Hello! Como estan? Yo me estoy congelando, pero que se le va a hacer.
Qué tal se la pasaron en Navidad y Año Nuevo? yo me divertí bastante, a pesar del frió, que al estar conduciendo una cuatrimoto por la carretera me fui por una zanja y que un primo al "tratar" de ayudarme, me termino golpeando mandándome a volar con la moto que él traía (cosa que mis parientes se aseguraran de no olvidar) y muchos problemas escolares (a pesar de que aun no entro a la escuela) fue bastante divertido. Ok, cambiemos a asuntos más alegres por favor y gracias =w=U
Para empezar muchas gracias a kasumi-chi, atsuya fubuki y a Inayaon.2 por sus reviews, a Jaakuna Sakkako por toda su ayuda y un GRAN agradecimiento especial a... La barra de chocolate! sin su deliciosa compañía este capítulo no hubiese salido a flote tan pronto. Muchísimas gracias, jamás te olvidare ;w;!
Y como ya estoy desvariando y no se me ocurre nada más que poner aquí ¡disfruten del capítulo! nos leemos al final ;D
-¿Te duele mucho Shuuya? –preguntó Kazemaru acercándole a su amigo un par de hielos envueltos en un trapo de cocina.
-Pues no me causaste un derrame cerebral, así que creo que estoy bien –contestó Goenji aceptando el pequeño paquete y llevándolo hasta su lastimada cabeza sintiendo de inmediato un frío y reconfortante alivio –. Enserio estoy bien, no eres la primera persona que me da con una maleta en la cara –agregó al ver la expresión acongojada del peli-azul.
-¿Lo dices enserio? –
-Claro ¿recuerdas a mi última novia? –
-¿La pelirroja vanidosa? –Goenji asintió -. ¡Vaya, ese sí debió dolerte! –
Ambos jóvenes rieron deshaciéndose de la molesta tensión que había en la sala rodeándolos.
Ya más tranquilo, Kazemaru tomó asiento en un sofá cercano al peli-crema pensando detenidamente cada palabra sin saber exactamente por donde comenzar.
-¿Por qué no comienzas por el comienzo, Ichirota? –le animó Goenji con una calmada sonrisa que le fue correspondida por su amigo.
-¡Je! Tienes razón –Kazemaru respiró profundo y colocándose al borde del sofá cruzó sus brazos sobre sus rodillas –. Pues justo como te comenté antes, Shirou-kun es el único hijo de la mejor amiga de mi madre y lo conozco desde que tuvo solo cinco horas de nacido. Siempre lo he visto como el hermano que nunca tuve y he cuidado de él lo mejor posible, aunque no fue suficiente… –
Entonces, el alegre tono de voz del peli-largo se llenó de melancolía.
Era un tranquilo día de invierno, once años atrás, el pequeño Fubuki Shirou de 3 años recién cumplidos esa mañana, con grandes ojos llenos de vida y júbilo, jugaba sonriente con su "autonombrado" hermano mayor Kazemaru Ichirota de 10 años, de ojos almendrados y corto cabello azul. Ambos jóvenes corrían felices de un lado a otro por el parque cubierto de nieve. Ese día en especifico la madre del menor le había pedido al joven peli-azul que mantuviese a su hijo ocupado mientras ella le preparaba una fiesta sorpresa por su tercer cumpleaños.
Cerca de medio día y cansados de haber corrido toda la mañana, ambos chicos emprendieron el camino a casa tomados de las manos. Al llegar y apenas abrir la puerta, fueron recibidos por aplausos, silbidos y confeti junto a las alegres voces de sus amigos y familia.
-"¡Feliz cumpleaños Shirou-kun!" –Gritaron todos al unisón sorprendiendo al más joven, que tras ver su casa llena hasta el tope de globos de colores, serpentinas, caramelos y amigos con divertidos gorritos de fiesta, saltó al interior del recinto con una sonrisa de oreja a oreja.
El pequeño reía, saltaba y jugaba lleno de una energía renovada, para él no había un día tan casi perfecto como aquel, y era "casi" porque lo único que le hacia falta a ese día tan especial era el padre del peli-plata, que por cuestiones de trabajo se encontraba fuera de la ciudad y no podría volver hasta varios días después. Shirou lo sabía, por eso se mantenía tranquilo sin hacer berrinche y siempre manteniendo su actitud tan inocente y comprensiva.
Por la tarde se desató una poderosa ventisca, nada parecida a las anteriores y pasajeras nevadas que únicamente cubrían de blanco la ciudad, pero eso no era un obstáculo para la fiesta que continuaba cálida y alegre ajena a las malas noticias que se ocultaban bajo la nieve.
A la mañana siguiente y tras la tormenta, una sola llamada telefónica bastó para que la pequeña familia Fubuki se hundiese en la tristeza.
El día anterior, sin avisar a nadie y con el único propósito de sorprender a su hijo en su cumpleaños, el señor Fubuki se aventuró a viajar por carretera siendo atrapado por la ventisca y sacado del camino, muriendo casi al instante después de estrellarse contra un grueso roble.
La pérdida de su esposo afectó severamente a la señora Fubuki quien entró en una profunda depresión que la alejó de su vida social, personal y, más importante aun, de su pequeño hijo que, sin saber siquiera qué había pasado, se esforzaba para ayudar en todo lo que podía en aquella casa que cayó presa de la oscuridad y el abandono causados por la tristeza.
Kazemaru entonces hizo una pausa en su relato para tratar de relajarse, ya que de un momento a otro pasó a tener una triste faceta. Para el peli-crema ver a su siempre sonriente amigo al borde del llanto le llenaba el pecho de angustia.
¿Cuántas desgracias pueden pasarle a una sola persona?
Sin embargo, Goenji estaba por descubrir que eso era sólo el principio en cuanto el peli-azul volvió a retomar lo que le contaba.
El problema duró cerca de dos años y llegó a tal extremo que servicios infantiles estuvo a punto de separar a Shirou de su madre hasta que ella estuviese en condiciones de cuidarlo apropiadamente. Y se lo hubiesen llevado de no ser por "ese" hombre.
Kumazaki Denji era su nombre. Un hombre grande, de altura y anchura, barba y cabello castaño, ojos verde oscuro y severa mirada oculta bajo unas espesas cejas, junto con una enorme nariz. Aquel hombre era el medio hermano del fallecido padre del pequeño peli-plata, que abogando a favor de la familia obtuvo la custodia del menor evitando que éste fuese a parar a algún horrendo centro infantil, con las únicas condiciones que el menor viviese con su tío mientras su madre asistía a grupos de ayuda.
Al principio llegó como una bendición para la familia, aunque a Kazemaru algo sobre ese hombre no le terminaba de agradar. Como parte del trato con la fiscalía y para mantener una sana comunicación, Shirou debía pasar los fines de semana con su madre, que poco a poco comenzaba a superar su pérdida, y con su "hermano mayor" Ichirota, que sin ser obligatoriamente responsable del pequeño se empeñaba en velar por su seguridad, en especial después del drástico cambio que tuvo el menor tras la primera semana que comenzó a vivir con su tío.
Shirou se veía muy triste y alejaba a todo aquel que se le acercara llamándolos "mentirosos". Considerando el siempre afable carácter del menor esa actitud era algo preocupante y más para Kazemaru que tras escuchar a su hermano menor fue el primero en exigir una explicación.
-¿Qué diablos le hiciste? –exclamó el peli-azul con ira, Kumazaki solo lo miró con indiferencia pasando de largo el reclamo y prosiguiendo con su camino que fue nuevamente detenido por Kazemaru quien se negaba a ser ignorado -¡Responde! –
Con fastidio aquel hombre miró al joven atleta para luego sonreír con cinismo.
-No tengo por qué darle explicaciones a un mocoso como tú, pero si tantas ganas tienes de saber, lo único que he hecho fue decirle la verdad. Que su papá murió el día de su cumpleaños y que viviría conmigo porque su mamá esta tan deprimida que ni siquiera le importa su hijo –
Kazemaru estaba sin habla y con el rostro rojo de ira, sus labios entreabiertos temblaban ligeramente incapaces de pronunciar sílaba alguna. Finalmente, y tras un incómodo silencio, sólo atinó a decir una palabra que se repetía constantemente en sus acelerados pensamientos.
-¡Imbécil! –gritó furioso para después salir corriendo en busca del peli-plata con el único objetivo de explicarle correctamente los motivos por los que no le habían dicho la verdad al pequeño de 5 años.
Le tomó todo el fin de semana, pero al final logró calmar al menor y obtener su perdón. Por desgracia para el peli-azul, con el atardecer del domingo todos sus esfuerzos parecían perder sentido pues Shirou volvería con aquel desagradable hombre que muy probablemente le llenaría la cabeza de tonterías y crueles verdades.
Antes de su partida, Kazemaru se le acercó para despedirse, aprovechando el cálido y fraternal abrazo que mantenía al pequeño entre sus brazos para susurrarle unas cuantas palabras al oído.
-Escucha Shirou-kun y escúchame bien. Sin importar lo que pase, lo que te digan o lo que llegues a escuchar de ahora en adelante, recuerda que yo siempre estaré aquí para ti, siempre ¿ok? –
-¿Lo juras? –preguntó el infante con la tristeza impregnada en sus ojos.
-¡Lo juro! –afirmó el mayor –. Y para que no te quede duda alguna, yo… –alzó la mirada al cielo pensativo, hasta que chasqueando los dedos dio con lo que buscaba -. ¡No volveré a cortarme el cabello, jamás! –exclamó decidido.
El menor lo miró confundido, pues era consiente que su hermano mayor odiaba tener el cabello largo, porque según él lo hacía lucir como una chica y eso era algo que simplemente no soportaba. Una tímida sonrisa cubrió el rostro de Shirou aceptando agradecido la determinación de la persona que sin tener un vínculo sanguíneo lo había cuidado y tratado como un miembro de su familia, siempre apoyándolo incondicionalmente.
Dándose un último abrazo de despedida dejaron que el tiempo avanzase rápido y tedioso.
En poco tiempo Kazemaru entró a la secundaria contrarrestando su "supuesto" aspecto femenino, con una explosiva y (casi siempre) terrorífica actitud, mientras que Fubuki, por su parte, había superado el primer tropezón de su nueva vida con su tío volviendo a ser el alegre y optimista niño que siempre había sido. Saltaba, reía y jugaba como cualquier niño de su edad.
Aunque eso fue sólo el primer año.
Todos, sin excepciones, pensaban que la depresión de la señora Fubuki solo duraría medio año más a lo mucho, pero siempre que lograba dar un paso fuera del agujero volvía a recaer todavía más profundo dentro de la angustia.
El segundo año pasó del mismo modo y ya podía verse un no tan sonriente Shirou cuyo entusiasmo y optimismo se habían reducido considerablemente.
Al tercer año el pequeño evitaba el tratar con gente nueva prefiriendo pasar el rato con Kazemaru y su "rabito de conejo" que era el nombre dado por Shirou al cabello del mayor que tras dejarlo crecer, como prometió, había optado por mantenerlo amarrado simulando, sin así quererlo, la esponjosa cola de un conejo. Cosa que al peli-azul no le importaba siempre y cuando pudiese ver sonreír a su pequeño hermano.
Con el pasar del cuarto y quinto año, Shirou se volvió sumamente introvertido. No dejaba que otros hombres, a excepción de Kazemaru, se le acercasen. Cuando le preguntaban por su actitud respondía lo mismo una y otra vez: "Todo esta bien, no se preocupen" con una falsa sonrisa en el rostro.
Para el sexto año Shirou estaba irreconocible, todo rastro del brillo en sus ojos se había perdido, y apenas veía a un hombre, así estuviese a veinte metros, salía corriendo en dirección contraria. Lo único bueno que trajo aquel sexto y último año fue la custodia del menor, que cuya madre, tras mucho trabajo había logrado superar todas sus tristezas para llamarse, legalmente, a sí misma la madre de Fubuki Shirou.
Con entusiasmo desbordando de su pecho, tomó la decisión de empezar de nuevo desde cero y recuperar los seis años que había perdido apartada de su hijo. Apoyada por la madre de Kazemaru y varias amigas de ambas que se animaron a organizar una gran fiesta para celebrar el retorno de Shirou a casa y la reunión de la pequeña familia.
Celebración que se llevaría a cabo el primer fin de semana que pasarían juntos como familia.
-¿¡Por qué tiene que ser este fin de semana!? –chilló Kazemaru desanimado desde la sala de su hogar.
-Por que es el mejor momento para celebrar –le respondió su madre desde la cocina.
-¡Pero ese día es el torneo intercolegial de atletismo! –se quejó con un puchero al tiempo que se hacía bolita en el sofá.
-Por favor Ichirota, ya tienes 18 años –habló su madre sin perder de vista los preparativos para la cena –eres lo suficientemente mayor para ir a esa competencia tú solo, además por una vez que tu padre o yo no vayamos a darte ánimos no significa que será el fin del mundo –
-Eso ya lo sé mamá –dijo el peli-largo cruzando los brazos tras su cabeza y recargándose en el sillón –. Si papá o tú faltas es lo de menos, yo realmente quiero pasar el día con Shirou-kun, pero prometí asistir a la competencia –
Desde la cocina y sin descuidar la comida, su madre le miró con ternura, pues sabía lo mucho que el peli-plata significaba para su hijo.
La mañana del sábado Kazemaru salió de casa sin muchos ánimos y despidiéndose de sus padres emprendió camino hacia el dichoso y molesto torneo, no sin antes pedirles a sus progenitores que le explicasen a Shirou el motivo de su retraso.
Mientras tanto, en casa de los Fubuki, el peli-plata, con ahora 11 años de edad y aun en pijama, contemplaba su reflejo en un enorme espejo de cuerpo entero murmurando en silencio, movía levemente los labios como si estuviese practicando un elaborado discurso, tanto su mirada como su expresión se mostraban completamente vacíos y sin emoción alguna.
-Shirou-chan –lo llamó su madre entrando en la habitación a paso lento -¿Qué haces? –pregunto con una maternal sonrisa.
El menor parpadeó apartando la vista de su reflejo y girando sobre si mismo hasta quedar de frente a su único y genuino familiar.
-Nada en especial –contestó con una dulce sonrisa e inclinó ligeramente la cabeza para ver de reojo el enorme espejo –sólo pensaba en qué debería ponerme para la fiesta –
-Ya veo –dijo arrodillándose frente a su hijo abrazándolo protectoramente como lo había estado haciendo a cada oportunidad desde que el juez la nombró oficialmente madre del pequeño –No tardes mucho –susurró en su oído –todos ya están llegando –
-De acuerdo, no tardaré –
El sonido del timbre se escuchó en la habitación y, un poco en contra de su voluntad, se separó de su hijo. Sonriendo dulcemente y con los ojos cristalinos salió del cuarto.
En silencio y sin moverse el peli-plata aguzó el oído escuchando atentamente las voces y pasos que resonaban en el piso inferior. Tenia toda su atención puesta en identificar a las personas que iban llegando, pasados unos minutos una sonora carcajada se elevó por encima de las demás atrayendo el interés del menor que con un destello dorado brillando en sus ojos, sonrió.
Amigos y vecinos llegaban a cada minuto, felicitando a la señora Fubuki mientras cargaban grandes y pesadas ollas con comida, aun con la sorpresiva visita de Kumazaki Denji, el ambiente era bastante animado. Todos los invitados, la mayoría amigas acompañadas por sus maridos, estaban sentados en la sala charlando para pasar el rato y abrir el apetito. Aun entre las ruidosas bromas y anécdotas, los quedos pasos de una persona acercándose silenciaron a los presentes, quienes a pesar de saber de quién se trataba no pudieron evitar mirar al "recién llegado" llevándose una extraña sorpresa.
Al pie de la escalera, Shirou Fubuki permanecía quieto mirando a los invitados con una peculiar sonrisa en los labios. Más que su presencia eran sus ropas las que atraían la atención de todos los ahí reunidos, una delgada camiseta de tirantes negra, unos shorts de mezclilla ajustados que a duras penas cubrían sus muslos, junto con unas simples calcetas blancas que le llegaban por debajo de las rodillas.
Todos estaban estupefactos de que aquel pequeño niño al que tenían años de conocer estuviese vistiendo ropas tan provocativas, con una casi palpable aura de lujuria a su alrededor.
Fijando la vista en alguien en específico, el peli-plata ensanchó su sonrisa antes de avanzar veloz dando pequeños saltos atravesando la sala y abalanzándose sobre aquel robusto hombre con el que había vivido los últimos seis años.
-¡Tío Kumazaki, viniste! –exclamó con extraña alegría abrazando con fuerza a su tío.
Un incómodo silencio rondó por todo el lugar siendo interrumpido únicamente por la confundida voz de la señora Fubuki.
-¿Shirou-chan? ¿Y esa ropa? –
-¿Te gusta? el pronóstico del clima dijo que hoy haría calor ¿o tú qué piensas, tío? –pregunto mirando a Kumazaki con un sugestivo tono de voz.
El castaño solo soltó una sonora carcajada argumentando sobre las ocurrencias de los niños deseando que esa actitud despreocupada ocultase el nerviosismo que sentía al ver al menor con aquellas ropas y tan cerca de él.
Los adultos se sintieron complacidos por aquella simple excusa siguiendo con su animada charla.
-Tío ¿Puedo sentarme en tus piernas? –pregunto inocente el peli-plata posando sus pequeñas manos sobre las rodillas del robusto hombre que pasó saliva sintiendo un conocido calor nacer en su interior y como un par de gotas de sudor surcaban por su frente.
-Hay muchos lugares vacíos, Shirou-chan –hablo la madre del menor que no terminaba de comprender el cambio de actitud de su hijo –. Además ya no eres un niño para andar actuando así –
-Pero –se quejo el pequeño Fubuki con un puchero –las piernas del tío Kumazaki son muy cómodas –
El ambiente comenzaba a tensarse poco a poco.
-Por mí no hay ningún problema –dijo Kumazaki arrepintiéndose casi de inmediato pues tras sus palabras el menor sonrió con cierta picardía sentándose, contrario a lo que el adulto pensaba, justo en medio rozando levemente su entrepierna.
Desde el punto de vista de los invitados se trataba de una tierna escena donde sobrino y tío convivían juntos. Pero para Kumazaki Denji, era una prueba de fuego para mantener sus oscuros secretos ocultos.
El tiempo parecía negarse a avanzar mientras la alegre plática continuaba ajena a la silenciosa batalla entre aquellas personas. Por un lado el peli-plata se acomodaba de vez en cuando sobre las piernas de su tío rozando intencionalmente el miembro oculto del mayor quién por su parte hacía un esfuerzo sobrehumano para mantener la calma en aquella situación.
Tras unas horas de jovial convivencia, finalmente se anunció lo que muchos de los pocos hombres que asistieron al festejo esperaban: La hora de comer.
Todos caminaron tranquilamente hacia el comedor a excepción de Kumazaki y su sobrino, que se negaba a levantarse de su cómodo asiento.
-Hey Shirou, si no nos damos prisa se acabarán la comida –dijo el castaño con una falsa sonrisa empujando suavemente la espalda del menor para que se pusiera de pie.
-¿Enserio quieres que me levante, Denji?–Susurro Fubuki sin una pisca de ternura en la voz mientras veía de soslayo a su tío con su amarillenta mirada y con cierto cinismo impregnado en sus palabras –ellos podrían notar a tu "pequeño" amiguito–agregó acariciando superficialmente la entrepierna del mayor.
Kumazaki pasó saliva preguntándose qué tramaba su "sobrino".
-Aunque me sorprende que hayas resistido tanto tiempo–agregó el menor sentándose de frente a su tío y abrazándolo parcialmente por el cuello.
-¿A qué te refieres? –cuestionó el castaño en un susurro dejando de lado toda la falsa amabilidad y comenzando a molestarse.
-Pues, tú sabes…–murmuró quedamente mientras deslizaba sus delgados dedos sobre los hombros de Kumazaki –en todo el tiempo que hemos pasado juntos, nunca "duraste mucho" con el juego previo –concluyó con una hipócrita sonrisa cubriendo su rostro.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
Con ira, Kumazaki se puso de pie tirando de golpe al menor, que permaneció inmóvil boca arriba en el suelo. El castaño se abalanzó entonces encima de él aprisionándolo bajo su enorme cuerpo.
-¡Esto es lo que realmente querías! ¿¡No es así, zorra!? –gritó enfurecido desgarrando con un solo movimiento la camiseta del menor dejando expuesto su torso desnudo.
A pesar de la caída, los fuertes gritos a su alrededor y el violento acto, el rostro de Fubuki se mantenía sonriente.
-Es exactamente lo que quería "tío" –contesto en un susurro llenando de veneno las ultimas sílabas.
En un segundo los amarillos orbes del menor regresaron a su color opaco, la sonrisa en su rostro desapareció siendo remplazada al instante con una mueca de terror, seguida de un potente grito de auxilio y desesperados golpes y patadas del peli-plata en un inútil intento de alejar a su agresor.
-En cuanto escucharon los gritos–seguía relatando Ichirota–, los vecinos se las ingeniaron para separar a Kumazaki de Shirou-kun y llamaron de inmediato a emergencias –
La mente de Goenji estaba en blanco, no terminada de creer todo lo que su viejo amigo le decía. Quería decirle algo, preguntarle que pasó después, pero al ver como el peli-azul temblaba de ira mientras apretaba con tanta fuerza sus manos entrelazadas al grado de que sus nudillos y dedos se tornaron blancos por la presión ejercida sobre ellos, lo obligaron a guardar silencio y esperar sintiendo como se le formaba un nudo en el estómago.
-Yo… –continuo tras unos minutos –llegué después de que todo eso pasó –
Kazemaru, a pesar de todo el cansancio que lo hostigaba, caminaba alegre por la calle iluminada por el ocaso hacia la celebración de su ya no tan pequeño hermano. Se sentía feliz y orgulloso, pues a pesar de no estar concentrad al 100% en el torneo, se las había ingeniado para conseguir la medalla del primer lugar en la última carrera. Sería el perfecto regalo de compensación por su tardanza.
Casi podía imaginarse la expresión que pondría el peli-plata al darle la medalla con una exagerada y orgullosa pose diciéndole "toma Shirou-kun, la gané para ti".
Perdido en sus pensamientos y con una boba e ilusa sonrisa en su rostro, el peli-largo siguió caminando hasta que cerca de su destino, un intenso y familiar grito lo devolvió a la realidad de golpe.
Ignorando la fatiga de la competencia echó a correr hacia la residencia de los Fubuki, palideciendo de inmediato al ver un par de patrullas y una ambulancia estacionadas justo en la entrada.
Como pudo siguió avanzando mientras su cerebro se figuraba mil y un panoramas diferentes, al estar más cerca vio como dos fornidos policías sacaban por la fuerza a Kumazaki, quien no paraba de gritar maldiciones a diestra y siniestra.
En ese momento Kazemaru se llenó de ira, la suficiente para tomar y lanzar con todas sus fuerzas su maletín deportivo justo a la cabeza de aquel hombre.
-¿¡Qué diablos le hiciste, maldito infeliz!? –preguntó un colérico Ichirota, más no se quedó a esperar la respuesta.
Ignorando los gritos y órdenes de los oficiales se lanzó corriendo al interior del recinto donde los inconfundibles gritos del menor seguían escuchándose.
Al entrar en la casa se sintió desfallecer, mientras algunos vecinos daban su testimonio a otros policías, los demás ayudaban a los paramédicos que intentaban socorrer sin éxito al pequeño Fubuki que agazapado en un rincón de la sala, con la ropa hecha trizas y ahogado en llanto, gritaba por ayuda una y otra vez sin dejar que nadie se le acercase.
Con el corazón en un puño Kazemaru desató su largo cabello, en memoria de aquella vieja promesa, y avanzó llamando al menor rogando que éste pudiese escuchar sus palabras.
-S-Shirou-kun –hablaba con la voz quebrada, era cuestión de tiempo que el llanto lo consumiera a él también –. S-soy yo… Ichirota. Todo está bien, Shirou-kun. Ya nadie puede lastimarte, no dejaré que nada ni nadie te vuelva a hacer daño, nunca más –
Tras escuchar esa voz, Fubuki calló sus gritos lanzándose de inmediato a los brazos extendidos del peli-azul que lo esperaban para estrecharlo con dulzura y cuidado permaneciendo así durante varios minutos hasta que el menor logró tranquilizarse un poco.
-Disculpen –habló finalmente Kazemaru con un par de lágrimas surcando sus mejillas – ¿Viene con ustedes alguna mujer? –Preguntó dirigiéndose a los paramédico que lo miraron extrañado negando con la cabeza – ¿Hay alguna posibilidad de que traigan a alguna mujer para que revise a Shirou-kun? –volvió a preguntar.
-¿¡Por qué deberíamos!? –cuestionó uno de los paramédicos cansado de tanto teatro.
Al instante un ahogado grito escapó de los labios del peli-plata quien se aferró con mayor fuerza al cuerpo del peli-largo obligándolo a hacer una silenciosa mueca de dolor.
-Porque no voy a permitir que se le acerquen a quien no ha dejado de suplicarme con susurros que no deje que "los hombres" lo lastimen –exclamó Kazemaru con nuevas lágrimas tratando de escapar de sus ojos almendrados.
Tras aquella declaración ambos hombres asintieron comprendiendo la situación poniéndose de pie y apartándose un poco para pedir refuerzos femeninos.
Después de eso el tiempo avanzo veloz.
Las doctoras llegaron atendiendo finalmente las heridas de Shirou y descubriendo en el proceso cosas que las hicieron palidecer.
Con ayuda de Kazemaru lograron subir al menor a la ambulancia para llevarlo al hospital y ahí poder realizarle pruebas más detalladas, pruebas que, un par de horas después, llegaron horrorizando a la familia.
-¿¡Signos de violación!? –exclamó la señora Fubuki sin poder creerlo.
-Lo lamento mucho señora, pero su hijo presenta varias marcas de abuso, algunas de ellas llegan a tener varios años –afirmo la doctora con tristeza –, me temo que sólo queda dejarle la investigación a la policía para descubrir quien… –
-No hace falta investigar nada –habló Kazemaru por primera vez desde que llegaron al hospital –ya tienen al culpable: Kumazaki Denji. ¡Él es el responsable de todo esto! –
-Ichirota, por favor… –suplicó la madre del peli-largo tratando de calmar a su hijo sin éxito.
-¿¡Por favor qué, madre!? –Exclamó molesto alejándose de su progenitora – ¿Van a decirme que exagero? ¿O van a seguir negando lo obvio? Que desde que Shirou-kun empezó a vivir con ese tipo cambió. Ya no sonríe, ni sale a jugar. Se niega a conocer gente nueva y no permite que nadie se le acerque. Él no era así madre. ¡Shirou no era así! –gritó frustrado, ya que aun después de seis años nadie parecía querer creerle cuando decía que Kumazaki era un mal tipo.
Todos los presentes miraron al joven peli-azul sin saber qué decir. Únicamente la doctora se acercó a él posando su mano sobre su hombro en señal de entendimiento.
-Descuida –dijo en tono conciliador –, la policía se encargará que el culpable pague por lo que ha hecho –
Tras una larga y evidente investigación, Kumazaki Denji fue efectivamente arrestado por abuso de menores. Aunque al final se trató de una victoria vacía pues el daño ya estaba hecho.
Después de comenzar a asistir a terapia para superar el trauma del abuso, la psicóloga del pequeño Fubuki llegó con preocupantes noticias grabadas en video.
Proyectándose en la pantalla se podía ver al pequeño Fubuki sentado solo en una amplia y alegremente decorada habitación. Miraba de un lado a otro curioso por todo lo que le rodeaba.
-La razón por la que grabamos estos videos es para analizar detalladamente a nuestros pacientes –explico la psicóloga, una mujer alta, de largo cabello verde oscuro y ojos azules, llamada Kira Hitomiko –como pueden ver en el video, el lenguaje corporal de Shirou muestra a una persona pasiva que, como cualquier niño de su edad, siente curiosidad, emoción y una ligera confusión al encontrarse en un ambiente desconocido. Ahora por favor observen lo que sucede cuando le pedí a uno de mis empleados que entrara a la habitación, sin hacer nada –
Dentro del cuarto el pequeño Shirou se puso de pie de un salto con una mueca de horror en el rostro al ver a aquel hombre pelirrojo entrar en el recinto permaneciendo de pie sin moverse.
Con lentos movimientos el peli-plata retrocedió todo lo que pudo temblando de miedo, hasta agazaparse en la esquina más alejada a ese sujeto, sin quitarle la vista en ningún momento por si en algún segundo se le ocurría acercarse y, de ser así, tratar de huir cuánto antes.
-Le pedí que después de 10 minutos intentase iniciar una conversación con el niño, aun sin moverse, cosa que fue un completo fracaso. Después de 20 minutos le pedí que, sin acercársele demasiado, caminase un poco por el lugar. El resultado fue el mismo –Hitomiko hizo una pausa para frotar su frente con cierta molestia –pero pasados 30 minutos si hubo un notorio cambio en Shirou cuando mi empleado se le acercó a una distancia considerable –
Con cada paso que el pelirrojo daba hacia el menor, éste daba un nuevo grito de auxilio sin ser escuchado, tras unos segundos su pequeño cuerpo dejó de temblar, su respiración se calmó y su expresión de miedo fue remplazada por una sonrisa que invitaba a aquel hombre a continuar acercándose.
-El lenguaje paralingüístico de Shirou cambió completamente al de alguien sin miedo, muy seguro de sí mismo y que transpira feromonas por cada poro de su piel. Cuando eso pasó le hice algunas preguntas básicas tales como su nombre, la dirección de su casa, la escuela a la que asiste, etc… todas las respuestas coincidieron con las que le hice a Shirou antes de realizar la prueba, excepto una. Al preguntarle su nombre respondió algo que no esperaba. –
"Me llamo Atsuya"
-Después de eso– seguía en su relato el peli-azul–, Shirou-kun entró en una institución mental para tratar su caso, pero fue inútil. Atsuya se las ingenió para hacer que despidieran cerca de 20 empleados y que 5 de los mejores psicólogos del lugar renunciaran. Shirou-kun no deja que ningún hombre se le acerque, excepto yo –
-Y-ya veo –contestó el peli-crema sintiéndose asfixiado por el pesado ambiente –eso es por que no luces exactamente como un hombre ¿no es así? –bromeó tratando de suavizar aquel ambiente.
-Enserio Shuuya, si no necesitase de tu ayuda y pudiese negar esa acusación, te golpearía –habló un poco más tranquilo tratando de seguirle la broma a su amigo –. Básicamente, Atsuya es una doble personalidad que Shirou-kun creó de forma inconsciente para protegerse –concluyó Kazemaru con tristeza.
-¿Protegerse? –preguntó Goenji algo confundido.
-Sí, verás… cuando… –la voz del peli-largo se quebraba al recordar todo lo que descubrieron tras la investigación –Cuando Kumazaki comenzó a abusar de Shirou-kun, si él se negaba de cualquier forma a "cooperar" ese tipo lo golpeaba diciéndole cosas como "que no era un buen niño y que por eso su padre estaba muerto y su madre no quería tenerlo cerca" –un par de gruesas lágrimas abandonaron sus ojos cayendo silenciosas al suelo –Cuando Shirou-kun está en presencia de un hombre intenta huir. Si no hay escape Atsuya toma su lugar seduciendo y entregándose a quien tenga enfrente. Después, como si sólo se hubiese quedado dormido, Shirou-kun despierta sin recordar nada de lo que pasó. De cierta forma, Atsuya es la ruta de escape del miedo a los hombres, pues si cooperaba haciendo y disfrutando lo que ese desgraciado de Kumazaki le ordenaba evitaba ser lastimado –finalizó frotando sus ojos borrando todo rastro de las lágrimas que derramo.
Un leve silencio rodeó a ambos jóvenes.
-Lo comprendo –habló finalmente Goenji –pero… ¿Porqué yo? –cuestionó mirando a su viejo amigo.
-Porque eres el mejor candidato –contestó esforzándose por sonreír y continúo hablando antes de que el peli-crema lo interrumpiese –de las personas que conozco eres el único que vive solo, y con eso me refiero a que no compartes departamento con alguien como todos los demás. También por que sé, que aunque caigas ante la tentación de Atsuya como hace rato no lastimaras a Shirou-kun y además estas perfectamente capacitado para cuidar de él –
-Ese es otro asunto del que te quería hablar, Ichirota –dijo el oji-negro llevando lo que quedaba de hielo a su cabeza –Yo estoy estudiando medicina no psicología, son muy diferentes ¿sabes? No puedo hacer nada por tu "hermano" –
Por un momento Kazemaru se le quedó mirando como si acabase de decir algo increíblemente estúpido y obvio.
-¿Acaso eres idiota, Shuuya? –Preguntó el peli-largo ignorando el enojo en el rostro de Goenji –Cuando Shirou-kun está demasiado cerca de un hombre intenta escapar por todos los medios posibles, sin importarle si se lastima de gravedad –en ese instante el peli-crema recordó lo sucedido en el pasillo antes de "conocer" a Atsuya –él sólo piensa en escapar, por eso tú, que te concentras en atender a un herido ignorando la situación, eres la primera y mejor opción para cuidar de Shirou-kun –agregó con una sonrisa sincera.
Goenji no sabía si sentirse halagado o insultado ante tal declaración, lo que sí sabía era que se sentía verdaderamente feliz por toda esa confianza que el peli-azul depositaba en él.
-De acuerdo –dijo el peli-crema derrotado por tercera vez en el día –cuidaré del pequeño –
-¿¡Enserio!? –Exclamó Kazemaru con una sonrisa de oreja a oreja abalanzándose sobre su amigo para abrazarlo – ¡Gracias! ¡Muchísimas gracias, Shuuya! ¡Estoy tan feliz que incluso te besaría! –dijo acercando sus labios a los de Goenji en un exagerado gesto.
El joven médico miró con sorpresa y horror la proximidad del atleta, interponiendo sus brazos en un intento desesperado por apartarlo.
-¡Ni siquiera lo pienses, Ichirota! –
-¡Vamos Shuuya, sabes que lo quieres! –
-¡Claro que no! –
-¡Claro que sí! –
Continuaron con la extraña discusión hasta que después de un largo rato decidieron terminar el asunto en un empate justo cuando Goenji había aprisionado a Kazemaru sobre el sofá y ambos, exhaustos, intentaban recuperar el aliento.
-A-aunque h-hayas intentado b-besarme, m-me esforzaré por cuidar a-al chamaco ese –habló el peli-crema divertido.
-Y a p-pesar de que n-no te d-dejaste besar, e-enserio te lo a-agradezco S-Shuuya –contestó sonriente el peli-largo.
-¿Ichi-nii? –
La presencia de una tercera voz los sorprendió y en un segundo ambos jóvenes se incorporaron parcialmente sobre el sofá. Desde el pasillo, Fubuki les observaba confundido y un poco somnoliento.
-¡Hola Shirou-kun! –Saludo alegre Kazemaru.
-H-hola Fubuki-kun –"Saludó" un alegre Goenji, pero al igual que en su primer encuentro recibió una mirada de horror mientras el pequeño corría a toda velocidad a encerrarse en su habitación.
Si el oji-negro no conociese la historia del menor y no tuviese la autoestima que se tenía, muy posiblemente se deprimiría ante tal reacción.
-Pues… lo dejo en tus manos Shuuya –intervino Kazemaru poniéndose de pie de un brinco no sin antes depositar un suave y casto beso sobre los labios del estupefacto peli-crema – ¡Nos vemos! –fue lo último que dijo antes de desaparecer tras la puerta abierta de la entrada.
Ante tal acción Goenji estaba petrificado tratando de no gritar la sarta de palabras antisonantes que pasaban por su cabeza al ya ausente peli-largo. Tras unos segundos suspiró cansado, con tanto alboroto estaba completamente agotado. Se puso de pie caminando hacia su habitación, notando un trozo de papel tirado en el suelo cerca de la puerta. Sin ánimos lo recogió y leyó con cuidado.
"Buen día Goenji-san. Lamento mucho mi reacción de hace un momento, Ichi-nii
me ha hablado mucho de usted y de lo amable que es. Puede que sea
muy difícil para mí, pero espero que podamos llevarnos bien.
Y muchas gracias por permitirme vivir con usted en esta linda casa.
Fubuki Shirou."
Al igual que la fina caligrafía del menor cubría aquel trozo de papel, Goenji sintió un fino y cálido sentimiento cubrir su pecho, motivado por aquella calidez, el mayor tomó una pluma de su escritorio he hizo algunos garabatos dignos de un doctor al reverso de la hoja.
"Yo también espero que podamos llevarnos bien. Si necesitas algo
no dudes en pedírmelo ¿ok? ; D
Goenji Shuuya"
En completo silencio, tomó el papel entre sus manos y lo deslizó por debajo de la puerta del menor. Y tras un largo bostezo regreso a su alcoba. Había sido un muy largo y emotivo día, sin siquiera cambiarse de ropa se dejó caer sobre la cama cayendo dormido casi al instante.
Desconociendo que a partir de ese momento, las horas en las que podría dormir tranquilamente se volverían un escaso lujo.
Taran!
Qué tal? se esperaban algo así?
Pudieron sentir la tristeza, la angustia y la ira que yo misma sentí mientras escribía la historia? òwó
Y en este momento tengo ganas de preguntarles algo random y sin sentido, pero como no se me ocurre nada, creo que improvisare algo.
"Están dos pastores cuidando tranquilamente de sus ovejas, de repente uno le pregunto al otro
-oye por que no me das una de tus ovejas para que tengamos la misma cantidad?
a lo que el otro respondió.
-por que mejor no me das una de las tuyas para que yo tenga el doble?"
Cuantas ovejas tiene cada pastor?
Eso es todo por hoy! no se olviden de dejar un review, un comentario, una critica, un waffle o un PM, todo es bien recibido.
Sin más por el momento me despido deseándoles que tengan un buen dia/noche/madrugada/paseo por el limbo/etc. Y que no olviden ayudar a los gatitos del mundo cofcofconquista mundialcofcof dándole un like a mi pagina (Black Cat Soul) en el cara-libro.
Nos leemos pronto!
