..
Título: Deshonra ..
.. Capítulo 2:
Pesadillas ..
.. Autora: Annie-chan Diethel
..
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Aquella tarde, mamá tejía sentada en el columpio del árbol mientras Al y yo decidimos jugar a los gatos. Ya que mamá no nos dejaba tener uno, nosotros hacíamos ver que éramos pequeños felinos, regordetes y peludos, suaves y mimosos. Primero comenzamos a pasar junto a las piernas de mamá, maullando y ronroneando, y ella nos acariciaba la cabeza.
- .¡Mira qué dos gatitos más bonitos me he encontrado!- exclamaba, siguiéndonos el juego.
Luego, comenzamos a hacer rodar el ovillo de lana rojo con el que mamá estaba tejiendo, hasta que acabamos atrapados en una maraña de hilo, con mamá riendo mientras nos liberaba y nosotros dos con los ojos llenos de lágrimas. Al sacarnos de las cadenas de lana, nos abrazó y nosotros lloramos al ver que ya había pasado todo.
- Tranquilos... No ha pasado nada...- repetía ella con voz susurrante, hasta que nos convencía de ello.
Después, cuando al fin callábamos, nos mantenía un rato eterno entre sus brazos, dispuesta a pasar así toda la eternidad si fuese necesario. Cuando todas las penas se nos hubieron pasado, nos separamos de ella y nos topamos de lleno con su sonrisa, aquel gesto que nos inundaba de paz y tranquilidad. Muchas veces pensé que mamá era un ángel que nos protegía. Jamás se me fue la idea de la cabeza.
Aquella noche cenamos guisado. Me sorprendía aquella comida porque, aunque incluía ingredientes que odiaba, como la leche, era una de mis comidas favoritas. Era un plato delicioso, sobre todo cuando lo hacía mamá. Comí dos platos, y Al y mamá uno cada uno. Después de eso, ayudamos a mamá a recoger la mesa, y luego mientras ella fregaba los platos, Al los secaba y yo los colocaba. Así, las tareas acababan antes. La noche estaba realmente oscura y fría, y la hora de dormir llegó pronto. Mamá nos contó un cuento antes de que apagásemos las luces, y desapareció tras la puerta para retirarse ella también a dormir. Al y yo dormíamos en camas separadas, una a cierta distancia de la otra. Observé cómo mi hermano se encogía entre las sábanas, tratando de protegerse del frío. Yo sabía que tiritaba, de frío y del miedo que le provocaba la oscuridad. Yo estaba igual que él, sólo que sin miedo a las sombras, y no tiritaba. No tardé en escuchar su voz, como muchas noches oscuras y frías.
- Niisan...
- .¿Qué ocurre, Al?
- Tengo miedo... .¿Puedes dormir conmigo?
Y, como cada noche oscura y fría, me levantaba de mi cama y me introducía bajo sus sábanas, buscando a Alphonse entre un enredo de sábanas y mantas, y al dar con él, lo abrazaba y lo estrechaba contra mi pequeño pecho, protegiéndolo del frío y de sus temores. Sentí su cuerpo cálido acurrucarse pegado al mío, murmurando un "gracias" que siempre me hacía esbozar una sonrisa. Se durmió pronto, tranquilamente entre mis brazos, con su angelical rostro a escasos centímetros del mío. Y como cada noche, me quedaba observándolo, sintiendo su respiración chocar contra mi nariz. Y así, embriagándome de la dulzura y la paz que irradiaba mi hermano al dormir, me acababa por dormir yo también, no sin antes depositar un pequeño beso en su frente para desearle buenas noches.
Me desperté de madrugada al sentir el ajetreo nervioso de Alphonse. Se movía en exceso, sudaba y tenía una expresión de terror en el rostro. Sin duda, debía estar teniendo una pesadilla. Me incorporé y lo zarandeé suavemente hasta que se despertó. Por unos eternos instantes, Alphonse quedó incorporado a mi altura con expresión confusa en su rostro, como si no supiese bien dónde se hallaba, pero de pronto sus ojos se inundaron en lágrimas y se abrazó a mí con brusquedad, llorando sin consuelo alguno, empapando mi camiseta con agua salada y angustiosa.
- .¿Qué pasa, Al?- susurré suavemente, sólo para él.
- Niisan... Tú no estabas... Y mamá tampoco... ¡Estaba solo! Todo estaba muy oscuro, y olía a metal por todas partes. Quería llorar pero no podía, quería gritar pero no podía... Y de pronto... ¡de pronto estabas dormido delante de mí! ¡Y no te movías, niisan! Y yo te llamaba pero no te despertabas, y mamá no estaba tampoco... ¡Tenía miedo! Y te tocaba para despertarte, pero entonces empezaban a salir gotas rojas de ti... y estabas helado...- y su llanto se incrementaba.
Con cada palabra que murmuraba, apretaba más mi camiseta entre sus puños. Lo rodeé con mis brazos y lo acuné en mi regazo, como siempre hacía que tenía una pesadilla. Así, acunándolo y acariciando su espalda, se solía relajar y sus lágrimas, poco a poco, dejaban de brotar. Entonces, besé su nariz y le sonreí.
- Sólo ha sido una pesadilla, Al... No tengas miedo. .¡Yo te protegeré!- exclamé, hablando en susurros.
- Pero... Niisan... No te despertabas...- sollozaba Alphonse.
- .¡Es que estaba dormido muy, muy, muy profundamente!
- .¿Y... aquello rojo que te salía del cuerpo?
- Tomate.- afirmé con seguridad, y luego puse cara de enojo- .¡Y me lo habías chafado!
Alphonse rió ligeramente, y dentro de mí, algo se calmó. Las pesadillas de Al eran muy macabras, solíamos morir todos, y él se sentía incapacitado de hacer cosas como gritar o llorar, pero al despertar, solía bromearle con pequeñas mentiras que, después de calmarlo y besar su frente en señal de buenas noches, le permitían volver a conciliar el sueño, a cambio del mío. Y así era de nuevo, una vez dormido de nuevo, lo abracé por la espalda y lo atraje hacia mí, intentando protegerme de los temores que ahora Alphonse me había transmitido a través de imágenes de muertos y de sangre. Aquellas noches no solía volver a conciliar el sueño, y si lo hacía, era irregularmente, durmiendo y despertando en breves períodos de tiempo.
Y mientras me debatía entre el sueño o el desvelo, observaba con detenimiento el rostro tranquilo de mi hermano dormir junto a mí. Solo que, desde hacía un tiempo, despertaba en mí algunas sensaciones desconocidas. Por alguna razón que aún no lograba entender bien del todo, cada vez que lo sentía tan próximo me inquietaba, me ruborizaba y, si lo veía tranquilo o alegre, me surgían unas urgentes y enormes ganas de besarlo. Sin que él lo notase, miraba largos ratos sus labios, que debían ser suaves y carnosos, y que por las noches los tocaba tímidamente para cerciorarme de ello. Me preguntaba cómo sería darle un beso en ellos, pero algo en mi interior me decía que no debía hacerlo. Por lo que, lo más que me había atrevido, había sido a besarlo en la nariz, en la mejilla o en la frente.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Nos leemos en el siguiente capi!
Annie-chan Diethel
