Horas más tarde, unos extraños ruidos hicieron despertar a Tea, quien se incorporo levemente tratando de despejar su mente, todavía dormida.

- Alteza! Por favor debe darse prisa su padre esta impaciente por hablar con usted.

"Alteza... padre... k demonios??"

Fue en ese momento, cuando Tea se percato al fin de k ese lugar donde se encontraba no era su cuarto, y mucho menos su casa.

Se incorporo lentamente y visualizo la habitación.

Era inmensa, decorada con grandes candelabros de oro y otros caros adornos, las paredes parecía construidas con marfil, y su cama además de ser de un tamaño muy superior al k ella estaba acostumbrada, poseía final cortinas de dosel y detalles y encajes en oro blanco.

"Debo de estar soñando"

El único pensamiento k se le cruzo por la cabeza en ese momento, sin embargo antes de k pudiera meditar mas sobre ello, su puerta se abrió y apareció allí un hombre de aspecto serio y algo ofuscado.

- Por amor de Ra, Anzu. ¿Cuento tiempo piensas seguir con esta tontería?

Tea miró alrededor, pero no vió a nadie mas allí, sería acaso k...?

- Anzu!!! Al menos mirame cuando te habló, como tu padre y como tu rey me debes respeto.

Tea le devolvió la mirada entendiendo k ese sujeto la estaba hablando a ella, aunque al parecer, se dirigía a ella como Anzu.

Anzu... ese nombre le sonaba mucho, sin embargo no recordaba de donde. Concentrose un poco más en ello y se percato k una antigua reina Anzu había sido egipcia, casada con un desconocido faraón, pero k en los libros de historia decían k no había mas información al respecto.

- Ya!!! Me hartaste hija! Me harte de tus chiquilladas y de k me ignores cuando te habló. Yo vine aquí dispuesto a tratar contigo como seres racionales, pero ya veo k me equivoque. Sigue comportándote como una niña inmadura, así pues... Mañana mismo partirás hacía tu destino, serás la esposa del faraón y ni una palabra mas!!! Te quedo claro?!!!!

- Esposa...!!!? – al fin Anzu había olvidado de sus meditaciones para centrarse por lo dicho por aquel hombre, al parecer, su padre. – Yo no quiero ser la esposa de nadie, y menos de un faraón. Ni k estuviera loca!!! Además soy muy joven para casarme!

- Ni una palabra más Anzu! Demasiado tarde, ya me harte de tus tonterías.

Eres una princesa y como tal debes aceptar tus responsabilidades. A toda princesa k cumple los diecinueve años le es obligado casarse, y tu cumplirás con ese deber como una vez lo hizo tu madre.

- Pero... yo, yo no puedo casarme con nadie. Yo ya amo a alguien y solamente deseo estar a su lado.

Anzu pronunció estas palabras sin pensar, pero una vez fuera le dejaron un gran vació en el alma, y de nuevo el recuerdo del k una vez estuvo a su lado, de aquel al k tanto amaba inundo su ser, impidiendo el paso de nuevas palabras y haciendo florecer nuevas lágrimas.

Sin embargo esta vez Anzu no permitió k estas se manifestaran.

Realmente se encontraba en una difícil situación, si no hacia algo la obligarían a casarse con Dios sabe quien, y entonces ya nunca podría reunirse con su amado.

Además, por si fuera poco, no sabia siquiera en k lugar del mundo se encontraba, ni en k época, ni mucho menos en k año. Pos no saber ni siquiera sabía quien era ella.

Pero eso ahora no importaba, lo k tenía k hacer era convencer al sujeto k estaba delante suyo k no debía obligarla a casarse, de lo demás se encargaría después.

- Cómo es eso de k tu ya amas a alguien? Quién es él? No habréis mantenido relaciones, cierto?

Anzu se limito a negar con la cabeza, realmente esas preguntas comenzaban a desmoronarla.

- Bueno, al menos en eso has sido sensata. Imagina lo k diría el faraón si en vuestra noche de bodas no llegabas a sangrar, habría sido horrible, significaría la guerra, por supuesto, y eso sin contar lo k te haría a ti. – el solo echo de pensar en los resultados de la posible acción de su hija, parecía derrumbar todo su mundo, sin embargo ahuyento esos pensamientos de su cabeza y prosiguió algo mas calmado.

- Esta bien hija escúchame, si? Tú has nacido princesa real y como tal debes cumplir con tus obligaciones.

- Pero... – Anzu desesperada estaba dispuesta a protestar.

- Pero nada Anzu. Tu matrimonio con el faraón esta sellado desde antes de k tu nacieras. Para aquel entonces nuestro país se encontraba en guerra con Egipto, muchos hombres murieron en esa batalla y parecía k esta no iba a tener fin. En ese momento ambos gobernantes nos reunimos y decidimos k lo mejor era firmar un tratado de paz, y como garantía de k este tratado se cumpliera acordamos k una vez yo tuviera una hija, esta seria destinada como esposa del faraón.

- Pero no es justo!!!

- Es posible, pero es tu obligación desposarte con él, y agradece a Ra k fue paciente para esperar a k te convirtieras en toda una mujer en vez de tomarte cuando aun eras una chiquilla.

Anzu solo sintió como las lagrimas caían por su rostro, esa acción pareció hacer dudar a su padre, pero finalmente este negó con la cabeza, como desechando esas dudas y se dirigió a la salida.

- La decisión esta tomada Anzu, ya verás k con el tiempo me lo agradecerás, es lo mejor para ti. – miró por ultimas vez a su hija – Por cierto los carruajes parten en dos horas, y tú con ellos, así k mas te vale k te arregle para entonces.

No quiero excusas Anzu, sino lo haces voluntariamente, mandaré a alguien para k te lleve, oíste bien?

Al fin Anzu vió como la puerta de su habitación se cerraba y la soledad se hacía presente. No pudo contenerse por más tiempo y callo al suelo sollozando y con el corazón destrozado.

Realmente su vida se había vuelto un infierno en esas pocas horas, acaso no era ya

lo bastante mala para que ahora le pasase esto?

Deseo con todas sus fuerza volver a su mundo, al menos allí estaban sus amigo siempre apoyándola. Pero ahora se encontraba perdida en un mundo k le era por completo desconocido, y para colmo se iba a convertir en la esposa de un faraón.

De nuevo alguien golpeo la puerta, solo k esta vez mas suavemente, momento después una figura muy conocida para ella entro en la habitación.

Anzu alzo la vista, y un ápice de alegría asomo por su corazón al ver quien era la k le devolvía la mirada.

- Mai... – rápidamente corrió a sus brazos sin contener el impulso.

- Amiga, como te encuentras?

Realmente con tan solo mirarla se podía dar cuenta de k su animo era deplorable, pero quería k fuese ella misma quien se lo confirmase para así poder animarla.

- No se hacer... pero se k no podré soportar ser la esposa de nadie, y menos de un faraón.

Mai miro a su amiga con dulzura. Siempre había estado juntas y le tenía gran cariño, sin embargo en ese momento se sintió mal, pues no sabía como consolarla.

- Vamos, tranquilízate. Sabes... no todos los faraones han de ser malo, de seguro hay alguno k si se preocupe por los demás y k sea cariñoso, tal vez se enamore de ti.

En ese momento el recuerdo de Atem cruzó por su mente. Ciertamente él había sido faraón, y aun así era un chico cálido k se preocupaba mucho por los demás, se interesaba por su bienestar y siempre tenía palabras dulces para animarla.

Y sobre todo, tenía esos ojos..., esos hermosos ojos violetas, k a pesar no haber visto en años, permanecían grabados en su alma con fuego puro, un fuego k no se extinguiría jamás.

- Mi amor...

- Que es lo k dijiste? - Mai parecía confusa.

- No puedo casarme Mai, yo ya amo a alguien y aunque el no pueda estar conmigo jamás el olvidaré.

- Anzu!! Porque nunca me dijiste nada.

Sin embargo la joven se limito a apartar los ojos del rostro de su amiga. No es k no confiase en ella, pues aunque aquí recién la conocía, en el fututo eran grandes amigas, lo k ocurría es k no era capaz de explicar sus sentimientos por Atem, pues eso le causaba mucho dolor.

- Esta bien amiga, tranquilízate, estoy de acuerdo contigo en k no debes casarte, y menos si ya amas a alguien, pero por el momento debes obedecer a tu padre, ya k si tratas de escapar el se pondrá furioso, tiene todo el palacio rodeado de guardias, y ya conoces como reacciona si alguien le desobedece.

- Si, creo k tienes razón.

- Bien llamaré a tu doncella para k te ayude a vestirte, ok?

- No, no es necesario; puedo arreglarme sola.

- Segura? – Anzu tan solo asintió – bien, en ese caso creo k yo también iré a arreglarme.

Anzu la miro asombrada, y de pronto una idea le cruzo por su mente.

- Acaso tu también vendrás conmigo? – pregunto esperanzada.

- Pues claro – Mai puso cara de ofendida – ni creas k te libaras de mi tan fácilmente, te seguiré a donde sea y ni siquiera tu nuevo maridito podrá lograr k te libres de mis tonterías.

Dicho esto dirigió una ultima sonrisa a su amiga y salió de la habitación.

- Mai... Gracias amiga; no sabes lo k significa para mi.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Anzu. Era cierto k se encontraba perdida en el espacio y el tiempo, pero pasará lo k pasará sus amigos nunca la abandonarían por completo y ni Ra sería capaz de alejarlos de su lado.