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10:00 Am.

Ahora teníamos a cinco figurillas ocultas entre los arbustos alrededor de la base de los Akatsuki. Sería un poco aparatoso entrar, pero no había nada que no pudieran hacer. Aunque por ahora se limitarían a observar. Para su buena suerte, estaban entrenando cerca de la entrada. Parecía una clase de sesión de entrenamiento.

-Muévete Kuro, no veo nada- El arbusto era grande, pero simplemente necesitaban estar lo más compactos posibles, no querían ser descubiertos, por lo que Midori les había dicho, eran ninjas muy fuertes.

-Espérate Orenji, no empujes tanto- Los cinco intentaban acomodarse los unos encima de los otros para poder ver bien, cada uno con la vista fija sobre quienes serían sus objetivos.

-Maldición, me estás clavando el codo Aka- Se quejó Buraun con la costilla adolorida.

-No es el mío tonta- Reclamó la pelirroja.

-C-Creo que es mi cabeza- Midori estaba hasta debajo de todos.

Mientras los cinco diablillos luchaban por acomodarse en el arbusto, los Akatsuki estaban enfrentándose en peleas dobles, múltiples, uno contra tres, en fin, todo lo necesario para reforzar habilidades y trabajar en debilidades o tiempos muertos entre los ataques.

Hidan peleaba contra Konan, Itachi y Kisame contra Sasori y Deidara, Kakuzu contra Pain. Zetsu y Tobi estaban sentados a un lado, el bicolor no necesitaba entrenar ya que rara vez entraba en batalla. El azabache simplemente no quería hacer nada y se sentó a lado suyo. Ambos estaban entretenidos viendo a sus compañeros combatir y esquivando más de una vez ataques de agua, fuego y Jashin sabía que tantas cosas más.

Los diablillos de pronto quedaron asombrados por tal demostración de poder en un solo lugar, aunque podía ser peligroso también. Hidan blandía su oz de un lado a otro con gracia y fuerza, sin embargo, el espacio pronto pareció reducirse y el filo rebanó por la mitad un par de árboles junto con el arbusto.

-¡Ahhh!- Las cinco miniaturas gritaron con voces agudas mientras saltaban lejos de ahí al arbusto más cercano pero lejos del peligro.

-¿Eh?- Hidan se detuvo y miró en dirección a la naturaleza destruida por él- ¿Escuchaste eso Kon…?- Tarde, la chica lo había mandado volando con un ataque hasta el otro lado del bosque, ella sonrió triunfante y se fue a sentar con los otros dos esperando a que su compañero de entrenamiento regresara.

Cerca de ahí, Midori, Buraun, Orenji, Aka y Kuro tenía el pulso a mil, pensando que se habían salvado por un pelo de rana.

-¡A ese lo mato!- Gritó Buraun con el enojo saliéndole hasta por los ojos, incluso había empezado a caminar en la dirección en la que el peli-blanco había salido volando.

Todos los demás, exceptuando Aka, la sujetaron de la cola haciendo que cayera- ¡No puedes matar a tu objetivo Buraun!- Espetó Midori con el rostro aún pálido por el susto. Todos suspiraron y decidieron observar desde un lugar más seguro.

02:00 PM.

La chica de cabellos azules estaba preparando un último platillo antes de llamar a todos los chicos al comedor. Los cinco diablillos estaban escondidos detrás de sacos de patatas y otros vegetales arrinconados en una de las esquinas. Esta vez, afortunadamente, tenían suficiente espacio para poder observar sin aplastarse los unos a los otros.

El olor de la comida que había preparado Konan llegó hasta el alcance de sus narices, haciendo que más de un babeara. Orenji se llevaría lo mejor ya que tendría comida siempre que quisiera estando a lado de la chica. La humana colocó el último tazón que parecía contener una especie de masa amarillenta pálida o, como nosotros lo llamamos, pure de papa.

Apresuró el paso hacia la puerta y llamó a los jóvenes a comer. Lo siguiente que supieron los diablillos fue que una estampada de elefantes de dirigía hacia ellos. Con la conmoción, Orenji y Buraun se abrazaron lloriqueando y balbuceando cosas como "¡no quiero morir!" "¡soy tan joven y hermosa!". Aka y Kuro se encargaron de darles un bien coscorrón para que se callaran y no los descubrieran.

De pronto el silencio se vio invadido por maldiciones, algo sobre un tal Jashin que ninguno de los pequeños entendió, alguien intentado callarlos, las masticadas de comida, en fin, todo se volvió una locura en unos cuantos segundos.

-¡Joder, les digo que en serio escuché algo!- Gritó Hidan elevando su tenedor en el aire.

-El golpe en la cara te afectó- Respondió Itachi queriendo comer en paz.

-No creo haberlo golpeando tan fuerte- Dijo Konan son una sonrisa ladina en su rostro.

-Yo creo que Konan-san es increíble- Dijo Tobi moveteando los brazos en el aire.

-Sólo por eso, te ganaste un chocolate Tobi- Respondió la chica ampliando su sonrisa.

-Eh~ - Lo estaría esperando con ansías, no por nada era su postre favorito. Midori tomó nota mental de aquello.

-Ya, admite que una chica te ganó, exhibicionista de cuarta, uhm- Deidara intervino a punto de llevarse un bocado a la boca.

-¡Cállate metrosexual!- Y usando sus cubiertos cuales armas ninja, comenzó un duelo por sobrevivir a los servicios que volaban de un lado a otro. Los tenedores, cuchillos y cucharas de sus compañeros no se salvaron y terminaron participando en una batalla campal de dos personas.

-¡Basta!- Intentó detener Pain mientras esquivaba un tenedor que amenazaba con darle en el hombro.

-Pero, Pain, ¡ésta rubia comenzó!- Dijo Hidan mientras tenía el cuello de la bata de Akatsuki de Deidara entre manos y el otro en la misma situación, amenazando con matarse entre sí de un momento a otro.

-Que par de idiotas- Susurró Buraun y Orenji asintió. Todos los demás los vieron con cara de "Ustedes son iguales".

-¿Qué?- Dijo Buraun ante las miradas, pero no fue lo bastante precavida como para bajar su tono de voz. Todos pronto se abalanzaron sobre ella para cubrirle la boca, pero fue muy tarde.

-¿Eh? Escuché cosas de nuevo, ¡mierda Kakuzu! Nos están espiando- Dijo Hidan llevándose las manos al rostro y negando con desesperación. Quizás el golpe de hace rato sí le había afectado.

-No escuché nada maldito lunático- Dijo el rubio arreglándose la bata arrugada.

-Deberías dejar de fumar eso Hidan, te hace alucinar cosas- Kisame salió con su típico humor bromista, que no daba risa, por cierto.

-¡Es en serio! Esta vez sí que lo escuché- Se levantó de la mesa y fue en dirección al rincón donde había costales amontonados. Los diablillos vieron su vida pasar delante de sus ojos. Aka, que era la más sensata del grupo, chasqueó los dedos y de pronto los cinco se habían convertido en ratones, escabulléndose así bajo los muebles con el sonido característico de las patas al correr.

-¡Ehk!- Chilló Konan al escuchar los particulares ruiditos que emiten los roedores- ¡Ratones, dios mío, haz algo Pain!- Comenzó a sacudir al líder realmente alterada de que hubieran ratones en su cocina.

-¡A la carga!- Se escuchó gritar al peli-blanco que iba con su oz extendida contra los pequeños.

-¡No te quedes con toda la diversión, uhm!- Deidara saltó sobre la mesa moldeando arcilla con sus manos mientras perseguía a los cinco particulares roedores. El artista de mayor edad se levantó en silencio y se retiró del comedor. Los platillos de la mesa ahora no parecían apetecibles después de que su pupilo volcara un par de tazones y su contenido se derramara sobre los demás preparados.

Itachi parecía impasible, pero una vena se había marcado en su sien mientras intentaba comer lo que quedaba en su plato tranquilamente, aunque pronto los destrozos en la habitación contigua se hicieron evidentes.

Kisame ya se había levantado de la mesa para salir tras los dos que daban caza a los animalillos. Kakuzu creía que era un desperdicio no comer, así que siguió como si nada. Pain ya andaba con el alma fuera después de que Konan lo hubiera sacudido bruscamente ante su espanto.

-¡Vengan malditos animales rastreros!- Hidan blandió su oz, cortando de esa manera la mesa de la sala por la mitad y el jarrón que iba encima de este sufrió la misma suerte que el mueble.

-¡Haré arte con ustedes!- Le seguía Deidara lanzando un par de figurillas de arcilla sobre los pobres diablillos que corrían a la máxima velocidad que sus patas les permitían.

-¡Aka! ¡Sácanos de este apuro!- Gritó Buraun en forma de chillido.

-¡Cállate y déjame pensar!- Así es, ella era como una líder para ellos, o al menos era quien veía por ellos la mayoría de las veces.

La oz de Hidan estuvo a punto de rebanarlos de no ser porque el idiota se tropezó con su capa, cayendo de cara contra el piso- ¡Maldic…!- Deidara había aprovechado el cuerpo sobre el suelo para apoyarse y dar un salto, Hidan volvió a darse de lleno contra la piedra fría- ¡Joder rubia!- A continuación el tiburón hizo lo mismo, con lo que nuestro Hidan quedó K.O. en ese mismo momento.

Eso les dio tiempo a los cinco diablillos quienes se habían colado por debajo de una puerta. Aka hizo que los cinco se convirtieran en algo aún más pequeño. Moscas. Rápidamente los cinco se pegaron al techo con el típico zumbido al volar. Llegando a su destino justo antes de que el rubio abriera la puerta. Se quedaron inmóviles y viendo por sus ojos cristalizados a los dos ninjas que entraban buscándolos.

-Tsk, creo que no están aquí- Dijo Kisame.

-¡Tienen que estarlo! Estamos en una cueva, no pueden ir lejos, uhm- Se quejó buscando por debajo de los muebles de la habitación, pero no encontró ni rastro de los roedores.

-A lo mejor eran ratones ninja- Afirmó el tiburón mientras asentía aceptando su propia opinión.

-E-Esas no existen- Reclamó el artista- ¿O sí?-

-Ellos son la prueba de aquello- Volvió a decir el piel-azulado para dar fin a la persecución que había tenido lugar y había destrozado la sala, comedor y dejado a Konan hecha un manojo de nervios, además de tener a un peli-blanco desmayado en medio de la sala.

10:00 PM.

Los cinco diablillos habían vuelto a su forma original. Ahora estaban ocultos bajo un sillón que por poco y no se salva de las estupideces del religioso.

-¡Por Jashin que los atraparé!- Dijo el mismo joven con una venda en la cabeza y apretando un puño frente a todos.

-Ya cállate Hidan, sólo a ti se te ocurre montar un circo por unos ratones- Dijo Pain un poco harto del comportamiento de sus subordinados. Konan estaba en la cocina limpiando lo que quedó de la cena.

-Además, tu tontería nos costará- Dijo Kakuzu viendo la destrozada mesita centro junto con el jarrón favorito de la única chica de la organización, eso sí que era un problema.

-¿Cuántas debo decir que no fue mi culpa?- Se defendió el portador de la oz.

-Nunca serán suficientes veces- Respondió Sasori que se había mantenido ausente todo el rato desde el almuerzo.

Se quedaron platicando un rato más, sobre todo de cómo Hidan tenía la culpa de todo, sus alucinaciones, el golpe que le propició Konan hace ya mediodía, en fin, ¿pueden pensar en las cosas que se pueden decir para humillar al Jashinista? Bueno, hablaron de eso y mucho más.

Llegadas las once y media, todos se dirigían a sus habitaciones para dormir un poco. Los diablillos se quedaron esperando unos minutos más. Bien seguros de que no había nadie más en la planta baja, salieron de bajo del sillón y se sacudieron sus ropas polvorientas.

-Oigan chicos, me acabo de dar cuenta de algo- Susurró Buraun a lo que todos le pusieron atención.

-¿Qué cosa?- Preguntó suavemente Midori.

-¡Me han dejado al maldito loco de la organización!- Gritó en voz baja a sus compañeros.

-Bueno, son el uno para el otro entonces- Kuro le palmeó la espalda a la castaña, alegre de no estar en su situación.

-Chicos…- Buraun suspiró, cansada de casi morir dos veces ese día.

-¿Deberíamos irnos ya?- Preguntó Midori para llevar la plática por otro rumbo.

-Todos están durmiendo ahora, no creo que tenga chiste quedarnos más tiempo- Continuó Aka, estando más de acuerdo con la peli-verde. Los demás asintieron. En un chasquido de dedos por parte de los cinco, se encontraban de nuevo en la comodidad de su tronco en lo más profundo del bosque.

Estaba más que muertos, en sentido figurado. Buraun se dirigió a la cocina para buscar algo de comer, ya que para el almuerzo sólo pudieron comer unas avellanas antes de entrar como pudiesen a la base de los Akatsuki.

El peli-naranja traía ya su pijama y pantuflas suavecitas y calentitas. Suspiró relajado mientras se dirigía a su jarrón de galletas personal, pero cuando lo abrió, oh sorpresa, no habían más que migas hasta el fondo del botecito, entonces recordó la pelea de hoy en la mañana con Buraun, pero ya estaba demasiado cansado como para ponerse a pelear con ella en esos instantes.

En menos de quince minutos, todos estaban en sus camas descansando para el día siguiente, debían de estar listos. Sería el día en el que se presentarían ante sus objetivos, lo cual constantemente era difícil, mucho más ahora que saben de las personalidades lunáticas de algunos de los miembros del grupo.