Mi deuda, tu cobro
Aviso: Este fanfic es shounen ai. Sé que en el anterior capítulo prometí un poco de lemon, pero… ¡ se me está resistiendo! Así que paciencia, que todo llegará.
Muchas gracias a las que me habéis enviado reviews, y a las que no, pero lo habéis leído….tambien!
Espero que lo disfrutéis.
Capítulo 2. Tu cobro
Llego a mi casa exhausto y casi sin aliento. La carrera bajo la lluvia se ha cobrado un alto precio…ya noto como la fiebre empieza a nublar mis sentidos. La ropa se pega a mi como una segunda piel y casi no puedo respirar…en este estado no sé si seré capaz de llegar hasta la cama.
Me deslizo lentamente por el pasillo. Mis brazos no responden y mis piernas son incapaces de mantenerme en pie. Parece como si la decisión tomada hubiera acabado con mis ganas de vivir, como si después de él ya no quedara nada por lo que seguir luchando. Doumeki se ha quedado con más de lo que podía darle y sin embargo no era lo suficiente que se merecía.
Dejando de luchar contra la gravedad, caigo de rodillas al suelo y mis manos no pueden parar el resto del cuerpo. Siento un líquido caliente recorriendo mi cara, allí donde se han clavado los cristales de las recién destrozadas gafas. Ni siquiera el sabor metálico y espeso de la sangre me devuelve a la realidad.
Tendido en el suelo me doy cuenta de que mañana seré incapaz de volver al instituto. Pero bien pensado… no sé si vale la pena. Lo único que me impulsaba a seguir allí eran él y ella. Aunque de un tiempo hacia aquí, solo era él. Él y su profunda mirada, él y sus palabras silenciosas que tanto me costaban descifrar. Supongo que se preocupará por mí, aunque, después de mi actitud de hoy, no sé si querrá volver a verme. Quizá sea lo mejor. Que después de un tiempo de rencor, me olvide para siempre y sea capaz de buscar a alguien mejor que yo, de encontrar la felicidad.
Quizás Yuuko también se de cuenta de mi ausencia cuando se encuentre rodeada de su propia inmundicia, sedienta y famélica. Me pedirá que vuelva, pero esta vez me negaré. No pienso volver a ser su fiel perro nunca más. Se acabó la tontería. Voy a desparecer para todos y voy a realizar la función para la cual estoy destinado: la de atraer a los espíritus para que no dañen a los demás. Mi destino, lo inevitable a lo que siempre se refiere Yuuko, es ser un sacrificio humano… e intentaré durar lo máximo posible. Quizá hasta que algún ente particularmente macabro decida darse un banquete con mis enjutos huesos.
El chirrido de la puerta de entrada abriéndose me saca de mis ensoñaciones pesimistas. Con el cansancio y la fiebre me he olvidado de cerrar bien la maldita puerta vieja. Genial, tantos problemas con lo sobrenatural para morir finalmente a manos de un asesino mediocre. No hay justicia en este mundo. Me volteo sobre mi mismo con dificultad, tratando de adivinar el rostro del recién llegado entre las sombras, pero resulta inútil. Sin gafas soy incapaz de ver más allá de mis narices.
Unos pasos humedos se acercan hasta mí. Mi cuerpo exhausto espera lo peor: un golpe, una patada, una cuchillada…incluso un balazo entre ceja y ceja. Cierro los ojos esperando lo inevitable. El sonido es cada vez más próximo, en tres pasos me habrá alcanzado. Veo como dos manos se acercan a mi cuello y presiento que esto es el fin. Pero las manos pasan de largo y me acarician el rostro con ternura. Con una delicadeza que no sentía desde hacía mucho tiempo. Atónito, intento enfocar mi nublada vista, intentando adivinar rasgos y facciones.
Eres tú, el que nunca se da por vencido.
- Doumeki…
- Eres un estúpido, Kimihiro. – me increpa con voz suabe – Si no llego a venir, quién sabe si mañana serías capaz de ponerte en pie.
Lo ha vuelto a conseguir. Vuelvo a sentirme la más pesada de las cargas que alguien puede soportar. Como respuesta obtiene el más obstinado de mis silencios. Estoy tan agotado que no puedo ni luchar conmigo mismo. Remordimientos, ansiedad y miedos se esconden en alguna parte de mi cabeza latiente. Vuelvo a cerrar los ojos, disfrutando de la sensación de aquellas manos cálidas que aun se posan en mi fría piel.
De repente siento como la sensación desaparce, dejando paso la ingravidez fruto de unos brazos firmes que me levantan del suelo. Doumeki me arropa contra su pecho, protegiéndome del frío. Oigo el latido de su corazón acompasándose con su respiración, pausada y tranquila. Quizás esta es una de las pocas veces que he conseguido relajarme cerca suyo. Disfruto del momento, quién sabe si a parte de la primera, también es la última.
Domeki me lleva hasta mi dormitorio, impecablemente ordenado. Con suma delicadeza me recuesta sobre la cama y empieza a desvestirme, no sin antes limpiarme el rostro ensangrentado con una toalla humedecida que trae del lavabo. Yo me dejo hacer, consciente de que no es el momento ni poseo las suficientes fuerzas como para negarme a ello. Poco a poco me va desabrochando los botones de la camisa, hasta dejar al descubierto mi torso blanco y delgaducho agitándose fuertemente debido a mi respiración dificultosa.
Luego me desabrocha los pantalones y me los saca junto con la ropa interior. Sus manos son firmes y decididas, no duda ni un instante en sus acciones. Parece como si hubiera hecho esto mil veces antes… la cuál cosa no me extraña en absoluto. Es tan popular, tan increíblemente apetecible, que seguro que por sus brazos han pasado más de una y de uno. Por eso no entiendo que está haciendo aquí conmigo, pudiendo tener a quién sea.
Él también se esta quitando la ropa, hasta quedarse en slips. Siento como un escalofrío recorre toda mi espina dorsal, acentuando aun más el temblor de mi cuerpo. Su cuerpo firme, siempre escondido tras la oscura ropa de instituto o el holgado kimono, revela un bien formado torso, fruto de horas y horas de duro entrenamiento con el arco. Su piel, un poco más morena que la mía, luce reluciente. Dios mío, nunca pensé que llegaría a excitarme tanto ante la visión de un hombre…
Aun así…creo que no estoy preparado, pero tampoco tengo elección. Es mi deuda, es su cobro, y tiene derecho a hacer de mi lo que le plazca. Solo espero que mi cuerpo enfermo y enclenque no le repugne demasiado.
Pero en vez de tocarme o besarme, como mi anquilosado cuerpo esperaba, se tiende a mi lado y me abraza, acunándome lentamente. Noto como su calor me invade y como el temblor de mi cuerpo remite poco a poco. No entiendo nada. ¿Acaso no pensaba cobrar aquello que sus mudos labios pedían a gritos desde hacía tanto tiempo?
- Duerme y descansa Kimihiro – me susurra al oído tiernamente – mañana será otro día.
Mi boca se curva en una imperceptible sonrisa, mi cuerpo se relaja por completo y mis ojos se cierran. Lo último que recuerdo es su suave respiración agitando mis cabellos.
Es muy corto… lo siento!!!! Es que si intento forzarlo sé que me voy a estancar, y por narices que esta la acabo! Intentaré subir el próximo lo antes posible.
Un beso muy grande!
