¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Tras una muy dura decisión, he pensado y esperado a que todas las personas que han mandado la ficha la completasen o contestasen a mis exigencias y, aunque me gustaría poder escogeros a todas, esto va a consistir en pequeñas escenas o Drabbles con la misma pareja en todos los episodios.
No sé si habéis visto alguna vez escenas de matrimonio, una serie española -creo, no lo sé- en la que son tres parejas, una joven, otra de mediana edad y otra de mayor edad, que tienen diferentes situaciones dentro del matrimonio, muy graciosas todas, en las que la mayoría tienen peleas siempre cómicas, en concreto el matrimonio mayor, la mujer, Pepa, siempre está diciendo que se muera a su marido, aquí obviamente no irán así, serán situaciones cursis, bonitas, divertidas o dramáticas, de parejas, pero es la idea.
Pequeñas escenas en cada capítulo de un mismo tema pero de cada pareja.
Michelle White Mena (Linca357) - Kentin Neville.
Lewis Edén Eilish (BoxOfGlitter) - Lysandro Ainsworth.
Anne Christine Bradley (MusicianWish) - Armin De Lorme
Gabriela Chavanel Millman (Antonia134) - Nathaniel Leblanc.
Katrin Annie Whinestone Marllow (karychela) - Viktor Hale.
Leia Evans Rosseau (Noah Blacky) - Castiel Leuman.
- Contigo, quiero disfrutar todas las noches,
Y ojalá haga mucho frío
Para que no dejes de abrazarme-
-Autor anónimo.
Cosas Nocturnas.
Castiel y Leia.
Leia no tenía tiempo que perder, en unos días tenía que presentar el manuscrito a su editor, y estaba totalmente saturada en estos instantes, le faltaba un final, algo que dejase al público con tantas ganas de más que comprasen revistas, en las que las entrevistas a su persona inundasen las páginas, solo para saber más de lo que pasaría. El marketing se llamaba… y el hype…
Había pasado cinco horas delante del ordenador y nada parecía suficiente. Tenía la idea, pero no las palabras adecuadas o la forma de terminar el último capítulo, que iba a ser menos extenso que los anteriores pero, de todos modos, nada pequeño.
Se frotó la cabeza, estaba totalmente fuera de lugar que se fuese a la cama sin al menos haber escrito un mísero párrafo. Ella no era así, su frustración golpearía a su cabeza toda la noche y no conseguiría dormir, además, le daría la noche a Castiel y cuando se la daba, no os imagináis que dolor de culo era Castiel si no dormía bien.
Un sorbo de su café y otro, y otro más. Hasta acabarlo del todo.
La frustración la invadía, apoyando los codos sobre la mesa y su cabeza en su mano, continuó allí, mirando la página en blanco con el nombre de "Epílogo". Estaba totalmente frustrada y no quería saber nada más de ese ordenador, ese documento y ese final.
¿Por qué teniendo la idea era tan difícil escribirla? No sabía la respuesta, excepto que al mismo tiempo le daba pereza, pero estaba dispuesta a hacerlo, así que, no entendía porque le suponía tanto esfuerzo.
- ¿Vas a quedarte ahí mucho rato?- los brazos de Castiel envolvieron su cuello y miró el ordenador de la chica.
- ¿Va a venirme alguna forma de comenzarlo?- contestó la chica, aun en su pose de antes.
- No lo sé.
- Pues la misma respuesta a tu pregunta.
Se quedaron en silencio unos minutos, mirando la hoja del Word con calma, quizás si la miraban mucho se llenaría de palabras, como la nevera cuando no había comida que interesaba en ese momento, pero, como en esos casos, no funcionó.
- Ven a la cama cuando quieras, y si estoy durmiendo, déjame dormir.
- ¿No quieres que te despierte para hacer cochinadas?- Sonrió la chica.
- Cuando estoy durmiendo quiero dormir, gracias- el pelirrojo caminó fuera de su salón, pero antes de salir por la puerta se giró para ver a su chica. -Además, te conozco, no me despertarás para tener sexo, me despertarás para quejarte y para eso prefiero que te quejes mientras duermo, te juro que te escucharé.
La chica giró sus ojos violetas, de verdad que era un auténtico idiota.
Desvió la vista hacia la mesa y lo encontró, la cafetera llena de café, un cenicero, su tabaco y algo de picar, todo colocado en una bandeja, había sido un encanto. Su novio era un encanto, y esa era una de sus típicas noches. No importaba lo poco expresivo que fuese, siempre le otorgaba pequeños detalles y eso, la hacía inmensamente feliz.
Un poco más relajada y, tras servirse café, comenzó a escribir, lo intentaría al menos...
Lysandro y Ledy.
Sujetó su libro entre las manos y comenzó a recitar.
- Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Desde mi boca llegará hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma. Es en ti la ilusión cada día. Llegas como el rocío a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. Eternamente en fuga como la ola. He dicho que cantabas en el viento, como los pinos y como los mástiles. Como ellos eres alta y taciturna. Y entristeces de pronto como un viaje. Acogedora como un viejo camino. Te pueblan ecos y voces nostálgicas. Yo desperté y a veces emigran y huyen pájaros que dormían en tu alma.
Ledy sonrió, la voz de Lysandro solía calmarla, incluso aunque por lo general siempre estaba hiperactiva y en un mundo de energía y quejas constantes, cosa que se debía a que solía acabar los libros o encontrar algo que la trastocaba o alteraba en los libros, muy metida ella, pero hoy, a las dos de la mañana, se sentía realmente cómoda.
Cuando terminaba su libro, para poder dormir tranquila, Lysandro la abrazaba y la colocaba entre sus piernas, la apoyaba en su pecho, rodeándola con su brazo derecho, mientras, con el izquierdo sujetaba el libro de poesía de Pablo Neruda –que era el poeta de ese mes- y le recitaba versos cariñosos y dulces, con su profunda voz. Y le encantaba.
No había cosa que más le gustase a Ledy que los libros que su chico le leyese libros y compartiese su pasión por ellos, aunque Lysandro tiraba a los clásicos de todo tipo y ella se iba a la literatura juvenil, aunque le gustaban todos, solo que estos meses le había dado por ahí con su relectura de Hush-Hush.
- He ido marcando con cruces de fuego, el atlas blanco en tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. La soledad cruzada de sueño y de silencio, acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Algo con alas de pájaro, alguno de angustia y de olvido. Así como las redes no retienen el agua, muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. Oh poder celebrarle con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir como un campanario en las manos de un loco. Triste ternura mía, ¿qué te haces de repente? Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío mi corazón se cierra como una flor nocturna.
Su voz sonaba melodiosa, combinaba aquellas poesías con música, y como su voz era melodiosa, sonaba increíblemente maravilloso en sus oídos. Lysandro siempre le leía con todo su esmero, compartía con ella mil y un versos cantados o leídos, dependía de cómo le diese y el ritmo que tuviese en su primera lectura mental, por ello esperaba tranquilamente, y eso era casi extraño en ella, quien siempre había sido llamada loca de remate o terremoto andante, y también un poco ansiosa con ojos cerrados, por saber cómo leería o como cantaría.
- ¿Vas a leerme algún poema tuyo hoy?- murmuró entre sus brazos.
Lysandro dejó el libro en la mesita de noche.
Frotando los cabellos de Ledy, quien estaba prácticamente durmiéndose en sus brazos, estaba suplicando sin suplicar que él leyese alguno de sus poemas. La sonrisa del chico inundó la habitación y besó su frente con suavidad.
- ¿Quieres que recite algo mío?
- Siempre quiero escuchar algo tuyo-
Lysandro se sintió feliz, cálidamente recogió aire, recordando a la perfección el poema que recitaría hoy para ella, uno de los suyos, uno de los más especiales. El mejor que había escrito nunca, uno solo para Ledy… ¿se acordaría del poema que recitó cuando se declaró a ella?
Sonrió y comenzó a recitarle a una adormilada Ledy que sonrió inevitablemente al escuchar las primeras palabras de aquella poesía.
Armin y Anne.
- ¡Apúrate y abre!- gritó Anne al sentir el timbre desde el baño, estaba saliendo de la ducha justo en el instante que sonó el timbre.
- ¡Estoy ocupado!- chilló en respuesta el de ojos azules.
Anne rodó los ojos.
Ella no podía salir así, ¿no? ¿Y si era su casera y la veía así? No es que fuese una metiche, pero seguro que se pondría a hablar, era la típica señora que no se queda callada y más si veía a Armin detrás de ella… eso ya sería lo más de lo más, ya que no vivían juntos fijo que se imaginaba lo que no era…
- ¡Armin que seguro que es el pizzero!- insistió, comenzando a secarse el cabello.
- De verdad que no puedo… tengo que matar a este zombie y no puedo parar la partida online.
Si hubiese tenido las manos libres, se hubiese dado un face palm, pero como su paciencia era inmensa y su tranquilidad legendaria, dejó la toalla en el suelo, y se puso el albornoz. Si su novio no iba a abrir, le tocaría a ella.
Caminó por el pasillo y fue secándose el pelo hasta la puerta, en el momento de abrirla, colocó la toalla en uno de sus brazos y respiró hondo, rezando porque fuese el pizzero.
Abrió la puerta y miró fijamente al chico que estaba recogiendo la pizza de su mochila.
- Buenas noches- dijo la chica. –Lamento la tardanza.
- No pasa nada- hizo una pompa con el chicle y entregó la pizza a Anne. –Son 10 dólares.
- En seguida se los doy-
Se giró hasta la mesa del recibidor y recogió los dos billetes de cinco dólares que habían puesto Armin y ella para la pizza y los dos dólares de propina.
- Aquí tiene, muchas gracias.
- A ti.
Y cerró la puerta con calma, caminó hacia el pequeño salón, donde, su novio, estaba totalmente concentrado en su partida, sonrió un poco y dejó la pizza, en la mesa, al lado de la película que tenían pensado ver en su cita de noche romántica.
- ¿Te queda mucho de partida?
- Quince minutos.
- De acuerdo.
Caminó hacia el baño, tenía que secar un pelín su pelo, secarse a ella del todo y, además quería vestirse y traer bebidas al salón para no tener que levantarse luego, y sabía con seguridad que acabaría pronto. Ella no tardaba tanto en "arreglarse".
Terminó, como había previsto antes y se sentó al lado de Armin, instalando ya la película y poniéndola en pausa en el minuto cero-cero y ahí acabó su novio.
- ¡Maldita partida! ¡Por los pelos y ganó! ¡Me atacó por la espalda!
Anne sonrió, su novio era un enamorado de los videojuegos, a veces resultaba extraño verle tan emocionado, pero, cuando lo miraba bien, se sentía tan feliz como él, su sonrisa o sus expresiones le hacían sentir ganas de besarle y abrazarle.
- La próxima vez irá mejor.
- Pienso vengarme, ¡ya verás!- gruñó. -¡Estoy frustrado!
- Deja que te lo quite a besos…
Armin sonrió pícaro y se acercó más a ella, estaban completamente cerca, sentía su respiración contra su piel, tan cerca, tan cálida y caliente.
- Hm, la pizza entonces puede esperar porque creo que me voy a quitar el hambre…
Nathaniel y Gabriela.
Todo estaba perfecto.
A veces a Gabriela le costaba saber quién era el más perfeccionista de los dos, sin embargo, eso ahora no era lo más importante, después de todos los exámenes de Nathaniel, quería hacer algo especial para ambos. Aunque vivían juntos y dormían juntos, cada uno había estado inmerso en sus cosas.
La mesa estaba puesta, las velas también, las copas de vino reposaban limpias y elegantes, al igual que la botella del mejor vino que tenía en su casa, aunque todo el vino que tenía era bueno, la botella más buena era esa. La comida era perfecta, un plato saludable y el favorito de su novio.
Realmente no había nada especial, pero le gustaba sorprender a Nathaniel, y sobre todo ahora que estaba trabajando –temporalmente- para hacer un favor a un amigo, por eso no se veían tanto y quería verle, ya que mañana ya no trabajaría más –temporalmente-.
Sintió las llaves en la puerta y no dudó en acercarse a recibirle.
- Bienvenido-
Levantó su vista y sonrió.
- Gabby- sonrió. –Estoy en casa- se ruborizó. –Se me sigue haciendo raro lo de decir estas cosas…
Ella rió, aproximándose a su chico para saludarle como es debido. Un beso profundo y de bienvenida, le echaba de menos, bueno, le echó de menos en esa semana tan larga en la que hizo un favor a Alexy…
- He hecho la cena.
- ¿En serio? No tenías porqué, la hubiese hecho yo.
- No hace falta, vamos a cenar los dos.
- ¿Me has esperado para cenar?
Asintió, Nathaniel sonrió tan ampliamente, que casi llegaba a sus orejas, la felicidad le invadía, cada vez que miraba a Gabriela se sentía completo, en paz y muy feliz, nunca se imaginó sentir esta felicidad… sentirse de esta manera.
- He hecho tu comida favorita.
- ¿Celebramos algo?-
- Celebramos que por fin podemos vernos más, después de esta semana que estuviste tan ocupado.
Nathaniel miró la mesa con una gran sonrisa.
Estaba todo allí, una ensalada, algo ligero y su carne a la plancha, echa al punto, con una guarnición de patatas fritas
- Eres increíble-
La admiración de Nathaniel estaba realmente llena. Y Gabriela debía reconocer que estaba también feliz, en el fondo ambos sabían que necesitaban esto, no solo hacía 5 años que Nathaniel se había ido de casa de su padre, si no que los hacía hoy.
Y eso era algo para celebrar, además de celebrar que había acabado de sustituir a Alexy en su trabajo y que seguían juntos.
- Pues quiero mi premio luego.
- ¿Premio?- preguntó el rubio con la ceja alzada, curioso.
- Sí, el postre…
Nathaniel se ruborizó un poco, pero no tardó en sonreír y abrazar las caderas de su chica y besarla profundamente. Esta era otra de esas maravillosas noches con la chica más preciosa del mundo.
Ugh, que cursi sonaba a veces…
Viktor y Katrin.
Dos semanas.
Annie podía contarlas y recontarlas que seguían siendo dos semanas, sobreviviendo a mensajes y llamadas, pero así era la vida, Viktor estaba en un viaje de negocios y ella no había podido asistir por cosas de estudios, y eso que estaban de vacaciones, pero quería continuar ganando créditos y títulos, así era ella, emprendedora.
Así que, en el momento que Viktor dijo, "he llegado pero aún tengo que quedarme está noche en la oficina", lo decidió, si él no venía a ella, ella iría a él. Pidió sushi, el mejor y de mejor cálida, con un termo de café de su casa y una coca cola para ella.
Cenaría con él. Le besaría, lo tentaría, lo harían, le dejaría el termo con el café y se iría a casa a dormir satisfecha, feliz. Cogió su coche y condujo hasta la oficina, todo merecía la pena cuando se trataba de él, le hacía ilusión verle y darle una respuesta, así que, estaba dispuesta a hacer unos quilómetros para verle.
Al llegar, entro en las oficinas Hale, saludó al conserje, que le dejó paso sin dudar y subió en ascensor hasta la planta final, en el ático, donde se encontraba el despacho de Viktor.
No tocó, no debería dudar ni un segundo, entro con una sonrisa y lo encontró allí sumido en unos documentos, con la carita de sueño más adorable del mundo.
- ¡Buenas noches guapo!
Su voz despertó a Viktor, sobresaltándose en su sitio.
- ¿Katrin…?
- ¡Hola! ¡Te traigo la cena!
El pelinegro sonrió y se levantó de su enorme y cómoda silla, lo sabía porque ya había estado sentada en ella, haciendo el tonto más que nada, además de que se sentía poderosa allí sentada, era la silla del poder. La silla del jefe. Le gustaba. Caminó hacia ella y la abrazó, apretándola contra su cuerpo. Era lo mejor del mundo.
- Te había echado de menos.
- Lo sé, soy demasiado extrañable-
Viktor sonrió dulcemente. La besó en los labios y ella no dudó en corresponder, tanto tiempo, dos semanas sin él, incluso aunque sonará cursi, echaba de menos sus visitas nocturnas secretas, sus besos, su cuerpo que servía de almohada y su compañía.
- ¿Y qué has traído para cenar?- preguntó, curioso, mirando la bolsa que traía la chica.
- Sushi- ambos comenzaron a caminar hacia la mesa del chico. -Y un termo de café para ti.
- Muchas gracias, creo que me hará falta- Dijo, en un suspiro.
- Pero para despertarte tengo otro método- sonrió.
Viktor torció la cabeza, confundido.
- ¿Cuál?-
- Empieza por Y y termina por O.
Kentin y Michelle.
Kentin era una persona que se consideraba tranquila, de hecho, solía serlo a menos que alguien se esforzase mucho en tocarle las narices, además de ello, también consideraba a su novia y compañera de cama y piso, tranquila.
Excepto cuando dormía. Cuando dormía eso se convertía en el Armagedón.
Esa mujer era realmente un peligro cuando dormía, si bien a veces era caprichosa pero siempre en un límite y con buenas intenciones, durmiendo era el peligro y sin malas intenciones, a veces daba patadas, un día llego a morderle tan fuerte que dejó una marca en su brazo. Pero bueno, daba gracias a que eso solo sucedía una vez o dos cada mes, en general solo tiraba de la manta y lo destapaba para toda la noche, teniendo que abrazarse a ella para coger calor y rezar, durmiendo si podía, porque ella soltase la manta tarde o temprano.
Pero hoy, justo hoy, era la noche.
La noche en la que su chica no paraba quieta, se revolvía como si estuviese muriéndose y le había pateado ocho veces, suspiró hondo y se giró para mirarla. Sus facciones estaban en paz, sus ojos que normalmente se mostrarían de un azul hermoso estaban plenamente cerrados y parecía en paz… una paz que no era normal para tener que moverse tanto.
Aunque solía estar abrazándola al principio de la noche, sin explicación, acababan soltándose y ella terminaba en la posición más extraña del mundo, eso siempre, pero en sus noches calmas no molestaba al moverse. Michelle siempre terminaba lejos de él durmiendo y a veces era agradable, sobre todo en verano que no lo hacía sudar, abrazada a él… como hacia Alexy…
Michelle se volvió a aproximarse, en un revolcón a él, su cabello chocó contra el cuello de Kentin, que sintió el cosquilleo y soltó una risilla suave, divertido ante aquel dulce y suave cabello. Sintió los labios de la chica contra su pecho, se sintió bastante tranquilo y satisfecho, era por esto que vivía él, porque le gustaba ella. Y, tan pronto se giró hacia él, tan pronto se movió lejos de él.
Se preguntó que estaría soñando para estar tan hiperactiva, quizás mañana se acordaría, solía acordarse de sus sueños cuando se movía tanto, y siempre eran sueños bonitos y dulces, un poco extraños y locos, pero divertidos.
Michelle siempre le sorprendía y aunque quería dormir sobre todas las cosas porque estaba agotado, le gustaba contemplarla, muchísimo, incluso aunque no hiciese nada, verla dormir era una pasión que él adoraba, mucho.
La chica se giró, colocándose boca arriba, y se rió dormida, como consecuencia Kentin también sonrió, incluso aunque ella le dio una patada al girarse. Ya estaba acostumbrado a esto, era como de hierro.
Se giró de nuevo, pero esta vez hacia una esquina, en el momento que se situó de lado, lo vio claro, se había acabado el revuelto, cuando giraba hacia su lado de la cama, la lucha había terminado.
Apoyado sobre su brazo, se levantó para mirarla, estaba totalmente tranquila, hermosa, con unos cuantos mechones rubios delante de la cara, los apartó con dulzura y besó su frente, su mejilla y la comisura de sus labios.
Ella era preciosa, incluso dándole la noche, Michelle siempre sería preciosa ante sus ojos.
Hasta aquí el primer capítulo de Parejas Felices.
Espero que os haya gustado mucho. Muchísimo. Serán así todos los capítulos, con diferentes situaciones, independientes. Si tenéis sugerencias de situaciones que os gustaría leer, dejadlas en los comentarios. Me gustará verlas.
¡En fin!
Dejad reviews.
Me hacen muy feliz y son gratis -y aceleran mi proceso de creación-
