Saludos especiales a todos los que leen este fic y a Stefy, a quien va dedicado. Sin su petición, esto no se me hubiera pasado por la cabeza.


Capitulo 2

-Cuéntame de tu vida… - dijo Hermione después de suspirar.

-¿Qué quieres que te diga? – preguntó chasqueando la lengua – La verdad no sé. Estoy cansado… Anoche tuve turno y me ocupé de todas las escuadras. Es increíble ver que aún haya seguidores de Voldemort.

-Con razón ibas a descansar llegando a tu casa – asintió - ¿Trabajas mucho? Pareciera que te la pasas acá más que con tu familia.

-La verdad es que sí y me gusta que sea así. No quiero pasármela en La Madriguera donde está Ginny y su querido prometido… Sean… Lo aborrezco.

Rió divertida. Era bien sabido que los Weasley –en especial los hermanos- eran muy protectores con la mujer de la familia.

-Me pregunto si es que la boda de Ginny te tiene así o es que sea una boda en si… Me acuerdo que te pusiste igual cuando Bill se casó con Fleur. Estabas bastante raro. ¿No te gustan los matrimonios, Ron?

-Bueno… No lo sé. El sólo pensar de unirse el resto de sus vidas… Es irracional. La gente cambia y el amor si no es el verdadero, pues se acaba. ¿Cómo saber cuándo vas a pasar el resto de tu vida con la persona indicada? – preguntó abanicándose con la mano.

-Sólo se sabe. Se siente – dijo algo sorprendida de escuchar ese comentario viniendo de él – No es que te despiertes un día y dices: "Quiero estar con alguien para siempre". Tú sabes cuándo es el momento… No sé por qué piensas de esa forma. Una cosa es que odies el hecho que tu hermanita esté creciendo y otra es que…

-¿Por qué estamos discutiendo esto justo ahora? – La interrumpió antes que acabara con su idea.

Era cierto. De un momento a otro estaban iniciando algo que podría convertirse en una discusión. No podían discutir en una situación en la que estaban y menos si no se veían hacía años. Podían pasar minutos hasta horas encerrados y no era nada favorable que empezaran a pelear. Debían mantenerse serenos y no discutirse, sino la larga espera que les esperaba no sería agradable.

-¿Desde cuándo tus padres viven en Irlanda? – preguntó amablemente al acordarse la prisa que llevaba la castaña.

-Hace algunos años… Como ya no vivía con ellos, era inútil mantener una casa con varios cuartos, un gran jardín cuando vive un matrimonio a punto de jubilarse de sus trabajos. Decidieron venderla y les conseguí una pequeña casa casi al llegar a Irlanda – respondió sintiéndose más nerviosa por estar demorándose – Es raro ver a mis padres… Los veo muy pocas veces al año. Es difícil trabajar en el Departamento de Misterios – comentó pensativa – Es por eso que quiero irme rápido. Aunque me cueste admitirlo, los extraño.

-Te entiendo. Yo también extraño el cariño de los progenitores…

Escucharon un ruido proveniente de afuera. Hermione contenta se puso de pie ilusionada y Ron sonrió. Esperaron. No pasó nada. Estuvieron unos diez minutos en aquella espera hasta que se dieron por vencidos y volvieron a las mismas actitudes de antes.

El pelirrojo empezó a mover sus pies como cuando un niño pequeño espera aburrido que el médico salga a decir su nombre para entrar a la consulta. El cansancio, que había desaparecido al toparse con su antigua amiga, se hizo presente y sus párpados querían cerrársele. El único problema es que, además que era una falta de respeto quedarse dormido al estar con otra persona, no se sentía nada cómodo al estar encerrado en un espacio tan reducido. No era claustrofóbico, pero le producía mucho nerviosismo y miedo. Y eso había que sumarle que no había una conversación fluida con Hermione. No sabía qué preguntarle, a excepción de lo típico que se pregunta la primera vez que se conoce a una persona, y hacía que fuera más aburrida y tediosa la espera. ¿Cuánto más iba a durar? Quería irse de vacaciones, quería disfrutar de dormir hasta tarde, salir a fiestas, compartir con sus amigos y pasarla bien; no quería estar encerrado en un elevador con Hermione Granger. Aunque, en realidad…

En realidad los dos sabían muy bien que podrían hablar perfectamente como dos viejos amigos. La gran dificultad era que ninguno quería abordar el pasado: Harry Potter. Gracias a él habían sido amigos y el fallecimiento de su amigo había marcado la separación de los dos. ¿Por qué? Simplemente no lo sabían… Quizás su amistad no era lo suficientemente fuerte o cada uno era demasiado diferente para mantener algo. El tener que hablar nuevamente, el tener que encontrarse después de tantos años significaba enfrentar sus pasados. Tendrían que enfrentar sus dolores, sus alegrías, sus penas y sus mayores temores que fueron causados con la partida de su gran amigo.

Evadían el tema.

-Supongo que la magia antigua tampoco se puede usar… - dijo ella tratando de concentrarse en la forma de acelerar la salida - ¿No tienes ninguna idea para salir?

-Además de salir volando con mi escoba invisible… No – respondió de mala gana – Entiende que no se puede utilizar ningún tipo de magia. Ni antigua, ni la normal, ni tu varita, ni aparecerse, ni nada. Es increíble que no lo sepas cuando trabajar en el ministerio.

-Apenas paso tiempo en el ministerio. Hago investigaciones para el Departamento de Misterios. Siempre ando de un lado a otro… ¿Crees que sabría que el increíble ministro iba a poner verdadera tecnología muggle con protección contra la magia? Nadie sabe de esos detalles tan raros.

-Oh, no leíste el libro Historia del ministerio de magia del Reino Unido.

-Maldita sea. Ahora recuerdo porque me desesperaba tanto pasar tiempo contigo: Porque eres tan…

-¿Tan qué?

-Tan… Molestoso – concluyó cruzándose de brazos.

Una hora. Era casi un milagro que se no sacara la blusa y anduviera desnuda. Estaba muriéndose de calor. La imagen de una piscina se veía muy tentadora en la mente de Ron. Él se movió un poco para estar más apartado de la castaña. Una hora y media. Se sentía ahogado en aquel reducido espacio. Se estaba desesperando. Casi dos horas. La presencia de Ron le era tan incómoda. Agradecía infinitamente que no le hablara, pero aquellas miradas o susurros no eran nada agradables. Dos horas. Ella se veía muy impaciente y a cada rato observaba su reloj mientras que él necesitaba salir de allí rápido. Desesperado se puso de pie. La castaña lo observó interesada y él comenzó a forcejear las puertas. Como antes había pasado, no se abrió y empezó a golpear las puertas.

Luego sólo dejó caer abatido. Hacía tanto calor que no le pareció extraño que la pared metálica o el piso no estuvieran fríos. Ya no tenía energías ni para hablar o mover el pie constantemente. Se encontraba demasiado agotado. Después de haber estado gritando por horas se había rendido y ya no le quedaba nada más por hacer. No tenía ideas y eso poco le importaba. Empezaba a asumir que le quedaban pocas horas de vida. De hecho se impresionó un poco al pensar de esa forma. Nunca podría haber llegado a pensar que se rendiría tan pronto y que no le importara dejar vencerse por la vida. Sólo unas horas habían bastado para transformarlo en un conformista. Se conformaba en la situación en la que se encontraba y ya no le importaba morirse allí.

Suspiró cansinamente. Parecía que él ni se daba cuenta que estaba allí, se había olvidado que eran dos los atrapados en esta circunstancia. En un principio no se preocupó porque imaginó que los rescatarían en unos minutos, pero aquellos minutos se transformaron lentamente en horas. Sentía la boca y su garganta secas por tanto haber gritado, y sus pies adoloridos al haber pateado tantas veces la puerta metálica. Y aunque le costara aceptarlo, pareciera que todo se acabaría ahí. No había salida y no había rescate. Sonrió pensando que no era una buena forma de pasar un viernes en la tarde.

Apoyó su cabeza y la inclinó hacia arriba. Notó que algunos bombillos estaban quemados y otros tintineaban, por eso podía mirar las luces sin que le dolieran los ojos. Su mente dejó de pensar en que estaban atrapados y simplemente repasaba todo lo que tenía que hacer en el día. O lo que quedaba de él, mejor dicho. ¿Cuánto tiempo había pasado con él encerrada? Maldito el momento en que su reloj había dejado de funcionar. El relojero le había dicho que tenía un fuerte encantamiento que iba a durar hasta unos 150 años, por lo que, mientras estuviera viva, el reloj funcionaría. Mentiroso. Era publicidad engañosa para atrapar a algún cliente y la atrapó a ella.

Él posó su mirada en ella después de largos minutos ignorando su presencia. Se preguntó por qué estaría mirando insistentemente el reloj de pulsera malo. No funcionaba y no iba a hacerlo hasta que salieran de allí. Maldijo el día en que estuvo de acuerdo en que colocaran un campo protector de magia en los ascensores. "Para que no haya tanto revuelo y para la tranquilidad de la gente" según el ministro. Era más bien para que cuando la gente tuviera un problema, nunca pudiera solucionarlo. ¡Se iban a morir en ese espacio tan reducido!

-Hace calor… - dijo ella abriendo su bolso.

Sacó una botella de agua mineral. La tocó y se dio cuenta que estaba tibia, pero le dio lo mismo. Aunque estuviera caliente el agua la bebería. Su garganta estaba muy seca.

Él la fulminó con su mirada. Era como si fuera una traidora por tener agua en su bolso cuando estaban horas allí. Después de gritar como loco por quién sabe cuánto tiempo y tener la garganta reventada, ella sacaba una botella con agua y la bebía como si fuera lo más común del mundo. Alta traición, según su punto de vista.

-Toma – Le ofreció la botella – No está fría.

-Como si me importara – masculló tomando la botella y se dispuso a beber como si fuera el fin del mundo.

Al acabar el agua, le pasó la botella vacía a su amiga. Ella la cerró con la tapa y la volvió a guardar en su bolso. Él se desabrochó otro botón de su camisa mientras que ella se abanicaba más con las manos y se libró de su suéter.

Era tan incómodo estar en aquella situación. Maldita la hora en que ella había usado las escaleras y él había salido de su oficina. Desesperación, nerviosismo, impaciencia, amargura, pesadez, aburrimiento, incomodidad… Eso tenía que terminar, y muy pronto antes que se terminaran suicidando.

-¿Qué fue eso? – inquirió Hermione observando la pequeña compuerta en el techo – Escuché un ruido… Como si algo se hubiera abierto.

-Otro ruido que no significa nada – dijo sin muchos ánimos – Mejor siéntate y esperemos algo real.

-Mejor déjame tranquila y no te metas en mis asuntos – Lo miró enfadada - ¿Sabes? No puedo creer que pasé más de dos horas junto a ti… Es todo un logro.

-Logro es haber soportado todo este calor mientras que tú tenías una maldita botella con agua sin decir nada. ¿Querías que me muriera? Oh, increíble tu plan. Casi funciona – Se puso de pie – No sé para qué estoy discutiendo contigo. Ya estoy bastante grandecito y mucho más recuperado de mi pasado… No caeré en lo mismo.

-Ni que yo quisiera estar contigo acá – dijo malhumorada.

Él ablandó su mirada y la expresión de la cara de ella se relajó. Esa pequeña discusión era mucho más que aquello. Tocaba de forma indirecta un punto muy importante: Los dos tenían la culpa de haberse separado después de la muerte de Harry. ¿Cómo? Ninguno de los dos quería estar en esa situación, ninguno de los dos quería ser tan amargado con el otro, ninguno de los dos tenía la intención de separarse… Sólo para olvidar el sufrimiento, para sanar las heridas. Era un mecanismo de defensa, por así decirlo, y no se podían sacar en cara eso porque era algo natural de los seres humanos: Reparar y protegerse.

El ruido que Hermione había oído era mucho más que real. Una pequeña luz apareció y por la compuerta se observaba claramente que habían abierto las puertas del piso superior. Se escuchaba murmullos de mucha gente, algunos gritos y un taladro. Ron sonrió al notar que una figura humana ya planeaba bajar por el cable para rescatarlos. Los dos bajaron la mirada apenada por cómo se habían comportado. Habían sido muy inmaduros y bastante estúpidos ara no haberse dado cuenta antes.

-¡Estamos a salvo! – gritó Hermione abrochándose los tres botones superiores de su blusa y poniéndose sus zapatos de tacón.

-Al fin… - Se acomodó la camisa y pensó que pronto estaría disfrutando de sus vacaciones.

Un señor de mediana edad asomó su cabeza a través de la compuerta y con preocupación les preguntó si estaban bien. Al recibir una respuesta positiva, los ayudó a subir al techo del elevador. Por medio de unas cuerdas y con ayuda del señor pudieron colgarse del cable y subir hasta el piso 3. Mientras subían podían ver las puertas abiertas. Luz y un aire puro les llegaron animándolos aún más a no cansarse.

-De verdad lo lamento muchísimo – reiteró el señor inclinándose – Nunca creí que esto de cambiar los elevadores…

Había pasado unos treinta minutos de haber sido rescatados.

-Con tal que se lo haga saber al ministro, todo bien – dijo Hermione sonriendo cansinamente – Podrían volver a usar los elevadores antiguos o permitir usar magia en casos de emergencia.

-Por supuesto, señorita Granger. De hecho me encantaría que vinieran la próxima semana a dar un testimonio completo de…

-No, gracias. Si quiere le mando un informe escrito, pero no me perderé mis vacaciones por algo así. No veré el ministerio hasta septiembre – Ron rió – Quiero irme a mi casa. ¿Podemos, Smith? Tú anda con el ministro y explícale… Creo que estará de acuerdo en hacer las cosas como nosotros queramos.

-Está bien – asintió – De verdad les pido muchísimas disculpas. Esto es una vergüenza. Lamento que haya pasado esto… Han malgastado su tiempo de vacaciones…

-Vale, Smith. Lo siento, pero debo irme porque… - Observó su reloj y vio que ya eran las ocho de la noche – Ya no alcanzo ir a San Mugo a recoger mis exámenes ni menos irme a Irlanda – murmuró sin poder creerlo – Maldita sea…

-De verdad lo lamento – dijo Smith muy apenado y avergonzado – Si me disculpan, debo ir a hablar con el ministro. Esto es un problema muy serio y tenemos que resolverlo. Felices vacaciones y que estén bien. Adiós – Se fue corriendo por el pasillo.

Los encargados del rescate –que tenían una vestimenta muy parecida a los bomberos muggles- se fueron yendo poco a poco. Algunos los revisaron por si tenían heridas o lesiones, pero se encontraban en perfectas condiciones y después se iban. Muchos de los trabajadores del ministerio fueron a verlos y preguntarles si estaban bien. Eran preguntas bastante vacías, según Hermione, que no veía real preocupación en nadie… Sólo era para aparentar que les importaban sus vidas.

-Pues… Somos libres – dijo Ron sintiendo un vacío en el estómago - ¿Qué harás ahora?

-No lo sé. Podría dejar a alguien que buscara mis exámenes mañana e irme a la rápida a Irlanda. Se me vienen largas horas de conducción – Se sentía bastante estúpida al sentirse tan nerviosa – Supongo que tú irás a dormir.

-Bueno, nada que una buena taza de café pueda remediar…

-Ah – dijo.

Los dos se miraron incómodos. Cada uno tenía millones de palabras en la mente, pero ninguna resultaba ser la correcta y ninguna se escapaba para salir de sus bocas. Estaban en silencio observándose.

-Debo irme – dijeron al mismo tiempo y rieron.

Hermione pasó su bolso por uno de sus hombres y se dispuso a irse.

-Gracias por haberme acompañado y… Lo siento. Fui un poco insoportable allí dentro – Señaló el elevador – Espero que si nos vemos en el futuro sea una experiencia más placentera.

-Seguramente nos veremos muy pronto. Digo, trabajamos en el ministerio – Sonrió – En realidad yo también debo disculparme. Hace tiempo que no hablamos y debíamos haberlo hecho y… Tú entiendes.

-Cierto – asintió.

-Te acompañaré hasta la salida… ¿Vas a la calle principal?

-Sí. Vamos juntos – dijo la castaña contenta – Mmm… Déjame pensar en algo para preguntarte – Comenzaron a caminar hacía la zona de las escaleras. Ninguno de los dos iba a usar el elevador por un buen tiempo - ¿Tienes novia?

Él abrió la puerta y ella pasó agradecida. Bajaron hablando de sus patéticas vidas románticas sin saber que aquella compañía hacía la calle principal sería algo más. Quizás ir a cenar a algún sitio o acompañar a Hermione hasta su departamento, ya que no sería nada seguro conducir cinco horas en la noche hasta Irlanda. ¿Quién sabe? Sólo ellos.

Nadie podría decir que estar encerrador por casualidad fuera una casualidad. Todo para por algo y ésta no es la excepción para el pelirrojo y la castaña.

FIN


Notas de la autora: ¡Hola! Volví de campamento con hambre, sueño, sucia y con muchas ganas de estar unas buenas horitas en el computador… Acá los frutos de mi trabajo. Sé que no es lo mejor, pero estoy satisfecha (para no decir que está al borde del odio). Actualizando antes del 11 porque pensé que ya era mucha la espera, y como podía actualiza hoy… Sólo espero que les haya gustado y les agradezco infinitamente por sus reviews. Todos maravillosos como siempre.

Otro final muy indeciso y para la imaginación del lector, tal como "Devolviendo favores". No sé qué me ha pasado, pero me gusta que sea así el final… Libre imaginación para todos.

Ya saben, no les cuesta nada enviarme un review en el botón GO de abajo para darme sus impresiones y hacer a esta "escritora" feliz.

Besitos a todos y nada más que decir, adiós!