vida por lo que me das!" pensé sarcástico.
–Muchacho, claramente necesitas ayuda, ahora estas demasiado enojado con la vida, y no ves las cosas buenas, ir a una terapia psicológica te ayudará bastante. –me explicó Hannes.
–No quiero, no quiero. –dije exasperado, no quería ayuda, solo quería que el puto dolor de cada día desapareciera y hacer mi vida en paz otra vez.
–Eren, personas con artritis*, adultos y jóvenes como tú. –dijo mi doctor–, han pasado por lo que tú estás pasando, y necesitaron ese apoyo externo, entiende, tu familia no puede ayudarte porque a ellos también les pesa tu enfermedad.
–Y cree que no lo sé. –dije fastidiado–, odio verlos así, todo el tiempo preocupados por mí, pero realmente no voy a hacer la terapia ¡no estoy loco y no la necesito!
–Bien. –dijo Hannes–. Haz pasar a tu madre, hablaré con ella. –le miré desconfiado, pero aun así la hice pasar, estaba un poco mejor que en la mañana, pero el dolor aun persistía ¡benditos remedios con efectos retardados!, cuando mejor quería sentirme, peor lo hacía, ya muchas clases había perdido por esto.
Mikasa, me ayudó a sentarme y así esperar a mamá, seguía pensando lo que me dijo Hannes, pero no estaba dispuesto a ver a un desconocido y que él me diera consejos de cómo vivir con algo, que claramente él no tendría, odiaba que me analizaran y dieran órdenes, nadie más que yo sabía cómo me sentía y no estaba dispuesto a ver un psicólogo.
Mi madre salió con una receta con mis nuevos medicamentos y unas cuantas hojas de exámenes, resoplé con fastidio, otra cosa que no me gustaba de estar enfermo, ya parecía colador de tanto agujero que me hacían para sacarme sangre.
–Gracias Hannes. –dijo mi madre y eso nos dio el vamos para levantarnos de asiento–. Y no te preocupes, lo convenceré
–De nada, es solo mi trabajo. –dijo Hannes, y me miró–, hasta la próxima muchacho. –se despidió.
– Hasta la otra Hannes. –dije yo y nos retiramos, fuimos a dejarle la receta a mi padre, para él era más fácil poder retirarlas y nos fuimos para la casa, otra vez la tortura del auto y al llegar me fui directo a mi cama, ya no daba más, y también así podría seguir con mis pensamientos autodestructivos sin que me molestaran.
En la tarde cuando llegó mi padre, con mis nuevos remedios me di cuenta que estos eran inyectables*, ¡genial! ¿Ya les mencioné que parecía colador con tanto pinchazo?, Bien, ahora sería diario, eso no hizo más que deprimirme más, sabía que este tratamiento era nuevo en el hospital y que estaban probándolo con ciertos pacientes, pero eso no hacia mella en mí, el simple hecho de inyectarme eso todos los días, ya me molestó.
–¡Qué bien, más agujas! –dije sarcástico, viendo las jeringas con el medicamento, con eso no había problema ya que mi madre era enfermera antes de conocer a mi padre y casarse.
–Eren… –comenzó mi padre, pero lo corté.
–Si, si… todo esto es por mí bien. –repetí automáticamente, este era el mantra que me repetían con cada tratamiento fallido que pasó por mi sistema.
–Bueno, ya que estamos todos, es hora de cenar. –dijo mi madre, sirviendo los puestos.
–Vamos. –dijo Mikasa, ayudándome a sentarme en la mesa.
Pasamos una cena amena, mi hermana relatando como le había ido en la escuela, Mikasa era un año menor que yo, tenía 17 años, pero íbamos en el mismo nivel, ya que yo me atrasé un año por mi enfermedad, ¿divertido no? Me hizo repetir año, y si no había avance en este año, lo repetiría también, de nada valían todos los trabajos libres que hacia si no asistía a clases ¿no? Hace una semana de mi última crisis reumática y todavía no me recuperaba del todo, era la tercera del año y la peor.
–Papá ¿crees que la semana siguiente pueda asistir a clases? –pregunté, me aburría en la casa, no digo que la compañía de mi madre fuera mala, pero no era un chico inactivo, antes de que diagnosticaran esto, jugaba en el equipo de futbol de mi institución, pero tuve que dejarlo.
–Ahí veremos Eren, primero tenemos que ver como respondes con este nuevo tratamiento. –dijo calmado, no pude evitar desilusionarme ante eso.
–Hablando de Eren. –interrumpió mi madre–. Hannes me dijo que Eren necesitaría un psicólogo.
–Es una buena idea. –dijo mi padre, yo los miré mal, y por lo bajo maldecí a Hannes por haberle dicho a mi madre–. Conozco a un joven prodigio en eso, hace poco que está trabajando en el hospital, y se ha visto avance en los casos que está llevando, sería una buena opción.
–Hey, hey, hey… –paré yo de improviso–. Yo ya hablé con Hannes y le dije que NO iría a un loquero.
–Un psicólogo no es un loquero, Eren. –intervino Mikasa–, yo creo que te haría bien.
–Eso es seguro, hay cosas que sabemos no nos cuentas, así que creo que sería una buena idea… mañana hablaré con él para agendarte una cita.
–¡YA BASTA! –grité enojado–. No hablen de mi como si no estuviera presente, además ¡que saben ustedes de lo que siento!, No iré y fin del asunto.
–Pero Eren… –comenzó mi madre, pero no la dejé.
–Entiendan, no quiero ir a ver a un psicólogo, no tengo nada, estoy bien así. –protesté.
–Nada de eso hijo, si Hannes lo cree, es porque lo necesitas, en dos semana más conocerás a tu psicólogo. –habló mi padre.
–¡Papá! yo no… –comencé, pero me interrumpieron.
–No Eren, esta vez no, irás aunque no quieras, verás que a la larga te servirá. –replicó mi padre, dejándome sin nada más que decir o hacer.
–Bien, como quieran, después no se lamenten. –amenacé.
Me retiré de ahí, encolerizado y desanimado, no me quedaba más que aceptar la voluntad de mis padres, e ir al dichoso psicólogo, no sabía que de bueno podría tener contar todo los estúpidos y dolorosos problemas que le traía en esta enfermedad, si de todas maneras, yo ya no daba más, cada día me asfixiaba más en esto, y no encontraba salida, no había salida para esto, era crónico y eso me bastaba para no querer seguir padeciendo estos dolores, pensaba muy seriamente, que si yo no estuviera aquí, mis padres vivirían mucho más felices, QUE CONMIGO AQUÍ.
Esa idea llevaba prácticamente días atormentándome, es que ver a mis padres así por mí, impotentes y no saber cómo reaccionar a mis problemas de salud, me deprimía aún más, y cada vez, me encontraba más cerca de tomar una decisión que me cambiaría por completo la existencia.
Ya habían pasado exactamente 4 días de comenzar con las inyecciones, y el dichoso tratamiento no me servía de nada, se suponía que el efecto sería casi inmediato (según Hannes), pero no fue así, parecía que estuviera sin medicamentos, me sentía muy mal, y así como lo veía, no podría asistir a clases hasta en dos semanas más; mis compañeros venían casi a diario a verme, aunque estos días no los había recibido muy bien, apenas y soportaba la presencia de mi madre, y era nada más porque tenía que inyéctarme esas benditas cosas que no hacían nada, podía mirar mi habitación, y siempre mis ojos se desviaban hacia cierto punto, en donde tenía colgada la navaja que me regaló a los 15 años mi padre, sabía que pasaría si la tomaba, cada vez más pensaba que sería lo correcto hacerlo, esta vez, sin pensarlo mucho la tomé y me la quedé mirando fijamente, de pronto sentí que mi hermana entraba, junto con Armin, uno de amigos.
–¿Qué hacen acá? –pregunté molesto, por la interrupción.
–Eren, ¿Qué tienes en la mano? –me preguntó a su vez Mikasa.
–Nada, nada, solo tomaba esto para ver si podría abrirlo, nada más. –respondí a esa interrogante.
–Vine a verte Eren. –dijo mi amigo–. ¿Cómo has estado?
–¿Cómo me ves? –dije sarcástico–. Atrapado en la cama sin poder moverme y sintiendo dolor por todo mi cuerpo.
–Ok… mala pregunta. –dijo mi amigo un poco incómodo, jamás lo había tratado así, pero es que ya estaba en las últimas de mi aguante, no quería nada más.
Mikasa solo me miraba, tratando de descifrar el nivel de mi agrio estado de ánimo, hasta que se rindió y se volteó a Armin.
–Mejor nos retiramos, mi hermano no está de ánimos para ser cortés. –intervino.
–Creo que tienes razón Mikasa… sabes que cuentas con nosotros, hasta luego Eren. –dijo Armin y salieron de mi cuarto.
Espere hasta que no se sintió ruido a través de la puerta.
–Por fin. –dije, saqué la navaja y volví a contemplarla.
Estuve un buen momento debatiéndome entre hacerlo o no, me sorprendía la frialdad con la que podía pensar, no le temía a lo que tenía pensado hacer, sin pensarlo más abrí la navaja, y la incrusté en mi piel, lo suficiente y bien profundo, para que comenzara a escurrir la sangre por mis sábanas.
–Ahora no sentiré más dolor. –estaba feliz.
Poco a poco, no sentí nada más que mis parpados pesados, y un sueño inmenso me invadió por completo.
No entendían porque Eren no bajaba, era hora de comer, sin importar el dolor que sintiera él jamás permitía que le llevaran la cena a la cama, le gustaba comer en familia y en el comedor, era una regla que respetaban, ya que así Eren no se sentía tan mal como era su costumbre; era una buena forma de hacerlo salir de su habitación.
Como no salía hacia el comedor, Carla fue a buscarlo, pensando que podría estar durmiendo y no la había escuchado, pero no esperó encontrarse con tamaña escena. Las sábanas ensangrentadas y Eren muy pálido, y la navaja que le regaló Grisha en el suelo con sangre.
–¡EREN! –gritó Carla, mirando con horror la palidez de su hijo, los demás al escuchar el grito, se apresuraron a llegar a la habitación, viendo como Carla lloraba.
–¡Pero qué hiciste hijo! –se preocupó Grisha, mientras Mikasa quedaba petrificada en la entrada–. Mikasa, ve por el teléfono y llama a una ambulancia. –decía Grisha, mientras tomaba unas vendas y se la colocaba en la muñeca cortada, tratando de parar la hemorragia, se acercó a su corazón y pudo ver que todavía tenía pulso, pero este era muy lento.
Cuando llegó la ambulancia y se llevaron a Eren, rápidamente los demás se subieron a su auto, quien atendía urgencia en ese momento era el Doctor Erwin Smith, conocido de Grisha, y fue el quien recibió el caso, afortunadamente se pudo llegar a tiempo, y solo tuvieron que curar la herida y cerrarla, junto con una transfusión de sangre para reestablecer la que perdió.
Me sentía salir de la inconciencia, y no entendía el porqué, se suponía que ya debería haber liberado a mi familia de la carga que significaba yo, no debería estar aquí, sino mi cuerpo bien enterrado tres metros bajo tierra, y mi familia liberada de mi inútil presencia, no entendía como todavía respiraba, podía sentir el calor de mi madre al lado mío y a mi padre hablando con un médico más.
–Y bien, ¿despertará en unos minutos? –preguntó mi padre con voz cansada.
–Si, en unos minutos más, los calmantes están haciendo efecto, para que no sienta dolor al despertar, los tranquilizante se los hemos quitado hoy en la mañana, que era lo que lo tenía dormido, se le ha restablecido gran parte de la sangre que perdió con la cortada, el resto deberá hacerlo su sistema… fueron unos largos días, pero ha evolucionado de acuerdo a lo estipulado. –respondió el médico.
–Gracias Erwin. –dijo mi madre agradecida, sabía que si abría los ojos estaría en grandes problemas, parpadeé un poco confuso, adaptándome a la luz que había allí.
– Grisha, deberías hablar ya mismo con Levi, esto me dice que la depresión que sufre tu hijo es mucho más profunda de lo que Hannes pensaba. –dijo el doctor Erwin, ¿Quién sería Levi?, no lo sabía, pero algo me decía que no quería conocerlo.
Me volví a preguntar, ¿Quién sería ese tal Levi?, jamás en mi vida lo había oído escuchar, así que conoció mío no podía ser.
–Si eso mismo pensaba, ya agendé… bueno, re-agendé una cita con él, lo verá en una semana más, ¿crees que estará lo suficientemente repuesto para esa fecha? –preguntó mi padre; ajá, ya caí, era el mentado psicólogo, no escuche la respuesta que le dio el doctor a mis padres, pero por el suspiro de alivio que dieron creo que fueron buenas noticias.
–Si siguen al pie de la letra las recomendaciones que les dí, no le veo el problema. –murmuró el doctor–, claro que si lo hace, debe tomar los máximos cuidados posibles.
–¿Mamá? ¿Papá? –pregunté con la voz pastosa.
–¡Eren…! –gritó mi madre feliz, abrazándome, luego se separó de mí y muy enojada me dio una cachetada en la cara –, ¡estás en muchos problemas jovencito!
– Carla, por favor cálmate. –pidió mi padre sujetándola.
–¡Pero Grisha! cómo pides que me calme después de tamaña estupidez de nuestro hijo. –dijo enojada y con lágrimas en sus ojos, rayos, no quería verla así nunca más.
–Eren… –intervino el médico–. Soy Erwin, ¿Cómo te encuentras? –preguntó.
–Eh… ¿Bien? –me pregunté; pensé en cómo me sentía y esa palabra lo describía–, me siento bien, un poco cansado, pero bien. –dije asombrándome, no me dolía casi nada, solo lo que era natural por así decirlo.
–Me alegro mucho, el problema con tus medicamentos jovencito, fue que te dieron primero unos placebos, estos tiene menos efectividad que el medicamento en sí, e hizo que te afectaran más tus dolores, pero ya estas mejor, consultamos con Hannes, y ahora si estas con tu tratamiento.
–Woow… –dije yo más calmado, hace mucho tiempo que no me podía levantar sin tanto esfuerzo, aunque igual estaba mareado, toda la habitación daba vueltas
–No te aceleres tanto, que te marearás. Los mareos los sentirás por unos días, perdiste mucha sangre. –me leyó el pensamiento el doctor.
– Ok. –miré a mis padres y luego al doctor y este se retiró dejándome a solas con ellos–. Perdón… –pedí y mi madre solo se lanzó a abrazarme.
–Hijo, ¿Por qué lo hiciste? –me preguntó mi mamá.
– Es que… ya no quería verlos tristes además de que el dolor no se iba… yo soy un estorbo para ustedes y no quería sentirlo más. –dije cabizbajo.
–Pero, como siquiera piensas así, la vida es importante, ¿creías que nosotros seriamos más felices sin ti? –dijo mi madre, y no pude contestar, ya que así lo creía–. Eren, no puedes pensar así.
–¡Pero es que ya no sé qué hacer! Todo esto es tan doloroso, no poder hacer las cosas a las que estaba acostumbrado ¡Ya ni siquiera puedo jugar fútbol! –grité frustrado–, ¡para todo necesito ayuda, estoy limitado!
–Y creíste que la mejor solución era esta ¿no? –habló mi padre, se notaba molesto, y yo sabía por qué, su labor era salvar vidas, y que un hijo suyo la despreciara de esta manera, sabía lo que pensaba–. No pensaste en como quedaríamos nosotros, a todo lo que nos privarías con tu ausencia…
–L-lo siento… –dije y sin poder aguantar más, comencé a llorar desesperado, mientras mis padres me abrazaban, sé que fue tonto, pero realmente no había visto esa parte de mi realidad, y sigo sin entender del todo, solo que mi familia quedaría rota; escuché unos golpes en la puerta, eran Mikasa y Armin.
–¡Eren, estás despierto! –gritó mi hermana y se abalanzó hacia mí, me abrazó muy fuerte y comenzó a llorar, sabía que les había dado un susto tremendo. Aún así, sé que mis fuerzas para seguir no estaban repuestas.
Tengo miedo de seguir así.
–No nos de esos sustos, por favor. –pidió mi amigo acercándose–, todos en la escuela están preocupados. –dijo Armin
–Si, lo sé… no lo volveré a hacer… creo –dije cabizbajo, que mis demás amigos se enteraran de esto me hacía un nudo en el estómago.
Ya todo más calmado seguí conversando con ellos, hasta que llegó el doctor Smith… estuvo unos momentos hablando con mi padre y luego se acercó a mí, con una sonrisa.
– Bien Eren, ya que tu padre es médico, y por todos el tiempo que has descansado aquí, podemos darte de alta mañana, él se encargará de lo otro. –apunto a mi herida–, solo pásate a mi consulta cuando estés más repuesto para hacerte un chequeo, y espera unos días más para ir a clases, tu padre te indicará cuando puedes volver a ella. –me dijo con una sonrisa, me caía bien este doctor, mi padre podría cuidarme ahora.
–Gracias doctor Smith. –dije agradecido, tanto por poder salir de aquí, como por haberme salvado la vida
–Me alegro de que estés bien. –dijo el doctor.
–Escuchaste hermano, ya saldrás de aquí – dijo Mikasa más calmada, abrazando a mamá.
–Ahora Grisha, acompáñeme y firmamos el alta de Eren. –pidió Erwin y sin más salieron de la habitación, mi madre me ayudó a acomodarme en la cama, podía no sentir tanto dolor y mi cuerpo más ligero, pero la rigidez y el sentir que un camión me pasó por encima no me lo sacaba nadie.
Al día siguiente, cuando salimos de hospital, me pasaron un bastón ortopédico, jamás quise usar una de esas cosas, pero debía admitir que me sirvió bastante, aunque cuando me lo pasó Erwin lo tomé reacio; no quería reconocerlo, pero ya no sentía el resentimiento en mis caderas cuando caminaba.
Pasados unos días, se podía decir que estaba del todo bien, bueno, todo lo bien que la artritis que sufría me lo permitía, podría decirse que Hannes esta vez sí había acertado con el tratamiento, iba todo bien con él, el dolor se hacía soportable, ya incluso podía ir a clases, con cuidado y sin esforzarme tanto, pero poco a poco veía como retomaba las cosas, incluso en unos días más iría al psicólogo, ya por insistencia de mis padres más que nada, no me sentía capaz de hablar con un desconocido sobre lo que me pasaba.
Después de volver a clases y que todos se acercaran a mi preguntándome que como estaba, sorprendentemente nadie me preguntó por mi "accidente", y eso debía agradecérselo a Mikasa. Seguro ella lo amenazó para que no preguntaran nada indebido.
Había trascurrido un día normal, me sentía bien, me faltaba compartir con mis amigos, llevaba mucho tiempo en casa y me sentía tranquilo de poder rodearme de nuevo de este ambiente, de ver a Sasha y Connie peleándose, Historia y Christa peleándose por la atención de Ymir, a Marco y Jean conversando, a Reiner junto a Berth y Annie, los únicos compañeros que de mi anterior curso que me dirigían la palabra. Hasta echaba de menos las peleas que tenía con Jean, pero eso fue lo que hizo que mi falsa y aparente tranquilidad se quebrara.
–Oh vamos caballo, si sabes que fácilmente te gano en las cartas para que me retas. –dije despreocupado, estabas pasando el tiempo, aprovechando que el último profesor no había asistido.
–Oye bastardo, sé que juegas con trampa ¡y no me digas así! –me recriminó Jean.
–Jajaja… Vamos Jean, que tengas un cerebro del porte de un cacahuate, no es mi culpa. –dije riéndome, mientras veía que los demás también aguantaban las ganas, era la quinta partida que le ganaba y aun no se rendía.
–Bastardo suicida, ¡esta me las pagas! –dijo Jean, sé que no lo dijo con mala intención, ya que antes cuando pertenecía al equipo de futbol me decían suicida por las jugadas tan arriesgadas que hacía, muchas veces terminé lesionado por eso, pero a mí se me desfiguró el rostro, estaba reciente el atentado que hice, y no pude evitar que las emociones me ganaran–, yo… lo siento Eren. –me dijo Jean al ver mi estado y de la repentina tensión que se creó a nuestro alrededor.
–Jeje… no tienes de que disculparte. –dije apresurado–. A fin de cuentas, tienes razón. –me paré del asiento y tomé mis cosas–, y-yo creo que m-mejor me voy. –y salí de ahí, no aguantaría tantas miradas sobre mí–. ¡Mikasa, nos vemos en casa! –grité antes de irme apresurado, fue un alivio que mi hermana entendiera que necesitaba estar solo, ya mañana hablaría con mis compañeros, esto no debía afectarme, no debería hacerlo, pero aquí estaba, arrancando de algo que me traía recuerdos dolorosos, otros nostálgicos, y anhelos que todavía no podría cumplir en un buen tiempo.
Pasé un buen tiempo vagando por ahí, estuve un rato en un parque intentado calmar mi turbulento estado mental, y también porque necesitaba sentarme. No podía caminar distancias tan largas, esto me pasaría factura para mañana pero no me importó, necesitaba saber bien porque tuve esa reacción, los demás antes vivían diciéndome suicida por las jugadas que realizaba, y aunque dejé de jugar seguían diciéndome igual, y jamás me había afectado como ahora, pero… "ahora si podían decirlo con justa razón" pensé, no era más que un bastardo que había tratado de suicidarse.
Lo tenía bien presente, desde ese entonces, el regalo de mi padre ya no estaba conmigo, alejaban cualquier objeto filoso de mi alcance, me mantenían vigilado a todo momento, varias veces en las noches pude sentir la puerta de mi habitación abrirse, y no solo era en mi casa, a cada parte que iba en el colegio, me seguía uno de mis amigos y tan solo el que se me pasara por la cabeza que era una mierda por haber intentado suicidarme, hizo que se quebrara mi mascara de tranquilidad delante de los demás.
Iba caminando sin rumbo cuando sentí mi celular vibrar, era un mensaje de Mikasa preguntándome donde andaba, le contesté que ya iba para la casa y me encaminé hacia ella. Fui por una pasarela que estaba cerca y me quedé contemplando a los autos pasar… estaba atardeciendo, pero si quería llegar a casa tranquilo, requería de más tiempo.
Me acerque a la barandilla de la pasarela, observando como transitaban los autos por las calles, "¿Cómo será el lanzarse por aquí?", llegó ese pensamiento a mi mente. Espantado, sacudí mi cabeza tratando de despejarme un poco, viendo cómo se prendían las farolas de la calles. Era hora de regresar a mi hogar.
–¿Eren? –preguntó una voz detrás de mí, vi al Doctor Erwin mirándome sorprendido, tanto por el lugar como por la hora–. ¿Qué haces aquí?
–Yo… yo iba a camino a mi casa. –dije apresurado, percatándome de la presencia que estaba al lado de Erwin, era un chico de cabello azabache y más bajo que yo, que me miraba insistentemente con unos ojos de color plata muy penetrantes, que me ponían un poco incómodo.
–Te ves bien ¿Por qué no has ido a verme? –preguntó amable el doctor.
–Es que volví a la escuela, y no me ha dado tiempo con todo lo que tengo que entregar. –me excusé.
Obviamente no le diría que no quería aparecerme por su consulta. Estaba muy reacio a volver al hospital después de mi intento de suicidio. Y teniendo a mi madre en casa, adema de los insumos para que ella me curase, retrasaría el momento de ir por allí.
–¿Éste es el caso del que me han hablado, Erwin? –preguntó el sujeto, mirándome intensamente, supongo que sería amigo del doctor.
–Si, efectivamente. –respondió Erwin, mirando al hombre a su lado, ¡Bien! Ahora me sentía ignorado por estos dos.
–Es solo un mocoso. –dijo sin más el chico bajito, me enojé por ese apelativo, él estaba mirándome de arriba a abajo, pude apreciar un brillo en su mirada que me dio escalofríos.
–Y usted es un enano. –dije molesto, sintiendo la necesidad de defenderme, me mordí la lengua cuando me vio de forma asesina–. Adiós doctor. –caminé lo más rápido que pude hacia la parada de autobus, sintiendo como ese otro sujeto me miraba con un aura que daba miedo.
Cuando llegué, mi hermana me hizo prometer que jamás haría algo como eso, y que Jean no lo había dicho con mala intención, yo le respondí que no se preocupara y que ya mañana me disculparía con los demás por mi actuar, como ya había llegado mi padre hacia unos minutos, nos fuimos a cenar.
Pasados los días y ya disculpándome con mis compañeros, estos trascurrieron normales. Como era de esperarse el haberme desaparecido a caminar me había pasado factura y al siguiente día me sentía un poco más rígido de lo normal, pero el dolor era el regular de todo los días.
A convivir con esto me dije a mí mismo.
Hoy me tocaba la visita la psicólogo por lo cual mi madre pasó por mí a medio día, mi hora con él era a la una, en el hospital donde trabajaba papá. Todavía iba renuente a presentarme con él, pero fueron las condiciones, tanto de mi padre, como de Hannes y el doctor Erwin, así que tenía que resignarme a asistir a él, ya había pasado a la consulta del doctor Smith para que me revisara la herida para ver cómo iba –después de verlo no podía seguir haciéndome el tonto con ello–, sabía que era profunda y aun me dolía un poco, sobre todo cuando mi madre me cambiaba las vendas.
No sabía cómo sentirme al respecto con ese dolor, ya que era un recordatorio de que seguía vivo. Y eran más las ocasiones en donde eso me frustraba en vez de aliviarme.
Le avisamos a la secretaria que ya estaba ahí y ella se perdió en la oficina del psicólogo, pude leer que en la puerta decía Levi Ackerman, no negaba su nombre imponía. Por lo que le entendí a mi padre, era unos de los prodigios que contrató el hospital y que era joven; estuve un rato esperando y luego me llamaron por el altoparlante, la voz se me hizo conocida, pero lo dejé pasar,hasta que abrí la puerta y me encontré con la misma mirada plateada que vi ese día que me encontré con el doctor Erwin en la pasarela.
Al verme, pude apreciar que todavía no se olvidaba lo de mi insulto, su mirada fría pero con un brillo burlón… seguro y él ya lo sabía, que sería el psicólogo que me atendería de ahora en adelante.
–Pasa mocoso. –dijo formal, analizándome como la otra vez.
–"Ahora sí, ya valí". –pensé, a este sujeto tendría que contarle las cosas, y no habíamos tenido un buen comienzo, ya que llamar enano a tu psicólogo antes de conocerlo, no me parecía una buena carta de presentación.
*Artritis: La artritis reumatoidea (AR) es una enfermedad crónica. Lleva a la inflamación de las articulaciones y tejidos circundantes. Se trata de una enfermedad autoinmunitaria, esto significa que el sistema inmune del propio cuerpo, ataca por error al tejido sano. Los factores para padecerla son variados, puede darse por algún traumatismo, estrés, por genética, etc. Y es mas común en mujeres.
"estos eran inyectables: Hay protocolos de tratamiento (estudios) donde los medicamentos son inyectables (también pueden ser tabletas), esto no quiere decir que el paciente deba dejar de lado el resto de medicamentos (que son imprescindibles para controlar la artritis) que consume para controlar la enfermedad.
A simple vista, la artritis puede ser una enfermedad simple -si la comparamos con todas las enfermedades mortales que existen-, pero no es menos importante que ellas. Vivir constantemente con dolor a veces puede volvernos irrasibles (mucho) y a eso le sumamos el no poder casi nada, porque cualquier movimiento causa estrés y dolor. Y, a pesar de ser una enfermedad física, el desgaste psicológico es demasiado grande.
Si ya a una persona mayor le molesta la enfermedad, aun sabiendo que a su edad es común poder padecerla, imaginence a un adolescente, o niño...
En fin...
Espero poder actualizar pronto :D
/Cambio y fuera/
Min Akane.
29 de abril 2018
