¡Hola! Terminé el primer capítulo así que lo voy a colgar ya. Miles de gracias por los rewiews, en el próximo chapter los responderé, porque ya es tarde y debo dormir un poco.
Este capítulo va dedicado a aquellos que leen entre las sombras, para darles un pequeño empujón, que en serio ayudan mucho cuando estás empezando un fic. A todos ellos, gracias.
Y también mención especial a las amienemigas, aquellas que creen contribuir a mejorar algo cuando no es cierto, y que juegan a ser diosas en un mundo sin dios.
Vampire Knight: Capítulo 1
Draco Malfoy pisó Hogwarts por primer vez a la corta edad de diez años. Aún en mi mente lo veo como aquel niño perdido en la puerta del colegio siete años atrás. Tenía su mirada vagando en otro mundo, y el pelo rubio le caía a mechones por el rostro, dotándolo de una sensualidad pasmosa en un chiquillo. Me pareció un ser de otro planeta, solo, silencioso e impenetrable como los muros de una cárcel. A su lado estaba Remus, que lo sujetaba por un hombro con delicadeza.
- Hermione, este es Draco, y ha llegado a la escuela para quedarse - sus ojos dorados estaban tristes, algo inusitado en mi padre adoptivo - Sus padres fueron asesinados por un vampiro. Explícale las reglas y mañana ya verá el sombrero en qué casa lo pone ¿si? De momento lo alojaremos en la sala de los menesteres.
Ah sí, siempre ellos, siempre los malditos vampiros.
- Bien - murmuró mi padre, retrocediendo unos pasos - Hechas ya las presentaciones debo marcharme. Los caza vampiros vamos a intentar coger al autor de la masacre antes de que cometa otro crimen. No me esperéis, volveré tarde.
Vi como Remus se alejaba con sus pasos felinos, y esperé unos segundos hasta que por fin le dirigí la palabra a mi nuevo compañero.
- ¿Tienes hambre?¿Deseas comer algo? - Malfoy negó con la cabeza, parecía que por el momento no tenía intenciones de hacer algo más - Sería conveniente que te dieras una ducha y te pusieras ropa limpia. Llamaremos a un elfo y veremos qué podemos conseguir - el chico asintió, y como no vi que hiciera ademán de dar un paso solo, le cogí de la mano para guiarlo por los recovecos del castillo - No tengas medo, aquí no pueden hacerte daño.
Caminamos en silencio por los pasillos hasta llegar al baño de los prefectos. Di la contraseña y éste nos dejó paso. Abrí varios grifos con diferentes aromas, oliéndolos para ver cual era el que más podía asemejarse al gusto del desconocido. Después de unos segundos opté por llenar la piscina de gel con aroma a menta, aunque no sabría explicar muy bien el porqué de mi elección.
Llamé a un elfo doméstico, que me facilitó toallas, pijama y muda limpia para después del baño; se lo agradecí con ferviente amabilidad y el elfo se esfumó sin hacer preguntas con una reverencia y un sonoro crack. Me giré de nuevo hacia Malfoy, que esperaba apoyado contra la pared de piedra, el abrigo negro de cuello alto todavía abotonado, y un semblante que no dejaba dudas a la lucha interna que mantenía desde su llegada, quizás incluso de antes.
- Te dejaré a solas ¿vale? La contraseña para salir es "Lunático". Esperaré fuera.
Intenté darle las cosas antes de marcharme, pero al mostrárselas ni siquiera se inmutó. Draco Malfoy parecía estar muerto en vida. Suspiré con tristeza, porque conocía esa sensación, ese sentimiento oscuro que te hace estar en tierra de nadie; yo lo había experimentado en carne propia años atrás, así que después de todo, Malfoy y yo no éramos tan diferentes.
Di unos pasos hacia él, quedándome a pocos centímetros de su cuerpo, y sin pedirle permiso y con dedos temblorosos desabotoné su abrigo sin que el interesado pusiera objeción ante mi osadía. Al desprenderse de la prenda, mis ojos no podían creer lo que veía. Draco Malfoy tenía la camisa blanca manchada de sangre, y una costra seca le ocupaba gran parte del cuello ¿qué tipo de vampiro había hecho algo así?. Me acerqué a la piscina de menta, mojé una de las toallas y le limpié con dulzura y lentitud la mancha escarlata; respiré aliviada al ver que no estaba herido, al menos de forma exterior.
- Así estás mejor - le dije, dedicándole una sonrisa.
Entonces alzó su rostro, y observé por primera vez sus ojos, de un gris hermoso, como plata brillante de una hoja afilada. Me miraba sin hacerlo, y me agradecía con su silencio; con aquellas orbes que lo guardaban todo dentro, muy adentro, donde quedara en secreto enterrado por la eternidad del instante.
En ese momento, tuve la seguridad de que por mucho que me esforzase, Draco Malfoy ya no era un chico de diez años común y corriente, sino un niño con unos ojos que parecían pertenecer a un ser superior ajeno a él.
Tal vez a un Dios.
Y me daba miedo.
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- Necesito vuestra ayuda - Remus hablaba con una serenidad pasmosa. Las manos cruzadas sobre el escritorio de caoba de su despacho - Sois mis prefectos, y habéis sido seleccionados para ser los Guardianes de la Noche. Sé que os podríais negar, pero poseo la esperanza de que no recurráis a ello - sonrió con melancolía - Sobretodo porque no tengo a nadie más.
Estábamos en el período de receso, y la verdad es que no me hacía demasiada gracia el que mi padre adoptivo nos hubiese llamado con tanta urgencia a los dos a su oficina ( y para colmo me estaba perdiendo la comida ¡tenía hambre!). Yo sabía que aquello no iba a ser nada bueno. Draco estaba mi lado serio, como de costumbre, con sus ojos glaciares fijos en Remus. Parecía que de un momento a otro iba a abalanzarse a su yugular y destrozarlo con sus propias manos.
- Ser Guardián significa vigilar a Krum y su pandilla de chupasangres durante las clases nocturnas, dormir menos y complicarse más. Y yo no soy espía de nadie.
- Por mí no hay problema - me apresuré a contestar, ignorando por completo como Malfoy se tensaba a mi lado, estupefacto por mi respuesta - Soy una prefecta, así que está dentro de mis responsabilidades.
- Te lo agradezco - respondió Remus, mientras le echaba un vistazo a una montaña de papeles acumulados a la derecha de su mesa - ¿Y tú que me dices, Draco? Sé que es un poco fastidioso eso de estar noche tras noche al acecho de vampiros, pero podrías acostumbrarte.
Malfoy bufó con furia contenida, mesándose el cabello rubio con rabia y desenfreno. Supongo que aquello no entraba en sus planes cuadriculados. Se cruzó de brazos, enfrentándose al director con gesto altivo y orgulloso, un porte muy aristocrático que adoptaba constantemente.
- Tal vez deberías optar por alguien que odiara menos a los vampiros que yo y destituirme como prefecto - masculló entre dientes, molesto por la situación - Además ¿piensas dejar a Granger, sola frente a esos seres? ¡Por favor, ella no vale para eso, es una inútil! ¡ Se la comerían viva!
Le di un empujón con todas mis fuerzas, pero mi intento por fastidiarle distaba muy lejos de cumplirse. Draco siempre me hablaba, me contestaba si le preguntaba, pero estaba segura de que a pesar de todo seguía habiendo un muro infranqueable entre nosotros que no se podía derribar, muy a mi pesar.
- ¡No hables de mí como si fuera tonta, Malfoy! - le grité, desesperada por sus pensamientos - ¡Pero si tú como prefecto no haces nada, siempre cargo yo con todo el peso del trabajo! ¿Y soy la vaga? ¡Mírate en un espejo!
- Lo hago, Granger, - rezongó, mientras Remus nos observaba sin interferir en la conversación - y créeme cuando te digo que me es muy grato lo que se refleja en él.
- Pero serás un m…
- Basta - me cortó el director, sin levantar un tono de más siempre conseguía nuestra atención. Era algo admirable - La identidad de los vampiros jamás debes ser revelada al resto de los alumnos - hizo una pausa, nos observó atentamente y luego continuó - Humanos y vampiros hemos coexistido en esta escuela desde que yo me hice con la dirección, y nunca hubo problemas. Vosotros, junto otros profesores y yo, sois los únicos que sabéis el secreto, así que no puedo encomendarle ésta misión a otros que no seáis ustedes dos ¿queda entendido?
- ¡Pero yo no quiero aceptarlo! - ladró Draco, dando un golpe con su puño sobre el escritorio con una fuerza sobrehumana. Aquella actitud suya me tomó por sorpresa, pero Remus no parecía impresionado en absoluto - ¡Y mañana es San Valentín! ¿Crees que me gusta estar vigilando a esos monstruos, mientras que la mayoría de las alumnas le entregan chocolates y tarjetas como si fueran normales? ¡No es así por mucho que nos quieras hacer creer lo contrario, Remus, no son humanos y nunca lo serán!
- El fin de la convivencia de ambas razas - repuso mi padre, perdiendo la paciencia - es que algún día el mundo de los vampiros y los humanos no esté marcado por diferencias, sino por un deseo de progreso por sendas partes - sus ojos dorados estaba fijos en Draco, que seguía sin moverse de donde estaba, desafiante - Entiendo tu reticencia, todavía hay vampiros que matan a humanos, pero tú más que nadie deberías de entregarte en este intento por mejorar para que algo como lo ocurrido con tu familia no vuelva a suceder.
- ¡Cállate! - sacó la varita de su bolsillo, y apuntó a mi padre adoptivo al cuello. Vale, aquello estaba yendo muy lejos - No hables de ellos… No lo hagas.
Me acerqué como pude y me interpuse entre ambos, sujetando a Draco por la muñeca para instarle de que bajara la varita. Éste obedeció, todavía manteniendo ese gesto de rabia ante mi profesor, el ceño fruncido y los puños cerrados con fuerza.
- Malfoy… por favor… - pero él ya estaba en otro mundo, fuera de mi alcance, dentro de sus pesadillas.
Se zafó de mi agarre y salió como alma que lleva el diablo del despacho, dejando a su paso su aroma característico a menta y un portazo de recuerdo que retumbó entre las cuatro paredes de la estancia del director. Miré a Remus, esperando una explicación, pero él solo se encogió de hombros, sonriendo ampliamente.
- Lo harás, sé que lo hará - se volvió a sentar en su sillón de piel de Dragón, cogió su pluma, la mojó en tinta verde y se dispuso a rellenar aquel montón de pergaminos como si nada hubiese ocurrido.
A veces esa actitud tan extravagante y pacifista me parecía demasiado hipócrita, como si deseara por todos los medios disfrazar la verdad con mentiras crueles alrededor. Cuando la realidad distaba mucho de ser tal y como él la pintaba, o deseaba. En parte, Draco tenía razón.
- Sabes que le haces daño con tus palabras, y aún así sigues con tu absurdo empeño en que se enfrente a sus miedos - negué con la cabeza, decepcionada con su actitud - De veras que no te entiendo. Sus padres murieron a causa de los vampiros ¿por qué, entonces, lo hiciste prefecto y Guardián?
- Por la sencilla razón de que él tiene que respetarse - sus ojos dorados, llenos de sabiduría, cariño y ternura hacia mí. Después de todo, era el único padre que había conocido, y yo lo único en el mundo que lo retenía - Y tú deberías de ayudarle, aunque sé que vuestra relación dista de ser cordial, podrías hacer un esfuerzo ¿no? Al menos por mí y por el bien de la escuela.
- Lo haré - respondí, abriendo la puerta para salir del despacho - Pero no prometo nada, ya sabes como es.
- Sí, y también como eres tú.
Salí de allí todavía envuelta en mis pensamientos y con unos sentimientos contradictorios. Era por todos sabidos que mi relación con Draco se había enfriado con el paso de los años hasta límites insospechados. Salvo algunas ocasiones, Malfoy siempre intentaba molestarme, incordiar y sacarme de quicio. Creo que nuestra enemistad comenzó el primer día de escuela, cuando el sombrero seleccionador lo eligió para pertenecer a la casa Slyhterin.
Yo formaba parte de Griffyndor, así que era prácticamente imposible que nos lleváramos bien, pese a mis intentos fallidos porque así fuera. Después de la muerte de sus padres, Draco no consintió ser adoptado por Remus, pero sí aceptó de buen grado un tutor, el peor de los profesores de todo Hogwarts: Severus Snape, mi profesor de Pociones. Definitivamente era odioso, temido y mortificaba a los de mi casa restándonos más puntos de lo normal y por cualquier nimiedad.
Por el contrario, mi relación con Krum había mejorado con el paso de los años. Supongo que haberme visto salvada por sus manos era un gran punto a su favor, para qué mentir. Él estaba en la clase nocturna, yo en la diurna, pero aunque apenas no veíamos, siempre encontraba tiempo entre clase y clase para ir a visitarme a la biblioteca por un corto espacio de minutos. Estaba loca por él. Me fascinaba su acento eslavo, aquel toque hipnótico con el que envolvía su mirada, sus movimientos… el problema, claro está, es que él es un vampiro. De los buenos sí, pero vampiro al fin y al cabo.
Mi vida, como veréis, no es tan sencilla ¿verdad?
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Las clases de la tarde pasaron volando una tras otra, casi en un suspiro. Cuando quise darme cuenta, ya estaba otra vez con mi insignia de prefecta dando órdenes estrictas de que los chicos de la clase diurna debían volver a sus salas comunes, antes de que los alumnos de las lecciones nocturnas hicieran acto de presencia. A veces era un trabajo complicado. Lidiar con jóvenes en plena ebullición hormonal, obsesionadas por chicos que ellos veían normales pero que realmente escondía su verdadera identidad era agotador.
Y Malfoy no ayudaba demasiado. Siempre llegaba tarde, se escabullía constantemente y cundo lo encontraba (siempre era el mismo lugar: Un claro del bosque donde los thestrals pastaban), nuestra ronda nocturna había terminado y era hora de volver a los dormitorios. Aquel día no iba a ser diferente. Estaba regañando a unas chicas de Hufflepuff de sexto curso cuando noté un aroma familiar, como a sándalo. Supe al instante que era él.
- Te damos muchos problemas ¿no es así, Hermione? - ah sí, definitivamente encantador. Vestía con la túnica de las clases nocturnas, que era blanca, y me dedicó la más hermosa de las sonrisas.
- Víktor… - balbuceé, desorientada y abrumada por su presencia. Sacudí la cabeza, espantando todo rubor de mis mejillas, intentando mantener a flote la poca coherencia que me quedaba - No te preocupes, en el fondo nadie tiene la culpa.
Escuché los murmullos y exclamaciones de las alumnas de Hufflepuff y me volví hacia ellas, en claro gesto de enfado, con los brazos en jarra y el ceño fruncido.
- Vamos, a vuestras habitaciones - les ordené de forma autoritaria, aclarándome la voz - El toque de queda ya fue dado y si no queréis que vuestra casa pierda puntos debéis marcharos - les indiqué el camino, pero ellas continuaban fascinadas por la presencia de Krum, clavadas en el sitio - ¡No voy a repetirlo más, así que fuera!
- Obedecedla - murmuró Krum a mis espaldas, y ellas le hicieron caso. Bien, definitivamente hoy no era mi día ¿no os parece humillante?
Me giré hacia Víktor, molesta por su intervención en el asunto.
- Lo tenía controlado, no era necesario que entraras en el juego.
Se encogió de hombros, sonriente como siempre.
- No seas tan orgullosa, Hermione: Una ayuda de vez en cuando no viene mal a nadie.
Nos mantuvimos en silencio unos segundos, que a mi me parecieron horas. Fue entonces cuando hizo aparición un chico de cabello negro y ojos azules que reían burlones, como un duende haciendo una trastada. Vestía la misma túnica blanca que Krum.
- Vaya, vaya, pero si tenemos aquí a nuestra prefecta favorita ¿cómo te van las cosas, Granger?
- Hola, Zabinni.
Exhaló aire, conteniendo la respiración unos segundos para luego dejarla escapar lentamente. Parecía realmente complacido y deleitado.
- Tienes un aroma muy peculiar, Hermione, demasiado atrayente diría yo.
- Blaise - lo cortó Krum, lanzándole una mirada oscura fulminante - Debemos ir a clase, McGonagall nos espera. - se giró hacia mí volviendo a mostrar su lado amable - Adiós, Hermione.
Alzó la mano para tocarme el rostro, pero antes de que llegara a conseguirlo alguien lo apartó de un empujón. Víktor trastabilló unos pasos, pero mantuvo la compostura en todo momento. Blaise a su lado estaba furioso, su mirada azul y penetrante fija en el recién llegado.
- ¡Como osas a tocarle siquiera, Malfoy! - exclamó Zabinni, sus ojos se tornaron rojos, amenazantes como los de una bestia - ¡Nadie trata así a…!
- Las clases van a comenzar - respondió Draco, con tono autoritario. Su mano sujetaba la mía, en un gesto posesivo - Así que deberíais partir antes de que se os haga tarde y le quiten puntos a vuestras casas.
Zabinni dio un paso hacia Malfoy con el puño alzado, pero Krum lo paró en seco, poniendo su mano sobre el pecho del muchacho.
- No vale la pena, Blaise - el aludido lo miró sin comprenderlo, pero obedeció. Después de todo él era un sangre pura y Zabinni solo un noble - Vamos, una clase de transformaciones nos espera - le hizo un gesto de despedida a Draco y luego me miró a mí, dedicándome una reverencia - Nos vemos mañana, Hermione.
Y se fueron de allí con paso decidido hacia su aula.
- Se te cae la baba - me dijo Malfoy a mi lado, notablemente enfadado - No deberías ser tan tonta, él esta fuera de tu alcance.
- ¡Olvídame! - le grité, encarándole - ¿No puedes ser amable por un solo día de tu existencia? ¡Eres un amargado!
- ¡Y tú una ilusa! - me espetó, aún me sostenía la mano y me acercó a él. Pude notar con mas intensidad aquel aroma a menta - No es un ser humano, Granger, métete de una buena vez en la cabeza que es un lobo con piel de cordero.
Y dicho esto se marchó por donde había venido, dejándome como siempre sola en la ronda nocturna
******
Recorrí los pasillos del colegio con mi varita alumbrando el camino. La verdad es que estaba siendo una noche tranquila, a decir verdad demasiado tranquila, y eso me ayudó en imbuirme por completo en mis pensamientos.
Por un lado entendía perfectamente la actitud de Draco hacia los vampiros, después de todo, uno de ellos mato a su familia ¿pero debía meter a todos en el mismo saco? No, eso si que no. Krum me había salvado la vida doce años atrás, cuando yo vagaba sin rumbo fijo por los alrededores del pueblo, ignorando saber quién era. Víktor me trajo aquí a Hogwarts, dónde conocí a Remus y formé una familia como la que quizás conocí antes de perder la memoria. Si no fuera por él, por un vampiro, yo en estos momento estaría a dos metros bajo tierra con una lápida sin inscripción, siendo comida por los gusanos.
Le debía mi vida.
Andaba inmersa en esas cuestiones cuando escuché murmullos procedentes del jardín de la escuela. Miré por uno de los ventanales y vi a un par de chicas de Ravenclaw espiando los alrededores en busca de alguno de los alumnos de la clase nocturna. Maldición, después de todo iba a tener que hacer alguna detenciones.
Alcé mi varita, y con una elegante floritura murmuré un "accio escoba". En pocos segundos ya estaba montada en ella, lanzándome en picado por el ventanal para aterrizar en la explanada del colegio. Bien, debo de admitir que no soy buena en eso de volar en escoba(de hecho odio las escobas, el quidditch y demás), y evidentemente al bajarme de ella, lo hice a varios metros del suelo (sí, soy torpe, lo sé). Para mi desgracia caí de bruces contra la hierba, y me hice un rasguño en la mano, del que brotaba un pequeño hilo de sangre. Si aquella herida era interceptada por los vampiros estábamos perdidas Debía darme prisa..
- Ey, vosotras tenéis prohibida la salida de las salas comunes hasta que salga el sol ¿se puede saber qué hacéis aquí?
Las chicas gritaban eufóricas, y yo las intenté calmar, pero no dio resultado.
- ¡Queríamos ver a Krum, pero Ellen tropezó y cayó, está herida! - exclamó una de las alumnas, de pelo corto y tez morena.
- ¿Sangre? - me acerqué para observarlo, y así era, tenía una fea herida en su rodilla derecha - ¡Tenéis que iros, ya!
Demasiado tarde, en pocos segundos estábamos flanqueadas por dos cuerpos que conocía a la perfección. Uno era alto, ancho de hombros y cabello castaño, el otro lo había visto horas antes de entrar en clase, junto a Krum. Saqué mi varita al instante, amenazándolos con ella.
- Nott, Zabinni ¡no podéis estar aquí!
- Pero olimos sangre fresca, y hemos decidido investigar - Blaise sonreía como un niño bueno, y recordé las palabras de Malfoy: Lobo con piel de cordero. Realmente estábamos en apuros. - Es que huele tan… tan… bien…
- ¡Dejadlas! - les grité, mientras me interponía entre ellos y las chicas, que seguían tumbadas en el césped, asombradas por todo lo que estaba sucediendo - Está prohibido que los vampiros tomen la sangre de los alumnos.
- Ah, pero yo me refería a tu sangre, Granger - en un descuido mío bajé la guardia, Zabinni me desarmó y me tomó por la muñeca, posesivo - Déjame beber, anda… solo un poco ¿si?
- Esto no va a gustarle a Krum - observó Nott, a su lado, que presenciaba la escena sin entrar oficialmente en ella, como un mero espectador - Si se entera…
Pero Blaise no le escuchaba, tenía los ojos rojos, intensos, fijados en mi mano, la cual se acercaba lentamente a la boca. Todo pasó muy rápido. Los colmillos salieron a relucir (blancos, finos y peligrosos), escuché gritos alrededor, y un dolor intenso se apoderó de mi cuerpo quemándome por dentro. Había sido mordida por primera vez.
Un hilillo de sangre caía desde los labios hasta la barbilla de Zabinni. Se lo lamió con la lengua de forma sensual, y me atrajo hacia él, sin apartar aquella mirada de roja de lascivia que yo tanto temía en mis pesadillas.
- Quiero más…
Me abrió la camisa, y deslizó mi cabello rizado hacia un lado, para dejar aquella parte libre de impurezas ¡iba a morderme en el cuello! Intenté deshacerme del vampiro, pero apenas tenía fuerzas para nada. Y entonces un destello, luces de colores que estallaron en la espalda de Zabinni y lo hicieron volar por los aires hasta caer a pocos metros de nosotros. Noté una mano aferrada a mi cintura, y el aroma a menta que tanto me gustaba.
- Draco - murmuré, pero él ni siquiera me miró. Sus ojos grises estaban clavados en los vampiros, y los apuntaba con una varita, firme y peligrosa que brillaba en el extremo.
- Lo que estáis haciendo está prohibido por el reglamento de la escuela. No puedes dejarte seducir por la sangre, Zabinni, por mucho que te apetezca.
- Malfoy, no lo hagas - le supliqué, segura de que era capaz de echarle una maldición imperdonable ahí mismo y dar al traste con todos los deseos de paz de Remus.
- Puedes bajar la varita, Draco, sabes que nosotros solo podemos llevarla durante las clases y no es justo que tengas esa ventaja - Víktor Krum había aparecido de la nada, con semblante serio, flanqueado por una muchacha rubia de pelo largo y ojos claros - Luna, será mejor que les borres las memorias a estas alumnas, antes que se vayan de la lengua.
- Claro - respondió Luna Lovegood.
La susodicha tomó posiciones frente a las chicas, se acuclilló y puso ambas manos sobre sus cabellos. Una luz violácea emanaba de su piel, y en pocos segundos las alumnas se desvanecieron en el césped, dormidas. Os dije que los vampiros poseían poderes sobrenaturales ¿eh? Bien, pues este es uno de ellos, y es de los más simples, así que imaginaos el resto.
- Veinte puntos menos para Slytherin - bramó Draco, sin apartarme de su lado. Los ojos grises se tornaron oscuros, y por un momento vi en ellos un destello rojizo - Espero que te hagas cargo de ellos, Krum.
- Por supuesto - corroboró el aludido, tranquilo a pesar de todo - Y mañana el profesor Lupin será informado de todo.
- Solo nos estábamos divierto un rato - se excusó Nott, avergonzado - No queríamos hacerles daño.
Víktor no respondió y se volvió de nuevo a nosotros, solemne.
- ¿Estás bien, Malfoy? - Draco frunció el ceño, soltó un gruñido, dio media vuelta y arrastrándome de la mano me llevó hacia la entrada, dejando atrás a los cuatro vampiros.
Me apretaba con fuerza, y pese a mis intentos no pude lograr que aflojara el ritmo hasta que no cruzamos el umbral del castillo.
- ¡Se puede saber qué mierda te ocurre! - le agarré del brazo para que se diera la vuelta, y me fijé que sus ojos no eran los de siempre, de nuevo aquel destello rojo que me traían recuerdos de antaño. Y miedo. Mucho miedo.
- Olía mucho a sangre - murmuraba muy bajito, en apenas un susurro - Me enferma.
- Draco, no seas obsesivo, los humanos no podemos oler la sangre - le comuniqué, pero Malfoy negó con la cabeza, y sus mechones formaron cárceles doradas, ocultando su mirada como la primera vez que lo vi. De nuevo aquel muro infranqueable que nos dividía.
- Te dije que son monstruos, Hermione, así que no bajes la guardia - se acercó un poco a mí y noté el vello de la nuca erizándose por el contacto de su boca contra mi oreja - Nunca.
Y se marchó rumbo a las mazmorras, dejándome de nuevo abandonada a mi suerte.
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Se acepta de todo menos virus.
Por cierto ¿qué creéis que le ocurra a Malfoy?
