Declaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras, no recibo ni un centavo. Esta historia es una tesela propuesta por LizethMellark en Pidiendo teselas del foro "El diente de león".

¡Alerta! Es una historia extraña llena de blasfemia literaria comparable a una mala adaptación cinematográfica. De ante mano te advierto, es Finnis, no llegues al final solo para enviarme al Árbol del Ahorcado ¿sí? Muchas Gracias.


.Capítulo 2.

~FINNICK POV~

Cinco años después aun soñaba con ella. No sé en qué momento pasó pero no podía dejar de pensar en esos ojos grises. Quizás la perdida de Annie me cambió, hizo de mí por dentro lo que todo el mundo veía por fuera, un tipo superficial en busca de chicas bonitas. Pero es que no soportaba el mirar por la ventana y ver las casas frente a la mía completamente vacías. Mags me dejó por proteger a Annie de otra arena y ella finalmente murió a manos del enfermo de Snow.

Aún recuerdo cuando la vi en aquel cuarto del hospital del Trece. Algo en mí se quebró, como si mi historia con ella nunca hubiera ocurrido, como si solo fuese una vencedora más de aquellos horribles Juegos del Hambre. Pocos días después comencé a fijarme en el Sinsajo. Algo absolutamente absurdo, dado el estado en el que nos encontrábamos. Atados y bajo los efectos de la morflina porque nuestros médicos creían que afrontar la verdad de la muerte de nuestros respectivos amantes, era demasiado para nosotros. La veía dormir cada día, su ceño fruncido por las pesadillas. Despertaba y se encontraba con mis ojos, el gris de los suyos siempre chocaba con los míos mientras me encargaba de decirle que todo estaría bien.

Al tiempo nos dejaron ir con brazaletes a juego. Mentalmente desorientados, empezamos a acercarnos, a compartir pesadillas, recuerdos, memorias. Llegados a ese punto no había nadie que pudiese entender mejor por lo que estábamos pasando. Nos hicimos inseparables hasta que dejó de hablar. Matar a Snow parecía ser su última misión y luego de eso se apagó como una máquina. Ya no emitía palabra, no miraba mis ojos, no estaba ahí.

Nos separamos, volví al Cuatro y ayudé a mi distrito a volver a ser lo que era. Sin embargo mi corazón tenía un vacío. Al principio pensé que era por mi adorada Annie, que estar en el Cuatro me traía sus recuerdos. Luego comprendí que no, que mi vacío interior no ansiaba ser llenado por la existencia de la pelirroja sino por otra mujer.

Volví a mis viejos hábitos. Semana tras semana llevaba a mi casa a una nueva mujer. Curiosamente de cabello castaño y ojos lo más claro posibles. A la mañana siguiente, ya fuese por la jaqueca producida por el exceso de alcohol, o mi propia conciencia intentando encarrilarme; acababa echando a las pobres mujeres a los gritos.

Las noticias del nuevo Panem no eran obligatorias, pero si era interesante ver como los demás distritos volvían a la vida. Dos años atrás, mirando las susodichas noticias, vislumbré su trenza, no estaba en la toma sino detrás, como un extra, pero esa chica era inconfundible. Mi corazón latió tan fuerte que creí que saldría de mi pecho. En la imagen podía verla sonreír a una mujer en el mercado del Doce y deseé que me sonriera así.

Me tomó tiempo entenderlo pero necesitaba verla, sentir su presencia a mi alrededor. Supe por su viejo mentor que en cinco años no había dicho una sola palabra, pero que era una chica medianamente normal, si no tomas en cuenta las pesadillas, que a todo Vencedor le incluyen en el paquete de beneficios por ganar los juegos.

Así que aquí estoy, en un tren hacia el anteúltimo distrito. En busca de una mujer que añoro pero que es imposible que sienta algo por mí, por el gran Finnick Odair. Nunca me sentí más desafortunado por no tener a una mujer a pies. Sin embargo tampoco me había sentido tan vivo.

~FIN FINNICK POV~

Unos ojos grises miraban el horizonte, donde se suponía que el tren de las cinco debía aparecer. La dueña de la mirada jugueteaba nerviosa con sus dedos entrelazados. Su antiguo mentor, ahora simplemente vecino también estaba ahí, expectante.

El tren arribó a horario. Algunas personas bajaron adormiladas por el viaje. Katniss buscaba los ojos verde mar con la mirada y sonrió al encontrarlos viendo hacia ella. El hombre caminaba a paso lento, pasando la mano por su rostro. Su otra mano en un puño cerrado, ocultándole algo.

— Hola Katniss — carraspeó, su voz aun ronca por dormir en el viaje — ¿Quieres un azucarillo? — sonriendo extendió la mano para descubrir un cubo perfecto de azúcar, en una escena similar a la primera vez que se vieron.

— Hola Finnick — los ojos de la chica se inundaron en lágrimas, sus primeras palabras en años salieron en un susurro mientras tomaba el dulce apenas rozando sus dedos en él— Que bueno que vinieras.

— ¡Hey! Haymitch mintió, finalmente si hablas — rió algo incómodo al verla extremadamente pálida y delgada— ¿Cómo está la chica en llamas?

— Pasó mucho tiempo sin hacerlo, es bueno escucharte de nuevo preciosa — Haymitch tomó a la chica del brazo — es mejor que nos vayamos antes de que empiecen a seguirte Finn — todos rieron y salieron de la estación.

— ¿No te molesta que me quedé no es así Katniss?

—Para nada — su voz aún se oía rara, le sonrió al recién llegado— me mantendrás ocupada y yo a ti… como en los viejos tiempos — sus ojos se ensombrecieron y la chica escapo a los túneles del Trece por un momento.

— Gracias… realmente necesitaba alejarme del mar por un tiempo…

El viaje a la aldea duró unos minutos, los cuales Finnick aprovechó para observar detenidamente a la chica de la Veta que aún estaba absorta en sus pensamientos. Sus castaños cabellos recogidos en una desordenada trenza que descansaba en su hombro derecho, sus labios carnosos y rosados en una mueca entre la sonrisa y el disgusto, y esas orbes grisáceas que eran sus ojos miraban un punto en el vacío. Grabó a fuego las facciones de la chica borrando casi al completo los rasgos de su antigua amante. Ya en la casa de Katniss, se encontraron con una exquisita merienda cortesía de Sae y comieron charlando animadamente sobre la paz que reinaba en Panem en los últimos años.

La chimenea encendida y una charla que se extendió hasta la madrugada. Katniss parecía despertar de un sueño muy largo, conversaba animadamente sobre su huerta, su madre y su hermana, obviando cualquier detalle sobre Gale, o Peeta. A veces se quedaba muda de pronto y Finnick se encargaba de llenar el vacío con sus propias anécdotas, dejando de lado su promiscuidad y el hecho de que ya no pensaba en la pobre Annie como su amor. El sueño se hizo de rogar para los jóvenes y solo cuando Finnick fue incapaz de contener su cansancio se retiraron a sus cuartos.

Llevaba apenas unas horas de sueño cuando los gritos despertaron al mayor. Aturdido por los lamentos de la dueña de casa, salió del cuarto rumbo a donde ella estaba. No costó demasiado, la casa de la chica en llamas estaba estructurada de la misma forma que la de él.

— Katniss… — susurró intentando abrir la puerta, pero estaba cerrada— ¡Katniss! — Exclamó algo más fuerte escuchándola gritar — ¡Despierta, soy Finnick! — forcejeó un poco más hasta que logró abrirla.

— ¿Finnick…? — Unos ojos grises algo llorosos lo miraron con sorpresa— ¿Qué haces aquí? — la chica temblaba aunque estaba cubierta por las mantas, él se acercó.

— Vine hoy ¿recuerdas? — Se sentó a un costado, cerca de ella pero no tanto— estabas gritando…soñabas, ¿quieres hablar de ello?

— No…no quiero — se acostó nuevamente cubriéndose hasta la nariz con las mantas— siento haberte despertado Finn— se puso de costado dándole la espalda al ojiverde.

— Está bien — se incorporó yendo hacia la puerta, por alguna razón el corazón le latía a prisa— no vuelvas a trabar la puerta ¿sí? Me diste un buen susto.

— ¿Puedes quedarte? Solo unos momentos, hasta que me duerma… por favor.

Volvió a sentarse junto a ella. Inconscientemente acarició los castaños cabellos que se esparcían por la almohada, haciendo que la chica entre dormida sonriera apenas.

— ¿Finnick? — La voz de mujer parecía lejana— Finnick despierta.

— ¡Katniss! — sobresaltado, saltó de la cama para encontrarse a la aludida mirándolo sorprendida— lo…lo siento, debí quedarme dormido, me pediste que… — en ese momento reparó en que la chica aun vestía su pijama y este se había desarreglado durante la noche dejando ver parte de su escote— me pediste que te hiciera compañía — se giró yendo hacia la puerta y exclamó sin voltearse— tomaré una ducha y me enseñarás la pradera ¿Sí?

No esperó respuesta, salió disparado del cuarto rogando que su amiga no hubiese notado su desliz. Se duchó, preguntándose si llegar al Doce la mañana anterior, había sido una buena idea, si verla a ella, tenerla tan cerca habría sido una buena idea o un error que pagaría caro. Tomaron un desayuno rápido y partieron rumbo a la alambrada. Katniss le explicó que si bien no estaba electrificada nunca en estos tiempos, aún era necesaria para evitar que las fieras de fuera entraran al distrito. Igualmente, solo unos pocos vencían sus temores y se internaban en el bosque.

Volvió a verla en acción luego de tanto tiempo. Agazapada esperando su presa, disparando certera, avanzando con gran velocidad por el bosque. Ese lugar era la fortaleza de la chica, el lugar donde podía ser ella misma, sin que la juzguen, sin que la hieran.

— Finn… —el aludido salió de su mundo encontrándose con los ojos grises— ¿Por qué me miras así? — apenas visible detrás de unos mechones rebeldes mecidos por el viento, las mejillas de la mujer se habían sonrojado.

— Lo siento Katniss… por un momento recordé los Juegos… eso es todo — mintió, porque claramente no iba a decirle que estaba admirándola.

— Los juegos… — su voz fue apenas un susurro pero Finnick se aseguró de que no se perdiera en los abismos del recuerdo.

— Hey Katt no hagas eso — la tomó por los hombros sacudiéndola un poco — no me dejes aquí solo ¿Vale?

— Tienes razón… eres mi invitado de honor Odair — acarició la mejilla del mayor y este se sorprendió ante el suave tacto de su mano — Es un lugar hermoso ¿No crees Finnick? — Se alejó unos pasos del aludido extendiendo sus brazos y girando sobre sus pies admirando el bosque — Sé que no es como el mar del Cuatro pero tiene su encanto — sonrió otra vez y el corazón del chico latió con prisa.

— Es magnífico Katniss, realmente es un lugar muy bonito.

— Finnick — las orbes grises se posaron en sus ojos verdes, su voz en un susurro — ¿extrañas a Annie?

— ¿Annie? — tragó saliva intentando recordarla y sonrió — ha pasado mucho desde la última vez que pensé en ella en realidad… fue mi gran amor pero la dejé ir Katniss, ella murió y su recuerdo me hacía más daño del que podía soportar — la castaña se petrificó observando como los ojos verdes se volvían oscuros y sin vida — la extrañe por mucho tiempo, pero no puedo decir que aún lo haga.

— Lo siento — exclamó apenada recorriendo los pasos de vuelta hacia él.

La siguiente reacción de la chica de la Veta tomó completamente por sorpresa al adonis del Cuatro. Los brazos de Katniss rodearon su cuello y su cabeza se ubicó justo en el hueco de su cuello. Jamás había sido abrazado por alguien de aquella forma tan pacífica, tan dulce. Recordaba los abrazos de Annie, siempre violentos e iniciados por él para calmar la demencia. Los abrazos de las mujeres del Capitolio y la de las chicas que pasaron por su casa solo eran pasionales, nunca de puro cariño.

Podía sentir el aliento de la chica en su piel y aún estaba totalmente petrificado cuando un sollozo escapo de los labios de ella. Inmediatamente su instinto lo hizo reaccionar, sus brazos fuertes envolvieron el delicado cuerpo de Katniss correspondiendo el abrazo.

Minutos pasaron, la camisa de Finnick estaba salpicada por las lágrimas saladas que la chica en llamas derramó en un primer momento. Hacía tiempo que había dejado de llorar pero ella no había disminuido el agarre y él no lo haría por sí mismo. La bella mirada gris se encontró con la suya y la dueña de esa penetrante mirada curvó sus labios en una diminuta sonrisa separándose de él.

Ya pasaba del mediodía, y habían prometido almorzar con Haymitch así que presurosos volvieron al distrito y al trote se dirigieron a la Aldea de Vencedores. Era increíble como Katniss había cambiado de un día para el otro. Su mentor describía en las cartas lo ida que la chica había estado desde la caída de Snow, como su vida era mecánica, como no hablaba ni sentía emociones más allá de las pesadillas. Era tan raro para él que su amiga se hubiese recuperado así de pronto de su estado de letargo que no pudo evitar encender una llama de esperanza. Quizás Katniss había vuelto a la vida por él, no solo por su amistad, sino porque en el fondo, quizás muy en el fondo, la cazadora del Doce sentía algo por él.

Haymitch estaba furioso. Les gritó que estaba preocupado por ellos, que desaparecieron sin decir nada y que por su culpa la comida se había enfriado. Katniss y Finnick reían como tontos ante los gritos del mayor que finalmente se unió a las risas porque nada más podía hacer. Katniss retomó su aspecto mudo, no dejo de hablar del todo pero solo respondía frases al azar, como si no quisiera hablar frente a Haymitch.

Cuando los jóvenes vencedores iban de salida el ex mentor le pidió a Finnick que se quedara un momento. Katniss le dedicó una sonrisa amable y volvió a su casa. El ojiverde se regresó hasta la sala donde Haymitch se había sentado.

— ¿Qué has hecho Odair? — El hombre tenía un semblante demasiado serio para estar de broma, pero Finnick no sabía a qué se refería y su rostro demostraba esa incertidumbre — ¿Qué has hecho con ella para que se recuperara así? — Aclaró con voz grave mientras señalaba el espacio que antes había ocupado la castaña

— No lo sé… tú la viste en la estación, ella dijo mi nombre — quizás debió ocultar la sonrisa estúpida que se formó en sus labios ante el recuerdo.

— Sé de tus andanzas en el Cuatro Finnick… espero no estés pensando en que Katniss forme parte de tu alocada vida sexual porque jamás le pondrás una mano encima — los ojos grises del mayor calaban hondo en el alma del aludido— Jamás… aunque tenga que matarte y créeme hace mucho nadie me da el gusto.

— ¡Alto! Haymitch no es lo que crees… — H. asintió dejándolo hablar, Finnick carraspeó sentándose también — entiendo que te han dicho que estuve con varias allá en casa, en el cuatro, pero de eso hacen ya dos años H. Sentía un vacío… —musitó llevando su mano al pecho— al principio creí que era por Annie, que estar en casa sin ella y sin Mags había hecho un hueco en mi corazón que debía llenar con alguien más.

— Pero…

— Pero luego la vi, le sonreía a una mujer en el mercado, en las noticias de la tarde… no estaba en el plano, sino detrás de lo que sea que estuvieran mostrando en las noticias ese día, yo solo pude fijarme en sus labios, en sus ojos grises que brillaban como hacía tiempo no lo hacían para mí — el menor miró fijamente a los ojos del otro vencedor — no te diré que la amo Haymitch, pero creo que no puedo fingir que no me atrae… después de todo hemos pasado demasiadas cosas juntos, fuimos aliados en los Juegos, cómplices en el Trece mientras nuestras pulseras de hospital lo permitieron, lloré con ella la pérdida de mis amigos y de mi amada y ella conmigo…

— Ella es diferente a quien era hace 24 horas y tú eres el responsable… no confío en ti Odair — masculló el mentor, Katniss era como una hija para él, a sus ojos la pobre chica no merecía ni una gota más de sufrimiento.

— Tienes tus razones para no confiar en mis palabras… pero no me iré de aquí porque ella está volviendo y es por mí.

Sin decir una palabra más se levantó del sofá y sin esperar al dueño de casa, recorrió el pasillo hasta la salida y dio un portazo. Fuera la temperatura había bajado varios grados y el cielo estaba tiñéndose de naranjas y rosados. Se dirigió a casa de Katniss pero no entró, no golpeó la puerta ni tocó el timbre. Se sentó a los pies de la escalera de entrada y observó la casa frente a él. Aquella casa que una vez perteneció al menor de los hermanos Mellark, a su amigo, a su aliado. Se sentía un traidor por sentir amor, deseo, cariño por la mujer que el rubio panadero había reclamado como suya y que lastimosamente le había pertenecido por tan poco tiempo.

— Lo siento Peeta — le susurró al aire — no fue mi intención… supongo que ahora entiendo porque pusiste tu vida por sobre la de ella… cualquiera se fijaría en la chica en llamas…


Capitulo razonablemente más largo je. Aquí ya empieza la acción. Se siente extraño escribir este fanfic, pero más raro se siente estar tan motivada a escribirlo jaja. Próximo capítulo la semana entrante.

Liz, como el primer capítulo fue muy corto he subido este antes de tiempo.

Gracias a los favs y follows!

¡Gracias por leer! Se aceptan reviews de todo tipo pero mejor si es para mejorar!

Con cariño atentamente, Anna Scheler.