Hola gente!
Finalmente, he aquí el nuevo cap de "La Cosa Nostra"
Que lo disfruten!
2. La Familia
El enojo y la frustración que sentía se hacían notar en su forma de caminar. Llevó una de sus manos cerrada en un puño a la altura de su boca para morder ligeramente la uña de su dedo pulgar, intentando así controlarse y concentrarse en su trabajo. Pero no podía evitar sentirse así de todos modos, después de todo, ¡Era tan frustrante ser tratada como una sirvienta y ser vigilada constantemente solo por ser mujer! Ya estaba harta de esos malditos ancianos regordetes y adictos al tabaco que no hacían más que darle órdenes con insultos ocultos en mensajes subliminales y lanzarle miradas sospechosas. Pero debía calmarse y pensar cuidadosamente antes de cometer alguna estupidez. Ellos eran sus "superiores", por lo que debía de tragarse toda la ira y acatar sus ordenes obedientemente…
Dejó escapar un suspiro tan pronto llegó a la esquina, donde tuvo que detenerse junto con el resto de los peatones a esperar que el semáforo les diera paso. Por más que intentaba distraer su mente, ya sea pensando en su siguiente movimiento, o simplemente observando con impaciencia el tráfico mañanero, no podía sacarse de ninguna forma las ganas de patear a todos esos malditos mafiosos… aunque ya tendría la oportunidad de vengarse tan pronto los encerrara en prisión…
Una sonrisa un tanto malvada se dibujó en sus labios. Oh si… los haría pagar, no solo por tratarla como lo estaban haciendo, sino también por entorpecer su trabajo. De no ser por ellos, ya habría podido descubrir más acerca de la estructuración interna que tenía esa "familia", ya que aún no conocía al Don (1), o a los otros Capos (2), y todo debido a la maldita interferencia de los ancianos machistas. Aunque pensándolo mejor… si esos tipos ya eran así solo por ser de la "vieja era", no quería ni imaginarse cómo debía de ser el Padrino…
El rey de los gánsters… con suerte, tendría la oportunidad de conocerlo ese día, ya que se llevaba a cabo una junta muy importante, en la cual todos los miembros de "la familia" debían asistir. Aceleró un poco el paso, apretando con fuerza las tiras de su bolso de cuero, en una inconsciente demostración silenciosa de temor, que ni ella misma había detectado. Consiguió escabullirse de la forma más desapercibida posible hasta desaparecer en uno de los desolados callejones que utilizaban como atajo para llegar al lugar acordado. El lugar se encontraba algo fresco, dado que los altos edificios impedían que la luz del sol llegara hasta las paredes para transmitirles su calor. Continuó su marcha por ese solitario y algo sucio sendero hasta desembocar en una pequeña calle casi igual de desértica.
La carretera era más angosta y se encontraba un poco desgastada, dado que al estar tan "oculta" y poco requerida, no le habían brindado suficiente atenciones como a las demás. Las líneas que indicaban la zona peatonal habían perdido color y de ellas solo quedaban rastros blanquecinos y grisáceos, aunque no requeriría de su uso de todos modos dado que la zona estaba desierta.
O eso pensó, hasta que el sonido de un motor la alertó, haciéndola retroceder rápidamente -sin poder evitar caer de sentón al piso- justo a tiempo para esquivar el negro automóvil que la hubiera atropellado de no haber frenado tan violentamente como lo había hecho, dejando la marca de las llantas marcadas en el pavimento.
Una enorme ira la invadió tan pronto su cerebro pudo terminar de procesar la información. Sin perder tiempo, se puso de pie con los puños apretados y dirigió una mirada asesina al conductor del vehículo, quien podía ver gracias a que llevaba la ventana baja. El muchacho apretaba también con mucha fuerza el volante y sus afilados dientes de tiburón permanecían tensos ante la presión ejercida. Sus ojos se encontraban cubiertos por unos lentes oscuros, por lo que no pudo verlos, pero su blanco cabello no paso desapercibido.
_ ¡Oye tu, maldito animal, casi me aplastas!_ estalló finalmente.
El sujeto volvió a verla con su seño totalmente fruncido y sus ojos aún escondidos tras los lentes.
_ ¡Tú fuiste la que se me atravesó de repente, perra!_ respondió tan molesto como ella, para luego volver a centrar su vista al frente y arrancar a velocidad máxima antes de darle oportunidad de responderle, produciendo de paso una nube de polvo por culpa de su repentina aceleración.
Tosió un poco y tuvo que cerrar los ojos al verse envuelta en esa polvareda. Con una mano agitó un poco el aire cerca de su rostro para disipar un poco el humo antes de volver a abrir sus ojos para fijar su vista en el automóvil que ya casi había desaparecido del paisaje.
Dejó escapar un grito lleno de ira antes de patear repetidamente un pobre e indefenso poste de luz que se encontraba a su lado. ¡¿Quién se creía que era ese sujeto para hablarle así? ¡Ella era una de las agentes más importantes del FBI! Tan prestigiosa era su reputación que ni sus jefes se atrevían a levantarle la voz, ¡Y ahora llegaba ese miserable animal y tras casi atropellarla la insulta!... Tuvo que morderse la lengua para retener toda la sarta de insultos y maldiciones que afloraban en su mente. No debía de perder tiempo innecesariamente, ¿Dónde había quedado la profesional y magnifica agente 47? Tuvo que recordarse a sí misma el motivo de su estancia en aquel lugar, para así volver a concentrarse en su trabajo.
Finalmente se dedicó a cruzar la maldita calle, esta vez, mirando atentamente antes de cruzar, para luego recorrer una serie de desolados callejones hasta llegar a uno sin salida aparente a los ojos ajenos. Se detuvo al costado izquierdo, antes de golpear con tres toques una secreta y camuflada puerta metálica, hecha con los mismos relieves y pintada del mismo color que la pared de ladrillo que la rodeaba para pasar desapercibida. Al cabo de unos pocos minutos, la puerta fue abierta por un corpulento sujeto con traje negro y sombrero. A pesar de que los lentes oscuros le tapaban los ojos, pudo sentir su intensa y escudriñadora mirada. Lo reconoció al instante. Si no mal recordaba, su nombre era Mosquito, y a pesar de tener el rango de Soldado, sus decisiones muchas veces tenían tanto peso como las de un Capo. Probablemente sería ascendido pronto.
Y para desgracia suya, al igual que todos los demás ancianos machistas regordetes, él también estaba en contra de la admisión de las mujeres a "la familia", pero dado que el Padrino había estado de acuerdo con la decisión de aceptarlas, no había nada que él pudiera hacer al respecto más que menospreciarla discretamente como lo hacían los demás.
Sin prestarle atención a la fría actitud del "portero", prosiguió su camino hacia un estrecho pasillo subterráneo, iluminado únicamente por fluorescentes blancos sujetos al techo. Ya había estado allí antes, la primera vez, cuando logró ingresar a la organización, pero allí solo habían estado unos pocos Capos, Soldados y el Consigliere, quienes aprobaron su admisión –claro está que habiéndoselo consultado primero al jefe por teléfono-. Se detuvo frente a una puerta de madera, la cual parecía bastante elegante, desentonando un poco con el resto del lugar. Desde allí, podían oírse algunas conversaciones que se llevaban a cabo dentro de la habitación. Tocó suavemente, preguntándose si la habrían oído ante el ruido que comenzaba a escuchar. No obstante, su pregunta mental fue contestada tan pronto la puerta fue abierta por un hombre también de traje, aunque un tanto peculiar. Sus vestimentas se encontraban confeccionadas con distintos trozos de tela oscuros, cocidos con un hilo blanco que no hacía más que resaltar las zonas remendadas. Por debajo llevaba una camisa gris, y su corbata era blanca. Sus características más importantes se encontraban en la cabeza, donde se podía apreciar un tornillo de gran tamaño atravesándola de lado a lado, y en su cara, unas cuantas cicatrices.
_Llega justo a tiempo, señorita Albarn_ habló el hombre con un cigarro en la boca, para luego permitirle el paso con un elegante gesto.
_Gracias_ murmuró ante aquellas acciones antes de pasar. Afortunadamente, ya había tenido oportunidad de conocer al excéntrico Stein, dado que él había sido uno de los Capos que estuvo de acuerdo con su admisión y parecía realmente no molestarle el hecho de tener a una mujer en el grupo… o para ser más exactos, parecía no importarle nada de lo que sucediera, él solo se quedaba allí a escuchar las conversaciones, acatar órdenes, hablar sobre diseccionar y experimentar con los enemigos que cayeran en sus manos y fumar hasta que sus pulmones terminen sucumbiendo ante las cantidades industriales de cigarro que consumía por día.
Observó sorprendida la sala en la que se encontraba. No por el lugar, dado que ya lo conocía, sino por la cantidad de gente que allí se encontraba. Era una oportunidad única de almacenar cuanta información pudiera caber en su memoria fotográfica sobre la estructuración interna de la mafia y así aprender más sobre sus miembros para posteriormente poder atraparlos. Muchos de los gánsters allí reunidos se encontraban ya en sus respectivos lugares a los costados de la larga mesa negra, dejando siempre la cabecera despejada para el Don, y los dos lugares a cada lado para el Consigliere y el Subjefe. Más al fondo del lugar, se hallaba un largo sofá de cuero negro y en forma de "L" para cubrir bien el espacio entre las esquinas e ir contra la pared. Frente al gran sillón, había una pequeña mesada de mármol, que pertenecía a un mini bar con vitrinas de vidrio, exhibiendo la gran cantidad de licores de contrabando que poseían para consumo propio.
Al ver que al parecer aún faltaban algunos miembros por llegar –como por ejemplo, los más importantes- decidió tomar asiento en el sillón de cuero junto a otras dos muchachas que charlaban y reían animadamente, cada una con una copa de distinto licor en la mano. Las observó detenidamente. Era su primer encuentro con otra mujer mafiosa, y sabía que debía ser cuidadosa. De todos sus años de experiencia como espía, de una cosa estaba segura… las mujeres suelen ser mucho más peligrosas que los hombres…
Ellas vestían de una manera un tanto peculiar, entre lo casual callejero y lo formal, aunque sus caros accesorios delataban a la perfección la lujosa vida que llevaban. Observó por un instante su propia vestimenta, que tanto trabajo le había costado elegir, dado que no había ningún "código" para los atuendos femeninos, por lo que había optado por ir formal, con una camisa blanca de mangas largas y una falda un tanto ajustada de color violeta oscuro, que le llegaba hasta las rodillas y combinaba con su bolso. Parecía más una secretaria que una mafiosa.
_Tú debes ser la nueva, ¿verdad?_ preguntó de forma amistosa una de las mujeres, que tenía el cabello lacio, largo y plateado.
_Eh… si… mucho gusto, soy Maka Albarn_ la habían tomado desprevenida, pero rápidamente sus dotes de actriz se pusieron a funcionar. Estrechó educadamente una mano con la muchacha, antes de que ésta prosiguiera.
_Un gusto, colega, yo soy Eruka Frog y ella es Mizune_ señaló con un gesto a su acompañante de cabello rosado, quien la saludó con una mano a la distancia, alzando también su copa hacia ella para invitarla a tomar.
Maka aceptó en silencio la invitación, y uno de los pocos muchachos caballerosos le sirvió una copa de Whisky.
_¿Desde hace cuanto tiempo trabajas con nosotros?_ quiso saber Mizune, sentándose ahora a su lado, dejándola así entre medio de ella y la otra de cabello plateado, quienes la miraban con una gran ansiedad, como todas aquellas chismosas mujeres enloquecidas por adquirir la primicia de la semana.
_Aún soy nueva en esto, hará no más de quince días…_ respondió casual, para luego llevarse la copa a sus labios y beber unos pocos tragos.
_Vaya, tienes suerte, nosotras entramos hace unos tres meses, cuando apenas estaban reclutando mujeres, asique nos tocó la parte más difícil. Era un infierno, todos te miraban como si fueras un bicho raro, pero ahora son un poco más abiertos a ese tema_ parloteaba la tal Eruka, como si alguien le hubiera preguntado por su historia.
Aunque tampoco le venía mal absorber esos datos. Si ella ya creía que estaban siendo injustos y machistas, ni quería imaginarse cómo debía de haber sido en los primeros días… tal vez, debía de considerarse afortunada.
De ser por ella, hubiera continuado interrogándolas, aprovechando que eran las clásicas chismosas que soltaban toda la información sin siquiera haber preguntado, pero su recopilación de datos se vio interrumpida ante el repentino silencio que se formó en el lugar. Observó nerviosa los alrededores, preguntándose si había hecho alguna mala jugada sin darse cuenta y con el miedo creciente de ser descubierta en la guarida de los mafiosos. Aunque para alivio y al mismo tiempo desconcierto suyo, todos se encontraban mirando en dirección a la puerta, por la que había entrado un sujeto de traje blanco, con camisa negra por debajo y una corbata color sangre…
Todos tomaron asiento en la mesa justo después de que el recién llegado se sentara en la cabecera del jefe, y a su lado, su leal Consigliere. Su expresión era seria, y sus ojos rojos recorrían cada rostro del lugar, verificando quien había llegado a tiempo y quién no. Su mirada carmesí se detenía por breves instantes en los rostros femeninos, como intentando recordar algún otro encuentro para saber si ya se conocían o se requería una presentación.
La agente en cubierta se sintió intimidada ante su presencia. Sin duda, se trataba de alguien de gran poder, era ese tipo de personas con las que podías toparte por la calle y simplemente hacerte a un lado con cierto temor para dejarlo seguir su camino por el miedo que provocaba su sola mirada, aunque tampoco podía ignorar el hecho de que aquel sujeto se veía demasiado joven como para ser el Padrino. Lucía totalmente diferente de cómo había imaginado. Era elegante, con buen físico y estatura, guapo, joven, piel pálida, ojos rojos como la sangre, y un peculiar cabello negro con algunas partes blancas dibujadas en los mechones, simulando ser ojos. Entrelazó sus dedos repletos de anillos de oro para colocar allí su mentón una vez hubo posicionado sus codos sobre la mesa, finalizando la tarea de inspeccionar con la mirada a sus subordinados, deteniéndose finalmente en el rostro de Maka.
Sintió que el tiempo se detenía. Un nudo se formó en su garganta, al tiempo que algo en su estomago comenzaba a removerse inquieto, producto de los nervios. Si bien ya era bastante intimidante recibir su mirada, lo hacía aún peor el hecho de ser la única de pie, al no saber cual asiento era el suyo. Con una sutil seña con la mirada, el jefe le señaló uno de los asientos vacíos al costado derecho, casi por el centro. Ella acató de inmediato aquella silenciosa orden y se sentó en el lugar asignado.
Una vez terminó la revisión visual, prosiguió a dar inicio con la reunión.
_Caballeros_ comenzó con un tono serio pero ligeramente cordial, aunque pronto tuvo que corregir su discurso, dado que aún no se acostumbraba a tener mujeres en la organización y a menudo las olvidaba _y señoritas también_ saludó empleando ahora un tono más caballeroso, viendo a las pocas mujeres allí reunidas, logrando así que más de una se sonrojara ante sus palabras _se les agradece por acudir a esta reunión. Como ya algunos sabrán, me he visto obligado a convocarlos tan repentinamente a causa de los Noah, quienes últimamente han estado invadiendo nuestros territorios en Palermo, Catania y demás, asesinando a algunos de nuestros miembros e informantes_ su tono de voz era serio y profesional, alguien que sabía lo que hacía y tenía plena confianza en sí mismo.
Muchos de los miembros allí reunidos asintieron silenciosamente, dándole la razón.
_Debido a eso, hemos sufrido muchas bajas en nuestras filas. Muchos soldados han muerto innecesariamente por culpa de sus emboscadas en una clara provocación. Como es de esperarse, no nos quedaremos de brazos cruzados, responderemos a aquello con todo lo que tengamos_ el tono de su voz, que aún permanecía serio, había adquirido ahora cierta nota macabra, al tiempo que su mirada se ensombrecía, resaltando así el color de sus ojos sangre _atacaremos en dos noches. Iremos directamente hacia ellos y así nos adueñaremos de sus territorios en Enna. Tomaremos venganza por nuestros miembros caídos e impondremos nuestro poder ante las demás familias…_ por unos instantes, reinó el silencio en el lugar. Un tétrico y escalofriante silencio, en espera de las palabras finales del Don _"nadie que se meta con los Evans puede irse sin recibir un castigo"_ aquello último lo susurró con un tono de voz siniestro, al igual que su mirada cobraba una expresión maligna y macabra, infundiendo así un miedo atroz a la gran mayoría de gánsters allí reunidos _ese es el mensaje que queremos transmitir a las demás familias, y los Noah pagarán caro por provocarnos. Se convertirán en el vivo ejemplo de lo que le sucede a los pobres diablos que son tan idiotas como para firmar su sentencia de muerte al desafiarnos_ finalizó, dejando helado a más de uno, principalmente a los novatos.
Maka sintió que el tiempo se detenía nuevamente, pero ahora era diferente… había un ambiente frio y aterrador. Podía sentir el miedo recorrer cada célula de su cuerpo ante aquellas palabras y siniestra voz, que casi saboreaba con deleite las masacres que estaban a punto de ocurrir, delatando así su mortal ira y sed de sangre… Ese sujeto era el demonio… no había otra forma de describirlo. En todos sus años de experiencia, de convivir con lo peor de lo peor para poder encarcelarlos y darles su castigo con todo el peso de la ley, nunca antes había conocido a alguien así… los sujetos más peligrosos y temibles con los que había tratado, no le llegaban ni a los tobillos a este Padrino.
No parecía humano…
La atmosfera que se había creado allí era tan tensa por culpa del temor que había provocado el jefe a sus subordinados, que prácticamente todos se encontraban estáticos en sus lugares. Con miedo siquiera de respirar, producir el más mínimo sonido o movimiento que llamara la atención de aquel demonio.
Y fue precisamente gracias a aquel sepulcral silencio, que la repentina, estrepitosa y ruidosa llegada de uno de los pocos miembros que faltaban, se hizo notar más. La puerta se abrió de golpe, y por ella entró otro hombre joven, con la respiración agitada, para luego encaminarse hacia la mesa. Estaba a punto de sentarse, cuando recibió la mirada reprobatoria y molesta de Asura.
_Llegas tarde_ le informó, con un tono serio pero furioso a la vez.
_Disculpe, Don, pero he tenido algunos inconvenientes por el camino_ argumentó en su defensa. Al estar rodeado de tanta gente, debía emplear el tono formal con él. Al ver que su jefe se ponía de pie, junto a la gran mayoría después del primero, optó por no tomar asiento, ya que era innecesario siendo que todo había acabado ya.
Se hizo a un lado para dejar pasar al supremo de "la familia" y a los demás, quedando en la sala unos pocos miembros que permanecían en sus lugares, ya sea por pura pereza de levantarse o por el shock emocional que generaba Asura cada vez que abría la boca.
Continuó ajena a todo lo que la rodeaba hasta que repentinamente regresó a la realidad, encontrándose con la gran sala casi vacía. Aún un poco confundida y asustada, se apresuró a ponerse de pie y salir de allí cuanto antes. Tenía que transmitir toda esa información a sus contactos ocultos allí de inmediato. Notó que un sujeto que no recordaba haber visto antes se encontraba allí, obstruyendo el paso, parado despreocupadamente en el marco de la puerta, con una mano guardada en el bolsillo y la otra sosteniendo el cigarro que se encontraba fumando.
_Disculpe_ se excusó ella, para así pedirle amablemente que se quitara del medio.
El hombre la miró sin ponerle mucha atención, aunque al cabo de unos pocos segundos, la sorpresa se dibujó en su rostro al reconocerla, y su boca se abrió tanto ante aquel descubrimiento que el cigarro que fumaba cayó al piso.
_ ¡Tú!_ señaló acusadoramente con un dedo, dejándola ahora con una gran confusión que se expresó en su delicado rostro al arquear una ceja _ ¡Eres la maldita perra de esta mañana!_
Abrió la boca por la sorpresa, de manera involuntaria. No podía ser cierto… ¿A caso ese era el estúpido salvaje que casi la atropella por la mañana? Lo analizó rápidamente con la mirada, estudiando los datos que había almacenado en su cerebro sobre ese individuo. Coincidía a la perfección con el cabello blanco, color de piel, y aquellos inconfundibles dientes de tiburón. El atuendo era el mismo que le había visto por la mañana desde fuera del coche: traje totalmente negro, con una camisa celeste por debajo y la corbata oscura. La única diferencia era que ahora podía ver el color de sus ojos gracias a la ausencia de sus lentes.
_ ¡Y tu eres el pedazo de animal que casi me atropella!_ respondió ella igual de iracunda, acusándolo también con uno de sus dedos, como si de una simple pelea de niños se tratara.
_ ¡Por tu culpa tuve que parar de emergencia a cambiarle las llantas a mi coche!_ le replicó.
A Maka casi se le cae la mandíbula al suelo al oír sus palabras, no lo podía creer. Tan sumida se encontraba en sus asesinos pensamientos que no notó la cercanía de Harvar y otro muchacho de cabello celeste y traje desarreglado.
_ ¡¿Disculpa? !_ preguntó incrédula _ ¡Por moco me matas! ¡¿Y todo lo que te preocupa es tu maldito auto? !_
De haber estado prestando atención a sus alrededores, hubiera notado como la cara de Harvar comenzaba a adquirir un tono pálido, a la vez que su boca se abría de la impresión. Así como también el muchacho de cabello celeste que estaba junto a él comenzaba a fruncir el seño molesto, y no tardó en protestar.
_ ¡Oye tú, pequeña zorra! ¡¿Cómo te atreves a hablarle así a…?_ fue callado rápidamente con un sutil movimiento de la mano del albino, quien le indicó con la palma que no necesitaba ser defendido.
En ningún momento dejó de mirar a aquella mujer. Aquellos desafiantes ojos jade… esbozó una sonrisa burlona ante una fugaz idea que cruzó por su mente.
_ ¡¿Qué rayos te parece tan gracioso? !_ reclamó molesta. Estaba a punto de golpearlo en aquella zona que sabía lo dejaría inconsciente y lloriqueando por un largo rato.
_Discúlpame, ¿Dónde quedaron mis modales?..._ habló un tanto sarcástico, sin quitar ni por un segundo aquella sonrisa burlesca que le adornaba el rostro _Maka Albarn, si no me equivoco_ supuso hábilmente, antes de inclinarse ligeramente ante ella, aunque sin romper el contacto visual ni cambiar la expresión de su rostro _un placer conocerla, señorita. Déjeme presentarme correctamente_ volvió a su postura normal, mirándola nuevamente desde arriba debido a su altura _mi nombre es Soul Evans, Sottocapo (3)de esta "familia"_
Por un momento, los ojos de la rubia se abrieron de par en par ante la sorpresa. Sottocapo… eso quería decir que él era…
Tragó grueso ante aquello, ensanchando así la sonrisa maliciosa de Soul, quien dejó al descubierto sus picudos dientes de tiburón.
_Tenía pensado presentarme como se debe ante la nueva colega en la reunión de hoy, pero nunca hubiera imaginado que se trataba de ti…_ continuó divertido, al tiempo que sacaba otro cigarro que Harvar ofreció encender con un respetuoso gesto _en fin, por lo menos puedo ver que los ineptos que te han evaluado han mejorado sus gustos…_ comentó al recordar la chillona y estresante voz de Eruka, dejando a Maka con la duda de si aquello había sido un halago o un insulto _nos volveremos a ver… hasta entonces, señorita Albarn…_ esbozó nuevamente una sonrisa burlona para luego exhalar el humo de su cigarro en su cara, antes de dar media vuelta e irse, seguido de cerca por los otros dos.
Y nuevamente, tuvo que disipar el humo con una mano mientras que tosía y cerraba sus ojos. Una vez se hubo librado de ese molesto y toxico gas grisáceo que obstruía su visión, fulminó con la mirada al albino por segunda vez en el día. ¡¿Qué a caso iba a hacerla tragar humo cada vez que se vieran?
Apretó sus puños por la rabia que la invadía. Ya no podía odiarlo más, aquel sujeto era detestable… no podía esperar a terminar finalmente con toda esa farsa y encerrarlo para verlo pudrirse lentamente en una celda, y si reunía suficiente evidencia de crímenes y asesinatos, podría verlo tostarse en la silla eléctrica. Ahora fue ella quien rió.
"Disfrútalo, Evans. Tú tienes el control por ahora… pero al final, seré yo quien disfrutará torturándote"
El juego ha comenzado… ¿Quién tendrá la carta ganadora?
CONTINUARÁ…
(1) Don: El Don o Padrino es el jefe de una familia. En su familia es el que tiene más poder, y casi siempre va acompañado de un Consigliere.
(2) Capo: El Capo o Capitán es uno de los rangos importantes de la mafia, puede llevar un grupo de soldados de máximo de diez personas a su mando y en casos especiales, el Don lo envía a asesinar a una persona.
(3) Sottocapo: El Sottocapo es el Subjefe al mando de una familia, normalmente suele ser el hijo del Don u otro familiar y, en caso de que este muera o le encarcelen, el Subjefe sería el nuevo Don.
Bueno... he ahí el nuevo cap... (Apuesto que muchos pensaron que Soul iba a ser el Padribo, verdad? XD)
Lamentablemente, debido a unos problemas de los cuales no quiero hablar ni recordar, puede que me borre de FF por un tiempo indeterminado...
Aunque bueno, puede que si, puede que no... (esperemos que no!)
Intentaré traerles los nuevos caps tan pronto salga de este embrollo
¿Podrían dejar un review a esta pobre escritora? (les regalaré chocolates! XD)
