Durante toda la tarde, Terry no pudo dejar de pensar en su hermoso ángel blanco, aunque en un principio, él estaba bastante enojado por lo que le había sucedido, ahora veía las cosas con actitud positiva, después de todo, gracias a ese disparo, él había conocido a su encantadora enfermera.
La noche de su accidente, Terry había ido a un bar con Stear, su mejor amigo de toda la vida, y con Paty, la novia de Stear. Terry y Stear, se conocían desde que eran unos niños, los padres de ambos, tenían sus respectivas villas en una pequeña ciudad de Escocia, donde vacacionaban cada verano. El resto del año, los dos estudiaban en el Real Colegio San Pablo, donde tenían habitaciones contiguas.
Fue en el colegio San Pablo donde Stear conoció a Paty, ellos iniciaron su noviazgo cuando tenían quince años, un mes atrás, habían celebrado su onceavo aniversario. Después de tantos años de relación, lo único que Paty deseaba, era que Stear le propusiera matrimonio de una vez por todas, mientras que lo único que Stear deseaba, era poder disfrutar su libertad un poco más de tiempo.
Una vez que salieron del bar, los tres caminaron por la avenida hacia el estacionamiento, Stear se dio cuenta de que había olvidado su cartera en la mesa, así que se regresó a buscarla. Terry y Paty lo esperaron en la esquina de la calle, los dos estaban platicando de cosas triviales, cuando vieron a un sujeto acercarse a ellos, él actuaba de manera muy sospechosa.
El hombre sacó su pistola y encañonó a Paty, después le dijo a Terry que le entregará todos sus artículos de valor, Terry no dudó en hacer lo que el ladrón le ordenaba. Cuando el hombre bajó la pistola para tomar el dinero, Terry intentó quitársela, ambos forcejearon por varios minutos, hasta que, accidentalmente, la pistola se disparó justo en el pie de Terry.
El ladrón se asustó y salió corriendo, en ese momento, Paty comenzó a gritar por ayuda. Stear escuchó el disparo y los gritos de Paty, asustado, se dirigió rápidamente hacia donde estaban ellos, al ver a su amigo sangrando, él corrió hacia un teléfono público para pedir una ambulancia. Cuando la ambulancia llegó, Paty se subió con Terry y lo acompaño hasta el hospital. Antes de que metieran a Terry a la sala de urgencias, la enfermera le preguntó a Paty que cuál era su parentesco con él, ella dijo que era su novia.
Esa misma tarde, Candy se quedó trabajando más tiempo del que debía, a las seis de la tarde se despidió de su compañera del turno vespertino y se fue a los dormitorios, al llegar a su cuarto, se metió directamente a la ducha y se dio un baño rápido, después tomó una pequeña siesta. Ella se levantó a las 8 de la noche, tenía mucha hambre, así que fue a la misma cafetería de la noche anterior a comer algo, por un momento recordó a Terry, supuso que él debía sentirse muy solo en ese cuarto.
Candy llamó al mesero y le pidió dos hamburguesas para llevar, una vez que le dieron su pedido, regresó al hospital y entró a los dormitorios, se escabulló en la sala de recuperación sin ser vista y antes de llegar a la habitación 301, miró hacia todos lados, para asegurarse de que nadie estuviera cerca. Después de unos segundos, se decidió a entrar.
- Buenas noches Terry - Le dijo a su paciente, una vez que estuvo dentro de la habitación.
Terry estaba a punto de quedarse dormido cuando escuchó que alguien abría la puerta, al oír la dulce voz de Candy, abrió los ojos rápidamente. Él vio a Candy recargada en la puerta y le sonrió, ella lucía mucho más hermosa que en la mañana, si es que eso era posible.
Candy llevaba puesto un suéter blanco con cuello de tortuga, un pantalón acampanado de color azul y unas bonitas zapatillas que combinaban con su suéter. Ella traía suelto su hermoso cabello rizado, el cual le llegaba hasta la altura de los hombros, lo llevaba adornado con una ballerina floreada.
- Hola Candy, qué sorpresa verte aquí, a esta hora...
- Me acordé de que estabas solo y decidí hacerte compañía, te traje algo de cenar, sé lo mala que puede ser la comida de un hospital.
Terry no podía dejar de sonreír, él veía a Candy con fascinación - Muchas gracias Candy - Le respondió.
- De nada.
Candy le entregó a Terry su hamburguesa y después se sentó en el sillón que estaba al lado de la camilla. Ambos comenzaron a platicar.
- ¿De dónde eres Candy? Tú acento es... diferente... - Preguntó Terry.
- Soy norteamericana, vengo de Chicago.
- Ah, qué bien, mi madre también es norteamericana, pero ella nació en Nueva York.
- Yo nunca he ido a esa ciudad, pero dicen que es hermosa.
- Yo solo he ido un par de veces, pero para serte sincero, prefiero vivir aquí.
- ¿Tú naciste aquí?
- Sí, aunque pasé casi toda mi niñez en Escocia. Pero dime, ¿qué te trajo hasta Londres?
- Me ofrecieron una beca para estudiar técnicas quirúrgicas en éste hospital. Voy a estudiar y trabajar por un año, si logró sobresalir de entre todas las becarias, tal vez consiga una plaza de trabajo aquí.
- Rogaré para que así sea - Contestó Terry sin pensar, al darse cuenta de su respuesta, se puso completamente rojo.
- Gracias, que lindo - Le respondió ella sonriendo.
En ese momento, Candy escuchó que alguien se acercaba, rápidamente se levantó del sillón y corrió a esconderse en el baño. Terry solo tuvo tiempo de esconder su hamburguesa debajo de la sábana, antes de que la enfermera del turno de la noche llegara.
La enfermera entró sin decir una palabra, administró algunos medicamentos en el suero de Terry y después se dio la vuelta, antes de salir, observó cuidadosamente a su paciente.
- ¿Soy yo, o el cuarto huele a hamburguesa? - Le preguntó ella.
- Yo no… percibo ningún olor - Respondió Terry.
Ella lo miró con desconfianza, segundos después, la enfermera salió de la habitación. Candy salió del baño un par de minutos después.
- Creo que lo mejor será que me vaya, si me descubren aquí y se dan cuenta de que te traje comida, me puede ir muy mal. Nos vemos mañana - Dijo Candy.
- Hasta mañana Candy, que descanses. Ah, y muchas gracias por la hamburguesa, está muy rica.
- Hasta mañana... Descansa.
Candy salió con cuidado y se dirigió de nuevo al dormitorio, se cambió de ropa y se durmió, esa noche soñó con Terry. A la mañana siguiente, Candy se fue muy temprano, a su clase matutina, una vez más, el tiempo se le pasó volando, al salir de sus clases, fue a visitar a su paciente favorito, él la esperaba con impaciencia. Al verla entrar, Terry sintió que su corazón latía a mil por hora, trató de ocultar su sonrisa, pero no pudo, parecía que los músculos de su cara se negaban a obedecerle.
- Buenos días Terry - Le dijo ella, devolviéndole la sonrisa.
- Hola Candy, ¿cómo estás?
- Muy bien y tú... ¿cómo amaneciste hoy?
- Excelente.
- Al parecer, hoy si se te van a permitir las visitas.
- Que bien, aunque bueno, gracias a ti, ya no me siento tan solo... - Le dijo él, guiñándole el ojo, Candy no pudo evitar sonrojarse.
Ella iba a sacar su termómetro para tomar la temperatura de Terry, cuando escuchó que la puerta se abría de golpe, una joven regordeta de cabello castaño y con lentes, entró rápidamente.
- Eres un cabeza dura, un inconsciente, por poco haces que me muera del susto, no sabes cómo te odio...
La chica abrazó a Terry y comenzó a besar su mejilla, Candy se preguntó si ella era su novia, recordaba que el día que sus compañeras hablaban de Terry, una de ellas mencionó que él iba acompañado de su novia, cuando ocurrió el accidente. Candy se le quedó viendo a la chica por un momento, aunque era simpática, definitivamente desentonaba con él.
- Tranquila Paty - Le respondió él, apartándola rápidamente, no quería que su hermosa enfermera malinterpretara la situación.
Paty lo miró confundida, Terry y ella eran muy buenos amigos, desde hace mucho tiempo y él siempre aceptaba con gusto todos sus mimos. Al alzar la mirada, Paty vio a Candy observándola, ella pudo notar que Candy era una mujer muy guapa y entendió por qué Terry había actuado de esa manera con ella.
Al saberse descubierta, Candy se volteó rápidamente, luego siguió buscando su termómetro y se dio cuenta de que lo había dejado afuera, caminó hacia la puerta y cuando iba a salir de la habitación, se topó con otro muchacho. Él era un joven de cabello negro y corto, a pesar de traer puestos unos anteojos bastante gruesos, se notaba que tenía unos bellos ojos color café claro, él le sonrió dulcemente.
Candy se movió a un lado para poder pasar, él también se movió hacia el mismo lugar, Candy se movió en sentido contrario y él la imitó sin querer.
- ¿Bailamos? - Le preguntó ella.
El joven se sonrojó completamente y se apartó para que Candy pudiera pasar, después volteó a ver a Terry y, aprovechando que Paty estaba distraída, le hizo una seña dándole a entender que Candy era muy guapa, Terry asintió con la cabeza. Candy regresó a los pocos minutos y se acercó a Terry para colocarle el termómetro, mientras lo hacía, el joven de lentes no la perdía de vista. Paty se dio cuenta de la forma en que su novio miraba a la enfermera y decidió intervenir.
- Stear, mi amor, ¿por qué no vienes aquí conmigo? - Le dijo ella, Stear despertó de su trance y se acercó a su celosa novia.
Algunos minutos después, un tercer joven entró a la habitación, él era bastante guapo, tenía el cabello castaño claro, el cual le llegaba a la altura de su cuello y sus ojos eran color miel. El joven lucía muy elegante, además de que olía muy bien.
- Vaya Grandchester, siempre sospeché que eras un idiota, pero antier me demostraste que en verdad lo eres...
- Púdrete Archie...
- "Pudrete Archie" - Dijo el joven elegante, burlándose de Terry -El único que se iba a pudrir aquí, eras tú, si esa bala en lugar de haber caído en tu pie, hubiera caído en otra parte de tu cuerpo. Ya no sé si eres valiente o estúpido.
Terry le hizo una seña obscena con el dedo medio y Archie lo imitó.
Archie era el hermano menor de Stear y también era un gran amigo de Terry. Él tenía la misma edad que Terry y disfrutaba enormemente de hacerlo enojar. Aunque Archie nunca se atrevería a admitirlo públicamente, él quería a Terry como si fuera su hermano, ya que los tres habían crecido juntos.
Terry, Archie y Stear, compartían un departamento muy cerca del hospital. La noche en que le dispararon a Terry, Archie se encontraba teniendo relaciones con una de sus muchas conquistas, cuando Stear le habló y le contó del accidente, Archie despachó a su acompañante y se dirigió rápidamente hacia el hospital, donde esperó por horas, junto con su hermano y Paty, por alguna noticia de su amigo.
La belleza de Candy no pasó desapercibida para el elegante joven, ella se encontraba tomando la presión de Terry. Él comenzó a observarla fijamente, como si la estuviera desnudando con la mirada, Candy se dio cuenta y se sintió muy incómoda.
- ¿Podrías dejar de mirarme de esa manera? – Le ordenó Candy a Archie.
- ¿Disculpa? - Respondió él.
- Que si puedes dejar de mirarme de esa manera...
Archie se sintió apenado – Discúlpame, nunca quise incomodarte, es solo que eres muy hermosa.
- Te agradezco el cumplido, pero por favor, no vuelvas a mirarme así - Le dijo ella, después siguió trabajando sin prestar mucha atención a los amigos de Terry.
- Intenté localizar a tu mamá, pero nunca me contestaron en la villa, ni tampoco en su departamento – Le dijo Stear a Terry.
- Mis padres están de viaje, en un crucero por el caribe y no van a regresar hasta dentro de dos meses, cuando empiece la nueva obra de teatro de mi madre. Para cuando ellos vuelvan, yo ya voy a estar caminando como antes.
- No lo sabía.
- Se me había olvidado comentártelo, de hecho el día que se fueron, me dijeron que te mandaban saludos.
Una vez que Candy terminó de curar la herida de Terry, salió de la habitación sin decir nada. Terry aprovechó para hablar con Archie.
- Sí que eres depravado Cornwell, como se te ocurrió mirarla de esa manera tan obscena - Le dijo Terry.
- ¿No me vas a negar que esa nena está guapísima?
- No lo niego, pero no por eso voy a violarla con la mirada.
Archie comenzó a reír - Bueno, no importa, no creo volver a verla en mi vida.
Una vez que sus amigos se fueron, Terry esperó a que Candy regresara, antes de que ella se fuera a los dormitorios, pasó a despedirse de Terry.
- Ya me voy a descansar, nos vemos mañana – Le dijo Candy.
- Pensé que tal vez podrías venir en la noche, a hacerme compañía, como ayer…
- Me gustaría, pero es muy riesgoso.
- Después de las 11, ninguna enfermera viene a verme.
Candy comenzó a reír – Sí, pero después de las once, yo ya estoy dormida, ya que tengo que levantarme a las 5 de la mañana.
Terry agachó la mirada y se quedó en silencio.
- Veré si puedo escabullirme un rato, pero no te prometo nada – Le dijo Candy.
Terry volvió a sonreír – Gracias Candy.
Después de despedirse de Terry, Candy se fue a su cuarto y se durmió, se levantó a las nueve de la noche y fue rápido a la cafetería por algo de comer, ya que sabía que el restaurante cerraba a las diez, volvió a pedir comida para dos y se regresó de nuevo a su cuarto. Ella se metió a bañar, después se vistió y se puso un vestido corto, sobre el cual colocó un pequeño suéter. Cuando dieron las once, se dirigió de nuevo al cuarto de Terry, él la esperaba despierto.
Una vez más, el quedó fascinado con la visión que tenía enfrente de él, esta vez, Candy tenía el cabello sujetado en una trenza, la cual adornó con una flor, que puso casi al lado de su oreja. El vestido que traía puesto, dejaba al descubierto sus hermosas piernas, de no ser porque estaba incapacitado, Terry se hubiera abalanzado sobre ella en ese mismo instante.
Después de que Candy le entregara su comida a Terry, los dos platicaron por casi dos horas, Candy le habló sobre su vida en América, le dijo que era huérfana y le contó lo mucho que había tenido que esforzarse para poder salir del orfanato y superarse. Terry sintió mucha admiración por ella y un poco de vergüenza por él, ya que él nunca había tenido que esforzarse por nada en la vida, todo le había sido entregado en charola de plata.
Richard Grandchester, el padre de Terry, era un hombre de negocios muy importante en Londres, en uno de sus viajes a Nueva York, había conocido a Eleanor Baker, una actriz principiante que soñaba con ser famosa. Los dos se enamoraron y pocos meses después se casaron. Richard se llevó a Eleanor a vivir a Londres, donde impulsó la carrera de ella, convirtiéndola en una de las actrices de teatro más reconocidas de Inglaterra.
Terry nació algunos años después, su infancia había sido bastante solitaria, su madre salía de gira con frecuencia y su padre salía de viaje de negocios varias veces al mes. Terry siempre se quedaba en la villa escocesa al cuidado de los sirvientes.
Candy miró su reloj y se dio cuenta que ya era la una de la madrugada – Ya es hora de irme, es tarde y ni siquiera sentí como se nos pasó el tiempo.
- El tiempo se pasa volando cuando tienes una buena compañía… - Respondió Terry, mientras rozaba levemente la mano de Candy con sus dedos. Ella no supo cómo reaccionar, lo único que pudo hacer, fue tomar sus cosas y salir lo más rápido posible de ahí, llegando a su cuarto, Candy se avergonzó de su estúpida reacción.
Sus encuentros nocturnos continuaron hasta que dieron de alta a Terry, casi una semana después de haber ingresado al hospital. Un día antes de que él se fuera, Los dos se quedaron platicando hasta la madrugada, ambos podían sentir en su corazón, como crecía una nueva ilusión.
CHICAS LINDAS, MUCHAS GANAS POR RECIBIR TAN BIEN MI NUEVO FIC, CUANDO TERMINÉ DE ESCRIBIR "SI NO TE HUBIERA CONOCIDO", PENSÉ EN SUBIR ESTA HISTORIA, PERO AL FINAL ME DECIDÍ POR "EL SECRETO DE PRISCILLA"
EN ESTE FIC, CANDY VA A TENER UNA PERSONALIDAD UN POCO DIFERENTE A LA QUE HA TENIDO EN MIS OTRAS HISTORIAS, AL IGUAL QUE STEAR, QUE JUGARÁ UN PAPEL MUY IMPORTANTE EN TODA LA TRAMA Y AL FINAL DARÁ MUCHAS SORPRESAS… LAMENTO NO PODER COMENTARLES MÁS, YA POCO A POCO VERÁN A QUE ME REFIERO.
YO SÉ QUE NO LES HE CONTESTADO SUS COMENTARIOS DE "EL SECRETO DE PRISCILLA", EN UNOS DOS DÍAS, PLANEO HACER UNA HOJA DE AGRADECIMIENTOS COMO LO HICE CON MI HISTORIA ANTERIOR. LES AGRADEZCO INFINITAMENTE SUS COMENTARIOS Y LES MANDO UN SALUDO MUY AFECTUOSO.
GRACIAS, MUCHAS GRACIAS… :)
