Disclaimer.

Rurouni Kenshin no me pertenece. Es obra del genial mangaka Nobuhiro Watsuki-sama. Escribo esto como diversión y sin fines de lucro.


La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.

Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.

Jorge Luis Borges - Diecisiete Haikus

Capítulo 2

UN SUEÑO QUE NO SE VA… UNA PESADILLA QUE NO TERMINA.

Kaoru regresaba a casa tarareando una canción, desafinada y feliz. Era hora ya de volver al dojo, en donde su querido Kenshin de seguro ya la esperaba con una deliciosa cena. Ella sonrió con ternura mientras se preguntaba como había podido haber sobrevivido en todo ese tiempo sin su amado compañero.

Caminaba tranquilamente, sin prisas. Había sido uno de sus mejores días en el dojo Maekawa y tres estudiantes de allí le habían pedido que sea su maestra particular, lo que podría reportarle un ingreso extra. ¡Y vaya que lo necesitaba! Había tantas cosas que Kenshin debía comprar... como miso, arroz, té…

Una piedrecilla en el camino hizo volver a la joven a la realidad. Se detuvo confundida por un breve momento, observando el lugar, el cual se le presentaba diferente al que ella estaba acostumbrada ver al volver a casa. No sabía como había pasado ¿tan distraída estaba que había perdido la noción de la orientación? No obstante, a pesar que ella no se acordaba de haber visto nunca ese camino por alguna razón le pareció muy normal. Además sentía como si 'alguien' la estuviera llamando, invitando a entrar. Kaoru no lo pensó mucho y casi mecánicamente, como atraída como un imán, comenzó a adentrarse en aquel sendero.

El camino a cuyos costados se levantaban dos grandes muros con abundante maleza, se extendía recto a sus pies. Daba la sensación que a cada paso,el camino se estrechaba más, tornándose más oscuro. No transitaba nadie por allí; es más, no parecía haber indicio alguno que alguien haya pasado por ese lugar antes. Estaba ya juzgando prudente regresar cuando distinguió por entre toda aquella maraña de plantas, un punto brillante. Kaoru se dirigió hacía allá, abriéndose paso por entre las hojas que dificultaban su paso.

Después de avanzar un buen trecho, había llegado a lo que parecía un pasaje para subir a una loma cubierta de flores, levantándose a sus pies un pequeño muro de piedra. Kaoru miró con extrañeza el sitio aquél, puesto que a pesar de estar segura que no haberlo visto jamás, le resultaba bastante conocido.

¿Seguir de frente o volver? se preguntó, indecisa.

Bajó la mirada. Allí, casi a sus pies, una extraña y hermosa flor blanca atrajo su atención. Le dio mucha pena arrancarla de su lugar así que se limitó a mirarla.

A mirarla.

Mirarla.

Y seguir mirándola.

Los ojos de la chica, fijos en la planta, observaron algo que no habían visto en un principio.

Manchas carmesí adornaban la flor aparentemente inmaculada.

Manchas carmesí… como…

Kaoru asustada, rápidamente se incorporó. Empezaba a inquietarse sin saber de qué.

Retrocedió lentamente sin voltearse hasta que chocó con algo.

Era ELLA otra vez.

Kaoru se volvió sobre sus pasos, y comenzó a alejarse rápidamente. Sus pasos eran cada vez más rápidos, hasta que echó a correr. Tenía que evitar cualquier contacto con esa cosa que la enfermaba; quería irse de ese lugar, pero sobre todo quería huir de ELLA.

Que se vaya, que se aleje, que desaparezca…que se vaya, que se vaya, por favor, por favor, por favor susurraba la pelinegra como una oración.

Con el rabillo del ojo miró al piso.

Una sombra aparte de la suya la acompañaba.

Kaoru, no quiso mirar atrás… sabía perfectamente de quién era esa sombra.

¡VETE POR FAVOR!

Una chica, muy parecida a ella, estaba cerca a ella . Sus ojos celestes casi blancos brillaban de ira.

¡Tú me abandonaste! ¿Por qué deberías ser feliz cuando yo no lo soy?

¡Aléjate de mí! ¡Maldita sea vete de aquí! gritó Kaoru mientras corría, intentando tragarse su miedo. Pero las fuerzas parecían abandonarla, ella a pesar del esfuerzo, iba a su pesar, más despacio y no podía evitar como la sombra fatal se acercaba cada vez… cada vez más cerca, hasta sentir su helada respiración.

Sus largos dedos tocaron su hombro.

Kaoru despertó antes que ella misma se atrapara… ¿No era así?


Kaoru se sorprendió al ver lo arriba que estaba el sol. ¿Qué hora sería? Intentó incorporarse, pero se sentía tan débil que cayó de nuevo sobre el futón. Cerró los ojos por un momento, respirando profundamente, tratando de ordenar sus ideas que fluían alocadas por su mente.

Últimamente esos sueños se repetían con bastante frecuencia… Tal vez sería una buena idea evitar dormir… Quizás descansar con los ojos cerrados sería lo mejor.

Lo mejor…

Sería descansar…

Descansar para siempre ¿verdad Kaoru? una voz aterradoramente conocida, susurró al tiempo que sentía como si una mano helada le tocaba la frente.

— ¡Suéltame! — gritó la kendoka. Abrir los ojos, levantarse a medias y dar un manotazo para alejar aquella mano, fue cosa de segundos.

— ¡Señorita Kaoru, tranquilícese! — dijo Kenshin, el cual estaba sentado sobre el piso de madera, sosteniéndose con sus manos para no caer. La chica reaccionó a su voz y volteó hacia él, reparando que tenía entre sus manos un paño húmedo. Suspiró aliviada, comprendiendo el por qué había sentido aquel frío contacto.

— Ah… eras tú, Kenshin — dijo la chica, tumbándose nuevamente en el futón, mientras cerraba los ojos. Estaba muy cansada. — Lo siento mucho…yo... no quería…

— No se preocupe, señorita Kaoru. Lo importante es que usted…— Quería decir 'lo importante es que usted esté bien', pero se interrumpió, porque ella definitivamente no estaba para nada bien.

— ¿Qué pasó? — preguntó ella, al parecer sin darse cuenta de nada.

— Ah… bueno… pues cuando estuvo listo el desayuno, fui a avisarle. Pero como usted no respondía Yahiko entró a su dormitorio y la encontró desmayada encima del futón. Sanosuke fue a buscar al médico y Yahiko fue al dojo Maekawa para avisar que hoy no iría y…

—¡Pero ese muchacho está loco! ¡Tengo que ir a trabajar! ¡No puedo darme esos lujos ahora que estamos sin dinero! — le interrumpió Kaoru incorporándose rápidamente y dirigiéndose a un armario en donde guardaba sus ropas de entrenamiento, ante la mirada seria y triste del pelirrojo.

— Usted necesita descansar… no puede ir así… en ese estado…

— ¿A qué te refieres, Kenshin?— respondió ella, dándole la espalda sacando el traje de kendoka.— Oh, vamos, estoy muy bien—

Kenshin alzó una ceja.

— Entonces ¿Por qué se desmayó?

Ella volteó por un momento, mirándolo con fijeza. Después se volvió.

— No me desmayé. Me quedé dormida, es todo. — Kenshin meneó la cabeza.

— Yahiko intentó despertarla pero usted no respondía.

— ¿Ah sí? Bueno, a eso se le llamará 'sueño profundo'.

— Pero, Sano y yo creemos que…

— Kenshin, por favor. ¿Podrías retirarte? Me voy a cambiar — dijo ella sonriéndole extrañamente. Kenshin se sorprendió. Su sonrisa parecía decir "fin de la cuestión". Sin embargo, quiso probar suerte otra vez.

— Pero usted no está…

— Kenshin, que necesito cambiarme — en su voz había un tono de súplica, enojo y cansancio. Pero sobretodo un tono que le advertía las consecuencias si seguía hablando. El espadachín, entendió el mensaje y asintiendo levemente dejó el cuarto. Sin embargo antes de irse le dijo:

— Si necesita algo o si no se siente bien, dígamelo por favor.

— Estoy bien, Kenshin.

El pelirrojo salió, corrió la puerta y se alejó de allí. A Kaoru le pasaba algo y él lo sabía bien. Pero no podía preguntarle. Después de todo, cuando él tuvo problemas jamás dijo nada a nadie, y por lo tanto no podía culparla. Además, ¿Cómo ayudarla? Las únicas personas realmente cercanas a él fueron Maestro y Tomoe y aunque con el primero estuvo más tiempo, éste no le enseñó otra cosa que cocinar y a convertirse en espadachín. Y con su difunta esposa no tuvo esos problemas, debido a que el tiempo que estuvo con ella fue realmente corto, por lo demás era ella quien siempre cuidándolo. Después del Bakumatsu, la poca interacción con la gente, lo tornó un tanto retraído, sonriendo amablemente para sentirse aceptado.

No lo puedo entender…Acabo de dame cuenta que no valgo para esto. Estos últimos años, me he pasado fingiendo amabilidad, pero sin entender a las personas… Me siento tan mal, por no poder ayudarte, Kaoru… Pero aún así no pienso rendirme… No puedo rendirme aún.


Kaoru se cambió rápidamente. ¡Era ya muy tarde! Ni hablar de darse un baño, tal vez cuando regresara del entrenamiento. Lo mejor era alistarse lo más rápido y literalmente volar al dojo.

Después de todo, son sueños… Sólo sueños…Mi vida no debería girar en torno a ellos.

Más tranquila con ese pensamiento, se dispuso a alisar su traje y buscar su peine para arreglar el negro cabello.

Ahora que me acuerdo hoy hay un festival. Llevaré a los chicos allí. ¡Estoy segura que les gustará! Además, es necesario que me disculpe con Kenshin. ¡Es que a veces se pone tan pesado!— se dijo ella, mientras se peinaba distraídamente la larga melena negra...Este cabello es un fastidio…es tan largo… tal vez algún día me lo corte…

La pelinegra se miró al espejo para arreglarse la coleta y de pronto soltó su peine y hubiese gritado si no se hubiese contenido a tiempo.

Allí, en ese espejo, la misma chica que se aparecía en sus sueños, la miraba con ironía.

Acéptame, Kaoru.

Kaoru se volteó temblando, dando la espalda al espejo.

Ahora ya no eres más un sueño… Eres una realidad, una dolorosa realidad.


—¡Ken!... Aquí… estoy… El cabeza de gallo dijo que… la niña… que la niña no estaba bien, ¿qué pasó? — Megumi había llegado, seguida por Sanosuke. Al parecer, habían estado corriendo, porque lucían bastante agitados. Kenshin los vió, confundido, con su escoba, sin saber que excusa poner. Se reprendió a si mismo. Tal vez hubiera sido mejor esperar a Kaoru que despertara y diera su venia, antes de mandar a llamar a Megumi.

— Eh... es que la señorita Kaoru ya se levantó y…

— ¿Megumi? ¿Qué hace aquí? — preguntó Kaoru, ya cambiada, saliendo al patio. Megumi frunció levemente el ceño.

— Estoy aquí por ti, tonta. Sanosuke que dijo que te habías desmayado en la mañana y… ¡pero que haces con eso puesto! —dijo apuntando a la ropa de kendoka. Kaoru se encogió de hombros—¡Deberías estar en tu futón, descansando!

Kaoru la miró con pesadez. Allí estaba otra vez Megumi, la hermana mayor.

— ¡Ah! Por eso… Siento mucho haberle hecho venir por tan poca cosa, Megumi —dijo ella saliendo del lugar — Me retiro.

La doctora la siguió echando chispas.

—¡Tan poca cosa! ¡¿Dices tan poca cosa?! ¡Puedes pensar un poco en…! — Al llegar al patio, Kaoru se volteó y le susurró algo al oído. Megumi asintió un par de veces y la dejó ir, no sin antes recomendarle que tomara bastante leche. Kaoru se limitó a despedirla con la mano y se alejó.

Sanosuke y Kenshin corrieron donde Megumi. La doctora miró a éste último y le dijo.

— Por favor, dale una taza de leche dos veces al día por esta semana. Su desmayo de esta mañana se debió a una pérdida severa de calcio. — Megumi se alisó los cabellos y se dirigió a la puerta — Bueno, Ken, querido, de verdad me gustaría pasar más tiempo contigo, pero ahora es mejor que vaya a ver a mis pacientes. Con permiso.

Megumi se alejó tranquilamente, dejando a los hombres un tanto desconcertados.

— ¿Pérdida de calcio? — se preguntaron los dos a la vez, mirándose confusos. Poco después el pelirrojo recibió un fuerte golpe, que lo cogió desprevenido. Sanosuke levantaba de nuevo su puño, pero esta vez Kenshin se limitó a esquivarlo.

—¡Tú, maldito bastardo! ¡Por qué no esperaste hasta el matrimonio! ¡Cómo pudiste hacerlo...! — Sanosuke se quedó paralizado un instante — ¡Mejor no me lo digas! ¡Pero vas a pagarlo muy caro, tu, estúpido! —Kenshin saltaba con gran agilidad,mientras intentaba procesar que demonios se le había metido en la cabeza al joven luchador.

— ¿Hacer qué? ¡No entiendo nada, Sano!

— ¡Y lo niegas! ¡Kaoru va a ser madre y tú lo niegas!

— Ma…. ¿madre? — Kenshin se paró en seco. Sanosuke por inercia se fue contra él, cayendo los dos al suelo. Sano no perdió el tiempo y sujetó a Kenshin del gi, zarandeándolo.

— ¡Sí, degenerado! ¿No pudiste esperar hasta que se casaran? ¿Qué será ahora de ella?

El rostro del joven espadachín de pronto se puso muy rojo, casi tanto como su cabello, al entender lo que su amigo le decía. Pero al cabo de un momento, se serenó.

— Creo que sé lo que estás pensando... y déjame decirte que no es verdad.

Esta vez fue el turno de Sanosuke de quedarse perplejo.

— ¿He?

— Conozco a la señorita Kaoru y ella evidentemente no tendría esa clase de experiencias antes de casarse. — terminó el joven, parándose y sacudiéndose el polvo de la hakama.

— Pero si el niño no es tuyo… ¿Dé quien es?— preguntó el luchador desde el suelo, mirándolo interrogadoramente. Kenshin suspiró. La estupidez tenia un límite, pero…

— Kaoru-dono no va a tener ningún niño. Lo más probable es que tenga alguna enfermedad leve, y necesite refuerzos. Recuerdo que cuando yo era pequeño, mi Maestro solía decirme que las mujeres, sobre todo las jóvenes, cuando no se alimentaban correctamente, eran presa de desmayos por la descalcificación… O algo así— Kenshin se rascó la cabeza, intentando recordar — … que la crisis duraba una semana… creo.

Sanosuke se paró y extendió la mano al pelirrojo. Éste lo miró, curioso.

— Lo siento, compañero.

Kenshin sonrió.

— No hay nada que disculparse. Después de todo, tú estabas preocupado por la señorita Kaoru. — dijo Kenshin aceptando la mano ofrecida.

— Pero… — dijo Sanosuke, un rato después — Si ella jamás ha sufrido de esas cosas… ¿crees que hay algo más?

— No lo sé, Sano. Realmente no lo sé — respondió el espadachín, mirando distraídamente al portón por donde había salido Kaoru.— Pero te tendré vigilada Kaoru… Se que estás mintiendo… y lo descubriré.


Kaoru se felicitó mentalmente. Había sido una buena idea decirle a Megumi que estaba con su período. Nunca le había pasado, pero sabía de algunas mujeres que se desmayaban por esa razón. Con eso satisfacía la curiosidad de Megumi, de Sanosuke y de Yahiko. Con el único que sabía que no se tragaría eso era Kenshin. Pero ya vería la forma de convencerlo.

Nadie debe saber nada. ÉL mucho menos…La única persona que debe cargar con todo esto soy yo.

Luchaba interiormente consigo misma. Luchaba con su miedo, con ese sentimiento de inquietud que últimamente se estaba apoderando de ella. Sabía que había algo en ella haría su existencia infeliz y alejaría a todos de ella.

Eso me persigue. ¿O tal vez está dentro de mí?

Kaoru se golpeó levemente la frente con su mano derecha. Cerró los ojos y comenzó a caminar sin rumbo, dejándose llevar por su instinto.

— ¡Señorita! ¡Vea por donde camina! — le recriminó un hombre obeso, con el cual había tropezado— sin querer. Por toda disculpa, la chica se inclinó y siguió su camino.

— ¡Oye! ¡Fea! ¿No deberías estar en casa? — gritó desde el otro extremo Yahiko que regresaba del dojo Maekawa. Pero Kaoru no parecía haberle escuchado. Además percibía que aquella persona tenia un aura mucho más agresiva que la de su maestra; por lo que el chiquillo se preguntó si se habría confundido de persona.

-Ya estoy cerca. Me pregunto si podré concentrarme ahora. La verdad es que no me encuentro del todo bien… Si me pasa algo en allí, los chicos no me dejarán en paz. ¿Qué hacer?

— Señorita Kamiya. ¿No debería estar en casa? — pregunto un canoso y venerable señor. La kendoka despertó como de un sueño, y miró al hombre. Éste a pesar que ya no era joven, conservaba aún su vigorosa contextura.

—¡Maestro Maekawa! Me sorprendió bastante, no esperaba encontrarlo en plena calle…

— No debería sorprenderse. Este es el portón de mi dojo…

Kaoru miró atentamente el lugar. Al parecer estaba parada un buen rato. Un leve rubor tiño sus juveniles mejillas.

— Lo, lo, lo siento… yo estaba... yo vine porque…

— Lo sé. Yahiko vino a avisarme. Por favor, no se presione. Sé que ha venido a enseñar, pero es mejor que descanse por un tiempo. Avíseme si necesita algo.

— Gracias, maestro Maekawa. Disculpe las molestias que le estoy ocasionando — dijo Kaoru inclinándose cortésmente.

— Nada de eso niña. Solo ve y descansa. ¿Bien? — Kaoru asintió, haciendo una pequeña reverencia — Y no te esfuerces mucho— le gritó aún el sensei, al ver que la chica se alejaba.

Pero ella ya no lo escuchaba. Tenía pensado tomarse el día libre para descansar y pensar. Tendría que hacer algo para librarse de su problema.


Kaoru estaba parada en el patio trasero de una casa no muy grande. La noche era alumbrada por la luz de la luna llena, la cual se veía reflejada en el filo de una espada.

Una voz rompió el silencio…

¡Muere tú!

Y después sangre…Unos ojos celestes blanquecinos miraban con indiferencia el cadáver de un hombre. Una niña de cabellos negros, de casi 12 años, vestía el traje de kendoka y llevaba en sus manitas una gran espada manchada de sangre. La chiquilla mascullaba palabras sin sentido, totalmente perdida en sí misma. Para suerte de Kaoru, parecía que aquella niña iba a pasar de largo, cuando de repente, la pequeña volteó bruscamente hacía ella.

No creas que podrás escapar de ti… Kaoru.


La muchacha abrió los ojos. Se sentía bastante desorientada. Una parte de ella estaba aún en aquella ¿visión?

Para empezar, ¿cómo había llegado allí? Lo último que se acordaba era que estaba caminando por las calles de Tokio. ¿Qué hacía ella recostada en el tronco de un árbol?

Y sobre todo, ¿Qué había pasado? ¿Qué fue todo? ¿Algo que había recordado? Nunca, desde que tenía memoria había estado en esa situación.

Pero todo era tan terriblemente familiar. La asustaba.

Kaoru recordaba pocas cosas de su infancia. Se acordaba de la risa y el rostro de su madre, de las lecciones de su padre y como ella se entrenaba para llegar a ser una buena kendoka. Recordaba la tenacidad como ella practicaba una y otra vez los golpes que le enseñaba su padre, el dolor que sintió cuando su mamá murió… y el odio que la invadió por ello…

El odio…

Se que mi madre murió de una forma violenta cuando era niña. Unos bandidos la asesinaron frente a mí. Y yo no pude ayudarla, no pude evitar que muera…Por alguna razón, la familia se enojó conmigo… Creyeron que yo había sido la culpable de su muerte. Me odiaron porque no pude defenderla.

¿Pero que demonios querrían ellos que yo hiciese en esos momentos? ¿Qué me matara? ¿Qué la defendiera cuando apenas sabia nada?

Y papá sufrió todo en silencio. Él cargó con la culpa e hizo lo único que sabía: Me dio lecciones de kendo y yo lo acepté. Después de la muerte de mamá frecuentamos cada vez menos a la poca familia que nos quedaba, hasta que nos alejamos definitivamente.

Y luego, de forma extraña, todas aquellas memorias se ven cubiertas como por una nube, para salir los recuerdos de una niñez más madura. Su padre ya no estaba y ella atendía sola el dojo.

Yo sé que no soy la que aparento ser. Sé que en algún momento, decidí dejar a un lado todo y convertirme en otra persona…Por papá, por su honor y para compartir el peso de la culpa, decidí que debida convertirme en una persona perfecta…

Pero hay algo en esto que no encaja. ¿Qué es? — Kaoru, de pronto, salió de sus cavilaciones.

El ruido de las hojas secas bajo el peso del pie, la alarmó. Se paró sigilosamente y miró a diferentes lados. Sentía a alguien rondando el lugar, muy cerca de ella. Con mucho cuidado, sacó su espada de madera y se puso en posición de ataque.

Agudizó su oído, tratando de percibir hasta el menor movimiento. A pesar del silencio, ella podía jurar que venían por su…

— ¡Derecha! — gritó la chica, golpeando efectivamente a alguien con la espada de madera. La persona cayó al piso tirando varias frutas que llevaba consigo. Kaoru apuntó a la figura caída con la espada de madera.

— ¿Quién eres tú? Responde, si no quieres recibir otro golpe.

Una amable voz, que desarmó completamente a la kendoka, le respondió.

— Sólo soy un vagabundo. Perdone si la asusté… no era mi intención. — dijo levantándose un joven moreno de rostro sonriente. La pelinegra lo miró atentamente y tuvo un rápido deja vu. ¿Sería Kenshin? Rápido, se reprochó el haber actuado de forma tan repentina. Aquel joven no parecía ni remotamente peligroso. Sus modales y su lenguaje eran exquisitos, por lo dedujo que era uno de aquellos chicos excéntricos de familias adineradas que se aburren de pronto y salen de sus casas para ver el mundo.

— Discúlpeme, por favor. No debí haber sido tan apresurada — dijo inclinándose.

— Es natural. Usted seguro se sorprendió por estar aquí.

— ¿Y eso cómo lo sabe? — preguntó Kaoru abriendo tremendamente los ojos, sorprendida.

— Yo la traje hasta aquí. Se desmayó en plena avenida.

— ¿Qué? ¿Pe…pe…pero cómo?

El joven sonrió más aún — Ah, bueno… Pues yo caminaba delante de usted cuando sentí un ligero peso en mi espalda. Cuando mire atrás, usted estaba recostada detrás de mío. Así que lo único que pude hacer era traerla a un lugar donde estuviera libre de personas y esperar que con el aire fresco se reanime. ¡Y por lo visto sí que resultó!

Kaoru miraba confusa al joven. Sus manos se entrelazaban nerviosas, mientras su mente buscaba una disculpa para el amable muchachito.

— Discúlpeme nuevamente, vagabundo. No encuentro las suficientes palabras para expresar mi pena y mi agradecimiento por todo lo que ha hecho…

— ¡Oh, no vale la pena! Es lo que cualquier persona haría — dijo sentándose — Eso sí, sería mucho mejor, que yo vaya a su casa para que alguien de su familia la venga a recoger. No es bueno que vaya desmayándose por allí…

—¡No! — la voz de Kaoru le interrumpió abruptamente. El chico dejó de sonreír para mirarla con curiosidad.

— ¿Acaso no tiene parientes?

— Mi padre murió hace mucho tiempo. Ciertamente él era mi única familia... Vivo junto a mi pequeño discípulo y unos amigos en mi dojo… Pero, por favor, no vaya a avisarles. De seguro se preocuparán bastante.

— Pues yo creo que si no les avisa, será mucho peor. Tiene un día completo aquí. Ayer por estas horas usted se desmayó y siguió durmiendo hasta ahora.

— ¡Qué! — La muchacha no lo creía. Más de un día fuera de la casa. Ahora si que la había hecho. De seguro Kenshin y los demás estarían por toda la ciudad buscándola…

La desconcertó la despreocupada risa del chico. Lo miró fastidiada al ver que él no comprendía la gravedad de su problema.

Pero él era un desconocido. ¿Por qué se fastidiaba tanto el que no pudiera entenderle?

— Vaya, vaya. Pierda cuidado. Usted lleva apenas unas cuantas horas aquí. ¿No ve que está atardeciendo? Si lo prefiere, puedo acompañarla hasta que regrese a su casa.— dijo ya completamente serio.

Kaoru lo miró de nuevo. Ahora los ojos de aquel muchachito la miraban como investigándola. Y sin pensar casi, le preguntó:

— ¿Nos conocemos?

El moreno sonrió nuevamente, levantándose.

— No lo creo… Y bien, ¿está lista? Será mejor ir despacio.

— Estoy bien. Gracias de todas maneras por acompañarme. — replicó ella, levantándose pesadamente. Sentía un poco adormecidas sus piernas, así que le costó trabajo mantenerse en pie.

— ¿Vamos?

-Emm…sí…A propósito, ¿Cuál es su nombre?

— Sou…Él pareció vacilar por un momento, mientras su rostro se tornaba pensativo. Kaoru ya le iba a decir que se olvide de la pregunta cuando éste respondió. — Hisashi Seta… ¿Y el suyo?

— Kamiya Kaoru. — Apenas dijo esas sencillas palabras algo le pasó. Era como si una corriente eléctrica atravesara su cerebro, como advirtiendo que ya había pasado antes. ¿Otra vez un deja vù? Ella estaba segura de no haberlo visto nunca, pero…

La mayor parte del trayecto, la pasaron en silencio, hablando Kaoru de vez en cuando para indicar el camino. Sin embargo, la joven se sentía extraña. Algo en su interior luchaba por salir, como un recuerdo ya olvidado de algo que aun no acertaba a comprender.

— Señorita Kaoru, ¿No nos estamos pasando? — preguntó la voz amable del joven.

— ¿Eh? — La pelinegra se dio cuenta que estaban ya al frente del dojo.

—Bueno, creo que aquí no habrá dificultades. Gusto en conocerla y hasta pronto.

— ¿No le gustaría pasar? Quisiera agradecerle por…

— No es necesario. Soy un vagabundo ¿recuerda?

Kaoru sintió mucho el que no aceptara. Iba a insistir cuando escuchó la voz de Kenshin llamándola.

— ¡Señorita Kaoru! Al fin regresó – dijo él, yendo a su encuentro con una expresión de ¿alivio?

— Kenshin…— la joven se dirigió hacia él con una sonrisa — Kenshin, estoy en casa.

Al encontrarse, éste la observó detenidamente. Después puso la mano en la frente de la joven y movió la cabeza negativamente.

— ¿Ha ido a dar clases en el dojo Maekawa?

— N...no. El maestro Maekawa o que era mejor que me tomase el día libre y fui a descansar al rio. Me pasé toda la tarde allí. ¿Por qué?

— Eso lo explica todo. Acompáñeme. Tiene fiebre.

Kaoru se tocó la frente con la mano. Kenshin tenía razón. Debía estar ligeramente afiebrada, pero no era para tanto. Además le había prometido al joven Soujirou que…

¡De verdad! Se había olvidado completamente de su amigo. Sin escuchar lo que decía el pelirrojo volteó hacia atrás, para invitar a Seta-san a entrar al dojo. Pero éste parecía haberse evaporado. ¿Cómo se había ido tan rápido?

Kenshin también miró hacia donde estaba Kaoru. No había nadie. Y aunque escaneaba el lugar, en busca de un elemento extraño, no percibía otra presencia.

— Venga, por favor. La señorita Megumi que debería darle un poco de leche, pero por lo visto hay que bajar primero esa fiebre. Debería recordar que estamos en otoño y no es bueno descansar por sitios frescos…

— Pero…

Kenshin se la llevaba casi a rastras al interior del dojo. Kaoru seguía insistiendo con mirar atrás y decir incoherencias acerca de un chico que estaba parado junto a ella.

— Al menos, parece mejor que en la mañana. De verdad me alegro… -se dijo Kenshin – Sin embargo, será mejor que la mantenga vigilada. Yo también quise solucionar mis problemas por mi mismo y no es la mejor opción. Además… ella fue el lazo que me ató a la cordura… y la luz que ilumino mi oscuridad. No permitiré que esa luz se extinga… jamás…

-_-_-_-_-_-_ FIN DEL SEGUNDO CAPITULO -_-_-_-_-_-_-_-

Capítulo siguiente: ¿Dónde está tu corazón?

Muchas gracias a todos ustedes por leer. En especial a las siguientes personas que muy amablemente me dejaron sus comentarios. Es algo que realmente agradezco de todo corazón:

moonlight: Es verdad, Kaoru no es simplemente una chica gritona, creo que ella es mucho, mucho más.

gabyhyatt: Muchísimas gracias por el interes mostrado y por tu opinion

cindy-jhonny: De verdad, muchas muchas muchas pero muchisimas gracias. Me siento realmente feliz que una tan buena escritora deje un review a este fic de alguien que recien empieza en este mundo. En cuanto a tus dudas, pronto se esclareceran. Espero que sigas leyendo!

Mariela: Kaoru tambien es uno de mis personajes favoritos...Esa chica es realmente unica, fuerte y dulce a la vez. Por eso que a veces no me cuadra cuando se pone en el papel de simple compañera de Kenshin... Creo que ella es un universo que debe ser explotado. Grcias por tu comentario!

Aynatcristal: Hola! Antes que nada quiero agrdecerte por tus lindos deseos. Te tendre siempre muy en cuenta con mucho cariño ya que fuiste la primera que me escribió... Espero no defraudarte en esta actualizacion y mis sinceras disculpas por tanto tiempo de espera. Ojala que lo hayas disfrutado!

Hace días me pasaron unas copias de una crítica un tanto novedosa sobre Rurouni Kenshin… En realidad no era una crítica, sino una especie de nueva visión de los personajes que a mi parecer fue muy graciosa… Es una lástima que no pueda escribir el articulo, por cuestiones de derecho de autor, etc., etc., pero averiguaré el nombre de la revista para que puedan leerla…

Me sorprendió mucho la manera que han acogido este fic, me ayuda a seguir adelante. He hecho lo mejor que he podido este capitulo, quiero definir bien la personalidad de Kaoru. No quiero que la vean como una enferma mental o cosas como esas. Simplemente trato de darle la imagen de una chica que tiene fuertes traumas que aún no le es posible superar.

Lamento el no actualizar tan rápido como otros autores, el problema es que tengo ciertas restricciones con el uso de la computadora y solo puedo usarla de noche o los domingos muy de mañana. Sin embargo haré mi mejor esfuerzo y espero seguir con el siguiente capitulo tan pronto como pueda.

¡Gracias!